La vez que me desvirgaron a los doce.
Creo que en el fondo me atraia la idea de ser profanado analmente.
La vez que me desvirgaron a los doce
Si bien que esto que relato, es de bastante tiempo atrás, creo que no estoy arrepentido de lo sucedido. Fue una experiencia que mantengo aun fresca en mi mente.
Me llamo Martin, actualmente casado y con hijos, en esa época era un chico bastante delgadito, preocupación de mis padres por eso, mediría 1,60, y apenas si llegaba a los 50 ks., piel muy blanca, rubio, de ojos celestes, muy curioso, apenas con 12 añitos, que, a pesar de mi edad, solía meterme en situaciones pocos convencionales y arriesgadas, llegando a romper con ciertos mitos, digamos que mantenía un espíritu “aventurero”.
Mi adolescencia fue muy feliz, mis padres no me hacían demasiado problema, si iba de un lado u otro, si llegaba tarde, a pesar de mi corta edad, tenían confianza en mí.
Contaba con varios amigos, entre compañeros de colegio, del barrio, vecinos, aunque había dos que eran los que más me agradaban estar, eran mayores un par de años o más, llamados el Negro (16) y Cacho, (17) eran muy divertidos, aprendiendo muchas cosas de ellos.
Al llevarme unos años contaban con más experiencias que la mía, de alguna manera me contaban sus hábitos sexuales, que, si bien me atraían desde chico, me intrigaban y me producían cierta estimulación, escuchaba atentamente sus “aventuras” que no sé hasta qué punto eran verdad, o posiblemente exageraban. También me agradaban porque me defendían de otros chicos que a veces, trataban de agredirme, los veía como mis guardaespaldas.
Nos reuníamos en una casa abandonada algo alejada de mi casa, pero como mis padres trabajaban, yo iba al colegio por la mañana, y por la tarde aprovechaba, para salir con ellos, metiéndonos en cualquier lugar, descubriendo esta vivienda solitaria, que si bien no era muy grande, la utilizábamos como sede de nuestras “aventuras”, aprovechando en escaso amueblamiento que tenía.
Las reuniones con el Negro y Cacho, no eran relativamente muy seguidas, podría decir que eran eventuales, a pesar que los buscaba, más a ellos que ellos a mí. Se me aceleraba el corazón cuando los veía, no por nada especial, y más cuando me abrazaban y solíamos ir a esa casa abandonada, donde me contaban cosas, los sentía como los hermanos mayores que nunca tuve.
A veces me hacían meter en el cine sin pagar, lo que era para mí la gran “aventura” el desafío a hacer algo vedado. Si bien nunca me habían propuesto algo deshonesto, creo que yo fui el que les dio pautas, para terminar en algo, que podríamos decir para aquella época, “pecaminoso e inmoral”
Pero cada vez que entrabamos en la parte sexual, eso me atrapaba, me subyugaba, hasta que un día creo que fue el Negro se puso a mear, viendo por primera vez su miembro, que, si bien no sentí una atracción, me llamo poderosamente la atención por el tamaño y su grosor, además de compararme con la mía, que aún no estaba totalmente desarrollada.
A veces me abrazaban, o hasta llegaban a tocarme el culo, realmente no me molestaba demasiado, no sé si lo aceptaba de una manera inocente, o verdaderamente me agradaba ese contacto, podría decir “cariñoso”.
Una vez Cacho dice:
“Estoy caliente, me cogería a una buena mina”. Mientras se agarra la verga, en un ademan grotesco, notando su tamaño, riéndome por su ocurrencia, cuando me dice:
“Que te gustaría verla?”
“No, no, me hizo gracia lo que dijiste” Repitiéndolo nuevamente, incitándome a decirle:
“No me voy a asustar si lo haces”
“Vaya, ese es mi muchachito, le gustan las vergas” Comenzando a desabrochar su pantalón, haciendo asomar su aparato, con una dimensión respetable, que me impacto, y creo que de una manera sensual.
No sucedió más nada ese día, hasta que, a la semana, nos volvimos a reunir, el Negro estaba sentado, llegué haciéndolo a su lado, hasta que en determinado momento me coloca sobre sus piernas, quedando sobre su falda, hablábamos sobre cualquier cosa, aprovechando que tenía pantalón corto, acariciaba mis piernas, haciéndome cosquillas, o rascándome la nuca, que poco a poco, me iba adormeciendo, disfrutando de ese acercamiento, diría algo sensual.
Me fui recostando contra él, regocijándome de sus caricias, hasta que noté que su miembro se alteraba, no dije nada, pero me pareció algo extraño, saber que podría producirle excitación. No hice nada, pero me quedé quieto, donde esa composición entre sus mimos, sentir su alteración me llevaron a me hizo percibir cierta excitación, estando apunto de levantarme cuando comenzó a desabrochar la camisa, tocando mis tetillas, cuando me dice:
“Que rico que eres” Sin saber cómo reaccionar, ni que hacer.
“Te gustan mis caricias?” Sin saber que responderle, apenas asenté con la cabeza.
En el momento que Cacho dice:
“Bueno me tengo que ir” Aprovechando para levantarme, diciendo y haciendo lo mismo, dando por finalizada la “reunión”.
Pasaron bastantes días, hasta que volvimos a encontrarnos, charlas, cuentos chistes, pero no pasaba más nada, así que termine acercándome al Negro, con el que me sentía más a gusto. Que, al aproximarme, me dice:
“Que le pasa al mimosote de mi amiguito, ¿quiere cosquillitas?” Me sonreí pegándose a su lado, que, sin perder tiempo, comenzó a tocarme, la nuca, las piernas, y el pecho, donde se reinició lo de las caricias, sumándose Cacho en esa iniciativa, por supuesto que rápidamente me alteraron, desabrochando la camisa y hasta el pantalón, tocándome de una manera lasciva y muy excitante.
“Quieres que te desnudemos” Me dice el Negro
“No, no por favor, no” Contesta bastante asustado o más bien sorprendido, hasta que vuelven a insistir, respondiéndoles:
“La próxima vez, lo prometo, no estoy preparado”
Pero a pesar de eso, continuaron, y por primera vez traté de imponerme, levantándome bruscamente, intentando vestirme, bastante enojado por lo sucedido, cuando uno de ellos dice:
“No te pongas así, es un juego, no pensamos hacerte nada raro” Hasta que terminé de vestirme y me fui, oyendo algunos improperios hacia mí.
Pasaron varios días, hasta que volví a encontrarnos, aun parecían molestos por lo sucedido, los acompañé a pesar de darme poca “bola”, mientras hablaban entre ellos, hasta que Cacho me dice:
“Que quieres?”
“No nada, estar con Uds.,”
“Para que, si después te pones a llorar por poco, si quieres ven y haces lo que digamos, sino te vas a tu casa” Realmente no tenía muy claro que hacer, me aguardaba ese toqueteo, pero, no sé si estaba preparado para algo más, y les digo:
“Pero si algo no me gusta me voy”
“Si, si tranquilo, si quieres te vas”
Llegamos a la casa, entramos, trabando la puerta, no sé si me agrado, pero traté de no darle demasiada importancia.
Durante un buen rato no pasó nada, hasta que el Negro comenzó a tocarme, mientras me hablaba, hasta quitarme la camisa, que no me opuse demasiado, para luego hacerlo con mis pantalones.
Hasta tocar mi sexo, que sentí una excitación especial, llevando mi mano a su bulto, que abracé con mis deditos, comenzando a agitarlo suavemente, sintiendo los gemidos de placer del Negro, observándonos Cacho, con algo envidia, supongo. Hasta que después de unos minutos, mi mano sintió algo cálido, mientras mi amigo gesticulaba después de haberse venido.
Pensé que con Cacho sería algo similar, pero no fue tan así, cuando me dice:
“Quítate los calzoncillos” Oponiéndome, cuando me repite:
“Quieres que lo haga yo?” Demoré un rato, pero terminé haciéndolo, quedando desnudito ante ellos, que, a pesar de mi aprensión, lo tenía algo erecto, esa mezcla entre temor y excitación. Me observaban mientras no solo adulaban mi cuerpecito, sino que me tocaban, fundamentalmente Cacho, diciendo:
“Que divino cuerpecito tienes, totalmente lampiño y blanco y ese culito regordete” Tocando levemente mis genitales, hasta ponerlo rígido a pesar de no estar demasiado desarrollado, mientras no podía dejar de rechazar a Cacho, por esa mirada obscena, hasta que comenzó a lamer y besar mis tetillas, acostándome sobre la colchoneta, chupando mis órganos hasta meterlos en su boca, sintiendo como un escalofrió y mucha excitación.
Para luego separar mis temblorosas piernitas, tocando mi ingle, oprimiendo con su índice mi orificio, sintiendo como su dedo se deslazaba sobre mi conducto rectal, hasta ponerme boca abajo, que traté de impedir, cuando me propino un fuerte cachetazo en mis nalgas.
Que a pesar de eso trataba de evitarlo, diciéndome:
“Si sigues, te doy con la varilla de mimbre” No sé por qué traté de rebelarme, recibiendo varios azotes, hasta que me apacigüe, quedando tendido en la colchoneta, hasta que separo mis pernas. Besando mis glúteos castigados, hasta sentir su lengua en mi esfínter, algo que me altero mucho, continuando hasta meterme dos dedos.
Cacho se desnudó, viendo su aparato totalmente erguido, volcándose sobre mí, percibiendo su aparato, transitar por mi raya, hasta sentirlo apoyado en mi cavidad, cuando se suma el Negro, también desnudo, comenzando a tocarme, y prácticamente quedar inmovilizado entre los dos, sintiendo que me devoraban, como si fuese su presa, era su trofeo, del que disfrutarían ampliamente, preparándome para romper con mi inocencia.
Hasta que la verga de Cacho, la apoya en mis labios, que, sin poder resistirme comienzo a lamerla, hasta introducirla en mi boca, cuando el dedo del Negro comienza a meterlo en mi ano, llevándome a un estado de total vehemencia, donde mi posición, no me permitía demasiado escapar de esa situación, separando más mis piernas, bordeando mi ano sintiendo su glande en mi virgen cavidad.
“No por favor” Lo dije sabiendo que eso no los detendría, continuando con ese acecho, al percibir su glande introducirse, en mi abertura, mi negación fue en vano, un empellón algo violento, introduzco una parte, hasta que en el tercero la totalidad de su miembro dominaba mi interior, pareciendo que me partía, oprimiendo mis órganos, ante mis gritos de desesperación y temor, intente salirme, pero entre ambos me apresaron, mientras los candentes y salvajes bombeos del Negro, friccionaban ávidamente mi virgen interior, donde mis lloriqueos y lágrimas no sirvieron de nada.
Hasta que descargo su esperma en mi interior, cayendo sobre mi espalda, agotado por el esfuerzo, hasta que se salió para montarme su amigo, actuando de manera similar que el Negro, con un bombeo exaltado, que, a pesar de mis gritos, parecía que lo incitaba más. Cuando todo termino me fui bastante ofuscado, me sentía usado, como si fuese su juguete sexual, pero esta sería la primera y última vez. Pero nada eso sucedió, la puerta cerrada, y mi ropa escondida, hizo impedir de poder irme.
Al rato nuevamente comenzó el acecho, intentaría superarlo, cuando previamente me arrodille, para mamar sus vergas, algo que me hizo sentir algo degradado, que, a pesar de mis lágrimas, nuevamente fui penetrado.
Regresé a mi casa bastante ofuscado, con la idea de no volver a verlos en mi vida, fue pasando el tiempo, a veces venía a mi mente ese momento, que no podía de dejar una excitación al recordarlo, hasta que tuve mi primera eyaculación, algo que me fascino, recordando ese momento mientras me masturbaba, hasta que casi un mes, despues, de esto, un día lo vi al Negro, preguntándome que me sucedía que no iba más con ellos, no le comenté nada, cuando me dice:
“Vamos, ahora posiblemente, me junto con Cacho, se pondrá contento al verte”
“No, ahora no puedo” Cuando me toma del hombro, diciendo,
“Vamos un ratito, no seas así, ¿qué tienes que hacer?” Me sentí como acorralado a acompañarlo, así que nos dirigimos a la casa, estaba algo nervioso, con ganas de irme, pero algo me retenía. En el camino me contaba cosas, que realmente no atendía demasiado. Llegamos a la casa, el Negro trabó la puerta, dando por hecho que sucedería.
“Hace calor acá, me voy a quitar algo de ropa, ¿te molesta?”
“No, para nada” Cuando veo que esta solo con los calzoncillos, que su bulto describe perfectamente, su estado de estimulación, Sentándose sobre el colchón, me dice:
“Ven acércate” Lo hago sin pensar, era como un poderoso imán que me atraía, apenas estoy a su lado, me dice:
“No tienes calor?”
“Un poco”
“Quítate la ropa” Sin hacérselo repetir, lo hago, hasta quedar en calzoncillos,
Mientras me hace sentar a su lado, insistiendo en quitarme todo, que no lo hago, pero él sí, viendo su aparato bien duro, comentadme:
“¿Lo extrañabas? “Mientras me abraza cayendo mi cara entre sus piernas, obligándome a chupársela, que si bien trato de evitarlo, termino haciendo, cuando me saca los calzoncillos, exclamando:
“Vaya te ha crecido el pito, que bueno”
“Si, ya tengo 13, los cumplí hace dos meses”
“Que bien, habrá que celebrarlo” Girándome boca abajo para montarme, aplicando rápidamente su glande en mi ano. Que, sin llegar a resistirme, espero expectante el paso a seguir, acelerándome las palpitaciones,
“Vaya eres una delicia realmente, tan estrechito” Me manoseo alevosamente, metiendo sus dedos en mi ano, sacándolos y introduciéndolos, donde mi excitación se fue incrementando, pronto su verga, la aplico en mi abertura, hasta meterla completamente, donde percibía sus pulsaciones, comenzando a disfrutar de ese sexo anal.
Parecía una sanguijuela, al tomar poder sobre mi pequeño cuerpo, mordisqueando mi cuello, sintiendo la necesidad de besarlo, sus dedos oprimían mis glúteos, sumado a fuertes palmadas en ellos.
Quito su aparato de mi interior, azotándome con esa varilla, para luego besar mi piel castigada, estimulándome, con esas libidinosas lamidas, hasta que separo mis nalgas, besando mi esfínter, sintiendo la punta de su lengua, introducirse en mi cavidad anal, gimiendo con desesperación ante ese excitante acoso, diciéndole:
“Te gusto?”
“Si, mucho”
Donde esos azotes me estimulaban cada vez más, reiterándolos, para retomar esas lamidas anales, donde mis manitos se aferraban fuertemente al colchón, elevando mi culo, cuando no tardó en meter su verga hasta el fondo de mi cavidad intestinal, de una manera abrupta y sin contemplaciones.
Iniciando un bombeo infernal, donde al retirarse, alteraban la sensibilidad de mi membrana interior, modificando esos movimientos, de rápidos a lentos o viceversa. Sus chirlos en mis nalgas se sumaban a ese meneo incontrolable, tomándome de la cintura para meterlo totalmente donde esa suma de puniciones alteraba más y más, mi estado de estimulación.
Hasta que descargó su semen en mi interior, mientras no dejaba de mastúrbame al unísono de sus movimientos carnales.
Quedamos tendidos sobre ese mugroso colchón, a lo que había regado con mi semen. Mientras el Negro me acariciaba, diciendo:
“Has estado fantástico, hacía tiempo que no me echaba un polvo así”
Por supuesto que se repitió a la media hora, sentándome sobre una mesa vieja, elevando mis piernas, viéndolo frente a mi como me penetraba, donde comencé a apreciar sus intensos movimientos, disfrutándolo verdaderamente, me agradaba ese apareamiento anal, me encantaba como me poseía, era tenaz, mientras me masturbaba al unísono de sus acometidas. No tengo dudas que poder cogerse a un pendejito como yo, le debía de atraer enormemente.



(2 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!