El metro lleno y yo también
Tuve un agradable encuentro en el metro de la Ciudad de México en hora pico y un hombre me la metió de forma deliciosa.
El Metro lleno y yo también.
Esa mañana eran un poco más de las siete, en la estación Zaragoza la gente se apilaba, al entrar pudo ver una cortina de gente que se agolpaba en el andén, el convoy ya había tardado y la gente impaciente esperaba, el tren entró en el anden y la gente se preparó para subir, era tanta que en el primer tren no pude entrar pero quede casi en la orilla del andén, en ese momento sentí una presencia atrás de mí pero pensé que era la gente apilándose para entrar, lo sentí muy cerca pero no me pareció fuera de lo normal. El siguiente tren tardó cerca de cinco minutos más y al entrar me preparé para ingresar al vagón, la puerta quedó casi frente a mí y al abrirse sentí claramente que me subían casi en vilo, dejándome a medio vagón con un mundo de gente rodeándome, como pude me tomé del tubo y ahí sentí que alguien estaba demasiado cerca por detrás de mí, aún no me pareció raro. El tren avanzo poco a poco y la gente se fue acomodando y el extraño también, pero atrás de mí.
El convoy avanzó dos estaciones entre frenazos y en cada una la gente intento seguir subiendo, detrás de mí empecé a sentirme invadido.
En este punto debo aclarar que soy un hombre delgado mido alrededor de 1.75 metros y no se si por razones de que en mi juventud practique deportes o porque así es mi constitución, mis nalgas son redondeadas y algo paradas, nada exagerado pero así son. Soy heterosexual, aunque últimamente he empezado a divagar sobre que alguien me la meta, me fijo en la entrepierna de los hombres e incluso alguna vez he rozado a algún hombre entre los empujones del metro y he fantaseado con tocarles su verga.
El metro salió de la estación y más adelante empezó a frenar y avanzar y de pronto se frenó de improviso, el hombre detrás de mí se pegó con fuerza casi metiéndomela, yo reaccioné moviéndome a un lado, no es que no me gustara pero no quería ser tan obvio, en otro frenazo el hombre se movió y se volvió a acomodar tras de mí, ahora con clara intención, yo primero pensé en dar un codazo pero luego pensé que me estaba gustando y lo había soñado. Entonces el tren avanzó y frenó de improviso y las luces se apagaron, la gente gritó, suspiró y algunos sacaron sus teléfonos encendiendo las lámparas pero al ver que la luz no volvía las apagaron, el hombre detrás de mí se acomodó y yo sentí algo duro que empezaba a hurgar mi culo, yo traía un pantalón deportivo, holgado pero que en las nalgas se me pegaba, la verga se acomodó en mí culito y se fue metiendo, ya entonces no pensaba, solo sentía y gozaba, me levanté de puntillas, abrí un poco mis piernas y mis nalgas y me fui bajando para acomodarla mejor. El reaccionó, me tomó por la parte de atrás de mi cintura y me jaló hacia atrás, yo me le acomodé, entonces el tomó mi mano que estaba abajo y sin fuerza la jaló hacia atrás, no obligándome sino guiándome, llegué atrás y me la puso sobre su verga que entonces ya estaba fuera, no era muy gruesa pero si muy larga, calculo que entre 16 y 20 centímetros porque no cabía en mi mano, se la sobé y la jalé hacia atrás y adelante, mientras el bajó mi pantalón y guío su miembro hacia mi culo, la sentí ya mojada y me removí, una de sus manos me soltó y después sentí dos dedos que entraban en mi culito, llenándolo de algo que parecía crema o gel, hizo un remolino con sus dos dedos, yo sentí un escalofrío en mi espalda y apreté sus dedos, los sacó y entonces aquella verga empezó a frotarse en mi culo e intentar entrar, sus manos tomaron mis nalgas y las abrieron y así su miembro me centró y empezó a entrar, yo estaba en las nubes, ya no me importaba nada, ni que me vieran al prender las luces del metro o alguien se diera cuenta, la verga por fin entro por completo, yo sentía cada centímetro dentro de mí y me sentí lleno, su verga parecía tener vida propia, parecía latir y moverse dentro, aquel hombre era un experto sin apenas moverse me estaba cogiendo de una manera increíble, parecía que nunca acabaría, yo cerré lo ojos y pensé que el tiempo se detuvo, apreté con las nalgas su verga una y otra vez de tal forma que sentí como suspiraba y jadeaba hasta que su cuerpo y su verga se tensaron, lo apreté más porque no quería que aquello acabara y entonces sentí aquel chorro caliente, parecía una cascada de agua densa, tibia y lechosa, apreté y apreté hasta que el empezó a retirarse suavemente y poco a poco, todavía me metió sus dedos removiéndolos dentro de mí, yo deseaba que metiera toda su mano pero no pasó, finalmente me acarició las nalgas, pellizcándolas y subió mi ropa, se me acerco por la nuca y susurró suavemente, tienes un culito delicioso, ojalá te encuentre de nuevo, yo bajé mi mano y la pasé hacia atrás sobando su verga y apretando sus huevos, quería voltearme, verle a la cara y chupársela, pero entonces las luces se encendieron y el tren avanzó, al llegar a la siguiente estación el hombre con trabajos bajó y yo bajé a la siguiente, salí a la calle, busqué un baño público y me senté para recibir su leche en mi mano, la olí y me la lleve a mi boca saboreando aquel néctar.
En adelante me he vuelto más atrevido, cuando veo la oportunidad toco y sobo alguna verga, he tenido suerte y algunas veces me han dejado hacerlo, lo que me provoca un gran placer.



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