De mi dedito de niño a una verga de adulto.
He de reconocer que desde niña (perdón, debí escribir niño) siempre fui muy curiosita..
Siempre la mejor forma de empezar es por el principio, pero a fuer de ser sincero no sé exactamente cuando empecé a sentir placer al ver teniendo sexo a un perro y una perra, a una vaca y un toro, una burra y un burro, etc., lo muy extraño que aún hoy no sé explicar es por qué en cada situación de esas yo quería ser la hembra.
Mis padres tenían una finca en Mendoza (Argentina), donde había caballos, ciervos, etc., eso de que yo anhelaba ser la hembra lo registro desde mis seis años y hasta recuerdo el deleite qué me producía ver los penes de burros y caballos, me imaginaba agarrándolos. Por aquellos años ni siquiera revistas porno yo conocía, sin embargo tenía marcado interés y chuparme esos descomunales penes de tales animales, por lo que pienso que probablemente alguien me haya hecho toqueteo o algo así.
Ya tenía siete años cuando descubrí el tremendo placer que sentía al tocar y meterme el dedito por mi orificio anal, pero muy pronto descubrí que eso no me alcanzaba y quería más, así fue que un día vi una zanahoria pequeña y la convertí en mi marido. De la zanahoria pequeña pasé a una mediana y enseguida a la más grande que conocí.
Yo tomaba la zanahoria más grande y trepaba la montaña hasta un lugar qué yo consideraba tranquilo y ahí le daba sus placeres a mi puertita trasera.
En mi inocencia nunca calculé qué los peones de la finca me veían subir cada día con cierta intriga, hasta que un día uno de ellos me siguió y más que con las manos en la masa me encontró desnudo y con la zanahoria en el culito. El tipo que me encontró no era otro que el que me llevaba a la escuela en un sulky o en una Estanciera Ika si llovía. Parado arriba de mi ropa me dijo:
-Qué lindo…!
Yo empecé a llorar y a pedirle que no le diga nada a nadie y me dijo:
-Si te portas bien conmigo no diré nadita. Vení, me dijo.
Yo lloraba más aún porque pensé que quería agarrarme para llevarme desnudo a casa y contarlo todo.
Cuando notó mi temor, mostrándome su verga me dijo:
-Vení… mirá… ¿No te gusta? En ese momento entendí como venía la cosa vi que esa verga empezaba a pararse mientras él me decía.
– Vení… tocámela.
Yo empecé a acercarme con miedo pero con mucha ilusión de que eso podía ser real. Y lo fue. Me hizo tocársela, me dijo como mamarla, cosa que hice brevemente porque antes de un minuto me tiró encima de él y puso mi culto justo en la punta de su pija y me la restregaba.
-Te gusta? Me preguntó, a lo que sin dudar le dije que sí, al ensalivarme el culito me metió la lengua y ahí grité de placer y me dijo:
-Te voy a cojer. Sé que cojer es con “g”, pero me resulta mucho más degenerado, sucio y provocador escribirlo con jota. Al decir eso, hizo un poquito de fuerza y con lo dilatada que estaba mi puertita trasera casi se me metió toda. Eso era placer… Carajo! Qué polvo me echó. Divino… Sublime! Eso no se parecía en nada a la zanahoria y empezó a darme como cajón que no cierra. Y a darme. Y a darme más. Me echó dos polvos seguidos en un rato y se fue.
El problema era mío ya que yo por mi edad no eyaculaba, por lo que estaba caliente en todo momento. Me fui siguiéndolo después de vestirme y allá lo empecé a acosar para que me dé más verga hasta que se enojó y me gritó llamando la atención de otros dos peones que al notar que éste me había cojido en la montaña, comenzaron a acercarse ya sobándose la entrepierna…
Continuará.



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Que nenita golosa!!
Yo quiero una nenita así de traviesa y caliente jejej
Wow uffff kiero
que rica una putita asi