Con Chuyito, de 6
Mis inicios en este gusto.
Hoy inicio esta serie que espero sea de su agrado. 100% real y forma parte de mis recuerdos. Los hechos narrados ocurrieron hace mucho tiempo ya…
Hace años tuve el placer de “jugar” con Chuyito, un niño de 6 años, en una comunidad donde prestaba mis servicios. Él era güerito, como me encantan, huérfano de madre y con su padre en EEUU. Vivían el y tres hermanos mayorcitos, con sus abuelos, tíos y tías en una humilde vivienda.
Chuyito y sus hermanos eran maltratados por sus tíos y tías por estar de “arrimados” con los abuelos y su necesidad de cariño hizo que Chuyito me buscara y anduviera, con permiso de sus abuelos, conmigo por la pequeña comunidad donde trabajaba.
Yo le invitaba algún refresco o golosina y él era feliz con esos pequeños detalles. En su casa me ofrecían de comer y un viernes me preguntaron si no me daba miedo dormir solo en la vivienda que me habían facilitado para quedarme y yo les dije que no, que estaba acostumbrado a estar y dormir solo.
Entonces me ofrecieron prestarme a Chuyito para que me hiciera compañía las noches del fin de semana y me negué, pero un tío le dijo:
–¿Ya ves, ni el profe Javier te quiere?
Y Chuyito hizo pucheros y comenzó a llorar de sentimiento y no pudiendo soportar su llanto, lo cargué y subí en mis hombros y dije:
–¡Claro que lo quiero! ¡Véngase, mi pollito güero, hoy duerme conmigo!
Él , feliz dejó de llorar y sonrió, me despedí y dirigí a mi vivienda, distante alrededor de un kilómetro de ahí. Al pasar por una pequeña tienda, compré unas cervezas para mí, y un jugo y golosinas para él.
Al llegar a la casa, me tomé un par de cervezas y él su jugo mientras veíamos un poco de tv, uno al lado del otro. De pronto, el comenzó a bostezar y se recostó en mi pierna hasta dormirse.
Lo cargué con cuidado y llevé a la cama, lo desvestí pues hacía algo de calor y lo dejé solamente en truzas. Yo me desvestí igual , lo cubrí con una sábana ligera y me dispuse a dormir, cuando él se movió un poco, se pegó a mí y me abrazó tiernamente.
El contacto de su suave y cálida piel me hicieron sentir una especie de descarga eléctrica que recorrió mi cuerpo y se concentró en mis genitales.
Sin poderlo controlar, mi pene se puso como piedra y sentí un hormigueo en mis testículos y bajo vientre.
Lo separé, confundido, de mí pues hasta ese momento no había pasado por mi mente idea sexual alguna con un niño, y menos con él que me había ganado con su ternura e inocencia.
Estando yo boca arriba sin saber qué hacer y el de espalda a mí, comencé a tocarme y masturbarme para así liberar la evidente tensión sexual presente en mí.
Él, en sueños, buscó mí cuerpo y se pegó a mí y yo me giré hacía el, quedando en posición de “cucharita” ambos. Mi pene palpitó y empezó a lubricar ante el contacto de sus nalguitas separadas por la tela de sus calzoncillos.
Toqué sus pequeños glúteos mientras me masturbaba y después bajé con cuidado sus trucitas para admirar sus pequeñas carnosidades. Dejé de pensar y, llevado por mis emociones y deseos, acerqué mi pene y lo coloqué entre sus nalguitas para frotar con él su cálido y virginal hoyito y masturbarme hasta llenar con mi semen su anito, nalguitas y espaldas de tan copiosa despechada que me provocó.
Temeroso por lo hecho, tomé papel higiénico y lo limpié muy bien para eliminar cualquier evidencia de mi desatino sexual.
Subí su trucita, y, lo giré para, abrazados, dormir…
CONTINUARÁ…


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