Los albañiles que me iniciaron
Relato la forma en que me iniciaron en el gusto por ser cogido.
Los albañiles que me iniciaron
Cuando tenía como 10 años mi cuerpo era aún pequeño, parecía de menor edad. A la casa donde vivíamos rentando llegó una familia que venía de la provincia. Eran la pareja y cinco hijos, tres mujeres y dos hombres. El padre era albañil y llegó para trabajar en la construcción de una unidad habitacional muy grande que estaban haciendo cerca de la casa. El hombre era muy grande, alto, recio (o eso me parecía entonces) tomaba mucho y regañaba y pegaba a su mujer e hijos, a todos menos al niño pequeño, por alguna razón a el lo mimaba y con frecuencia lo sentaba en sus piernas, yo no entendía la razón pero lo observaba.
Cierto día Javier, el hijo mayor, (10 años más o menos) me dijo que si lo acompañaba a dejarle el almuerzo a su papa a la obra, estábamos de vacaciones en la escuela, le pidió permiso a mi mamá y ella acepto. Nos fuimos caminando, jugueteando y por fin llegamos a la obra, era inmensa, había múltiples casas siendo construidas, en diversas fases, buscamos entre las construcciones y por fin encontramos a su papá, quien primero le gritó a Javier que por qué tan tarde y luego al verme suavizó la voz, se me quedó viendo y dirigiéndose a Javier le dijo -mira toma este dinero y ve a comprar una botella de aguardiente, te vas más adelante, cruzas la carretera y en la otra colonia está la vinatería- Javier asintió y me dijo que fuéramos, el padre lo paró, no el se queda, es peligroso cruzar la autopista, yo lo cuido, dijo viéndome con una mirada rara. Javier no dijo nada, tomó el dinero y se fue. Inmediatamente el hombre se me acercó, me ofreció de la comida que le llevamos, yo dije que no pero insistió y comí un taco, entonces me dio lo que parecía refresco, yo lo tomé pero me pareció muy fuerte, el insistió en que tomara más, que estaba rico y me haría bien, tomé otros tragos y empecé a marearme y se lo dije. El se acercó, me cargó y me dijo, descansa un poco aquí sobre estas maderas, colocó algunos sacos de cemento vacía y me depositó en ellos. Luego se me acercó, tocó mi short, diciendo mejor quítatelo para que descanses mejor, yo no quería pero el me lo fue jalando de a poco, entonces comenzó a tocarme, inició en mis pies, mis tobillos, subió a mis piernas y muslos y me dio la vuelta, ahí bajó mis calzoncillos y comenzó a sobarme las nalgas, para mi era raro pero sentía unas cosquillas ricas, sus dedos abrían de a poco mis nalgas y jugaban con mi culito, yo movía mis nalgas sintiendo rico, en ese punto el hombre puso su boca en mi culo y lo besaba, metiendo su lengua y ensalivando, yo entre el alcohol que me había dado y el placer que sentía solo cerraba los ojos y movía las nalgas para que me diera más.
Se puso entonces frente a mí, se sacó la verga que me parecía gigantesca, nunca pensé que habría algo tan grande, parecía un bate de beisbol, la puso cerca de mi boca y con ella empezó a tocar mis labios, yo no sabía que hacer pero el me dijo, anda pruébala, está muy rica, yo abrí los labios y poco a poco se la comencé a lamer, a besar, a chupar y la fui metiendo en mi boca, mientras tanto su mano seguía jugando con mi culito, ya tenía metidos por lo menos tres dedos, eran enormes y ásperos pero como lo hizo poco a poco y con mucha saliva yo no sentía casi dolor. Su verga entraba cada vez más a mi boca y yo la recibía ahora ya con gusto, su cuerpo se movía a mayor velocidad, cogiendo mi boca con su verga, entrando y saliendo con tal fuerza que mi cabeza volaba de un lado a otro, de pronto sentí como que la verga crecía aún más y un chorrazo de leche entró en mi boca, el siguió hasta que me la tragué toda, entonces me volteo, acomodó su enorme verga en la entrada de mi culo y la fue metiendo de a poco, ahí si sentí algo de dolor al principio, pero no me dio oportunidad de hacer nada, la metió de golpe y comenzó a coger mi culo con tal fuerza que yo pensé que me estaba castigando por algo que había hecho, aunque por alguna razón ese castigo me gustaba. Me cargó a horcajadas si sacármela y me estuvo paseando con la verga adentro y bombeándome hasta que de nuevo su verga se hincho y la leche entró en mi culo. Así me tuvo un buen rato, su verga no bajaba de tamaño y el seguía dándome más, poco a poco bajó su excitación y me dejó sobre las tablas, en eso entró de improviso otro albañil, nos vió y le dijo -que cabrón eres Alfredo, por qué no me invitaste a la fiesta- Alfredo le dijo, aún hay tiempo. El hombre si más se acercó a mí se sacó la verga, menos grande que la del otro pero mucho más gruesa y dura, me agarró de las nalgas y me la dejó ir, ahí si grité, el dolor fue tremendo, pero no me soltó, me dio dos nalgadas y mi culo se aflojó, entonces empecé a sentir muy agradable, me acomodé lo mejor que pude y empecé a jadear, Alfredo aprovechó y metió su verga en mi boca, diciendo -cómetele cabroncito, ahora eres también mi hijo y el de aquí mi compadre- estuvieron cogiéndome todavía otras dos veces por lo menos, yo ya no sentía dolor, no entendía muy bien qué pasaba pero me había gustado. Un rato después llegó Javier con el aguardiente y su padre le dijo -bueno ya váyanse y a ver cuando traes de nuevo a tu amiguito- Javier me dijo que nos fuéramos y regresamos a la casa, en adelante a veces cuando llega don Alfredo me da un dulce y me soba el culo. Ahí empecé a tomar gusto por que me dieran por el culo y además aprendí que en las obras en construcción las oportunidades son muchas y muy buenas.



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