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Gays, Incestos en Familia, Masturbacion Masculina

“De tal palo, tal astilla” (Parte 2)

Un mes había pasado desde el día en que Aníbal y Arnold habían forjando un fuerte lazo ‘padre e hijo’….
Apenas un mes había pasado desde el día en que Aníbal y Arnold habían creado una nueva confianza y camaradería entre machos, forjando un fuerte lazo ‘padre e hijo’ que pronto se convertiría en una tradición familiar, hasta para las siguientes generaciones de los varones Ramírez. La actitud del joven de 21 años ahora era muy diferente, era igual de desinhibida y relajada que la de su papá de 47 años; al punto que podían hablar con naturalidad de temas como pajas, preferencias en mujeres, sus múltiples conquistas, fantasías sexuales y gustos sucios en porno, mismo que compartían e intercambiaban como nuevo pasatiempo. Además, ambos se la pasaban siempre desnudos por casa, a toda hora, la ropa era sólo para cuando les tocaba salir. Ahora era normal encontrar en las mañanas a Arnold desnudo sentado en la cocina comiendo cereal, conversando con su padre de lo molesto que es orinar con sus persistentes erecciones matutinas, mientras este último tomaba café y se rascaba sus abundantes y tupidos pelos púbicos negros. O los dos sentados sin ropa en el sillón de la sala, bebiendo cervezas a la vez que veían el boxeo y comentaban las cosas perversas que le harían a las modelos que sostenían los carteles entre asaltos. O que el chico se estuviera bañando y su padre entrara y se pusiera a mear en el inodoro a la par, pidiéndole si le podía prestar condones, porque esa noche saldría a cogerse a una de sus regulares.

El último sábado de ese mes los dos se hallaban en la habitación de Arnold, masturbándose en lo que compartían sus experiencias sexuales más sugestivas y así juntos se estimulaban más.

– …yo tendría unos cuatro años menos que tú ahora y ella era una madura casada. –Le contaba el hombre de familia a su hijo, mientras los dos estaban acostados en la cama jalando sus duros miembros masculinos. Impresionantes 26cm en el padre, muy gruesos y peludos, y 23cm igualmente poderosos en el hijo, fibrosos y depilados.

– ¿Cómo tenía el culo? ¿Era muy tetona? –Preguntó ansioso el muchacho, al tiempo que se jaloneaba rápido el falo.

– Calma, hijo. Ya voy a llegar a esa parte. Déjame que te cuente bien.

– ¡Ohh…! Vamos, papá. ¡Ahh…! Cuéntame la mejor parte. –Insistía Arnold, jadeando y transpirando bastante, pues sus cuerpos juntos generaban mucho calor y llevaban más de media hora en esa placentera paja acompañada.

– Está bien, hijo. La zorra casada me tenía muchas ganas, que cuando se me hincó y me la sacó para mamármela, y vio lo dotado que era aún a esa edad, casi que ella tuvo un orgasmo ahí mismo. E hijo, déjame decirte que esa madura estaba deliciosa. Tenía un culo enorme y un par de tetas que podrían amamantarte…

Aníbal se pajeaba calmado, disfrutando del morbo y regando por todo su leñoso tronco fálico los jugos seminales que le escurrían sin cesar. En cambio, su primogénito cada vez más excitado, se masturbaba rápido y fuerte, imaginando la escena que su progenitor le describía de forma tan morbosa.

– …y lo primero que hizo la vieja zorra fue usar ese par de tetotas para pajear mi vergón, al mismo tiempo que me mamaba como una desquiciada el glande, gimiendo de deseo por mí; en ese entonces un jovencito semental.

– ¡Ohh…papá, qué rico! ¡Ahh~! ¡Sigue, sigue! –Pedía Arnold con la mirada fija en la inmensa virilidad de su padre, imaginando como la mujer madura se deleitó con ella; besándola, lamiéndola y chupándola con ganas.

– Sí que lo fue. La hubieras visto, hijo. Era tan putona que se desesperaba tratando de atorarse con toda mi recia vergota peluda… –Y ahí, él aprovechó para sacudírsela y presumirle a su vástago el voluminoso y pesado trozote de carne viril que carga en su entrepierna. Pero en eso, Aníbal se quedó callado por unos segundos.

– ¿Por qué te detienes, papá?

El cuarto apestaba a la intensa mezcla del olor de sus sobacos sudados, así como a ese característico hedor de genitales masculinos transpirados y con restos de esperma seco. Es decir, que toda la habitación olía a pura testosterona Ramírez; ya que esos dos hombres son en verdad unos machos sementales, y no sólo por las asombrosas dimensiones de sus instrumentos sexuales, sino también por sus demás rasgos varoniles. Aníbal es un hombre maduro muy alto, de tez trigueña oscura, fornido y bastante velludo al natural, sobre todo en su pechote peludo. Tiene el cabello y la barba negra, con algunas canas grises en la barbilla y las sienes. Por su parte, Arnold también es alto, un poco más bajo que su padre, de piel trigueña clara, cuerpo de gimnasio, con los vellos del cuerpo rebajados para dejar ver mejor la definición de sus músculos; como sus pectorales torneados, abdomen de cuadritos y abultados bíceps. Tiene el cabello castaño oscuro y lleva una barbita perfectamente en candado.

– Papá, ¿qué pasó? –Repitió el muchacho extrañado– ¿Por qué me quedas viendo tanto?

– Porque te veo tan caliente y metido en mi historia, qué me gustaría ayudarte y echarte una mano.

– ¿El…el qué…? –Preguntó viendo como su papá le sonreía y con la mano hacía la seña en el aire de pajearlo.

El joven estaba tan excitado que aceptó simplemente afirmando con un movimiento de cabeza. Curiosamente, su progenitor no uso la mano, sino que sacó de la gaveta de la mesita de noche el Fleshlight ‘STLN-XXL’, el que le había comprado hacía unas semanas atrás, y eso fue lo que usó para comenzar a masturbar a su viril vástago.

– ¡Eso es, hijo! ¡Así me gusta! Abre bien este coñito con tu vergón y hazla pedir más. –Le decía su padre a Arnold, al mismo tiempo que utilizaba el masturbador de plástico y silicón en su hombría, pajeándolo delicioso con éste.

– ¡Ohh…papá! ¡Ahh…qué rico se siente esto!

Ahora el par de machos estaba sobre la cama de costado, cara a cara. Aníbal empleaba ambas manos para ordeñar a su muchacho con el juguete sexual, en lo que su hijo apoyaba sus manos contra el pelo en pecho y hombros de su papá, con los ojos cerrados y jadeando como animal; pues el placer del bombeo que le hacía su padre sobre su verga era casi como si en verdad estuviera follándose una vagina real, la de la mujer casada de la historia.

– ¡Eso, campeón! Imagina tu cara enterrada en medio de ese enorme par de tetas, a la vez que le coges duro el coño.

El hombre admiraba el rostro sudado y enrojecido de su hijo, y como éste gemía de gusto entre dientes. Poco a poco sus cuerpos se fueron acercando más debido a los movimientos de pelvis de Arnold y a las masturbadas enérgicas del papá con el fleshlight, que ambos ya podían percibir el aliento del otro muy de cerca.

– ¡Ahh…sí, papá…! –Y en eso el chico sintió el roce del macizo vergón progenitor contra sus bolas depiladas; por lo que sin pensarlo movió una de sus manos y agarró la imponente virilidad que le había dado la vida.

Aníbal se sorprendió mucho, ya que eso era algo que él no se esperaba de su muchacho. Bajó la mirada para ver complacido como su musculado primogénito ahora se la jalaba a él, sincronizando esos pajazos con el ordeño que le propinaba con el masturbador fálico de plástico.

– ¡Hijo, ¿qué haces?!

– Es lo justo, papá. –Contestó Arnold sin soltar la carne viril de su velludo padre– No te rompas la cabeza por esto, papá. Sólo te estoy devolviendo el favor.

A partir de ese momento las pajas fueron cruzadas. Siempre acostados frente a frente, el hijo con la derecha masturbaba el tremendo vergón de su progenitor, ayudándose con la izquierda para manosearle los enormes y peludos huevos; mientras el papá seguía con ambas manos manejando hábilmente el fleshlight, para bombear el largo y estético miembro masculino de su atractivo vástago.

– ¿Te gusta lo que hacemos, hijo? ¡Ohh~! –Le preguntó Aníbal a su muchacho casi respirándole en la boca.

– ¡Ahh~! ¡Sí, papá! ¡Ahh~! Esto se siente increíble… –Respondió alcanzando un nuevo nivel de excitación y morbo.

Pero de súbito el hombre maduro se detuvo, lo que hizo que el chico también lo hiciera y antes de que éste pudiera protestar, su padre habló primero.

– Se me ocurre una idea. –Y terminando de decir eso, retiró el juguete sexual de la vergota de su hijo– No sé si te diste cuenta, pero el hombre del sex-shop me dijo que este modelo que te compré tiene una función especial.

Y en eso Aníbal con un par de movimientos removió el cobertor tubular de plástico negro, dejando nada más el interior cilíndrico de silicón rosa, con aberturas en ambos extremos; permitiendo así que el flexible material pudiera expandirse y dar cabida a dos falos al mismo tiempo.

– Ahora sí podremos divertirnos más, hijo. –Continuó el hombre de familia, incitando al hormonal joven.

Arnold no titubeó y siguió las instrucciones de su progenitor. Para este punto los dos estaban sentados en la cama, con las piernas cruzadas, las musculosas del hijo sobre las peludas del padre; en lo que éste último vertía por los forzudos falos de ambos, gran cantidad del contenido del bote de lubricante que sacó de la gaveta de junto.

– Eso es, hijo. Riégatelo bien todo. –Dijo el hombre al ver como su muchacho se lubricaba bien toda su recta hombría– ¿Y en qué parte me quedé de la historia? ¡Ah, sí! Después de que me la cogí duro por un largo rato yo solo, la vieja zorra quería también dentro de ella la verga de su marido…

El chico se pajeaba rápido oyendo el resto de la morbosa anécdota de su papá; al mismo tiempo que lo miraba regarse el lubricante por todo su impresionante miembro paterno, tan grueso y venoso como un brazo musculoso.

– …así que justo como estamos tú y yo ahora, el esposo y yo veíamos como la muy putona se sentaba sobre la verga de los dos, ensartándoselas ella solita, gimiendo y gritando como una desquiciada. –Contaba Aníbal a la vez que usaba la nueva función del juguetito y deslizaba el cilindro de silicón rosa en las vergas de su hijo y la suya, ahora muy juntas, casi pegadas, replicando en vivo la historia que excitaba cada vez más a su vástago.

– ¡Ohh…papá! ¡Qué rico! Que suerte la tuya de poder haber hecho eso tan joven.

– Lo sé, campeón. Y se sintió, así como tú lo sientes ahora, bien apretado y caliente…

Sus dos miembros de machos se rozaban uno contra el otro, apretados por la banda de silicona, haciendo que la fricción entre ellos, en especial entre los frenillos de sus glandes, aumentara las intensas sensaciones y el morboso placer masculino. Arnold sujetaba el cobertor rosa por un lado y su padre por el otro, acompasando sus movimientos de arriba abajo, pajeando sus virilidades una contra la otra.

– …en eso, la madura-culona-ninfómana logró meterse ella sola mi vergota entera junto con la de su marido por el coño, hasta el fondo de su útero, que no sé cómo no la rasgamos, hijo; pero ella gozaba, se masajeaba las tetotas y se mojaba más y más en lo que tenía múltiples orgasmos ahí mismo sobre nosotros.

Arnold imagina la perversa escena de su padre como un adolescente cogiéndose a una mujer casada, ayudado por el mismísimo esposo; al tiempo que él sentía lo que su papá debió experimentar en esa ocasión. Dos duros instrumentos inseminadores uno contra el otro, apretujados en ese tibio y estrecho espacio, de la misma forma que la banda de silicón los envolvía ahora a él y a su propio progenitor.

El chico escuchaba atento la anécdota del hombre que le había dado la vida, simulando la escena junto con él, a la vez que miraba como su verga sobresalía un poco del cilindro rosado y la de su padre un par de centímetros más, viendo como los viscosos jugos seminales de los dos no paraban de escurrir y mezclarse; haciendo que los roces entre su falo y el de su viril papá fueran tan deliciosos que él ya empezaba a delirar. Tanto Arnold como Aníbal resoplaban entre jadeos, transpirando y apestando tanto que el ambiente en la habitación era denso, debido a los altos niveles de testosterona combinada en el aire. El hombre de familia seguía describiéndole a su muchacho en detalle su hazaña sexual, mientras éste lo escuchaba atento y ajeno a cualquier otra cosa en el mundo; sólo podía oír la profunda voz de su padre y su vista se clavaba en sus vergas juntas, casi fusionadas en una sola gigantesca.

– Ooohhh… ¡Ya no puedo contenerme más, papá! ¡Estoy tan cerca… ¡¡AAAHHH!!

– ¡Ese es mi campeón! ¡No te contengas, hijo! Muéstrale a papá como te vienes de rico. –Le alentaba Aníbal a su primogénito, en lo que él movía más rápido y fuerte el cilindro de silicona de arriba abajo, asegurándose de ordeñar muy bien a su propio hijo.

Y tal y como fue la primera corrida de Arnold frente a su padre, sus disparos eyaculatorios salieron con tal potencia y magnitud, que uno tras otro volaron por el aire; sólo que esta vez por sobre la cabeza de su papá. Pero al disminuir la intensidad en la siguiente descarga, éstos terminaron bañando de espesa esperma blanca el rostro, barba, pelos del pecho y panza de Aníbal; aunque eso a este último no le dio asco, al contrario, lo puso todavía más caliente y morboso que, liberando de un arrebato su vergón del juguetito, se puso a pajearse más enérgicamente; hasta que él también comenzó a correrse a chorros, echándose encima todo su amarillento y grumoso semen maduro, quedando bañado por completo de la leche de macho de ambos.

– ¡Joder, hijo! Mira como me has dejado. –Reclamó el hombre, en lo que con una mano se limpiaba un ojo, que casi había recibido un disparo, y con el dorso de la otra se limpiaba el bigote y boca que habían recibido varias descargas.

– Lo siento papá…pero no todo es mío, tú también te embarraste todo. ¡Wow~! ¡Y sí que te salió muchísima leche, papá! –Contestó el chico, mientras se manoseaba complacido toda su larga virilidad y corría hacia adelante su prepucio sobre el glande, escurriéndose así los últimos hilos de esperma.

– Sí, creo que también te he heredado lo de ser muy lechero. Los dos botamos demasiada. –Y el maduro Ramírez se puso en pie para alcanzar su calzoncillo slip del suelo y usarlo para limpiarse todo el torso que había quedado embarrado y goteando semen de los pelos negros.

– ¡Ves! Es tu culpa, papá. Son tus genes en mí…je, je… –Bromeó Arnold, ahora jalándose su aún erecta y sólida vergota– Papá, ¿no sería increíble que tú y yo nos cogiéramos a una madura casada juntos?

– Claro que sí, hijo. Sabes, eso es algo que siempre he querido hacer contigo desde que te volviste todo un hombrecito. –Le confesó Aníbal a su hijo, y luego se pasó el calzoncillo ya todo pegajoso por sus pelos púbicos y vergón colgando– Creo que tendré que ducharme o jamás me sacaré todo esto.

– Estás de foto, papá…ja, ja, ja…  ¿Me dejas tomarte una?

– Muy gracioso, hijo.

. . .

El hombre de familia se enjabona en la ducha, sonriendo conforme, puesto que a él le gustaba mucho poder llevarse así de bien con su vástago; tenerse esa plena confianza y poder compartir morbo entre machos como algo normal, y aún más natural siendo ‘padre e hijo’. Y en eso Arnold entró al baño, aún desnudo y transpirado.

– ¿Hay lugar, papá?

El chico ya traía su hombría flácida, aunque no del todo, estaba más larga y gruesa de lo normal, y le colgaba semi en medio de sus esculpidos muslos de gimnasio.

– ¿Quieres entrar y bañarte conmigo? –Preguntó Aníbal algo sorprendido, con el pecho peludo todo enjabonado.

– Eh…sí, es que quedé todo sudado. –Y levantó sus brazos para mostrar los recortados vellos de sus axilas, ahora súper empapados en sudor, y luego se los olfateó– Ya creo que hasta apesto igual que tú…je, je…

– No nos bañamos juntos desde que eras un niño de…no sé, 7 u 8 años. –Prosiguió el hombre extrañado.

– Lo sé, me acuerdo muy bien, papá. ¡Vamos, hazme lugar!

Y Arnold simplemente entró en la angosta ducha, haciendo que su padre se corriera para dejarle a él pararse debajo de la regadera, y recibir el cálido y agradable chorro de agua. Entonces, Aníbal sonriendo prosiguió con su baño; enjabonándose los sobacos, pelos púbicos y su carnoso falo junto a sus pesados huevotes.

Ahora el par de machos Ramírez se duchaba juntos, conversando de cosas cotidianas sin importancia; pero mientras lo hacían, el joven no podía evitar contemplar con admiración a su progenitor, todo un auténtico y viril semental, así como a sus macizos genitales. Y de repente el jabón se deslizó de las manos de su papá, por lo que éste se giró y agachó para recogerlo, quedando de espaldas a su hijo y dejando a la vista su culo peludo de macho maduro. Arnold por supuesto clavó su mirada en el trasero de su padre, viendo como éste tenía las nalgas bien torneadas y llenas de pelos, los cuales provenían de la raja oscura donde tendría que estar su ano cerrado. Eso hizo que la verga del muchacho se irguiera en instantes, alcanzando sus 23cm de virilidad endurecida.

– ¡Joder hijo, te has puesto duro! –Exclamó el hombre al voltearse y hallar erecto a su primogénito.

– Eh…perdón, papá…no sé por qué me pasó. –Le respondió, balbuceando un poco por los nervios que le comenzaban a ganar– Creo que sigo algo caliente todavía…je, je…

– Eso veo, campeón. –Y en eso se acercó más a su hijo, cara a cara y a pocos centímetros, cerró la llave del agua y luego apartó el jabón con una mano y con la otra agarró el formidable falo de su vástago– En verdad has crecido mucho, hijo. Ya no eres mi pequeño niño, ahora eres todo un hombre. Uno muy guapo y tan dotado como tu viejo.

– Pa― Papá… –Soltó Arnold casi entre suspiros. Él estaba colorado, lo podía sentir en el calor de sus mejillas; así como sentía lo caliente de la ruda mano de su padre en su palpitante miembro masculino, del cual ahora escurrían espesos hilos de líquido seminal– ¿Qué…qué haces…?

Aníbal se había arrodillado frente a su hijo, sin soltarle la erección, de hecho, ahora también usaba su otra mano para ayudarse y manoseársela con ambas, y muy cerca de su rostro; que el chico podía sentir el roce de los pelitos de la barba y bigote de su padre contra su glande enrojecido y escurriéndole.

– Tranquilo, hijo. Sé de una forma en la que podremos divertirnos todavía más…

El joven veía hacia abajo con incredulidad a su papá hincado, y como éste abrió la boca y se metió en ella su vergota. Primero sólo la punta, chupándola despacio y con succión firme, como si la estuviera degustando. Y luego se la introdujo un poco más, y de ahí otro poco, que Arnold sentía como su falo pasaba la campanilla de su padre y le entraba en la angosta garganta; lo que le producía una sensación tan intensa que sus ojos se viraron hacia atrás, haciéndolo soltar un grave alarido masculino de puro placer.

– ¡Ooohhh…Dios! Papá, que bien sabes mamarla… ¡Ahh~!

Cuando sus ojos volvieron a enfocar bien, notó como su padre lo miraba desde abajo, sonriéndole con mueca de complicidad, al tiempo que le lamía toda la verga con auténtico deleite. Le pasaba la salivosa lengua desde la base de pelos púbicos, perfectamente recortados, por todo el recto tronco, hasta la estética y perfecta punta fálica.

– A decir verdad, hijo. La tuya no es la primera que me como. –Y le volvió a sonreír con picardía, para retomar las chupadas de garganta profunda que hacían temblar las macizas pantorrillas de su muchacho.

– ¿Ah no? ¡Ahh~! Pues se nota que sabes hacerlo, ¡joder! ¡Ohh~! Mamas mejor que todas mis novias… ¡Ahh~!

El chico tenía la cabeza hecha bolas. No podía pensar cómo se debe. Para empezar, no entendía como eso estaba pasando, a la vez que se preguntaba a quién le había mamado la verga su papá antes, y mientras también trataba de mantenerse en pie y no correrse; pues el morbo y placer del oral que le estaba haciendo su propio padre le nublaba la mente; al mismo tiempo que éste estaba decidido a exprimirle el contenido de sus huevos.

– Mmmm… Hijo, sí que lubricas mucho…y sabe tan bien… Mmmm… Tus novias tienen mucha suerte… Mmmm…

– Aaahhh… ¡Papá, espera! ¡No sigas o me harás correrme! –Trató de advertirle Arnold a su progenitor, puesto que su glande estaba aún muy sensible de la masturbación de hacía pocos minutos antes.

– ¡Mmmgh~! No te contengas, campeón. Dale a papá toda tu lechita… ¡Mmmgh~! –Lo provocaba el hombre entre succiones y a la vez que con las manos le estrujaba los huevos depilados– Papá quiere probarla… ¡Mmmgh~!

– Aaahhh… ¡No puedo más! ¡Me vengo… ¡¡OOOHHH!!

Y así el atlético chico volvió a eyacular esa tarde; en lo que su padre no paraba de comérsela con frenetismo y hambre, que él podía sentir como cada uno de sus chorros de semen ascendían y recorrían todo su miembro viril, hasta llegar al ojete y salir con gran presión seminal; sólo para entrar directo en la garganta de su progenitor; quien los ingería uno detrás del otro, entre mamadas y sus incesantes movimientos de cabeza de adelante atrás.

– ¡Glup~! Vaya hijo, aún en la segunda te vienes muchísimo. –Dijo pasándose la lengua para no desperdiciar los restos de esperma que le habían quedado en el bigote– Menuda corrida le has hecho tragar a tu viejo.

En cambio, su primogénito no podía ni hablar, seguía incrédulo a todo, aunque muy complacido. Y en eso éste vio a su padre ponerse en pie y como traía ya todo su devastador vergón a tope, con sus 26cm erectos, tan hinchados y con las venas tan brotadas que el falo de su creador parecía poder levantar pesas.

– Ahora hijo, enséñale a papá como tú la sabes mamar. –Prosiguió Aníbal sujetando su hombría por la base peluda.

Para este punto ellos habían cambiado de locación. Ahora se encontraban en la habitación del hombre de familia, goteando agua de sus cuerpos desnudos, de hecho, habían dejado un camino de gotas por todo el pasillo desde el baño. En todo este recorrido Arnold había marchado algo confuso y nervioso, sintiendo a su macho padre duro y ansioso por detrás, casi empujándolo con el vergón contra sus nalgas. El joven se había sentado al pie de la cama, mientras su progenitor se erguía parado frente a él, con su enorme y erecta herramienta procreadora en la cara.

– Yo…yo nunca antes he mamado una verga, papá. –Declaró el chico, a la vez que con la mano izquierda agarraba la velluda base del miembro de su padre, sintiendo su peso y fuerza, en lo que con la derecha le corría el prepucio y descubría el amoratado e inflado glande, observando muy de cerca como una espesa gota seminal se asomaba y salía por el ojo vertical de aquella cabeza fálica.

– No te preocupes, hijo. Aprenderás con papá. –Y le sonrió viéndolo desde arriba– Ahora, abre bien la boca y cómete toda la vergota de la que naciste.

Oír a su padre decir eso, hizo que Arnold volviera a calentarse, tanto, que su excitación se elevaba tan rápido y más que sus nervios; por lo que con su propia verga ya sacudiéndose y levantándose en una nueva erección, obedeció a su padre y de una se metió ese oscuro y voluminoso vergón, todo lo que pudo de una engullida.

– ¡Buagh~! ¡Es realmente enorme, papá! –Dijo el muchacho luego de contener una tremenda arcada; pero eso no lo detuvo, puesto que intuitivamente el joven Arnold optó por comenzar a mamársela a su papá de apoco y despacio, aunque decidido a que entre cada chupada se introduciría más y más de aquel macizo y carnoso falo paternal, mamándosela de una forma en que su padre pudiera estar verdaderamente orgulloso de él.

Y justo eso ocurrió. Aníbal jadeaba y volvía a sudar por el intenso placer que le producía el sexo oral que su primogénito le estaba empezando a dar. Era un placer físico increíble, pero más era el placer mental, el morbo perverso de tener una experiencia incestuosa entre un macho padre y su igual macho hijo.

– ¡Oh…joder, hijo! ¡Qué rico se la chupas a papá! ¡Ahh~! –Logró decir el maduro hombre, en lo que sentía como su joven vástago usaba ambas manos para pajearle todo su descomunal y formidable instrumento viril, a la vez que con la boca le succionaba incansablemente el glande, haciéndolo soltar líquido seminal sin parar dentro de la garganta de su hijo, y viendo como éste sólo paraba de mamársela para tragarlos y luego pasar su lengua por la punta para recoger y saborear más de estos– Veo hijo que también te heredé la habilidad de saber cómo se mama a otro macho… ¡Ahh~! Tienes una destreza innata, campeón… ¡Ahh~!

Arnold hasta ahora siempre había sido heterosexual; pero el mamar la poderosa verga de su propio padre le gustaba mucho y lo calentaba demasiado por alguna extraña razón, que de su propia vergota fibrosa no paraban de caer al piso hilos tras hilos de su viscosidad viril; al mismo tiempo que disfrutaba de las sensaciones de comerse aquel vergón paterno y lo mucho que le gusta como éste sabía y se sentía recio dentro en su boca y garganta.

– Mmmm… Papá, tu verga es increíble… Mmmm… Mamá sí que tuvo mucha suerte contigo… Mmmm…

– ¡Oh…Dios! ¡Qué buen hijo eres…! ¡Ohh~! ¡No pares hijo, no pares…! ¡Ohh~!

– ¡Mmmgh~! Sí, papá, lo que tú digas… ¡Mmmgh~! –Se esforzaba el joven Arnold tratando de hacer que su padre se corriera en su boca, para llenarlo de orgullo paternal al mismo tiempo que él esperaba que su garganta se llenara de la leche de macho que lo había creado 21 años atrás.

Pero en eso el chico sintió como los antes persistentes movimientos de pelvis de su creador, los que habían estado ayudando a sus mamadas en casi una cogida oral, se detuvieron de golpe. Y cuando él se sacó la verga de su padre y subió la mirada para verlo, éste tenía el semblante serio y todo su rudo rostro sudado, así como el resto de todo su robusto y peludo pecho.

– Bueno, ya basta de esto, hijo. Es hora de enseñarte otra manera en que los machos nos divertimos todavía más entre nosotros. –Y con un movimiento circular en el aire de su dedo índice continuó– ¡Voltéate y ponte en cuatro!

Algunos podrían pensar que a este punto el musculado muchacho, todo un rompecorazones y rompe-vaginas, diría algo o se opondría; pero no fue así. Arnold hizo caso a la orden de su papá, se subió a la cama, se puso en posición y dejó su culo levantado y en dirección a su macho padre. Entonces, el velludo hombre se arrodilló y sin decir nada, simplemente se puso a comerle el trasero a su hijo como si fuera lo más natural del mundo. El padre de familia masajeaba las nalgas firmes y redondas de su vástago, separándolas bien para ver como éste no se depilaba esa área y tenía el ano adornado por un círculo de pelos negros. Aníbal se relamió el bigote y se dispuso a chuparle y lamerle el culo a su primogénito con todo el gusto del mundo, ocasionalmente escupiéndole el esfínter cerradito y virginal, para luego profanárselo con su carnosa y ensalivada lengua masculina.

– ¡Oh…papá! ¡Ah…qué bien se siente esto! –Le confesaba su hijo entre gemidos varoniles– ¡Ahh~! Tu lengua se siente caliente… ¡Ohh~! …Y tan húmeda… ¡Ahh~!

El chico estrujaba con una mano las sábanas de la cama de su progenitor, mientras con la otra se pajeaba efusivamente, experimentando ese nuevo placer anal producido por la boca y hábil lengua de su propio padre.

– Mmmm… ¡Slurp~! Tienes un culo delicioso, campeón… Mmmm… ¡Slurp~! Y ya tan dilatado que te caben fácil dos de mis dedos, ¿los sientes?

Y claro que Arnold sintió cuando su papá le clavó completos esos dos dedos gruesos dentro de su estrecho recto.

– ¡Agh~! ¡Sí papá, se siente tan bien! ¡Ohh~!

– ¡Así me gusta, campeón! Ya estás listo para el resto…

Entonces Aníbal se acomodó de rodillas tras su muchacho, quien seguía en cuatro sobre la cama, y escupiéndole un nuevo bolo de saliva directo en el ano, se lo regó bien con los dedos, introduciéndole tres esta vez, sólo para luego sacárselos y comenzar a empujarle dentro del esfínter su enorme herramienta de fecundación.

– ¡¡AGH!! ¡Papá! ¡¡AGH!! ¡Tu verga es demasiado grande y gorda, joder! ¡¡AGH!! –Dijo el chico entre gritos, pues él sentía como ese duro y macizo cuerpo extraño entraba a la fuerza en su trasero, que pensó que su ano se rasgaría.

El hombre de familia logró introducirle la punta de su voluminoso miembro masculino y lo empujó un poco más dentro del culo prieto de su vástago, para después sacárselo del todo y contemplar cómo el agujero anal de su muchacho había quedado sumamente abierto, tanto que él podía ver el profundo interior rojo. Eso lo provocó tanto, que su falo paternal se puso aún más duro y sus peludos huevos se cargaron de más esperma, y con una única y brutal estocada se la volvió a meter por el culo a su primogénito; quién soltó otro alarido masculino al sentir como la portentosa hombría de carne y venas de su padre volvía a introducirse en sus entrañas, con una potencia viril sádica y devastadora, que más de la mitad quedó clavada dentro.

– Parece que tu culo ya se está acostumbrando a mi vergón, hijo. –Comentó el maduro macho, complacido de ver como el chico aguantaba sus ahora firmes y constantes abates pélvicos; pues él ya había empezado a cogerse a su hijo, con un duro empuje y un constante ‘mete y saca’.

Pero eso que dijo Aníbal no era del todo cierto; ya que el pobre de Arnold sentía un dolor desgarrador, y una presión y calor intenso regarse desde su esfínter, por su recto y el resto de su interior, estrujándole el estómago, hasta afectarle la fuerza de sus músculos, que no pudo más y se desplomó en la cama, quedando en posición de misionero. Su padre aprovechó la oportunidad para continuar e introducir más de su verga, ahora acostado boca abajo y encima de su fibrado muchacho.

– Ahora sí parece que tu culo de macho puede con todo el vergón de papá, ¿eh campeón?

– ¡Oh…joder sí, papá! ¡Agh~! –Y casi con lágrimas en los ojos, Arnold mordió la almohada que había agarrado y con ella soportó las embestidas paternas que su progenitor no paraba de propinarle en lo profundo de su colon.

Ambos transpiraban copiosamente, que ya los dos estaban nuevamente bañados en sudor y cubiertos de su denso hedor viril. Aníbal resoplaba como la bestia peluda que es sobre su hijo, jadeando en uno de sus oídos, mientras le susurraba lo orgulloso que estaba de que el culo de macho de su campeón pudiera aguantársela completa.

– ¡Uff~! Eso es hijo, ya la tienes toda adentro, ¿la sientes? –Le preguntó justo cuando se la dejó ir entera, hasta el fondo, que sus pelos púbicos pegaron en la pronunciada curvatura de las nalgas de su hijo, y sus enormes pares de huevos se juntaron– Sabes hijo, tu madre nunca pudo con todo mi vergón…de hecho ninguna mujer ha podido; pero tú sí, por eso eres mi campeón.

– ¡Ah sí, papa! ¡Agh~! ¡Maldición, sí puedo sentirla toda dentro de mí, papá! ¡Ahh~!

– ¡Ohh~! Oh…hijo tu culo es tan apretado y caliente… ¡Diablos, se siente mejor que un coñito tierno! ¡Ohh~!

– ¡Sigue, sí! ¡Sigue, ¡Ahh~! Se siente tan bien tu verga dentro de mí, papá. –Le pedía, pues rápidamente el dolor que Arnold había estado sintiendo, ahora se mezclaba con placer y morbo, que su verga estaba muy dura, mojando el colchón, y el desconcertado joven sentía lo que tendría que ser que su padre le estaba ordeñando la próstata por medio de ese constante y salvaje embiste anal– ¡No pares, papá! Creo que…creo que me voy a―

– Espera, campeón. Aún no te corras. Tienes que mostrarme como le coges el culo a tu viejo.

E inmediatamente el maduro macho se detuvo y liberó el trasero aporreado de su hijo, viendo como aquel ano estaba tan ensanchado por su hombría y como el esfínter del chico se abría y cerraba como si fuera una boquita pidiendo más comida. Entonces el hombre se volteó, quedando con su cara al pie de la cama, apoyando su velludo y sudado torso boca abajo contra el colchón, pero con las rodillas bien puestas para elevar su culo y dejarlo expuesto y a entera disposición de su macho y viril hijo.

– Vamos, campeón. Papá quiere que le metas esa hermosa vergota tuya. –Y meneo de lado a lado su peludo trasero masculino como queriendo tentarlo– Cógeme como a una de tus tantas novias.

Por supuesto que Arnold no lo pensó dos veces, estaba tan excitado y fuera de sus cabales, que a pesar de aún tener el ano roto y escurriéndole los jugos seminales de su padre, su estético falo se erguí poderoso y tan sólido que parecía tallado en madera. Luego contempló con morbo las morenas y velludas nalgas de su progenitor, y como éste tenía tantos pelos negros en la raja que difícilmente se podía ver el esfínter. Así que el joven Ramírez se acomodó en medio de las piernas abiertas de su papá, le apoyó su herramienta en medio de las nalgotas y a puro tacto encontró el apretado agujero anal, que inmediatamente empezó a penetrar con la misma maña y rudeza que su progenitor le había enseñado momentos antes.

– ¡¡OH JODER!! ¡Sí, qué rico! ¡Agh~! ¡Hijo, me partes el culo! ¡Ahh~!

– Apenas va la mitad, papá. –Le advirtió Arnold, maravillado de lo delicioso que se sentía meter su viril instrumento por el culo a su maduro padre, ambos siendo machos, ambos siendo eso, ‘padre e hijo’. Aquel recto masculino se sentía tan cálido y húmedo por dentro, y parecía que su papá hacía fuerza desde el interior para succionársela.

– ¡Vamos hijo, métemela entera! ¡Ahh~! Papá quiere que se la hundas toda y me preñes bien el culo… ¡Ohh~!

El joven no podía creer lo que escuchaba; pero le gustaba mucho, demasiado, más que cualquier cosa que había probado hasta ese momento. Su tosco, peludo y dotado padre, el hombre más macho que él conocía, ahora le pedía entre gemidos que lo cogiera completo, que le llenara el culo de su semen; así que eso fue lo que él hizo.

Los dos hombres de la familia Ramírez ya se encontraban nuevamente en coito incestuoso, completamente entregados a ese nuevo y morboso placer sexual. Arnold resoplaba y transpiraba muchísimo en lo que cogía rápida y fuertemente a su progenitor. Aníbal, por su parte, entre jadeos alentaba a su campeón a que le partiera todavía más el culo, sin contemplaciones, diciéndole que él como macho podía soportar los 23cm de verga de su muchacho y su verdadero poder viril, que no se contuviera; logrando así que su hijo se volviera igual de bestia que él. La cama se sacudía y tronaba con cada vertiginosa estocada, el sonido del golpeteo de sus huevos al chocar resonaba por la apestosa habitación, al igual que el constante ruido del contacto de pelvis con nalgas. Pero en eso el maduro macho percibió desde su interior que su vástago se estaba acercando al límite, por lo que decidió cambiar de posición. Ahora Arnold se hallaba acostado boca arriba en la cama, con su robusto y peludo padre encima, montándole la verga tan deliciosamente que el chico se sentía en el cielo; nunca antes había estado tan profundo en alguien, y ahora lo estaba en las entrañas de su propio papá, viendo como éste se deslizaba él solito por todo su fibroso y firme falo, dándole sentones increíbles que lo volvían loco de placer.

– ¡Oh…Dios! ¡Papá, te entra toda de lo más natural, joder! ¡Ohh~!

– ¡Ahh~! Es porque sólo un verdadero macho puede con todo el vergón de otro, hijo. ¡Ahh~! –Le respondió su padre sin dejar de cabalgarlo, que su descomunal vergón de 26cm se sacudía pesadamente de arriba abajo, golpeando el abdomen de lavadero de su primogénito, y soltando en el aire y en la piel de su hijo hilos seminales sin parar– ¡Agh~! ¡Diablos hijo, puedo sentirla hasta el estómago! ¡Ah…qué maravilla!

Arnold empujaba con sus caderas su virilidad hacia arriba, cada vez más profundo dentro de su papá; a la vez que este último seguía subiendo y bajando su culo peludo muy rápido por toda la larga y firme carne de su vástago, sincronizados y tan compenetrados que eran uno solo. En esa posición sus rostros sudados intercambiaban en silencio miradas de deseo y una lujuria nunca antes experimentaba por ninguno de los dos. El chico de 21 años agarraba a su padre por las anchas caderas y con esto lo ayudaba a ensartársela más, mientras el maduro de 47 años se estrujaba los pezones con ambas manos, sin interrumpir sus hábiles y salvajes sentones sexuales.

– ¡Oh…papá…! ¡Esto se siente demasiado bien…! ¡No puedo más, papá… ¡¡AAAHHH!!

– ¡Eso es, hijo! ¡Córrete y préñame el culo! ¡Ohh~! –Lo provocaba aún más su padre, al mismo tiempo que éste podría sentir uno a uno los múltiples disparos de semen caliente de su primogénito directo en sus entrañas.

Y así, como todas les veces anteriores, la eyaculación del joven viril fue exagerada, acumulándose cuantiosamente en el colon de su padre; aunque gran parte ya se deslizaba hacia afuera del recto de Aníbal y se le escapaba por el ano ensanchado, embarrando todos los genitales de su vástago.

– ¡Dios qué rico se siente, hijo! ¡Papá también se va a correr, campeón… ¡¡OOOHHH!! –Y del macizo y carnoso vergón del macho maduro, los espesos chorros de esperma no se hicieron esperar, saliendo regados en una explosión eyaculatoria tal, que muchos hasta llegaron a la cabecera de la cama y el rostro sudado de su hijo, quien abría la boca y con la lengua de fuera los esperaba probar– ¡Sí hijo, cómete la leche de papá! ¡Así me gusta, campeón!

Y lo que Arnold no pudo comerse de esa cálida descarga de semen paterno, terminó regada entre los pliegues de su musculatura, en sus torneados pectorales y marcado abdomen.

Después de esa segunda corrida intensa, el hombre de familia desmontó a su hijo y se desplomó a la par de éste, quedando acostados uno al lado del otro, recobrando el aliento. Aquel cuarto estaba impregnado en ese inconfundible aroma a sexo masculino, transpiración de macho y semen cargado de testosterona. Entonces, Arnold se giró para encarar a su padre, apoyándose en aquel sudado y velludo pecho, y sin poderse contener más, acercó su rostro al de su papá y sin medir palabras conectaron sus bocas, entrelazando labios y lenguas, en un beso tan apasionado que sus verga semierectas estaban empezando a inyectarse en una nueva erección. Con ese primer beso entre ellos, la confianza y camaradería entre machos que habían forjado esas pasadas semanas, esa tarde se convirtió en el inicio de un tórrido romance ‘padre e hijo’ de toda la vida.

…Y aquí termina este relato, más no su historia.

11 Lecturas/31 diciembre, 2025/0 Comentarios/por Nauj69
Etiquetas: anal, madre, madura, maduro, mama, padre, papa, sexo
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