Jugando al escondite.
Ahí ya supo que lo que me hacía me gustaba por lo que me empezó a decir que sacara más el culito para fuera y ahora él sujetándome por las caderas, ya se restregaba descaradamente, cosa que a mi cada vez me gustaba más, así que callaba y no le decía nada, hacía todo lo que me pedía. .
En la barriada donde vivía, como en otras muchas, había grupos o pandillas de amigos, en la que vivía yo, había 2 grupos diferenciados, en una estábamos los que íbamos al instituto y luego la de mayores que muchos ya trabajaban que eran casi todos, solo 2 de los mayores iban a la universidad. Aunque éramos 2 pandillas diferentes, por la tarde noche, siempre solíamos juntarnos, unas veces para hablar de cualquier cosa, otras veces pues jugábamos al fútbol, o a cualquier juego, uno de ellos era el escondite.
Como en toda pandilla, hay el clásico pringado, el gordito, el listo que todo lo sabe, y el que siempre es el centro de burlas.
Eso donde más se notaba, era en la pandilla de mayores, pues en la que era de mi barrio, había un chico con el que se metían todos, era muy guapo y tenía muy buen cuerpo, vamos que al menos para mí, era un adonis. Pero con él siempre se metían, siempre solía ser el centro de burlas. Era una persona muy tímida y vergonzosa, cosa que a mí me pasaba igual, era muy tímido y todo me daba vergüenza.
No sabía el porqué solía ser el centro de burlas de la pandilla de mayores, hasta que me tocó a mí.
Como dije no solíamos juntarnos ambas pandillas, pero en ocasiones sí lo hacíamos. Recuerdo que todo empezó con el juego de las escondidas, el juego se trata de al que le toca pandar se pone mirando a la pared y cuenta hasta una cantidad concertada, mientras tanto los demás se tienen que esconder y no dejarse encontrar, y según va pasando el juego, los que están escondidos, tienen que ir a la casa o panda donde cuenta el que tiene que buscar al resto, para librarse, y así va pasando el juego.
Al principio nunca me había pasado nada, pero no sé cómo empezó todo, que de pronto empezaron a meterse conmigo varios de la pandilla de mayores. Yo era un adolescente delgadito, de pelo negro, negro azabache, me solían decir que era igualito que el príncipe de Bel-Air, de 1,65 de estatura y un culito redondito y algo respingón, vamos que llamaba la atención, me decían que tenía un culo bonito, de hecho, así me empezaron a llamar, “culo bonito”.
Esa fue precisamente por lo que empezaron a molestar la pandilla de mayores. Cuando jugábamos al escondite, siempre solía ser al anochecer, ya no se veía bien para jugar al fútbol y nos poníamos a jugar a cualquier otro juego. Uno de los más mayores, empezó a esconderse conmigo, cosa que yo no le daba importancia, más bien me gustaba, pues era de los que mejor les caía, se metía conmigo, pero no sé por qué, pero con él me sentía bien. Al principio ni cuenta me daba de sus intenciones para conmigo, pues cuando nos escondíamos, muchas veces para no ser pillados, pues estábamos tan juntos que estábamos pegado uno al otro. Yo las primeras veces ni cuenta me di, pero ya empezaba a ser costumbré de que siempre eligiera venir a esconderse conmigo, es más en muchas ocasiones era él el que me decía donde escondernos para que no nos pillaran.
Un día noté que siempre se pegaba a mi por detrás, vamos que estaba pegado a mi culito y no perdía ocasión de tocármelo, ese día estaba pesado, me tocaba el culo con la mano y me decía que le gustaba mi culito, como yo no le decía nada ni le protestaba cuando me sobaba con su mano el culito, la cosa empezó a ir a más, las siguientes veces ya además de su mano me arrimaba su paquete y se restregaba a mí, las primeras veces no le dije nada, me imaginé que andaría salido y que andaba caliente. Pero bufff, el cabrón además de tener un buen rabo estaba empalmado a tope, lo de que tenía un buen rabo no lo sabía, lo supe después. El caso es que aquellos roces que me daba me ponían muy nervioso, me hacía cosquillas y me gustaba, pero me daba mucha vergüenza, por eso no le decía nada, cosa que a él lo incentivaba más.
En una de las ocasiones que él se estaba restregando, yo inconscientemente, eché el culito más para atrás, me estaba gustando y el al ver como yo echaba el culito para pegarme más a él, me dijo:
¡Ay maricón! ¿te gusta? Yo ahí me puse de todos los colores, no sabía que decirle, lo único que me salió decirle fue, es que me haces cosquillas.
Ahí ya supo que lo que me hacía me gustaba por lo que me empezó a decir que sacara más el culito para fuera y ahora él sujetándome por las caderas, ya se restregaba descaradamente, cosa que a mi cada vez me gustaba más, así que callaba y no le decía nada, hacía todo lo que me pedía. En una de las ocasiones que se restregaba a mí, noté que su bulto era mayor y estaba más duro, y en una de las restregadas, me dio un puntazo en el hoyito que me hizo soltar un gemido, Dios que gusto y escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
Al escuchar el gemido que acababa de soltar, me preguntó, ¿te gusta?
Yo tenía la cara de todos los colores, claro que me había gustado, tremendo gustazo me había dado, ni siquiera pude reprimir el gemido, salió sin yo quererlo.
Moví la cabeza en señal de afirmación, era incapaz de hablar por lo que afirmé con la cabeza.
Ahí él ya fue más descarado y pegando su boca a mi oreja, me decía:
Déjame bajarte el pantalón, así te dará más gusto, me decía empezando a aflojarme la correa del pantalón.
Pero pueden venir los otros, y si nos pillan que les decimos, le dije todo lleno de razón.
Tu tranquilo que aquí no van a venir, le toca pandar a Marcos y ya sabe que no tiene que venir por aquí.
Yo en ese momento no me di cuenta, pero el caso es que tanto Marcos como él, estaban de acuerdo, vamos que estaban compinchados.
Como no le contesté, siguió aflojándome la correa, hasta conseguir bajarme el pantalón junto al slip. Cabe decir que estábamos de pie metidos en un estrecho hueco que solíamos usar para escondernos. Yo al verme con los pantalones bajados y el slip que creí que no me lo iba a bajar, quedé callado y quieto dejándolo hacer a él.
Joder que culito más bonito tienes, me decía pasando su mano por él, cuando noto cómo se pega a mi culo, empezando a restregarse. ¡Dios! Se había sacado la polla y me la estaba restregando por todo el canal del culo. Al notar que se había sacado la polla, me puse muy nervioso y fue cuando le pregunté.
¿Te sacaste la polla?
Sí, pero tu tranquilo, es para que sientas más gusto, así sin la ropa que nos moleste.
Pero…
Chifs, calla, que no va a pasar nada, tu déjame a mí, ya verás cómo te va a gustar más, no voy a hacerte nada, solo la voy a restregar sin metértela.
Al escuchar lo de que no iba a metérmela, me puso más nervioso, pues fui consciente de lo que realmente estábamos haciendo.
Pero efectivamente solo se restregó a mí, los 2 gemíamos de gusto hasta que dijo que se iba a correr y así fue, empezó a soltar trallazos de semen por todo mi culito, me había dejado hecho un cristo.
Ahí fue cuando le vi por primera vez la polla, Dios, pedazo de polla que tenía el Marcelo, era una polla de por lo menos 17 centímetros o más. Yo no se me iba los ojos de esa polla, pero tenía que limpiarme cosa a la que me ayudó él. Una vez me limpió como pudo, me subí el slip y pantalón y salimos del escondite. Por ese día no había más juego, ya la mayoría se habían ido para casa lo mismo que hicimos nosotros, no sin antes decirme que, para el próximo día, que me pusiera mejor unas bermudas, que la tela era más delgadita y me iba a dar más gusto, además que era más fácil para bajarla o subirla si aparecía alguien.
Fui para casa e iba pensando en lo que acabábamos de hacer, yo la verdad es que me gustaba, me daba mucho gusto que se rozara por mi culito, y joder lo que estaba asombrado era del tamaño de la polla de Marcelo, menuda verga que tenía.
Al día siguiente al llegar la tarde noche, volvimos a jugar al escondite, ya fue Marcos y Marcelo los encargados de que diera comienzo el juego.
Al que le tocó pandar de primero fue a Marcelo por lo que me fastidió bastante, pues ya estaba deseando esconderme con él, además que hoy llevaba puesta unas bermudas como me había pedido, pero no había nada que hacer, tendría que esperar al siguiente juego siempre que no perdiera yo.
Cuando fui a esconderme, el que vino esta vez conmigo, fue Marcos, cuando yo iba a esconderme, me dijo él agarrándome por el brazo, ven, ven que se un sitio donde nadie nos va a pillar.
Y yo, inocente de mí, sin saber de sus intenciones, le hice caso y fui con él.
La verdad es que no se me hubiera ocurrido esconderme allí al sitio que me había llevado, pero pronto supe el porqué de llevarme con él. Sabía todo lo que Marcelo me había hecho, y él también quería hacerme lo mismo, lo supe nada más llegar al escondite, me hizo meter a mi primero y detrás estaba él. Al momento ya empezó a tocarme el culito con sus manos.
Joder Dani, tremendo culito que tienes, tienes a Marcelo enamorado de él, no creo que pases de esta noche, me decía manoseándome el culo mientras yo trataba de apartarle las manos.
Anda, no seas malo, deja que me restregué como dejas a Marcelo.
Dios que rabia sentí en esos momentos, que Marcos estuviera enterado de todo me daba rabia y mucha vergüenza.
Venga, que no se lo voy a decir a nadie, de esto solo lo sabremos los 3, Marcelo tú y yo. Además, que sé que te gusta, ya me lo dijo Marcelo.
Muerto de rabia y vergüenza, le dejé que me bajara las bermudas y me empezara a manosear el culito.
Joder Dani, tremendo culito que tienes, que suavecito y gusto da tocártelo, y al momento ya vi como se bajaba su pantalón y sacaba su tiesa polla, esta era normalita, nada que ver con la polla que se gastaba Marcelo, así que le dejé que se pegara a mí y se empezara a restregar.
Bufff que rico se siente, lastima que poco te va a durar virgen, Anda Marcelo loquito por desvirgarte, luego ya me dejaras probarlo a mí, me decía restregándose.
Ya los 2 estábamos bien calientes, cuando me propuso el que se la chupara.
¿Quieres chupármela?
Yo que no podía creer lo que me estaba proponiendo, no fui capaz a decirle nada, cosa que él tomó como que sí quería, cuando veo que se pone delante de mí, me pone las manos en los hombros y me empieza a empujar para que me agachara.
Yo sin saber lo que estaba haciendo, tonto de mí, me agaché y al momento ya me di de narices con la polla de Marcos.
Anda, abre la boca, ya veras como te va a gustar, y eso hice, abrí la boca y empecé a chuparle la polla como me pedía.
La verdad es que no sabía mal, y me estaba gustando el chuparle la polla.
El se retorcía de gusto, empujaba mi cabeza y movía su pelvis para que me la tragara toda cosa que trataba de hacer, tanto me empezó a gustar, que hasta me puse a acariciarle los huevos a la vez que le chupaba la polla y cosa que hizo que empezara a gritar que se corría.
Me corro, me corro, me corro, y de repente de su polla empiezan a salir trallazos de semen, semen que me caía en la boca y cara. Tremenda eyaculación estaba soltando, no paraban de salir borbotones de esperma que iban cayendo la mayoría en mi boca.
Trágalo todo, me decía Marcos metiéndome la polla en la boca una vez ya su polla dejaba de soltar los últimos cuajos de un esperma calentito y espeso.
Yo que iba a escupir la corrida que me acababa de soltar en la boca y otra parte por la cara, al volver a meterme la polla en la boca, no me quedó otra que tragarme aquella corrida, al principio me dio asco, pero luego al tener que seguir chupándole la polla, me empezó a gustar, no sabía mal, hasta la polla me gustaba más así medio flácida, le cogí tanto gusto que me la tuvo que sacar de la boca.
Para ya, joder que te gusta mamar, pedazo de maricón que eres, no sabía yo que teníamos otro maricón en la pandilla, joder como nos vamos a poner con Jorge y contigo. Ahí fue cuando supe el porque siempre se metían con Jorge, al parecer le pasaba como a mí, tenía un culito bonito y bien hecho y como supe días más tarde, se lo estaban cogiendo todos los de la pandilla de mayores, y ahora al parecer al fijarse Marcelo en mí, yo iba a ser la otra putita de la pandilla, solo que ni por el forro lo sospechaba.
No hicimos más que terminar de limpiarnos y acomodarnos la ropa, cuando aparecía Marcelo.
Que maricones, que hostias hacéis, decía mirando para Marcos.
Nada tío, que íbamos a hacer, escondernos.
Joder si ya pasó media hora y ya está pandando Dieguito, ¿no estaríais haciendo nada, verdad Marcos? Le preguntaba con cara de mala hostia Marcelo a Marcos.
No tío, solo me pajee, te juro que el culito no se lo toqué, solo me chupó la polla.
Ahí ya fui consciente de que ambos estaban de acuerdo y yo era la causa de la discusión, a los 2 les gustaba mi culito por eso siempre se escondían conmigo. Lo que todavía no sospechaba, es que iba a terminar siendo la putita de los 2, y no solo de los 2, también del resto de la pandilla de mayores, lo que ambos querían era mi culito.
Esa partida prácticamente la pasamos allí discutiendo entre Marcos y Marcelo, solo se calmó cuando Marcos para que la cosa no siguiera, se marchó dejándonos a Marcelo y a mí.
¿Qué te hizo? Me preguntaba Marcelo.
Nada, solo me acarició el culito, quería que se lo enseñara y luego me dijo que le chupara la polla.
No quiero que le enseñes el culito, el culito es mío, me decía todo serio, si lo vuelve a intentar le dices que el culito es mío.
No dije nada, no quería que me pegara, además me gustaba más Marcelo y si querían jugar con mi culito, prefería mil veces más a Marcelo, claro que no sospechaba el alcance de todo aquello, pero no tardé en darme una idea de lo que me esperaba, porque esa misma noche iba a acabar con el culito desvirgado por Marcelo.
Esa partida acabó sin que pasara nada, ni en la siguiente, pero en la última sí ocurrió, yo creo que Marcelo ya lo tenía todo preparado, porque ya empezaba a anochecer, y cuando tardaban en encontrarnos, la gente ya se iba para su casa.
También Marcos supo que esa iba a ser la noche de mi desvirgación, ya sospechaba que de esa noche no pasaba y así lo supo al enterarse a donde me iba a llevar a escondernos.
Nada más llegar al escondite, yo me di cuenta de que algo iba a pasar, Marcelo estaba demasiado atento, no paraba de tocarme el culito y se le veía un tremendo bulto en medio de las piernas, se veía que andaba bien empalmado.
Me había llevado a donde solían ir a pajearse y fumar porros los mayores, y allí era como supe días después, a donde se llevaban a Jorge para darle por el culo.
Nada más llegar, ya Marcelo se pegó a mí por detrás, empezando a restregarse.
Que maricón eres Dani, así que le chupaste la polla a Marcos, y joder a mí ni me haces una triste paja, me decía recriminándome el que le chupara la polla a Marcos, y bufff, eso que no sabía que me había hecho tragar toda la corrida.
Mientras me recriminaba mi comportamiento para con él, mientras me mordisqueaba la oreja me fue bajando la bermuda junto al slip.
Por lo menos me hiciste caso en lo del pantalón, con estas bermudas es más fácil dejarte el culito al aire, bufff como me gusta el culito que tienes, mariconazo, me decía manoseándolo.
Quítalo de todo, así estarás más cómodo, me decía.
¿Y si vienen y nos pillan? Le decía todo preocupado sin sospechar que ni por el forro iba a venir nadie, pues ya estaba todo previsto.
No tengas miedo, aquí no se les va a ocurrir venir a nadie y si aparece alguno le corto las pelotas.
Medio preocupado le hice caso, además tenía razón, iba a estar más cómodo y no se iba a estar arrastrando las bermudas por el suelo.
Así que me quité las bermudas por completo, Marcelo fue como si fuera otro, estaba mucho más cariñoso que de costumbre, no dejaba de acariciarme el culito. No me soltaba, me manoseaba por todas partes y me susurraba que aquel culito era suyo, que quería que se lo entregara.
Quiero que me des tu culito, quiero hacerlo mío, no quiero que se lo des a nadie, quiero que me dejes meterte la polla por él, ya verás cómo te va a gustar, ya verás como te va a gustar mucho más que lo que hicimos hasta ahora.
Yo no sabía que decir ni que hacer, tenía algo de miedo, nunca había hecho nada y desde hacía un par de días cuando Marcelo se empezó a restregar a mí culito fue que empezara a gustar que me rozara con la polla, siempre me hacía soltar gemidos del placer que me daba.
Como Marcelo veía que yo no le decía nada, pero como me veía algo preocupado, me empezó a animar diciéndome:
Tranquilo, no tengas miedo, ya verás como te va a gustar, tu solo déjame a mí, ya verás cómo te hago gemir del gusto que te va a dar, me decía mientras pasaba su mano por los cachetes de mi culo buscando mi abertura anal.
Yo que ya andaba caliente y salido como una perra en celo, dejé que me fuera metiendo mano.
Marcelo al ver que ya me tenía medio convencido, sabiendo que esa noche me iba a desvirgar, antes de que me arrepintiera, se bajó el pantalón y para estar más cómodo se lo sacó por completo como había hecho yo.
Mejor lo saco de todo, así estaremos igual y estaremos más cómodos, decía terminando por sacarlo de todo.
Bufff, así que le vi la polla, todo mi cuerpo se estremeció, tremenda polla que tenía no podía dejar de mirar para ella, me gustaba, me gustaba mucho ver aquella polla, pero me asustaba algo, la veía muy grande, no podía creer que aquella cosa me fuera a entrar por mi culito, Joder si aquello me debería llegar hasta el estómago, pensaba en ello y me daba escalofríos.
¿Cuánto te mide? Le pregunté por curiosidad.
No te asustes, aún las hay mucho más grandes que la mía, la mía solo mide 18 centímetros.
Me dice, así como quien no quiere la cosa, mientras se sacaba la camiseta, quedando completamente en pelotas, solo se había quedado con las zapatillas de deporte.
Así mejor, me decía sacándome la mía, quedándonos los 2 igual.
Nada más sacarme la camiseta, ya me empezó a morder el cuello, haciéndome estremecer del gusto que me dio.
¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemí a la vez que mi cuerpo se estremecía de gusto, haciéndome temblar, al sentir como me mordía el cuello.
Yo no sabía que hacer, solo me dejaba hacer, pero seguía obsesionado con aquella polla, Dios además que Marcelo tenía un empalme de campeonato, nervioso y temblando de gusto, agarré su polla y empecé a acariciarla, Dios, se notaba muy caliente y a la vez muy suave, iba acariciándola a la vez que se la descapullaba, cosa que a él le estaba encantando.
¿Te gusta verdad?
¿Te gusta mi polla!
Sí, le decía moviendo la cabeza a la vez que se lo decía.
Ya verás cómo te va a gustar aún más cuando te la meta toda por el culo, ya verás como chillas de gusto, me decía mientras me mordía las tetillas.
Sabía que me tenía que poner bien caliente, debía tenerme bien excitado para que le fuera más fácil la desvirgación, y eso estaba haciendo, me quería completamente entregado.
Quiero que me la chupes primero, así te entrará más fácil por el culo, me decía, chúpala como se la chupaste a Marcos, me decía empujándome para que me agachara.
Me agaché y mientras agarraba la polla con las manos, abrí la boca empezando a chupársela.
¡Ay que gusto! ¡ay que gusto! Chillaba Marcelo a la vez que su cuerpo se estremecía.
Así así, chúpala bien para que luego te entre mejor por el culo, ya verás que gusto te va a dar.
¿Cuál te gusta más, la de Marcos o la mía? Me preguntaba mientras me acariciaba el pelo dejando que yo le chupara la polla a mi ritmo.
Saqué la polla de la boca para contestarle y le dije, me gusta mucho más la tuya, además que la tuya es mucho más grande.
Me gusta que te guste más mi polla, hoy va a ser toda para ti, hoy la vas a tener toda dentro tuya y ya verás que gusto te va a dar.
Mientras yo seguía con la chupada de polla, Marcelo fue preparándome el culito, escupía en su mano y luego la llevaba por mis cachetes a la vez que buscaba mi abertura anal, así que palpó la entrada de mi agujerito, a la vez que lo iba lubricando con su saliva, iba presionando con su dedo para que se fuera abriendo mi esfínter anal, cosa que notaba a la perfección, el primer dedo entró fácil, yo estaba muy caliente y mi esfínter enseguida cedió a la presión de su dedo. Lo metía por completo y luego lo torcía dentro para que mi esfínter se fuese dilatando. Cuando fue a meterme el segundo dedo le costó más y yo lo pude notar, pues me había dolido un poco, pero poco a poco fue consiguiendo meter los 2 dedos por completo y ahora ya mi culito los tragaba sin problema alguno.
Ya llevábamos un buen rato cuando me dijo que ya estaba listo, que mi culito ya quería verga, así que me sacó su polla de la boca girándome contra la pared.
Así, así vamos que ya tu culito está pidiendo polla a gritos, me decía mientras me iba colocando para penetrarme e iniciar el proceso de mi desvirgación.
<Me hizo subir las manos y apoyarlas sobre la pared dejándome medio inclinado, luego me abrió de piernas, se pegó por detrás a mí mientras me colocaba a su gusto, apoyaba su polla sobre mi culito y espalda, podía notar el calor que emanaba de sus pelotas y aquello me gustaba.
Abre un poco más las piernas, me decía dándome con su pie en el mío. Así así, ahora saca un poquito más el culo para fuera me decía, por lo que tuve que inclinarme un poco más y así sacar el culito un poco más a la vez que le quedaba un poquito más elevado.
Yo obedecía a todo lo que me iba diciendo, estaba bastante nervioso, caliente como una perra en celo, pero muy nervioso y algo asustado, aquella polla era muy grande o así me lo parecía a mí.
Noté como colocaba la cabeza de su polla en la entrada de mi agujerito, como me sujetaba fuertemente por las estrechas caderas, como empezaba a presionar, haciendo que mi esfínter anal se fuese abriendo, noté como ya prácticamente me había metido el glande y cuando le iba a decir que esperara, me dio una enculada que hizo que me entrara toda la polla de una vez.
¡Ohhh! ¡ooohhh! Chillaba a la vez que mi cuerpo se estremecía y yo trataba de ponerme de pie.
Ya, ya está ya la tienes toda dentro, me decía tirando por mis caderas hacia él, impidiendo que me saliera la polla del culo. Tranquilo que lo peor ya pasó, ahora no te muevas para que tu culito se vaya dilatando, me decía mientras yo no dejaba de gimotear quejándome por aquella profanación que le acababan de hacer a mi culito.
Ya está, tu relájate y no te muevas, ya la tienes toda dentro. Joder que pedazo de culo tienes, ahora ya no eres virgen, ya tu culito es mío ahora te lo voy a preñar y hacer que chilles de gusto, ya verás como luego vas a querer que te coja todos los días, vas a ser mi putita, me decía
Noto como se pega más a mí, como sus pies se arriman aún más, como tiraba de mis caderas hacia él, como saca un poquito su polla y vuelve a darme otra enculada, hincándome su polla aún más en mis entrañas.
Así así, ves ya te la metí hasta los huevos, ya tu culito se tragó toda mi verga, me decía dando pequeños impulsos a su pelvis para que notara como me la había metido hasta el corvejón.
Al ver que ya no me quejaba, poco a poco empezó a mover su pelvis sacando un poquito su polla y volviendo a meterla, al yo no protestar, fue incrementando, hasta que ya no se contenía.
Ahora ya me estaba dando por el culo sin contemplaciones, ya me follaba a saco.
Se escuchaban los jadeos y gruñidos que daba Marcelo y el plof, plof plof plof plof, plof plof plof, de su pelvis golpeando los cachetes de mi culo.
Ves maricón, ves cómo te gusta, yo ya sabía que te iba a gustar, me decía una y otra vez dándome por el culo salvajemente, mientras yo no paraba de chillar y gemir del tremendo gusto que me estaba dando.
¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh ohhh! Chillaba y gemía yo mientras Marcelo me daba por el culo por primera vez en mi vida, me estaba desvirgando y me estaba gustando, me estaba gustando mucho. Arrimaba todo lo que podía mi culito a su pelvis, quería sentir su polla en lo más profundo de mi ser, me gustaba cuando sentía sus huevos chocar con mi culito y su vello púbico pegado a mis cachetes. Jamás había soñado con que me dieran por el culo y además que me gustase tanto, como podía aquello dar tanto gusto, Dios si aquello era así siempre, iba a querer que me diera por el culo todos los días y a todas las horas, con razón me decía que luego iba a ser yo quien le pidiera que me diera por el culo, y claro que quería.
No se dejaba de escuchar los gemidos y chillidos que pegábamos los 2 y el golpeteo de su pubis golpeando mi culito, se escuchaba, plof, plof plof plof plof, plof plof plof plof, junto con mis gemidos y gritos que daba y a Marcelo decir:
Así maricón así, como me gusta tu culito cabrón, Dios que gusto, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba mientras me daba por el culo salvajemente.
Los 2 sudábamos como si estuviéramos en una sauna. A mi las piernas ya hacía rato que me temblaban de tremendo gusto que me estaba dando Marcelo con aquella follada que me estaba dando, menudo desvirgue me estaba dando, jamás iba a olvidar ese día, me iba a quedar grabado en la memoria.
Yo estaba que ya apenas me daba aguantado cuando escucho gritar a Marcelo que se corre.
Ya maricón ya, ya me corro, ya me corro, ¡ay que gusto! ¡ay que gusto! ¡ay que gusto! Chillaba mientras me preñaba el culo con su lechita. Cuando aún seguía su polla soltando semen dentro de mi culito, cuando me empiezo a correr yo, ¡ooohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh ohhh! Gritaba viendo como mi polla empezaba a escupir trallazos y trallazos de semen.
Dios, los 2 habíamos acabado exhaustos, a mi me temblaba todo el cuerpo, en mi vida había soltado semejante corrida ni había sentido tanto gusto y Marcelo no estaba mejor que yo, me abrazaba y comía a besos, me mordía los labios y me metía la lengua en la boca que me llegaba a la garganta.
Ay maricón, que gustazo me has dado, que culito más rico tienes, quiero volver a cogerte, no quiero que le des el culo a nadie, me decía.
Así como estábamos, una vez nos recuperamos de la tremenda cogida que me acababa de dar en mi desvirgación, nos vestimos, no nos limpiamos porque no teníamos con que, pero nos daba igual, yo llevaba el culo abierto y recién desvirgado, abierto y chorreando mecos, pero iba como un niño con zapatos nuevos.
Y Marcelo por cómo me trataba y los abrazos que me daba, iba igual que yo, contento y con la polla relajada y los huevos bien exprimidos.
Cuando nos despedimos además de abrazos, comida de boca y magreo completo, nos despedimos hasta el día siguiente, quedamos en vernos por la mañana a eso de las 10 o 11, los 2 teníamos la clara intención de repetir lo que acabábamos de hacer, y que no era otra cosa que dejar que me diera por el culo, ya era oficialmente suyo. Ahora a ver como lo tomaban los demás, porque yo tampoco quería que se dijera de mi que era maricón que me dejaba dar por el culo, me había gustado, pero todo era nuevo para mí.
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