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Gays, Masturbacion Masculina

El amigo de mi sobrino IV

la tension Sexual entre Alex y Kev, empieza a generar mas que roses, mientras son espiados en la regadera. .
Me desperté con un leve movimiento a mi lado. La cama se hundió un poco cuando Kev se incorporó despacio, tratando de no hacerme ruido. Abrí apenas los ojos —lo suficiente para ver sin que se diera cuenta— y lo observé: su espalda desnuda, los músculos suaves moviéndose bajo la piel todavía marcada por los arañazos leves que le había dejado anoche, el cabello revuelto. Se levantó en silencio, la sábana cayendo y dejando al descubierto su cuerpo completo: nalgas firmes, muslos fuertes y ese pene que colgaba semi-relajado pero aún con rastros de lo que habíamos hecho horas antes. No pude evitar que mi respiración se acelerara un poco, pero me quedé inmóvil, fingiendo dormir.

Kev se estiró un segundo, bostezando bajito, y salió del cuarto sin ropa, caminando descalzo por el pasillo. Oí sus pasos suaves sobre el piso de madera, luego el clic de la puerta del baño cerrándose (sin llave, como siempre), y segundos después el sonido de la regadera abriéndose. El agua empezó a caer, constante, rítmica, y con ella llegó el vapor que se escapaba por debajo de la puerta. Cerré los ojos de nuevo, intentando volver a dormir, pero mi mente no me dejaba: imágenes de anoche, de Kev gimiendo mi nombre, de la silueta de Alex en la rendija de la puerta… todo se repetía en mi cabeza.

Entonces oí otro sonido: la puerta de la habitación de huéspedes abriéndose con cuidado. Pasos descalzos. Alex. Mi corazón dio un salto. Me quedé quieto, respirando lento, fingiendo que seguía dormido. Los pasos se detuvieron frente al baño. Golpe suave en la puerta.

—Kev… ¿estás ahí? —la voz de Alex salió baja, casi un susurro—. Necesito… hacer pipí. ¿Me dejas entrar?

Silencio un segundo. Luego la voz de Kev desde adentro, amortiguada por el agua:

—Pasa, wey. La puerta no tiene seguro.

La puerta del baño se abrió con un chirrido leve. Oí cómo Alex entraba y dejaba la puerta semiabierta detrás de él. El agua seguía cayendo. Me incorporé despacio en la cama, el corazón latiéndome en los oídos. La curiosidad me quemaba. Me levanté desnudo, me puse rápido el bóxer, los pies fríos contra el piso, y caminé sigiloso por el pasillo hasta llegar a la puerta del baño. Me pegué a la pared, lo suficientemente cerca para oír casi todo, pero sin que me vieran si miraban hacia afuera. La rendija de la puerta era de pocos centímetros, suficiente para que el vapor se escapara y para que yo captara fragmentos de sus voces y movimientos.

Alex habló primero, voz temblorosa:

—Kev… Necesito hablar contigo. Anoche… los vi. Todo. No pude irme. Me quedé ahí como idiota… y me masturbé viéndolos.

Silencio. Solo el agua cayendo, constante, como si el baño entero contuviera la respiración.

Kev tardó en responder. Lo oí tragar saliva, el sonido del agua cambiando cuando se movió bajo la regadera.

—¿Qué…? —su voz salió baja, sorprendida, con un filo de incredulidad—. ¿Nos viste? ¿Todo el tiempo?

Alex soltó una risa nerviosa, casi amarga.

—Sí… todo. No pude apartar la mirada. Y… me puse duro como nunca. Verte así con mi tío… me confundió todo. Tengo novia, wey, pero desde que los vi, no he pensado en ella ni un segundo. Anoche escuché tus gemidos y no pude evitar acercarme. Me vine viéndolos terminar.

Otro silencio. El agua seguía cayendo, pero ahora parecía más fuerte, como si Kev se hubiera quedado quieto bajo el chorro.

—Joder, Alex… —murmuró Kev, y esta vez sonaba más confundido que indignado—. No sé qué decir. Me da… no sé, un poco de coraje que hayas estado ahí sin que lo supiéramos, pero también entiendo que estés confundido. Al final tú y yo somos como hermanos y Santi es tu tío… ¿te das cuenta lo surreal que es todo esto? Tal vez deberíamos hablar con él.

Oí un suspiro largo de Alex.

—No sé si pueda hablar con él todavía. Me da vergüenza. Pero… gracias por no enojarte más.

Kev soltó una risa baja, nerviosa.

—No estoy enojado. Solo… sorprendido. Y un poco incómodo, la verdad. Pero estamos aquí, ¿no?

El agua se detuvo por completo. Oí el ruido de la cortina abriéndose del todo.

—Voy a salir —dijo Kev.

Pero Alex lo interrumpió, voz todavía temblorosa:

—Espera… ¿puedo quedarme un rato contigo? Solo hablar. O… ¿y si mejor entro yo también? Como en la escuela, ¿te acuerdas? Nos bañábamos juntos después del fútbol y no pasaba nada. Solo… hablar. Bajo el agua. Se siente menos raro.

Kev soltó una risa corta, nerviosa pero sin rechazo.

—Wey… ¿en serio? Bueno, si no te da pena… pasa. El agua está caliente todavía.

Oí el chapoteo leve cuando Alex entró. Cerré los ojos un segundo, imaginando la escena: los dos bajo el chorro, agua cayendo sobre cuerpos desnudos, vapor subiendo, siluetas borrosas a través del vidrio empañado. Mi pene se endureció contra mi voluntad, y tuve que morderme el labio para no hacer ruido.

Luego vino la broma de Kev, voz juguetona pero con un filo de sorpresa:

—Joder, Alex… menudo paquete traes, cabrón. ¿Eso siempre estuvo ahí o creció de anoche a hoy?

Alex soltó una carcajada ahogada, el sonido rebotando en las baldosas.

—¿Y tú qué? Esas nalgas son un manjar… no sé cómo no te vi antes. Me extraña que mi tío no pueda dejar de agarrarlas.

Los dos rieron bajito, y el sonido fue extrañamente relajante, como si la broma hubiera aligerado un poco el aire cargado. Pero no fue solo broma: oí el cambio en sus respiraciones, el agua salpicando diferente, como si se hubieran acercado más.

—Ven acá —dijo Kev, voz más baja—. No muerdo… todavía.

Alex se quedó en silencio un momento bajo el chorro. Luego, voz baja, casi ahogada:

—Kev… ¿puedo preguntarte algo? Algo muy directo.

—Claro. Dispara.

—¿Por qué nunca me dijiste que eras gay? Yo no habría tenido problema.

—No lo sabía —respondió Kev, sincero—. Tu tío es el primer hombre con el que he tenido algo. Antes, pues… habíamos estado desnudos en las duchas y nunca se me habría pasado por la cabeza tener algo contigo, por ejemplo.

Alex respiró hondo.

—¿Crees que no soy tan bueno como mi tío? —dijo medio en broma, medio ofendido.

—No lo sé, wey… realmente no lo había pensado.

Y entonces vino un silencio que se me hizo eterno. No sabía qué estaba pasando hasta que escuché un gemido ahogado, suave, casi involuntario. No supe distinguir de quién era al principio.

—Ahhh… espera, esto no está bien —dijo Kev, voz entrecortada—. Tu tío está en la habitación de al lado…

Alex respondió agitado, casi jadeando:

—Perdón… no pude contenerme. Quería saber qué se sentía probar tus labios… y por lo que veo, a ti también te gustó. ¿O tu pene creció de la nada?

No sabía si intervenir y detener lo que estaba ocurriendo ahí dentro o dejar que pasara. Me quedé paralizado, el corazón a mil, el bóxer tenso.

El agua seguía cayendo, pero ahora los sonidos cambiaron: respiraciones más pesadas, el roce sutil de piel contra piel, el chapoteo rítmico de manos moviéndose bajo el chorro. No los veía, pero lo imaginaba perfecto: cuerpos pegados por el agua caliente, miradas que se evitaban y se buscaban al mismo tiempo, manos que empezaban «accidentalmente» rozando y terminaban envolviendo. Gemidos contenidos, ahogados contra el cuello del otro o contra el hombro. Primero Kev, un «Ahhgg» delicioso y prolongado que me erizó la piel. Segundos después Alex, un «Ufff» ronco, casi de alivio.

Después, solo respiraciones tratando de normalizarse, el agua cayendo como si nada hubiera pasado.

Fue Alex quien rompió el silencio primero.

—Mierda… creo que ahora sí la cagamos.

Kev, más tranquilo, contestó:

—Fue raro… pero no me siento mal. Es casi como si nos las hubiéramos jalado entre amigos, ¿no? Todo este tema nos tenía tensos de más. Solo… lo mencionemos por favor. Realmente estoy disfrutando estar con tu tío, no quisiera arruinarlo por un calenton. Espero no te ofendas.

Alex suspiró.

—Entiendo… no te preocupes.

Kev apagó la regadera despacio. El silencio se hizo pesado, solo gotas cayendo de sus cuerpos al piso, el vapor empezando a disiparse.

Entonces Alex soltó una risa corta, casi nostálgica.

—¿Te acuerdas de esa vez en tu casa? La primera vez que nos masturbamos juntos. Teníamos como 14 años, nos metimos a la cama después de estar calientes viendo porno, y dijimos “a ver quién acaba primero”. Cada quien con su pene, sin mirarnos mucho, pero sabíamos que el otro estaba ahí. Fue raro, pero… no incómodo. Fue como… normal entre nosotros.

Kev se rio suave, asintiendo, el agua aún goteando de su pelo.

—Sí, wey. Me acuerdo perfecto. Yo acabé primero y tú me dijiste “tramposo, ni siquiera te vi bien”. Y yo te dije “pues la próxima vez te miro”. Pero nunca hubo próxima vez… hasta hoy, supongo.

Se miraron un segundo más, la tensión aún allí, palpitante, pero contenida. Luego Alex se acercó y le dio un beso rápido en el cachete, húmedo por el agua.

—Gracias por escucharme, carnal —murmuró—. No sé qué haría sin ti.

Kev se tocó el cachete donde lo había besado, sonriendo con picardía.

—Órale… ¿ya me vas a convertir en coleccionador de besos de tu familia? Primero tu tío, ahora tú… ¿cuándo me presentas a tu papá, wey? Jejeje.

Alex soltó una carcajada genuina, empujándolo otra vez.

—Ni madres, cabrón. Con mi papá no juegues. Ese sí te mata.

Se rieron los dos, el sonido rebotando en las baldosas.

Regresé a mi cuarto en silencio, me metí en la cama y me quedé mirando el techo. Solo podía pensar en lo que acababa de oír: Alex reconociendo que nunca había sentido algo tan intenso como lo que vio entre Kev y yo. Y Kev… bromeando con él como si nada hubiera cambiado, pero con ese filo nuevo en la voz. No sabía cómo manejar eso, pero de alguna manera no me disgustaba. Es más: me excitaba bastante.

 

Nota: este capitulo esta un poco light pero es necesario para la transición de la historia. que les esta pareciendo? Les gastaría que la continúe? dejen sus comentarios. gracias por Leer

9 Lecturas/12 marzo, 2026/0 Comentarios/por Kojiseki2
Etiquetas: amigo, amigos, baño, escuela, gay, hermanos, novia, sobrino
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