Capítulo 5 : Mamá divirtiéndose con su esposo e hijo
Historia de una familia muy amorosa. Parte 5.
Esto es FICCIÓN y la ficción es encantadora.
Es uno de esos raros momentos para una madre cuando no hay niños cerca. Estoy sola, en mi habitación oscura, completamente desnuda, extendida gloriosamente sobre mi cama, disfrutando del aislamiento. Mi esposo, Steven, y yo amamos a nuestros hijos. Los amamos más que a nada en el mundo. Los amamos más que a la luna, las estrellas y todo lo demás.
Nuestro amor no tiene límites, hasta el punto de que un padre «normal» podría pensar que los amamos demasiado o, todo lo contrario, que no los amamos en absoluto. Podrían decir que lo que hacemos con nuestros hijos es repugnante, perverso o malvado, pero Steven y yo sabemos que los niños son sexuales.
Sabemos que anhelan el contacto físico. Sabemos que anhelan la liberación carnal. Lo sabemos porque hemos visto cómo han prosperado en este entorno sexualmente liberado. Irradian confianza en sí mismos. Buscan escuchar y comprender a los demás más que sus compañeros; su empatía no tiene límites. Saben cómo hacerse sentir bien a sí mismos y a los demás. No hay desventajas, solo beneficios infinitos.
Oigo el crujido de la puerta al abrirse y un tenue rayo de luz entra desde la lamparilla del pasillo. La silueta de Steven se desliza por las rendijas antes de desaparecer en la oscuridad de la habitación. No fue una mirada larga, pero supe al instante que estaba excitado. Siempre está excitado, igual que nuestros hijos, y ahora que lo pienso, también nuestras hijas. Abro las piernas, apoyo los pies para que las rodillas queden en alto y observo cómo su sombra se acerca lentamente. Oigo un gruñido bajo mientras se sienta en la cama.
—¿Me quieres, papito?— bromeo.
No responde, pero sus manos están sobre mis rodillas, separándome más, empujándolas hacia mi pecho. Siento el aire fresco en mi coño apretado y limpio; me hice una labioplastia en cuanto tuve la edad y el dinero suficientes. Baja la cabeza y entonces siento su lengua deslizarse por mi raja. Es áspera y húmeda, con la presión justa mientras lame de un lado a otro, clavándose en mí, encontrando mi clítoris y dando vueltas como un tiburón hambriento. Empiezo a gemir fuerte y a restregar mi entrepierna contra su cara. Me agacho y agarro un puñado de su pelo.
—Sí, oh, joder, sí, ¡cómeme el coño! —grito en éxtasis.
Duplica sus esfuerzos. Estoy tan mojada que necesito algo dentro de mí. Como si leyera mi mente, Steven desliza uno, luego dos dedos en mi agujero. Empiezan a moverse hacia arriba, haciendo un movimiento de ven aquí, pinchando mi punto G. Puedo oírlo gemir en mi coño y siento la cama mecerse mientras mueve sus caderas para darse placer. Mis ojos están apenas abiertos mientras mi cuerpo se tensa, cada músculo tensándose como una roca antes de liberarse. Mis dedos de los pies se curvan y siento que se me corta la respiración.
Mis labios se abren mientras mis gritos de liberación se quedan atrapados en mi garganta. Estoy viendo estrellas mientras el orgasmo se abre paso por todo mi ser, sacudiéndome hasta la médula.
Él levanta la cabeza y dice con voz áspera: —Buena chica—.
Se levanta y siento su polla enorme en mi entrada. Frota la punta de arriba a abajo mi raja, mojándose la polla con mis fluidos, provocándome con su vara de placer. Lo necesito dentro de mí ahora.
—Por favor, mételo dentro, papi—, le suplico con voz infantil.
Él empuja hacia adelante, separando mis labios mientras toca fondo en un empuje lento y constante.
—Ay, papi, necesitaba esto—, gimo.
—Fóllame el coño despacio, papi—.
Él comienza a mecer sus caderas adelante y atrás, follándome lentamente con embestidas profundas, largas y poderosas. Su respiración es embriagadora, baja, irregular e intensa. Dejo que mis gemidos de placer fluyan libremente. Nuestros hijos no son ajenos al sexo, no nos importa si nos escuchan copular. La polla de Steven se desliza hacia afuera hasta que apenas está dentro y luego vuelve a entrar hasta que sus bolas golpean mi culo. Está embistiendo contra mi cérvix; Dios, es tan profundo. Mis rodillas están presionadas contra mi pecho.
Toma un puñado áspero de mi seno izquierdo, amasándolo suavemente mientras muele su polla dentro y fuera de mí. Mis pezones son puntos duros en mis tetas doble D. Echo la cabeza hacia atrás y disfruto de este polvo largo y prolongado. Somos solo nosotros dos, como cuando empezamos a salir.
En aquel entonces, follábamos libremente y hablábamos de nuestra mutua atracción por los niños. Nos parecía extraño que otros no encontraran a los niños atractivos, hermosos y sexis. ¿Cómo podías mirar algo tan increíble y no ver el puro atractivo juvenil de un niño? Nos casamos al principio de nuestra relación y tuvimos a nuestro primer hijo, John, poco después.
Fue mágico, explorar nuestros cuerpos y el de John juntos. Yo jugaba con su pequeño pene mientras él mamaba de mi pecho. Steven le metía los dedos en su estrecho agujero mientras yo le hacía cosquillas en los pezones. Disfrutaba cada minuto, su pequeño pene duro como un clavo cuando jugábamos con él. Pronto, estaría duro incluso antes de que le quitaran el pañal. Sabíamos que lo que hacíamos estaba mal visto por la sociedad, pero sabíamos que era lo correcto para nuestra familia. Sabíamos que John disfrutaba cada minuto.
La puerta cruje de nuevo. Me obligo a abrir los ojos y a ajustarlos para ver cuál de nuestros hijos nos acompañará esta noche. John está allí, desnudo como el día que nació, y duro como una roca. Su cuerpo delgado y en forma se ve increíble en la penumbra.
—John, mi niño, ven aquí y mira cómo tu papi me folla —digo entre fuertes gemidos.
John se acerca a nosotros, dejando la puerta entreabierta para que pudiera ver su polla adolescente mecerse a cada paso. Se detiene a los pies de la cama, ligeramente a un lado, y observa. Steven no deja de penetrar y salir sin parar, y John está fascinado viendo la polla de su padre penetrar en los estrechos confines del coño del que nació.
—Steven, quiero probar algo nuevo con John esta noche —digo con voz entrecortada.
Steven sonríe y mira a John. —¿Crees que está listo para eso?—, pregunta.
—Ha estado tomando tu polla de 30 centímetros desde que tenía 18 meses—, respondo.
Steven se encoge de hombros y saca su polla, reluciente con mis jugos vaginales, de mí. —Día de descanso, John, mami te va a hacer sentir bien—.
Me doy la vuelta y me bajo de la cama, y dejo que John se acueste. Steven se acuesta a su lado. La polla adolescente de John, de 12 años, sobresale de su pubis casi desnudo. Ha crecido bastante últimamente, y estoy seguro de que seguirá así hasta que sea tan grande como su papá. Steven se acerca y juega con la polla de John, girando su mano sobre la cabeza y dándole golpecitos en el frenillo. John lucha por mirarme mientras su padre provoca a su herramienta preadolescente.
Camino hacia nuestro baúl de juguetes, lo abro, saco un arnés y una correa de 33 cm, rosa fuerte y con tachuelas. Me pongo el arnés, lo abrocho y sujeto el falo mientras estoy de espaldas a John. Agarro una botella de lubricante y regreso a la cama king size con una enorme sonrisa en mi cara.
John está acostumbrado a recibir la polla de su padre, pero últimamente, sobre todo desde que empezó a correrse, da mucho más de lo que recibe. Sus hermanos y hermanas están encantados de chupar y que se los follen, pero no quiero que John se vuelva egoísta. Un buen amante sabe dar y recibir.
—¿Eso es para mí?— pregunta John nervioso.
—Sí, mi dulce amor, esto es para enseñarte a amar. Quiero enseñarte cómo folla una pareja cariñosa —digo con cariño.
—¡Esa cosa es enorme!—, dice.
—Eres un chico grande y fuerte, sé que puedes soportarlo, pero no tienes que hacer nada que no quieras—, le respondo.
Traga saliva. Miro su pene y observo cómo se estremece en la mano de Steven. Sé que lo desea, pero jamás lo obligaría a hacer algo que no quisiera.
—Sí que lo quiero, pero estoy nervioso—, dice con voz temblorosa. —Esa cosa parece más grande que la de papá… y tiene esos tachones por todas partes…—, y su voz se apaga.
—Esos son para que te sientas bien —le aseguro—. Te tocarán el punto G y te harán sentir bien.
Mira a su padre, quien le sonríe con dulzura, y luego me mira a mí. —Lo quiero—.
Steven suelta la polla del chico y yo abro la botella de lubricante. John sube las piernas hasta el pecho para darme acceso a su agujero del culo. Echo un poco del líquido resbaladizo en mi dedo y empiezo a rodear esa carne fruncida. Puedo sentir a John presionando hacia afuera; tiene tanta experiencia en recibir pollas por el culo. Presiono hacia adentro y mi dedo entra fácilmente en él. Deslizo mi dedo dentro y fuera, chorreando más lubricante sobre él mientras añado mi dedo medio. Steven observa, hipnotizado, como su esposa le mete los dedos en el culo a su hijo.
Retuerzo mis dedos, estirando su carne, para no desgarrarlo. Añado un tercer dedo haciendo que John gruñe. Siento alrededor de sus entrañas, buscando ese lugar. Sé que lo encontré cuando veo su polla palpitar.
—Estoy listo mami—, dice con valentía.
Le sonrío, retiro los dedos y me subo a la cama. John observa cómo la enorme polla rosada se acerca a su agujero. Respira hondo al entrar en contacto y emite un profundo gemido gutural al penetrar en sus entrañas. Gime mientras presiono cada vez más, empalándolo lentamente. Su polla salta y se contrae, endureciéndose increíblemente con cada centímetro que lo penetra. Una gota de líquido preseminal se forma en la punta de su polla y luego rueda lentamente por la cabeza, gotea y aterriza en su vientre atiborrado de abdominales.
—Esos… pernos se sienten… ah… tan… oh… bien—, tartamudea mientras finalmente llego al fondo de su cuerpo.
Salgo lentamente y luego vuelvo a entrar. Me agacho, tomo su muñeca y guío su mano hacia mi pecho.
—Tócame mientras te follo—, le ordeno.
Al igual que su padre, me masajea el pecho, aunque sus movimientos son mucho menos refinados. Continúo follándolo, creando un ritmo constante de entrada y salida. A diferencia de un hombre, puedo correrme todo lo que quiera. Nunca me correré prematuramente ni me ablandaré. Puedo follarlo toda la noche si quiero.
Steven se incorpora, poniéndose de rodillas. John lo mira. Puedo adivinar lo que Steven quiere. He visto esa mirada antes. Cuando has estado con alguien el tiempo suficiente, las palabras no son necesarias para comunicar lo que necesitas. Me pregunto si John está tan en sintonía con los deseos de su padre como yo. La respuesta llega rápidamente cuando John abre la boca, agarra un puñado del culo de su padre y tira de la polla de treinta centímetros del hombre directamente entre sus labios y garganta. John inclina la cabeza hacia atrás mientras Steven se sube casi encima de él. Observo cómo el cuello de John se abulta por la intrusión.
Sincronizamos nuestras embestidas, llenando y vaciando el cuerpo de John de dos pollas enormes y gruesas a la vez. John gime en la polla de su padre mientras su polla palpita de desesperación. Es tan erótico verlo asado a la parrilla por sus dos padres; las personas que lo crearon, lo trajeron a este mundo, ahora lo están llenando de placer.
Me agacho y paso un dedo por la parte inferior de la polla expuesta y dura como el acero de John, desde la cabeza hasta sus testículos tensos y erectos. La carne lisa e inmaculada es tan dura, pero a la vez suave y sedosa. Siento la sangre correr por su miembro, ansiosa por liberarse. La siento palpitar de deseo. Sé que tiene una necesidad imperiosa de correrse, pero no estoy lista para eso. No estoy lista para darle esa liberación. Mi coño está mojado, goteando sobre mis muslos y la cama, empapando el arnés que llevo atado. Le quito el strap-on al culo de John y lo tiro a un lado.
—Cambia conmigo, papi—, le digo seductoramente.
Steven y yo nos movemos alrededor de nuestro hijo. Lo penetra sin hacer mucho ruido, llevándolo hasta la raíz de una sola embestida. Me siento a horcajadas sobre su cara, bajando mi coño hasta su boca. Su lengua sale disparada y enseguida empieza a lamer mi clítoris, a chupar mis labios vaginales y a tocarme el ano. Aprieto mi entrepierna contra él, empapando su cara de humedad caliente. Me pellizco los pezones y gimo mientras veo a mi marido follar con nuestro hijo mientras yo cabalgo sobre su cara.
Todos estamos perdidos en el momento, John, Steven y yo, envueltos en la dicha de nuestros cuerpos. Puedo oír a mi hijo jadear, respirando agitadamente entre gemidos de éxtasis estremecedores. Estoy llegando a mi punto máximo; tengo los ojos casi cerrados cuando una figura aparece en la puerta. Estoy mareada mientras mi segundo clímax de la noche me recorre el cuerpo como un rayo.
Intento concentrarme, para ver quién está ahí de pie en la puerta. Sé que es uno de nuestros hijos pequeños, pero no puedo ver quién. Al bajar, mi visión se aclara y puedo ver a Jasmine de pie allí con un par de bragas de encaje rojo carmesí, con la mano en la parte delantera, obviamente tocando su botón.


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