Con Chuyito de 6 – PARTE 2
El despertar de nuestra perversión .
Continuación de mis recuerdos con Chuyito…
A la mañana siguiente la sensación de una pequeña mano acariciando mi erecto miembro me hizo abrir lentamente mis ojos. Chuyito, abrazado a mí, frotaba curioso mi verga por encima de mi truza.
No queriendo asustarlo y por saber hasta donde iba a llegar su curiosidad, fingí seguir durmiendo.
–Maestro, maestro, ¿ya despertó?
Preguntaba en un susurro y yo no respondía. Animado por creerme dormido, bajó un poco el elástico de mi truza hasta descubrir mi glande.
–¡Qué pitote! Lo escuché decir asombrado…
–Mmmmmh–dije entre sueños y cubrí mi pene, “dormido”…
Él se quedó quieto unos momentos, pero su curiosidad lo venció y de nuevo comenzó a acariciar mi bulto con sus manitas y, al creerme dormido, me bajó la truza y acercó su rostro a mi pene.
Pude sentir la calidez de su aliento y su pequeña nariz olfatear mi pene…
–¿Qué estás haciendo , Chuyito? Le pregunté..
–Nada, maestro, nada…respondió temeroso y con un ligero temblor en su voz
Y se giró para darme la espalda.
Yo, lo abracé de “cucharita” y pegué mi miembro a su traserito.
–¿Cómo de que nada? Si te vi bajarme la truza y oler mi pito…¿Eres jotito, o qué? ¿Te gusta la verga?
Él comenzó a sollozar y entre su llanto me decía que no, que sólo le dio curiosidad y que por favor no le fuera a decir nada a sus abuelos.
–No llores, mi pollito güero, (así le decía de cariño), no seas tontito, no pasa nada…es más, si quieres te puedo dejar seguirme viendo y tocando mi pito, pero tú también me debes enseñar tu pitito y huevitos…ah! Y también tu culito…
–¿De veras, maestro, puedo ver y agarrarle su pito? Dejó de llorar y se giró hacia mí, sonriendo.
–Sí, pero ya sabes, tú también me vas a dejar verte y tocarte todo tu cuerpecito, encueradito…
–Sí, sí maestro…
Y sin que yo se lo pidiera, se despojó de su trucita y yo me bajé igual mi calzón para darle más confianza.
–Anda, acércate, no tengas miedo, mi pito no come. Al contrario, le encanta que lo toquen y jueguen con él…
Y alentado por mis palabras, se acercó y tocó con sus manos mi pene. Pude sus manitas alrededor de mi miembro y le enseñé cómo masturbarme. Una gota de presumen salió de él y me preguntó qué era y le dije que una “agüita especial” que los pitos de los adultos producen cuando están felices.
Me preguntó cuando tendría él así de grande su pajarito y huevitos y le dije que pronto, cuando creciera un poco más y le salieran pelos ahí.
Lo recosté boca arriba y comencé a acariciar y besar todo su cuerpecito, él se tensó un poco al principio, pero después comenzó a reírse bien lindo ante las nuevas sensaciones que experimentaba. Su penecito comenzó a erectarse y lo acaricié y masturbé un poco.
Dirigí mis labios a sus pequeños genitales, los besé y lamí con placer mientras él se retorcía y gemía un poco. Finalmente, abrí mis labios y engullí por entero sus genitales y los chupé largo rato.
Me separé de él, me recosté boca arriba, con mi mano derecha tomé mi pene y lo agité un poco, mientras que colocaba mi mano izquierda en su nuca y lo llevaba a mi sexo.
–Tu turno…le dije.
–¿De qué, maestro? Preguntó con timidez e inocencia.
–De hacerme lo que yo te hice, anda…
–Pero usted la tiene muy grande y gruesa, no me va a caber…
–Lo que te quepa, anda, imagina que es una rica paleta y dale benitos, saca tu lengüita y lámela, como yo a tu verguita, anda…aunque sea poquito.
¡Uffffff! Solamente quien ha tenido esa dicha conoce del placer de sentir unos labios infantiles posarse con temor, temblor y nervios en tu pene y llenarlo de calidos besos, así como de una lengüita recorrer tu miembro de arriba abajo…
Un poco después le pedí abrir su boquita y meterse, hasta donde pudiera, mi pene en ella y el lo hizo con mucha timidez. Lo fui guiando poco a poco para que no me lastimara con sus pequeños dientes, y aunque solamente entró mi glande en su cavidad bucal, el placer de verlo era inmenso.
Le pedí subir bajar por mi glande y cuando se cansó le pedí masturbarme hasta sentir cómo mis testículos se contraían preparando la inminente eyaculación.
–Espera…
Le dije, y él, sacando mi glande preguntó por qué.
Le expliqué que estaba por salirme mi leche.
Me preguntó y le expliqué y le pregunté si deseaba probarla o no.
Él aceptó así que abrió nuevamente su boquita para engullir en ella mi glande y después de unos momentos me corrí abundantemente en él.
Puse mi mano en su nuca para que no fuera a separarse y se bebiera todo mi semen.
Él, aunque con un poco de asco, se bebió hasta la ultima gota del jugo de mi miembro e incluso lo hice lamerme mi pene hasta dejarlo limpio.
Lo abracé y le dí las gracias por lo feliz que me había hecho. Le ayudé a vestirse y nos dirigimos a la casa de su abuelo a desayunar. Antes, le pedí mantener en secreto lo que hicimos y le pregunté si le había gustado jugar así y si lo volvería a hacer y él asintió a todo.
CONTINUARÁ…


(16 votos)
UFFFF Continua por favor! @JulioRoller tg