HERMANOS FUGITIVOS- CAPÍTULO 0
Relato ficticio de dos hermanos (Sean y Daniel Diaz) aventurarnos no sólo a ser fugitivos del país si no también a los deseos sexuales.
CAPÍTULO 0: LOS HERMANOS DIAZ
Las benditas vacaciones de verano estaban llegando a su fin en el ocaso del mes de Julio. La piscinas, los Smooties, las fiestas, tiempo libre, todo lo que cualquier adolescente promedio le gusta hacer se estaba por desvanecer, aún que… Sean Diaz era distinto, era un joven de 15 años de Seattle, Washington que pronto cumpliría 16 en aquel Agosto. Lo que más le gustaba hacer era dibujar en su libreta, hacer videollamadas con su amiga Lyla, escuchar música y cada tanto fumar. Sean aún así, no era el típico rarito de la clase, él era carismático pero un poco callado, vestía bien y tenía su propio estilo, era atrapante; y por su lado físico medía 1.70m, trigueño, morocho oscuro, ojos oscuros y de complexión flaca. Todos atributos físicos heredados por parte de su padre, Esteban, que era mexicano, por lo que era esperable, que su hermanito menor sea muy parecido.
Daniel Diaz era el menor de la familia teniendo 9 años en estas fechas, y era muy parecido a Sean solo habían pequeños rasgos que diferenciaban a estos hermanos. Lo más obvio era que Daniel medía 1.40m y tenía una cara más aniñada. Este chiquitín, como todo niño, era super extrovertido, gracioso, entrometido, curioso, compañero y capaz no tan inteligente en ocasiones.
Estos dos hermanos cada tanto peleaban por tonteras para jugar o para molestar, y a veces por privacidad; en ocasiones Daniel, el menor, se metía al cuarto de Sean y urgaba entre sus cosas o usaba su computadora; comúnmente Sean interrumpía al chiquito mientras jugaba con su PlayBox o le robaba comida. En fin, hermanos latinos.
No fue hasta el día en el que Sean retomó sus clases tras las vacaciones de verano y al regresar a casa notó que no había nadie. Curioso por esto, le mandó un mensaje a su padre preguntando dónde estaban él y Daniel, a lo que su padre respondió que este se encontraba en una parrilla da con sus amigos de trabajo de Taller Mecánico y que Daniel debería estar en casa. Acto seguido, Sean suspiró de pereza por tener que buscar a su hermanito. Buscó en el cuarto del pequeño y solo estaban sus cosas revueltas, como juguetes, lápices y sábanas en el piso. Siguió en el cuarto de su padre y cochera, pero tampoco nada, no fue hasta que notó que en la puerta del fondo, que era la del baño, se notaba un punto de luz que se abría paso por el cerrojo. Así que Sean no dudó en entrar y se encontró con algo que lo dejaría perplejo.
Daniel se encontraría sentado, encima de la taza del baño, desnudo, con sus shorts hasta los tobillos, su torso morenito manchado de varios chorros de semen, con su mano aún sujetando su pene ya flácido en esos momentos.
– Ah-! S-Sean-! – Dijo tartamudeando e impactado el pequeño tras ser descubierto así. Su cachetes y nariz estaban enrojecidos por la vergüenza que recorría su cuerpo. No pudo decir nada más porque no supo como afrontar la situación.
Sean tardó varios segundos en medir palabra ya que estaba igual o más sorprendido que Daniel. Inmediatamente después avisó a su padre de que todo estaba bien y que no se preocupara por el niño, luego guardó su celular y volvió con su hermano.
Una pequeña risa se asoma entre sus dientes. Jeje~ Ahora entiendo porque tardas más que antes en el baño, con que ya sabes jálartela hermanito~ – Respondió sobrado ya que tenía el secretito de su hermano en sus manos y podía usarlo como quisiese.
Daniel solo agacho la cabeza avergonzado aún más, sin saber qué hacer, ¿qué pudo haber respondido? Pero tras pocos segundos…
– Tranquilo Daniel, yo era igual – Dijo Sean mientras se enderazaba de estar apoyado en el marco de la puerta. – No le diré a papá. Estás creciendo, es normal. – Luego entró al baño para acercarle el papel higiénico y Daniel lo tomó aún en silencio y sin hacer contacto visual. – Hey…, quiero ser mejor hermano para ti Daniel, ese es mi deseo para cuando cumpla 16, ya no quiero pelearme más contigo. – Daniel presedió a limpiarse, se levantó y tiró el papel usado en el cesto de basura.
– Sean, ¿en serio lo dices? –
– Obvio que sí Enano – Acto seguido le ayuda a subirse el short.
– ¿Entonces puedo seguir haciéndolo? –
– Hasta el día de hoy me sigo masturbando hermanito, así que sácale todo ese jugo a ese pene enorme que tienes – A pesar que Sean lo decía para tranquilizar a su hermano, era inevitable notar que siendo tan chiquito era dotado para su edad teniendo 12cm y bastante cabezona.
– Sean…, ¿eso es malo? Porque mis compañeros algunas veces se quedan viendo mi… pene en los baños del colegio. –
Sean a este punto se encontraba arrodillado en una pierna para concentrar la conversación y estar más cerca de su hermano no solamente físicamente si no también emocional.
– Enano, eso es genial… significa que estás creciendo, y que capaz en un futuro tengas un buen pedazo. – Le dijo guiñando un ojo a su hermano para entrar más en confianza.
Ya más animado, como suele estar Daniel, le responde. – ¿En serio? ¿Va a ser igual de grande, con bolas grandes y peludas como el tuyo o el de papá? –
Sean no solamente se desconcertó, si no también se sorprendió por esa pregunta. – ¿Cómo sabes eso? ¿Por qué lo preguntas? –
-Pues hubieron veces que me desperté en la madrugada a buscar agua o ir al baño y como siempre paso frente a tu cuarto, hubieron veces que la puerta estaba abierta y… te vi haciendo eso con tu pene. Y decías varios nombres. – Sean seguía escuchando atentamente, pero en sus ojos se notaba lo sorprendido que estaba. – Otras veces te encontraba dormido desnudo por el calor y me ganaba la curiosidad y entraba a verte… y… me gustó… mucho. Y cada tanto me despertaba para verte así desnudo y una vez te… te toqué… y se hizo enorme. Y luego la mía también crecía.-
– Wuou Daniel, ¿en serio me tocabas mientras dormía? – A lo que Daniel solo Asentió a la pregunta, y Sean suspiró agachando la cabeza impactado, pero cuando cerró los ojos supo lo que sentía en su cuerpo más allá de la sorpresa, una erección.
– ¿Estuvo mal Sean? Perdón… no tuve que haberlo hecho. ¿Verdad? – Preguntaba el menor desbordando preocupación por haber cometido una equivocación. Pero aún así Sean no podía creer internamente que le encantaba la idea.
– Ya no importa Enano, eres mi hermanito, si quieres… ahmmm… puedes seguir haciéndolo, pero mientras esté despierto y solo a la noche ¿sí? – Inmediatamente a Daniel se le dibujó una sonrisa tierna en el rostro y lo abrazó seguidamente.
Luego salieron del baño, Sean invitó a ver El Señor de los Anillos a su hermanito ya que se habían hecho una maratón el día anterior y solo faltaba la tercer película. Dani aceptó y los hermanos se prepararon palomitas y refrescos para acompañar la película, y Sean más en confianza se había sacado la playera sudada que llevaba y sus shorts para estar más cómodo con Daniel que lo abrazaba con su brazo derecho por detrás de la nuca, ya que no habían más secretos entre ellos.
Cómo bien dijo Daniel, su hermano estaba claramente dotado, llevaba calzones semi ajustados que marcaban su buen paquete sudado de 20cm sin estar erecto, y bastante cabezona, como la tenía la de Dani, pero mas grande claramente. Así que sin duda la genética Diaz repartió bien sus dotes en los hermanos. Cada tanto Dani miraba el paquete de su hermano y los pequeños vellos que sobresalían del calzón de este, y eran un hilo de vellos que empezan justo por encima del ombligo y bajaban ensanchandose hasta la entrepierna de Sean.
– Oye pervertido~ mira la película y deja de verme la verga~ – Inmediatamente después de que Sean dijese eso, Dani bajo la mirada nuevamente al paquete, tras verle a la cara, y pudo notar claramente como el bulto de su hermano palpitaba provocado intencionalmente por Sean.
– Es que tienes algo Sean que… me hace sentir cosas… –
– ¿Cómo qué? –
Dani quedó mudo por un momento pero respondió a la brevedad. – Pues tu cuerpo es… v-velludo y no puedo de-dejar de verlo y eso me hace ver tu… paquete. –
Sean sin mediar palabra empezó a manosearse el bulto al lado de su hermanito todo para calentarse más y morbosearse. – ¿Algo más?~ –
Dani se apoyó más en su hermano y pudo olerlo mejor. Su olor corporal era fuerte y cargado de hormonas que brotaron por haber estado ambos excitados. – Creo que también el olor de tus axilas velludas me gustan Sean, hueles tanto a hombre. En tus axilas, en tu pecho, en tu verga~ y… en tu boca. –
– ¿Tanto te gusta esto Enano? –
Expresó Sean morbosamente acercando su rostro con el de su hermano, tanto que un par de segundos después empezaron a besarse apasionadamente, labios con labios, hasta que la saliva revosó tanto que Sean empezó a meter su lengua en la boca del chiquito y este empezó a dejarse llevar tanto que no solo absorbía la lengua de su mayor, si no que manoseaba al fin la enorme y ancha verga morena y velluda de su hermano, la masturbaba por encima del calzón y esos 20cm pasaron a ser 22,5cm, y 6,4cm de ancho más que nada en la punta que en tronco. Solo bastaron segundos para que esa monstruosidad empezara a manchar la licra del calzón y se empapara.
– uggffhh~~ Enano, me tienes loco… – Decía ya un Sean colorado por las testosterona y adrelina que recorría su cuerpo.
– Sean quiero más, quiero hacer esto siempre~~ – Dani estaba igual de desatado, excitado, agitado y morboseado que su hermano mayor. Su pene había vuelto a erectarse y su shortcito lo apretaba.
Sean, ya sin poder aguantar más se levantó quedando frente de su hermano y se bajó el calzón en frente de él, su verga enorme hizo un pequeño brinco de arriba a abajo pero no fue para tanto ya que su pene se curvea hacía abajo y no hacía arriba no costados como otros penes.
– ¿Quieres la verga de tu hermanote?~~ –
– Sí Sean, porfa~ –
Inmediatamente después del «porfa» de Daniel, Sean empezó a franelear su verga, olorosa a sudor, en la cara de Dani, y este con su mano hábil bajó a manosearse su propio pene por adentro del short y con la otra sujetaba la pesada verga se su hermano y lo empezó a masturbar al ritmo en el que se movía Sean.
– Mierda Enano, dime que quieres más~. Que quieres leche~. –
– Sean… dame de tu leche. – Aquí Daniel agachó su cabeza y empezó a lamer las bolas semi peludas, pero olorosas y gordas de Sean.
– ¡Mierda sí!~~ uuggfff~~ Enano no pares. – Sean con una mano empezó a empujar a su hermano contra sus pelotas para que siguiera fervientemente y con la otra agarró su verga y se masturbaba y golpeaba la cara del niño.
– ¡Aquí tienes Enano~! ¡Ahhgg…! – Inmediatamente después, Sean agarró fuerte del pelo de Daniel y le metió la cabeza de su verga en la boca y le obligó a tragar 8 chorros de leche caliente y espesa.
Daní tosió y salió y chorro de leche por su nariz. Cuando Sean dejó de soltar leche y de bufar como un animal en celo sacó su verga de la boca del niño pero aún le tenía del pelo le hizo verlo a la cara.
– Abre la boca putita~. – Daniel obedeció y la abrió incluso sacando la lengua, una gran cantidad de leche y flema tenía esparcida por toda la boca que incluso se la tragaba.
– Bufgggh~~, Dani~~, Chiquito~~. – Le decía el mayor mientras pasaba su verga babeada por toda la cara y acto seguido, juntó bastante saliva en su garganta haciendo una gárgara para escupirsela lentamente en la garganta a su «Chiquito».
Ya luego Sean, lo soltó y se subió el calzón para sentarse de nuevo al lado de su hermano y volver a abrazarlo como antes. Daniel por otro lado se limpió con sus manos la boca, se tragó todo lo que tenía, acomodó su verga en el pantaloncito y se reacomodó en el pecho de su hermano.
– Me encantó Sean~. –
– Me alegro Enano, porque voy a querer hacerte muchas más cosas… –
Daniel voltea a verle. – Quiero estar siempre contigo Hermanito, eres genial – Le dijo a Sean con ojos tiernos.
– Mierda, sí que te quiero Daniel. – Y sin pensarlo, lo besó nuevamente muy apasionadamente.
Lamentablemente, el momento se cortó al oír el cerrojo abriéndose de la puerta principal, que era su padre llegando de la parrillada con sus amigos de trabajo. Obviamente se separaron lo más rápido posible quedando uno y otro apoyados y recostados en su apoyabrazo del sofá, mirando la película.
Daniel gira para ver a su padre entrar. – Hola Pa, ¿qué pasó? –
– ¿Sean no te contó? Hijo. Estaba en la fiesta de reencuentro con los del taller. –
– Sí pa, perdón, me olvidé de decirle. –
– Bueno, luego me sumo a la noche de pelis, ahora quiero darme un baño, está horrible el calor de afuera… –
Sean y Daniel voltearon a verse y cruzaron miradas, entiendo todo, por lo que empezaron a reírse por lo bajo y siguieron viendo su película.
FIN DEL CAPÍTULO 0
GRACIAS, POR LEER EL CAPÍTULO PRÓLOGO DE LOS HERMANOS FUGITIVOS, ESPERO HAYA SIDO DE SU AGRADO, SÉ QUE ES LARGO Y EXTENSO, PERO ENTIENDAN QUE TENÍA QUE DESARROLLAR A LOS PERSONAJES Y HE INTRODUCIRLOS, LOS SIGUIENTES CAPÍTULOS ESTARAN MEJOR Y PUEDEN COLENTAR QUÉ LES PARECIÓ Y HABLARME A MI TLG: @FD34DF



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