METAMORFOSIS 211
Sissy.
Fernanda tenía un sobrio traje al momento de recibir la visita del prestante hombre de negocios, Fulgencio lo había invitado a la mansión aquel juliano miércoles tercero de 1960, para hablar de temas de negocios, más también aprovechaba del momento para que ellos se entrevisten, contra la voluntad de la madre de Fulgencio, que no veía con buenos ojos esa relación entre ambos, el prestante hombre de negocios conversaba amenamente con la ex nuera de Fulgencio que vivía en la gran mansión, había sido llevada desde la casa de playa, Fulgencio creía que con esa relación se menguaba los comentarios hechos por la plebe referente al último hijo de Fernanda engendrado extramaritalmente luego de que Mateo, el hijo de Fulgencio Arichabala, falleció de un infarto fulminante, los tabloides se encargaron de la noticia, tras aquella entrevista de negocios la relación entre Fernanda y Saúl André Francisco Alfonso Alzogaray Dampierre, nacido en 1927, era uno de los personajes más reconocidos en el jet set, por tratarse del viudo más codiciado, muchas mujeres de abolengo y de imagen social estaban tras de él pero aún el recuerdo de su desaparecida esposa la tenía presente, hombre de facciones hermosas descendiente de nobles españoles y franceses heredó de su madre ese rostro y el físico atlético de su padre ambos campeones de polo y esgrima, la mayor parte de la familia estaba en Europa, administraba también los negocios de su difunta esposa heredados de su suegro el reconocido industrial de pastas y derivados alimenticios que son tradición en el país, así aquel hombre de negocios era impactado de forma favorable por aquella mujer, eclipsaba un poco el comentario de que ella tenía tres hijos, dos lindas mujercitas y el último un precioso varón, sin embrago más eran los elogios en los periódicos del país de la canela, la radio también hacía lo suyo en información, tenía la vista puesta en la pareja, Fulgencio por su parte gozaba de credibilidad y algunos deslices de la mujer iban en ocultamientos, como aquel romance con el jardinero, o aquel romance con aquel médico, que por cierto a distantes kilómetros de allí hacía el amor con Sandra, lo hacía en parte con despecho, ella lo intuía tras haber leído el periódico de la mañana, aquella cita se debía a esa lectura, el despecho lo pagaba con ella, intuía Sandra aquello, Fulgencio Arichabala estaba detrás de esa relación tortuosa, él había maquinado para que el doctor Cota Berlingieri cayera en los brazos de Sandra, Fulgencio no soportaba la idea de verlos juntos al médico Cota y a su ex nuera Fernanda, de cuya relación tuvieron un hijo, el médico desconoce la existencia de ese niño, Fernanda llegó a un acuerdo con su ex suegro a cambio de no hacerle daño al niño, su vida era de una angustia atroz desde el día que puso sus pies por primera vez en esa mansión Arichabala, siempre acosada por la abuela de su esposo Mateo, siempre defenestrada en actividades que la relegaban, era siempre la figura lejana de la familia que tan simple sobresalía como la madre de los descendientes Arichabala, de quien en esa mansión tenía alguna calidez era con Débora la atenta ama de llaves, la consideraba como un elogioso ser, pero con cierto recelo al no demostrarle confianza a lo sumo, Débora en cierta forma había sido un apoyo en sus decisiones, Fernanda siempre se sintió como una extraña, los primeros meses de casada con Mateo Arichabala fueron tormentosos cuando se notaba que no podía darle hijos, pero todo eso pasó cuando por fortuna se anunció a la sociedad que Mateo el primogénito de Fulgencio Arichabala tendría un heredero, todo ánimo y expectativa estaba latente, pero la desilusión para el patriarca fue saber que su primogénito de generación siguiente a la de su hijo sería una preciosa niña a la que el propio patriarca del clan Arichabala la llamaría Victoria en honor a la reina del impero británico a la que él tanto admiraba, se decía que Fulgencio tenía ramificaciones ancestrales anglo – ibéricas, ello su temple heredado de sus ancestros a los que se jactaba su linaje, luego vendría el nacimiento de Daniel Nicolás, el hijo de su segundo hijo varón Nicolás, ese nombre puesto en honor al último zar de todas las Rusias, en definitiva, Fulgencio Arichabala siempre estaba ligado a lo que la monarquía representaba, era flexible en los negocios con emisarios de los reinos europeos, dentro de sí no descartaba su anhelo del retorno de la monarquía por estos alrededores, es así que tenía sus costumbres arraigadas en sus ancestros, contrario a lo que de forma liberal pensaba Fernanda, desde el estilo de crianza de sus dos hijos menores hasta su visión de mundo, mujer que tenía un padecimiento de empatía en la familia a la que por amor se entregó en Mateo Arichabala, un hombre pasivo a veces débil de carácter pero muy complaciente en lo que consideraba justo, mientras vivió a su mujer la tenía sobre todo, menos cierta pasión que era limitada en el lecho, ello comprendía Fernanda, a naturaleza de su esposo era limitada en tanto y cuanto ella tomaba la iniciativa, ambos se comprendían, ella estaba consciente de lo limitado de la acción sexual de su esposo y él comprendía que en aquella noche de bodas tras calmar el llanto desenfrenado de su esposa pudo comprender que no era virgen, la elogió con caricias, Fernanda comprendió la nobleza de su esposo reciente, lo quiso más de lo esperado, no equivocándose en su decisión, pero el tiempo haría que tuvieran roces en su relación marial, siendo el motivo la acción deliberada de abuela y padre de Mateo, ahora Fernanda atendía al prestante hombre de negocios, Fulgencio complacido por la relación realizaba eventos sociales o acudía a ellos junto con Fernanda, la brecha parecía cerrarse, el hombre de negocios se engrupía con Fernanda, a la postre se verían los resultados de esa relación a través de los tabloides, como de costumbre Fulgencio fumaba en su biblioteca viendo a través de los amplios cristales de ventana con cortinas recogidas el correr de sus nietas Victoria y Cayetana, la niña llevaba ese nombre en honor a la Duquesa de Alba, con ellas se encontraba jugando un niño de diez años, se notaba en el jugar los amaneramientos, Fulgencio reía viéndolo a Dionisio de diez años que se metía la mano en la entrepierna al ver que se acuclillaba con su pantaloncito corto para tomar el balón, la amistad entre los niños se trasladaba a los padres vecinos de Fulgencio, económicamente había ayudado sobre todo a la madre de los pequeños tras la desgracia sufrida con el padre, Fulgencio dominaba la vida situacional de aquellos vecinos, todos esos hechos fueron ahora la causa d la visita más frecuente de la madre de esos niños, así Dionisio era el niño que con mayor frecuencia jugaba con los pequeños, Dionisio significaba mucho para Fulgencio, tras las boconadas de humo miraba la figura del niño tan servil y de gran simpatía tras los regalos que le daba al tímido niño de die años y al hermano, el pelito lacio se movía tras brincar y correr por el amplio jardín pateando o lanzándoles el balón, Cayetana nacida en abril de 1954, en el mes de nacimiento de Fulgencio Arichabala, era una niña de salud frágil a sus ya cumplidos seis años, la misma edad que su primo Daniel Nicolás nacido en marzo de 1954, Cayetana corría con cierta dificultad respiratoria, se sentaba a respirar mejor siempre a su lado su hermana mayor para animarla siempre, prefirieron jugar a otra cosa, las escondidas, Cayetana buscaría, las manitos agitadas y el tono de voz afeminado se daba en los gritos que el niño de diez años llegando su voz a oídos de Fulgencio que se recostaba en su sillón sonriendo ampliamente, se decía que el niño era su obra de actitud, miraba como corría, gestos de amaneramiento producto del engreimiento equivocado de la madre, el sobre proteccionismo causaba eso en el niño en cierto modo de fragilidad asimismo Dionisio y Cayetana se hacían símiles y se atraían más en los juegos, caso contrario en la fuerte de carácter innato de Victoria, tomo un sorbo de coñac pasándole rígido por la garganta, gustaba de la templanza adquirida por el trago de bebida alcohólica, eso lo hacía inspirarse más en sus pensamientos muchas veces lascivo como ahora, se extrañaba el por qué no tenía noticias de Sandra y Squeo, sonrió socarronamente, siguió bebiendo notándose el efecto en el trago, seguía mirando con detenimiento la figura del niño de diez años que corría por el amplio jardín tratando de esconderse, tenía mucho por hacer viendo ese escritorio saturado de papeles, esperaba que el día de mañana su secretario lo haga por él, entre ellos tomó uno de color significativo para él por el membrete, era parte de las invitaciones que se les enviarán a sus comensales invitados para esa fiesta conmemorativa cuya real finalidad eran reuniones privadas de negocios entre empresarios y comerciantes con altos dignatarios del gobierno y productores agrícolas del país de la canela, tomó otra hoja y vio parte de la nómina larga de invitados al evento, quiso hacerlo de mejor forma invitando a los familiares de los hombres de negocios, sería el evento del año, estaba muy entusiasmado con ello, el beber coñac le hizo hacer movimientos bruscos sobre el sillón de rueda, escuchó el impacto de un llavero en el piso, de súbito lo agarró y vio una de las llaves de gran significación para él, giró a llave en la gaveta sacando un sobre que dentro incluía unas fotografías antiguas por el moho, sonrió al verlas, con detenimiento iba pasando el dedo índice de su mano izquierda en el rostro de aquel niño, su respiración pausada era causa de relax pero de inmediato le vino la angustia y en su mente la idea de no tenerlo aquí ahora, lo deseaba con pasión, acercó la foto a su rostro besándola pausadamente y luego dejándola dentro del escritorio a buen recaudo, vio la botella vacía de coñac, giró de nuevo su cuerpo para ver si había otra llena pero no vio más que vacía una, se incorporó del sillón, sacó de una gaveta con seguridad una llave algo mohosa, la miró con detenimiento con amplia sonrisa, salió del amplio salón en dirección al amplio jardín, el adulto mayor tuvo la ocasión de encontrarse con el pequeño Dionisio acariciándole las mejillas y agitándole cariñosamente el sedoso pelo lacio, se notaba la timidez innata del pequeño al mirarlo, más cuando la mano derecha de Fulgencio rozaba el cuello del menor, lo vio alejarse en búsqueda de las niñas con las que estaba jugando a las escondidas, les había dado tiempo para esconderse y ahora iba en su búsqueda por la amplia mansión, Fulgencio vio el traserito del niño de diez años que se moldaba a la tela de la ropa de vestir, vio el modo amanerado de caminar, sonrió al verlo con una de sus manitos dobladas y ese modo original femenino de mover las caderas, sonrió y continuó con su camino en dirección a la bodega de vinos, giró la llave en la antigua cerradura encontrándose en el interior con un aire húmedo, los rayos de sol vespertino entraban en ese semi oscuro lugar brindando luz a través de los viejos cristales, sólo eso quedaba de la construcción original de esa casona construida en el siglo XVIII, se recreaba viendo las botellas polvorientas de vino, champagne y coñac, tomo una sopando el polvo, allí estaba el año impreso en la etiqueta, databa de finales del siglo XIX, una de las más finas, la abrió y sintió el olor llegando a su nariz y cerebro, le vino un flashback, ese olor le recordaba a aquel hombre cuyo tufo lo impactó de por vida por lo que le hizo, ese borracho con olor a ese coñac, ese borracho que abusó de la confianza de sus padres, ese borracho con ese olor a coñac, sólo que a Fulgencio luego de sentir temor al oler ese trago luego vino el gusto al disfrutarlo plenamente, reía recordando aquella noche con esa mujer que supuestamente no podía tener hijos haciéndole el amor, sonreía pensando en aquella humilde mujer con su hijo pequeño pidiendo asilo en su casa y a los pocos meses de saberlo le hizo el amor muchas veces, y también recordando aquella humilde mujer que le dio una maravillosa hija cuyo descendiente es Carlos Hernán, su bisnieto próximo a cumplir los diez años de edad, Fulgencio a través de esa bebida alcohólica recordaba a los seres que amaba en secreto y los que amó públicamente, el adulto mayor soplaba otra botella, estaba concentrado en las inscripciones, la dejó luego en su lugar para recorrer con la mirada el lugar, fue hacia un rincón del cuarto húmedo en el que estaba rodeado un poco de telarañas, vio una urna grande, estiró la mano tocando el candado que hacía de seguridad, vio la tela que cubría un bulto, sonrió macabramente, apretó los dientes dentro de su boca, sus ojos se abrieron más, tenía sentimientos encontrados, su concentración en el objeto se diluyó cuando sintió el chirrido de la vieja puerta, en consecuencia un haz de luz solar entró en la habitación para desaparecer al cerrase de nuevo la puerta de forma inmediata, el asombrado Fulgencio escuchó unos pasos, instintivamente se escondió en el rincón alejado de la entrada, las manitos infantiles pasaban por la estantería tocando aquellos objetos originales que le llamaban la atención, se notaba la curiosidad en sus ojos y no era para menos pues se trataba de algo original experimentando algo nuevo estando allí en ese lugar que tantas veces lo había escuchado como interesante de visitar y siempre lo había visto desde el exterior por lo que siempre le llamaba la atención e inquietud en este lugar, ahora complacía sus inquietudes, estaba presenciando aquellos objetos, Fulgencio vio el rostro de Dionisio admirado por todo lo que estaba viendo, instintivamente se llevó la mano a la entrepierna, movió insistentemente sus manos allí como queriendo que su pene se ponga erecto, tenía el deseo, tragaba saliva viendo el cuello del niño y ese corte de pelo tradicional en el varón de la época, se mostraba esa piel tal sedosa y delicada propia de un niño de diez años, vio con detenimiento esos labios brillosos a la te luz que también describía esas cejas y pestañas hermosas cuyos rasgos son heredados de su madre, de ella heredó su belleza, esas rozagantes mejillas y esa perfilada nariz, de nuevo se concentró en el cuello del niño al darse de espaldas, vio ese voluminoso traserito y esas piernas rellenitas, las manitos dobladas como a manera de hembrita tocaba con sutileza las botellas, tomó una de aquellas polvorosas, la etiqueta estaba empolvada y quiso develar la inscripción soplando fuertemente pero el polvo intenso hizo que el niño tenga problemas al respirar con los consecuentes actos de estornudos salidos de su cuerpo, fue así que se escuchó un estruendo sonidos de vidrio quebrados pues las manos sensibles del niño soltaron la botella de vino, afortunadamente su ropa no se manchó mucho, sólo las sandalias apenas, tembloroso el niño no sabía qué hacer, miró a todos lados y tuvo la intención de salir, pero fue tanto el miedo que por un instante se arrimó a la pared tembloroso viendo la botella, levantó su pie sobre un banquito y sacó su pañuelo tratando de limpiarse las evidencias del líquido salido de la botella, fue en ese instante en que apareció Fulgencio mostrándole una amplia sonrisa al tímido niño asustadizo, la mano del adulto acarició el pelo infantil, las caricias continuaron en el cuello, los dedos sentían en las mejillas el estado tembloroso del niño completando con esas miradas tristes que manifestaba en el rostro, Fulgencio puso las manos en las mejillas del niño acuclillándose para sentir su cuerpo, olía a perfume delicado que meses antes por su cumpleaños le había obsequiado, la nariz recorrió el cuello tembloroso del niño, las manos sobaban los hombros dándole confianza “no es nada, no te preocupes” el niño suspiró con alivio dejándose llevar con seguridad de manos del dueño de esa amplia propiedad, le dio un beso en el pelo mientras le indicaba las clases de vinos y coñac con otras bebidas alcohólicas, la mirada del niño se centró en esa urna larga con trapo cubierto, Fulgencio sonrió al recibir la pregunta del niño “cosas, nomás” siguieron caminando, Dionisio estaba ya con otro semblante, la sonrisa había llegado a su rostro, estaba feliz en compañía de Fulgencio que lo abrazó por detrás de la cintura cuando estaban cerca de una mesa, le besaba el cuello y le lamía repetidamente las orejas, Dionisio se quedaba quietecito, sentía ese roce lengua, la temperatura de su cuerpo se incrementaba, se poná algo tembloroso, luego lentamente le hizo girar poniendo en su delante allí se le acuclilló al niño, vio su tímido rostro con mirada por encima de su cabeza intentando no mirarlo por la vergüenza, le daba de besos en el cuello, le besaba las mejillas diciéndole lo bello que era, vio que el niño instintivamente se estiraba el penecito vestido, sonrió, siguió besándole el cuello por unos instantes, el nene sólo estaba estirándose el penecito, se vieron, Fulgencio miraba que el nene se estiraba el pene, vio el bultito formado delimitado por la tela el pantaloncito corto, volvieron a mirarse, lentamente le bajó la cremallera y así pudo ver el lampiño pene erecto del niño que sobresalía por encima del calzoncillo puesto, estaba grueso, la nariz de Fulgencio olfateaba ese penecito que minutos antes estaba tuvo la acción de micciar, olía el prepucio recubierto y ante eso le fue diciendo que “huele rico” las manitos del niño sostenían el pantaloncito corto, mientras que las manos de Fulgencio acariciaban los glúteos por dentro de la tela, se notaba la piel de gallina del niño que se le iba formando en cara caricia, también su piel caliente, en verdad que Dionisio era muy sensible, agitó el penecito viéndose a la cara Fulgencio sonreía mientras Dionisio lo miraba con recelo, “vamos a jugar allí, mira” señalando con el dedo índice aquella mesita cubierta de una lona gruesa, le ayudó a sacarse la ropa luego fue a poner seguro a la puerta y de inmediato desplazó la lona cuidando de no levantar polvo, acostó al niño viéndole la desnudez y procedió a besarle el cuerpo “eres lindo”, le hizo abrir las piernas dejándose ver ese penecito erecto, le chupaba y lamía el penecito lampiño sacándole gemidos intermitentes “¿te gusta?” “¿verdad?” el tímido niño asentía ante la insistencia de las preguntas, ahora le puso de cara a la mesita, Dionisio sintió el pasar de la lengua del adulto por entre sus glúteos y unas simples mordidas en la piel del traserito, luego pasó el dedo ensalivado a la entrada del ano haciéndolo gemir, aún ese traserito era virgen, Fulgencio se quitó el pantalón e hizo acuclillar al niño tomándole el pene peludo con canas llevándoselo a la boca haciendo sexo oral como le había enseñado, flácido el pene era introducido en la cavidad bucal siendo muy ensalivado por la boca de Dionisio, ya hecho eso le puso al nene encorvado sobre la mesita sintiendo el pase del pene del hombre sobre su traserito, todo el cuerpo de Fulgencio se apoyaba sobre el cuerpo d Dionisio que pujaba, los movimientos de cadera seguían, solo era un roce, pero a Fulgencio le gustaba terminar así el sexo con el niño, mientras rozaba el pene le besaba ese pelo lindo, esas tibias mejillas y esa maravillosas orejas “eres lindo, lindo, lindo” le expresaba con agrado al niño “me gustas cuando te dejas, cuando lo deseas” “por eso me seguiste… ¿verdad?” el nene le escuchaba y seguía diciéndole “así, mi pequeño, así, déjate, déjate” la cara de Fulgencio se perdía en el pelo lacio del pequeño Dionisio que sentía los besos, el mentón de Fulgencio se apoyaba en la cabellera de Dionisio saliéndole la respiración lenta, también algunas palabras, cerraba los ojos al sentir el roce de su pene en el traserito de Dionisio “ya te tengo, ya te tengo… Patricio” su voz repetía ese nombre, el nene se extrañaba al escuchar ese nombre que no era el suyo, Fulgencio estaba en otro pensar, “Patricio, Patricio, no te puedo sacar de mi mente” “Patricio, así, así te tuve, Patricio mi amor” Dionisio no entendía por qué lo de ese nombre salido de Fulgencio Arichabala, al rato Fulgencio se apartaba del niño para que gire de cuerpo quedando el niño de cara al adulto, puso las piernas sobre los hombros de Fulgencio que se inclinó haciendo rozar los penes, unieron sus frentes Fulgencio con os ojos cerrados decía “Patricio, mi amor” “¿te acuerdas?… así te cogía” “así, así, así” mientras decía eso movía las caderas siguiendo el roce de los penes, con los ojos cerrados pensaba que el cuerpo de Dionisio era el del difunto Patricio Berlingieri asesinado por él y su madre Matilde en esa macabra acción cuando fue descubierto Fulgencio por su madre haciéndole el amor al pequeño, ese cargo de conciencia era lo que no podía olvidarlo, abrió los ojos y vio que los ojos del niño lo miraban vieron sus penes que se frotaban, se notaba la diferencia abismal de edades en esos penes, el de Dionisio estaba muy erecto mientras que estaba flácido el de Fulgencio, su rostro se acercó al del niño y le dio un beso, luego otro y otro, le dio un beso en la frente, hizo pausa para respirar hondo, se apartó un poco arreglándose la ropa mientras le decía “ya pagaste el costo de la botella” “ven” el niño se puso en pie y fue ayudado en vestirse “ven, dale la última caricia” y así Dionisio lo hizo metiéndose el pene en la boca, algo despeinado estaba el niño cuando la mano de Fulgencio acariciaba la cabellera, “me gustas mucho, mucho”, “sigue, sigue, asiiii” lamía mucho ese pene ya muy ensalivado, tiempo después Fulgencio se terminaba de vestir, se sentó sobre la mesita poniéndolo sentado al niño en sus muslos, lo acariciaba en cuello oreja y mejillas, “hemos jugado rico… mira” le mostro un billete de mediana denominación los ojos del niño se pusieron amplios de la sorpresa “es para ti” la amplia sonrisa demostraba la codicia de Dionisio “pero antes bésame” le dio el billete guardándolo en el bolsillo de su pantaloncito corto, lo acomodó sentándolo en sus muslos con los pechos unidos, unieron sus labios incesantemente de besos, abría la boca y la lengua de Fulgencio hacía la acción como si fuese pene dentro del ano de Dionisio, le enseñaba al niño las distintas formas de besar, “Patricio, Patricio, mi Patricio” decía a ojos cerrados, otra vez ese nombre, los besos seguían, el pelito del niño cubría su frente pues el peinado del niño estaba un tanto alterado, las mejillas y frentes se rozaban “dime que te gusto ¿sí?” el niño con timidez asentía y eso era motivo para besarse apasionadamente, Fulgencio notaba la entrega del niño en los besos pero sabía por qué lo hacía, por codicia, por el dinero, su instinto de experiencia lo evidenciaba, con calma y delicadeza le enseñaba a besar, le ayudó a arreglares, tomó una botella y salió del lugar junto al niño, a distancia las dos niñas estaban esperándolo para seguir jugando, Nicolás que había llegado tiempo antes vio a su padre junto al niño que se estiraba la parte trasera del pantaloncito corto mientras corría con las niñas y en cuanto a su padre se iba estirando el pene vestido mientras lo llevaba dentro de la casona, Nicolás sonrió al ver a su padre, le tenía grandes noticias de negocios con un consorcio extranjero de pesca a exportar, a los pocos minutos padre e hijo tenían una entrevista acerca del evento que iban a realizar con los prestantes hombres de negocios, se notaba la ligereza con que Fulgencio desarrollaba la actividad, de manera continua miraba hacia la ventana en la que el niño los observaba desde el jardín, Nicolás presenciaba aquello con discreción, eran constantes los paseos del niño viendo hacia la gran biblioteca, sintió calma al terminar la actividad con Nicolás, éste salió a jugar un rato con las niñas aprovechando así la visita a su padre, Nicolás se llevaba muy bien con Dionisio, jugaron un rato a la pelota, deliberadamente esa pelota fue pateada a un rincón lejano entre plantas tupidas, Dionisio y Nicolás fueron en su búsqueda fue allí que mientras el niño se agachaba a tomar el balón Nicolás le tomó detrás de la cintura, Dionisio sintió el bulto en su traserito que se rozaba, Nicolás a la oreja le dijo “sé lo que vienes haciendo de la bodega con mi padre” “seguramente vienen jugando” esas expresiones helaron el cuerpo de Dionisio, lo giró viéndolo a los ojos emitiéndole una amplia sonrisa sarcástica “lo hiciste, ¿verdad?” “dime Dionisio” la timidez y vergüenza se reflejaban juntas en el rostro del niño a más de mostrar su culpabilidad, al inocentemente verse culpable de ese “juego”, lo agarra de la cintura acostándolo lentamente en el lecho de hojas secas, se acostó encima de él moviendo las caderas arriba y abajo en señal de acción sexual “¿te hizo así?” “¿eh?” “dime ¿así?” Nicolás seguía moviendo sus caderas mientras el niño asentía, el hombre se apartó del niño afeminado, lo tomó de la mano y lo puso en pie, le limpió los restos de hojas secas de la ropa y él hizo lo mismo con su ropa, lo tomó por detrás besándole el cuello y diciéndole “¿quieres hacerlo conmigo?” el niño agachó su carita quedando cabizbajo con la mirada al suelo, “¿quieres hacerlo conmigo?” de su rostro infantil salió una tímida sonrisa sin dejar de ver el suelo, la mano de Nicolás alzó el rostro del niño “¿quieres?” el niño estaba sin respuesta volviendo a mirar el suelo, ambos vieron que el pequeño Dionisio empezaba a estirarse el pene vestido a través de la tela, sacó de su bolsillo unos billetes de baja y mediana denominación, se los puso delante “¿cuál de estos te gusta?” con sonrisa tímida alzó su manito de diez años señalando sin dejar de ver al suelo con reojo al billete de mediana denominación, en eso se escuchan las voces de las niñas que se acercaban, Dionisio salió con el balón seguido después por Nicolás que se arreglaba la ropa, los invitó a que los acompañe a su casa para que jueguen un rato con su hijo Daniel Nicolás prometiéndoles helados, los niños saltaban de júbilo, tiempo después iban en su auto Victoria junto a Cayetana en el asiento trasero y de copiloto iba Dionisio, la mano de Nicolás pasaba rozando los muslos del niño de diez años, pasaron comprando el helado para comerlo en casa, él sabía astutamente que muy temprano en la mañana su esposa e hijo partían a la costa y en casa no estarían para cuando llegase, y así fue que al llegar notaron esa ausencia, pero eso no alteró el que jueguen y disfruten del helado, en uno de esos momentos Nicolás le dijo algo al oído al niño mientras subía las escaleras en dirección al dormitorio, entró y en momentos Dionisio ya estaba en la habitación con Nicolás, preguntó por sus sobrinas y dijo que estaban distraídas con los peces dándoles de comer, cerró la puerta y se notaba las cortinas corridas en las ventanas, el lugar estaba semi oscuro, “ven, vamos a hacerlo” “¿quieres aquí o en otro lugar?” sacó un billete de mediana denominación mostrándoselo “este es tuyo, ven, acércate, vamos, desnúdate rápido, dame tu traserito” el niño aprisa se desnudó, era la segunda vez en tan pocas horas que se desvestía delante de un adulto, primero lo hizo con el padre y ahora lo estaba haciendo con el hijo, “sabes que desde hace mucho que te deseaba” lo vio desnudo por completo “tranquilo, nadie lo sabrá” “es nuestro secreto, ven” le decía esto mientras Nicolás se desnudaba también, lo abrazo por delante mirándole al rostro “eres muy bonito” “sí” “muy lindo” acercaron el rostro, los labios se rozaban y se fundieron en un prolongado beso, le pasaba la lengua por las tetillas, Dionisio de inmediato sentía a ojos cerrados el desliza de la lengua en su cuello, el cuerpo empezaba a desfallecer, se estiraba el enecito hasta dejarlo erecto, le volvía a decir que era muy lindo, lentamente se acuclilló en delante del niño estirándole suavemente el pene, la lengua pasaba por los testículos y el tronco del pene lampiño de piel suave, dejaba los rastros ensalivados, Dionisio miraba que el hombre se ponía en pie, le besaba la frente y el pelo “hoy… te voy a hacer feliz” “¿quieres?” lo abrazó llevando su carita al pecho, se separó para besarle con intensidad “me gustas mucho”, le hizo girar lentamente viendo la lujosa cama, le abrazó por detrás besándole el cuello “déjame calentarte bien antes de que seas mío” lentamente lo fue acostando de cara en el colchón a filo de cama, ahora el pene que recibía en traserito era firme y grueso muy diferente al anterior haciéndole estragos en la entrada del ano infantil de diez años, Nicolás dio cuenta rápido que era un traserito virgen y le hizo el amor en el traserito con cuidado, gemía y pujaba por efecto del roce e intento de penetración, su padre todavía no lo había desvirgado, pensó que eso sería por la edad avanzada, rápidamente ese pene se deslizaba por la entrada del ano y en la separación de glúteos, lo acostó de cara al techo al niño, el pene erecto peludo se deslizaba por su penecito entre los testículos pasando por su pecho hasta legar a su boca donde Nicolás le dijo que la abriese y en ese momento le dio embestidas de pene en la cavidad bucal de carácter suaves y sutiles, el niño era adecuado para ello Nicolás lo entendió así, unieron sus frentes y en el lecho daban vueltas al mismo tiempo que se daban besos prolongados, Nicolás dio cuenta de lo bien que el niño había aprendido a besar, estaba feliz con aquello, se sentaron muy unidos con las piernas cruzadas pecho con pecho unidos, para Dionisio esa era una postura sexual hecha por vez primera, los muslos de las piernitas de diez años se posaban sobre los muslos de Nicolás, así los penes se frotaban y podían verlos en ese movimiento, le hacía al niño alzase y bajarse de la cintura viendo los penes que se frotaban y de pronto del pene de Luis salió semen que manchaba los cuerpos, así quedaron abrazados viendo cómo el semen se desplazaba por sus pieles de estómagos y pelvis, de inmediato salieron de la cama cuidadosamente que las sábanas no se manchen, fueron al baño a limpiarse, allí mientras se lavaban se conocían más los penes enjabonados, se marcaba una gran diferencia entre los penes, Dionisio fue a vestirse de igual manera que lo hizo Nicolás, bajaron presurosamente a la sala donde Cayetana estaba garabateando y Victoria muy entretenida con los pájaros puestos en las jaulas, Nicolás tenía tomado del hombro al pequeño Dionisio, era el momento de regresar, Nicolás en breve tiempo había conseguido lo suyo, Dionisio había hecho sexo con él, aquel viaje de retorno tuvo una parada en el parque para beber gaseosas, las miradas que se cruzaban Dionisio y Nicolás eran constantes, jugaban haciendo burbujas con la bebida gaseosa, al cruzarlas el niño se ponía cabizbajo, las niñas hacían jocosidades de bromas, jugaron un poco en el parque, Nicolás vio la hora, en pocos momentos tendría la reunión que su padre le encomendaba, llegaron a la casona, y ya al partir le dio un billete de baja denominación a las niñas mientras que a él le dio un billete de mediana denominación, manejó con gusto a la reunión, había conseguido un nuevo amor.
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Luis sentado en la silla junto a la ventana observaba el cuerpo de Renzo Orestes acostado en la cama, estaba completamente desnudo, quietecito, con la cara entre las almohadas, el trasero voluminoso brillante, sobresalía el semen recorriendo hace pocos minutos la piel de los glúteos, también se notaba el semen salido del ano, Renzo era un muchacho de diecisiete años, próximos a cumplir mayoría de edad, era joven, muy joven, Luis se miraba el pene aún humedecido de semen y restos de excremento, sonreía mirándolo, estaba medio erecto, acariciaba el tronco del pene y rascaba la pelvis, miraba aún el cuerpo tendido desnudo de Renzo, Luis estaba complacido, una vez más había sodomizado el ano de ese quinceañero, su pene había entrado otra vez en esas entrañas de niño delicioso, lo había conocido allá tiempo atrás por el mercado, en ese momento en que cargaba víveres, para entonces, Renzo Orestes era un niño trabajador, Luis conoció a la única persona que vivía con él, su abuela, aquella anciana vendedora de billetes de lotería, esa mañana había salido a comprar frutas cuando lo vio, fue atracción pura inmediata, vio el voluminoso traserito en ese short raído, asimismo vio ese pene que se formaba en la tela del short, desde ese momento creció siempre la atracción, no demoró en hacerse amigo, lo contrataba para que llevase los víveres a su departamento, entre tantas acciones de transporte hubo una en que fue la de mayor acercamiento, empezando por rozarse las manos, dándose sonrisas cautivadores de parte y parte hasta llegar a cómplices gestos, Luis pasó la línea del recelo una vez rozándole intencionadamente su mano por el pene del niño que circunstancialmente estaba erecto, siempre usaba shorts en el mercado aduciendo que así era más cómodo cargar las compras, la remera era ligera también así no se acumulaba el sudor, pero a Luis Izaguirre Buonanote le gustaba olerlo, lejos quedaba su abolengo, simple y sencillamente tenía atracción física por el muchacho, desde hace mucho tiempo su vida sexual no se había aplicado a niños, Luis recordaba aquel sábado, que estando solos en su apartamento pidió al Renzo Orestes le ayudase con un fregadero tapado, Luis vio que a través de la manga del short se mostraba parte del pene con los testículos, eso hizo que el pene de Luis se notase erecto, los pies descalzos de Renzo Orestes se agitaban en la maniobra de fontanería, Luis miraba esa piernas bien formadas, parecían a las de una hembrita por lo lampiñas que estaban, vio los labios de Renzo Orestes mojados de saliva, el muchacho agarraba la tubería viendo deslizar las manos de Luis por su pene vestido, el dueño de casa vio que Renzo Orestes no se inmutaba ante esa acción, seguía viendo ese movimiento de manos “¿te gusta?”, le dijo Luis, a lo que Renzo Orestes simplemente sonrió, “¿vamos?” insistía Luis, suspiraba Renzo Orestes diciendo “¿A dónde?” Luis indicaba con su gesto facial la habitación contigua, Renzo Orestes sonrió, ya había mostrado a Luis con su amaneramiento sus simpatías y buena relación amistosa allá en el mercado de víveres, el muchacho se puso en pie, lo mismo hizo Luis viéndose fijamente a la cara provocándose sonrisas, así que de inmediato Luis con sus manos bajaba el short a Renzo Orestes que tan sólo tenía puesto como protector de su pene, fueron a la habitación, allí quedaba en el piso la ropa de Renzo, con cierto pudor disimulado se tapaba el pene, ya tenía pelitos, sonrojado caminaba con Luis, entraron a la habitación, allí estaba la cama esperándolos, Renzo Orestes estaba relajado dejándose manosear por las costillas, pecho y sobre todo gustaba que Luis le pase las manos por los glúteos, lentamente acercaron sus rostros y como un hechizo más que otra cosa rozaron sus labios conduciéndose a los besos apasionados, así se besaron constantemente cayendo lentamente en la cama, Luis sobre el cuerpo de Renzo Orestes alzando las caderas, los dos mirándose el roce de sus penes erectos, por vez primera se conocían, “¿te gusta así?” le preguntaba Luis a lo que Renzo Orestes respondía asintiendo con timidez agregando una sonrisa recelosa, era el primer contacto de esos cuerpos, la mano de Renzo Orestes sobaba la cadera de Luis que la alzaba y bajaba, Luis no dejaba de sonreír viéndolo fijamente a los ojos, le mostraba seguridad de lo que estaban haciendo, lentamente bajó la cara uniendo las frentes, Renzo Orestes sentía la respiración en su frente salida de la boca de Luis, también la sentía al pasar por su cuello lo que excitaba más a su cuerpo juvenil, cerraba los ojos el muchacho para sentir más de aquellas caricias dadas por ese hombre adulto, “Renzo Orestes”, “Renzo Orestes”, “Renzo Orestes” seguidamente repetía Luis mientras pausadamente le acariciaba el pecho y las mejillas, el muchacho se dejaba someter por las manos de aquel hombre de negocios cuya secreta personalidad la estaba experimentando, le atraía aquel hombre, su subconsciente así lo manifestaba, sentía ese pene entre los testículos cuyo glande y tronco erecto lo sentía en la pelvis y en el pene, faltaba lo más trascendente, Luis estiró el brazo alcanzando la crema que se ponía en el cuerpo todas las noches para evitar arrugas y tener su piel humedecida ante el calor nocturno imperante en la época de mediados de siglo XX, se puso un poco en el pene y otro lo puso en el trasero de Renzo Orestes “lo sentirás mejor, ¿de acuerdo?” Renzo Orestes miraba esos dedos que pasaban por debajo de sus testículos lubricando su traserito juvenil, tras los manoseos recibidos su respuesta fue un largo suspiro de conformidad que a Luis le hizo ampliar la sonrisa, se puso lentamente de cabeza apoyadas en las almohadas, sintió que el pene mojado de vaselina entraba lentamente, estaba con las piernas apoyadas en los hombros de Luis que su humanidad la iba inclinado así el pene entraba en ese ano velludo en el cuerpo encorvado de Renzo Orestes, para sorpresa de Luis ese ano de Renzo Orestes no presentaba resistencia ante el paso del glande por el esfínter, tenía gran cantidad de crema que facilitaba el paso y la lubricación de ese tronco viril, Renzo Orestes gemía, tal al disimulo, tratando de hacer entender lo que no era, Luis ya estaba experimentado en aquello, había desvirgado anos, simplemente sonrió cuando sintió que todo su pene estaba dentro de ese ano, Renzo Orestes simplemente quedó inquieto gimiendo un poco con los ojos cerrados, no quería ver el rostro de Luis, tenía vergüenza pues había descubierto que su ano no era virgen, que Melquiades años atrás siendo niño lo había desvirgado en su cuarto siendo él un niño ropavejero, había sido desvirgado a base de engaños por aquel hijo de militar que a la vez había sido desvirgado por Dagoberto en esos mismos curtos de arriendo de la ciudad, luego su encuentro en la capital, ahora Luis embestía con furor ese ano juvenil, el movimiento de cuerpos era constante, el cuerpo de Renzo Orestes se deslizaba bruscamente en la cama, Luis manifestó su forma de ser a través de esos movimientos bruscos, demostraba así que Renzo Orestes no estaba virgen, cada vez con más fuerza lo penetraba, Renzo Orestes entendió esa actitud, se desanimó a seguir, se lo hizo notar tratando de apartarlo con los brazos, Luis se detuvo, más su pene quedó dentro de las entrañas de Renzo Orestes, por un instante se miraron al rostro, la mirada de Luis era inquisidora como preguntándole quién habría sido la persona que lo desvirgó, de sus labios juveniles no encontraría respuesta en ese momento, pero si el gemido como el que ya no quería más ese sometimiento sexual mostrándose en su rostro, Luis comprendió aquella actitud, al fin y al cabo lo que deseaba en ese instante simplemente era el de satisfacer sus necesidades sexuales en ese cuerpo que se le brindaba por vez primera, siguió embistiéndole el ano con su pene en varias ocasiones y momentos hasta dejarle dentro el semen, los recuerdos se diluían volviendo a la realidad, Luis viéndose el pene mojado de semen y excremento, ya para ese entonces Renzo Orestes estaba acuclillado en el piso pasándose papel por la abertura de su glúteos, mostraba los restos de semen y excremento impregnados en el papel, Luis sonreía mostrando así su satisfacción, se agitaba el pene orgullosamente, los ojos de Renzo Orestes se fijaba en ese pene, le hizo señas para que el joven de diecisiete años se acerque, lo abrazó así sentado dándose besos apasionados, “ahora te toca… mi amor” le dijo Luis a su joven amante poniéndole crema en ese joven pene, sus miradas cómplices mostraban satisfacción y entrega aprobando lo que estaban haciendo en la intimidad, caminó encorvándose sobre el extremo de la cama abriéndose el trasero adulto con las manos, Renzo Orestes agitaba el pene poniéndose más crema, con un dedo metía crema en el hoyo del trasero de Luis su mentor, así el pene iba entrando lentamente como le gustaba sentirlo a Luis “así, así, métemelo mi amor” complacido Renzo Orestes seguía penetrando hasta dejarlo metido totalmente en ese ano adulto, así lo tuvo unos instantes mientras masajeaba y besaba delicadamente la espalda de Luis, la cara de Renzo Orestes se apoyaba sobre la cabeza de Luis, le gustaba olerle el pelo por lo delos finos champús, luego empezó a embestirlo con delicadeza, Luis sentía que ese era el pene ideal en su trasero, que ese niño también era especial, muy apasionado al hacer el amor, complaciente con las posturas, pues luego Luis giró con su cuerpo quedando acostado de espalda con sus piernas a los hombros de su joven amante así que de nuevo se dieron las embestidas por parte del pene de Renzo Orestes, los cuerpos sudaban, Renzo Orestes se negaba a eyacular todavía, sabía que su amante quedaría a medias y no deseaba desilusionarlo pues l estaba pidiendo más y más, los gemidos a ojos cerrados de Luis no se hacían esperar, con vehemencia Renzo Orestes penetraba empujando su pene a toda fuerza, es así que el sudor recorría sus pieles, tenían un acercamiento que era más que una simple atracción, los dos amantes se entregaban simplemente a la pasión desbordada, ese era su postura ideal para amarse, “ya, termina, quiero sentir tu leche” le dijo Luis a lo que en instantes ya sentía en sus entrañas ese semen quinceañero, los jadeos salieron de parte y parte, esa era la estrategia para estar felices, el uno avisaba al otro lo que quería, Renzo Orestes sacó lentamente su pene con semen, excremento y crema, Luis vio ese pene salido y se imaginaba cómo quedaría su ano, fueron a ducharse y allí se intercambiaban penetraciones leves, ambos se daban masajes cortos con el jabón enjabonándose sus cuerpos, besándose bajo la caída del agua en la ducha, manoseándose sus cuerpos humedecidos sobre todo los glúteos, abrazados tocándose el cuerpo, unidas sus frentes mientras el agua escurría sus rostros, salieron con sus respectivas toallas sujetas a la cintura, se miraban los pies descalzos y los pectorales que Luis los besaba apasionadamente en la humanidad de Renzo Orestes, se quitaron las toallas y se abrazaron acostados de perfil sobre esa cama testigo de sus pasiones sexuales, pasaban los minutos, Renzo Orestes le recordó a Luis la actividad del día, Luis lo dejaría en el lugar de encuentro cercano al mercado y se iría para su cita de trabajo con los inversionistas, en el auto Luis iba pensativo, de eso dio cuenta Renzo Orestes, asimismo vio que el auto se desviaba del curso normal, entrando a esas casas de artículos del hogar, Luis le invitó a salir, el sorprendido muchacho salió lentamente, Luis lo tomó del hombro entrando en una de esas tiendas chic de temporada, “para ti, escoge lo que más te guste” le decía Luis a Renzo Orestes extendiendo con sus manos una camisa de moda, el muchacho miró a su alrededor, “toma tu tiempo, lo tengo todo para ti en este momento, anda, ve, ve” el entusiasmado Renzo Orestes miraba en cada sección de ropa el articulo escogido a su gusto, compraron bastante ropa de moda, en un cubículo aislado en el que se cambiaba ropa Luis de súbito entró y rápidamente le dio besos apasionados saliendo de inmediato dejando al muchacho dentro probándose la ropa, estaba muy feliz, seguramente descontaba así sus servicios sexuales, animado como lo estaba viéndose en el espejo le brindaba expresiones faciales de agradecimiento a Luis, sorpresa para ellos que al pagar en caja vieron la entrada de dos figuras reconocidas en sus vidas, Nicolás Arichabala y Melquiades, ingresaron e intercambiaron miradas y expresiones, allí estaba el hombre al que Luis había tenido desde niño relaciones amorosas, allí con él estaba el muchacho que había desvirgado a Renzo Orestes en el cuarto, su saludo fue cordial, sus gargantas se atragantaban con la saliva, la misma expresión facial que se daba entre Luis y Nicolás también la aplicaban Renzo y Melquiades, el primero en cortar el hielo fue Nicolás invitándole para la reunión de inversionistas el próximo periodo de sesiones a efectuarse en semanas seguidas, la relación de amistad se daba desde sus abuelos, fue por esos lugares de las propiedades del abuelo de Luis que a Nicolás le hacía el amor, disimuladamente mostraban ese interés de estar allí con sus parejas, quien miraba con fijación era Melquiades a Renzo que se ponía cabizbajo, Luis miro esa expresión en el quinceañero y de pronto intuyó algo percibido hace poco en la cama, Renzo al despedirse fue el primero en salir arrimado en el auto con las cosas en la mano, Luis vio que Melquiades no le perdía mirada, se despidió de Nicolás yendo a donde lo esperaba Renzo, al manejar había mucho silencio “fue él… ¿verdad?” al escuchar esa frase inquisidora la respuesta de Renzo Orestes fue un largo silencio con su expresión cabizbaja, para sus adentros Luis pensó quien calla otorga, siguió en su camino ya no al mercado sino a la casa humilde de Renzo Orestes, con esa actitud Luis le dijo a Renzo Orestes que desde este momento él pasaría a ser como su secretario, decidió que el muchacho esté a su lado trabajando ganado un sueldo modesto con el que empezaría y esa ropa sería su uniforme, el animado muchacho agradeció abrazándolo, salió animado al escuchar que se presente en oficina desde mañana, así tendría más tiempo para estar con el muchacho, Renzo Orestes salió con su ropa mostrándole a una sorprendida abuelita que lo acarició felicitándole por el trabajo logrado, su economía sería la adecuada y rogaba en sus plegarias que sea por mucho tiempo, lo que la noble mujer desconocía que su nieto a más de trabajo de oficina haría también un trabajo de alcoba con aquel reconocido hombre de negocios.
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La mujer pensaba en el destino y suerte de su hija tras no haberla encontrado en ese apartado pueblo, toda la noche no había dormido con la ansiedad de regresar al pueblo a más de la idea fija en poder saber algo más de su paradero, ya antes lo había hecho con su hijo el niño pero fue infructuosa la búsqueda, ahora iba sola, le tocaba volver a hacerlo, ya los primeros rayos del sol aparecían, su ansiedad aumentaba tras su angustia, se secó las lágrimas de su rostro, tenía un acto de conciencia que la culpaba, había despreciado a su hija en el momento en la que más la necesitaba, la dejó a suerte de conocidos allá en ese apartado pueblo, lamentaba ahora sus decisiones de apartarla de su lado para evitar la pena de ver a su hija cubriendo su falta como madre de un niño bastardo sin saber a ciencia cierta quien era el padre de la criatura, hizo que recurra a la ayuda en ese pueblo apartado del interior en el que ahora ya no está y no sabe si el bebé nació, agobiada por la pena su rostro no podía ocultar su congoja, de ello notaba Ramón quien la acompañaba a la terminal de buses capitalinos que iban en dirección al interior, Ramón la despidió y de pronto regresa con el auto a la gran mansión de Squeo, pensativo en Amaranta, sonreía pensando en la patrona, era dichoso de tener a madre e hija, sabía que jugaba con fuego y debía ser cauto, a su paso fue recogiendo a su hijastro el “niño” quien tenía dibujado en su rostro la pena por su madre, pensativo por lo que estaba pasando, durante el trayecto no hubo palabra alguna entre ambos, al llegar un presuroso Squeo salía con su compañera sentimental del momento, la madre de Venancio junto a ellos iba Amaranta de once años, que pese a su edad ya mostraba un desarrollado cuerpo más en ese precioso look para la ocasión, suavemente de la cintura Squeo subía a la madre y luego al hacerlo con la hijastra le fue rozando la mano por el trasero sin ser visto, iban en dirección a la estancia Arichabala a una recepción que duraría toda la noche y regresarían al siguiente día, la llamada de atención a la servidumbre se debió a la atención que recibiría Venancio Alberto en su ausencia pues el niño de nueve años vendría al ocaso tras la excursión de exploradores que había realizado en las montañas del país de la canela, el bus lo dejaría en la puerta de la mansión como de costumbre a esa hora cercana a la noche, lamentaban que el niño no lo acompañase, el pequeño Venancio quedaba así al cuidado de la servidumbre a su llegada, el “niño” los despidió y fue a sus ocupaciones de limpieza de las piezas mecánicas que estaban en el garaje, dormiría esa noche en ese cuarto, mientras tanto, lejos de allí, los rayos de sol daban en el rostro de Venancio Alberto a través del cristal, iba pensando en lo bien que lo había pasado en esa excursión, escuchaba detrás los cánticos de moda, pensativo recordaba a sus padres, pensaba que pronto llegaría, miraba pensativo a través del cristal, le vino la tristeza de poder ir a la recepción Arichabala, resignado mira lo entrelazado de sus dedos posándose sobre el bolso que llevaba, de inmediato vio a la coach que se pintaba los labios, le atrajo aquella acción incrementando su inquietud viendo los movimientos del lápiz labial sobre los labios, denotaba coquetería cómo era natural en las mujeres, instintivamente la punta del dedo índice lo pasaba con sus uñas por sus labios emulando la acción de la coach de aspecto extranjero, y de inmediato dejó de hacerlo pues recordó la presencia de su compañerito Kleiner a la izquierda de su asiento que iba cabeceando con los ojos entreabiertos de sueño, vio a la coach que se pasaba el cepillo por el pelo alisado y se ajustaba el sostén amplio que estaba delimitando los pezones, Venancio la imitaba con su remera ajustada, admiraba ese esbelto cuerpo que portaba un ajustado short provocativo para los monitores que iban a su lado elogiándola por su belleza, la inquietud de Venancio se incrementaba doblando sus manos con amaneramiento que pronto disimulaba, la mirada seguía vista en esa forma femenina de moverse, su fijación era concreta, cada movimiento, cada gesto era receptado en el cerebro de Venancio, abrió más los ojos viendo que la mano de un monitor pasaba por los hombros de la mujer disimuladamente tocándole los pezones, ella mostraba ligeramente ese innato placer, hubo una sacudida de un bache del camino, algunos despertaron otros emitieron un ruido de sorpresa, otros increpaban al chófer, era natural, se trataba de hijos de familias nobles y ricas, Venancio pertenecía a ambas, sólo que hace poco lo sabía, saberse hijo de Squeo un hombre influyente en la esfera de Fulgencio Arichabala era ser un buen referente, se notaba en el trato de sus amiguitos, se sabía hijo de Squeo por sus orejas y pies, a fin de cuentas, el destino le dará luces a su origen, ahora seguía atento a los movimientos de la mujer, era rubia de cabellera teñida, se notaba su donaire, era una mujer fabulosa para quien mirase, discretamente sus manos tomaban imitación de ese amaneramiento, Venancio se sentía ella, no lo podía reprimir, nacía el efecto metamorfosis en él, anhelaba consolidarlo, como flashback pensó en Luciano de la Sierva, su iniciador cuando él era un nene pequeño, instintivamente se llevó la mano a la entrepierna donde estaba su pene vestido ya erecto, cerraba los ojos y recordaba las posturas sexuales a las que él brindaba su traserito para sentirse mujer, Venancio recordaba las caricias de su iniciador, de pronto, le vino a la mente el rostro del “niño”, el hijastro del chófer Ramón, allí cerró los ojos con presión y mordió los labios pensando en sus encuentros con él, en especial en aquel significativo lugar donde sus cuerpos desnudos se amaban, le llamó el recordar el temor a ser desvirgado por el niño hijastro de Ramón, se lamentaba, sentía miedo de lo que podía ocurrir, la pena de que sea descubierto por sus padres, de las consecuencias que con ello atraería en aquella sociedad que llevaba el conservadorismo y la hipócrita regla social sálica en muchas de las ocasiones, Venancio con su pensamiento trataba de romper aquello, pero se detenía ante el perder el cariño de sus padres, suspiro ante sus sentimientos encontrados, su cuerpo se manifestaba más que su conciencia, su necesidad de saberse mejor de otra manera lo minaba en deseo, fue durmiéndose profundizándose en sus pensamientos, recordaba cuando estando acostado en la cama tenía el cuerpo de el “niño” sobre su cuerpo, llegaba a sus o{idos las frases de “eres mi mujer” “mi mujer” “mi mujer” abrió los ojos y los volvió a cerrar con un largo suspiro, iba meditando a ojos cerrados lo que había visto con su madre y con su hermana “eres mi mujer” “mi mujer” “mi mujer” estas frases retumbaban su mente, la meditación continuó hasta que llegó a un punto de visita y descanso en el camino para alimentarse, bajaron del autobús muy alegremente, estaban a medio camino de legar, la mayoría en la mesa bromeaban dando rienda suelta a la algarabía de la que Venancio Alberto también participaba, otros ya satisfechos por haber comido correteaban por el lugar, Venancio se fijaba en los niños que iban al baño, los veía sacarse el pene y micciar alegremente en el urinario, jocosamente se mostraban los penes por encima de las rejillas, él también participó de aquello mostrándoselo a los niños más pequeños que se acercaban al baño, de pronto vio de lejos entrar en un cubículo apartado para adultos a la esbelta mujer, la seguía discretamente el compañero, se ocultó discretamente acercándose al apartado cubículo, sólo escuchaba los gemidos diciendo en hacerlo pronto pues los niños esperan, él salió presuroso y ella con cadencia y glamour salía de mejor compostura arreglándose la ropa, es que ya algunos chicos se encontraban en el autobús y no deseaban que su presencia sea notoria, Venancio esperó un poco y entró presuroso al cubículo donde antes había estado la pareja, vio el calzón puesto detrás del inodoro, lo tomó y por instinto lo olió, tenía semen seguramente con ese objeto se había limpiado el pene, quedaba allí como evidencia de sexo, se apreciaba a vista y olfato la mancha de semen dejada en la tela, le sorprendió los restos de sangre, ahora comprendía los gestos y forcejeos, era que la mujer estaba del periodo de regla, aun así había hecho el amor y allí la prueba, seguramente en ese calzón estaba confirmada claramente la evidencia de haberse limpiado el semen restante del pene de ese monitor, lo vio con detalle y lo olía, pensaba y pensaba, después, sonreía, seguramente pensando cómo lo habrían hecho y… cómo le hubiere gustado que se lo hicieran, sí, Venancio estaba ardiente del deseo, se bajó el pantalón corto que llevaba puesto y se dejó ver a plenitud su lampiño penecito erecto de nueve años de vida, se pasó restregando el pene por lo limpio de la tela, estaba tan caliente que luego lo tendió en la cubierta de asiento del inodoro y encorvándose pasaba el erecto pene sobre el calzón, Venancio jadeaba con los ojos cerrados y también mordiéndose los labios de placer restregándose el calzón, pensaba cómo lo habrían hecho, suponía la penetración del pene en esa vagina, recordaba el pene de Ramón en la vagina de su madre, recordaba el pene de aquel aprendiz de jardinero en el trasero de su hermana que se deslizaba suavemente, pensaba que seguramente ese pene peludo del monitor rozaba el trasero de la coach, y de eso le venía ya la risa recurrente, la alegría de estar solo y disfrutarlo viéndose rozando el pene en ese calzón ensangrentado por la regla de la mujer despampanante, pero el sonido del pito del autobús lo sacó de concentración sexual, el chófer llamaba a los niños viajeros que aún estaban en los baños, sobre todo a los más pequeños, Venancio dejó el calzón y presuroso se limpió saliendo del cubículo, fue en dirección al bus subiéndose junto a aquella mujer voluptuosa, se miraron intercambiando sonrisas, durante el trayecto del viaje Venancio iba pensativo, miraba por el cristal razonando su situación, se rascaba el pene erecto vestido, de ello dio cuenta su amiguito Kleiner sentado a su lado, él también comenzó a hacerlo, el roce de sus manos no se hicieron esperar, disimuladamente lo hacían, desde algún rato muchos niños ya iban durmiendo, era el momento propicio para que Venancio y su amiguito Kleiner se rocen los penes con las manos, se daban placer viendo a los lados para no ser descubiertos en esas maniobras de tocamientos, el amiguito fue más audaz mostrándole el bulto de pene vestido, se deslizó la cremallera y por el hoyo de la abotonadura del calzoncillo salió un erecto pene lampiño que a no dudarlo Venancio lo ve y luego lo va tocando con sus dedos “¿te gusta?” le pregunta, a lo que Venancio asiente, los dos sonríen, “ahora muéstrame el tuyo” le dijo su compañerito de asiento con sentida voz baja, así que Venancio se corre un poco del asiento, se desliza la cremallera de su pantaloncito corto y a través del calzoncillo saca su pene, la impresión del amiguito fue sarcástica diciéndole “parece gusanito, no es de niño, es el de una nena” Venancio quedó impactado por esa afirmación, no esperaba tanto, así que agitó el pene para que se ponga más erecto, tratando de desmentir esa afirmación, le quedaba algo de virilidad y deseaba demostrarlo, pero Kleiner le decía “ya ves, no crece más, je, je, je” Venancio seguía en su intento infructuoso sin dejar de ver a los lados para no ser descubierto el amiguito también movía su penecito lampiño, era evidente que el suyo era de más tamaño que Venancio pese a tener menor edad, rápido metieron sus penes en el pantalón corto respectivo, pues una brusca maniobra del bus que los transportaba hizo que reaccionaran así, durante el viaje se miraban y se rozaban las manos, Venancio había conocido a ese niño durante el paseo, su comportamiento era amanerado igual que Venancio, Kleiner pertenecía a una de las familias más pudientes de la capital, se notaba en el rostro su clásica ansiedad pero también relax cuando había que hacerlo y ahora era ese momento, pese a ser menor que Venancio con un año ya se notaba su madurez como un púber, seguramente se deba al círculo familiar en el que se desenvuelve, Venancio vio la estela de la tarde que ya iba cayendo así en el horizonte se podía ver la ciudad capital del país de la canela, ese tocamiento para ambos fue muy significativo y hasta ahora Venancio no podía salir del asombro de haber sido tan espontaneo, le quedaba retumbando en la mente la expresión de su amiguito: “hembrita” suspiraba cerrando los ojos haciéndola repetir como si fuese una frase memorística para examen, se iba ya considerando así, se puso una manta sobre la cintura, luego se ladeó un poco, el amiguito vio esa acción, Venancio hizo un gesto de asentir, el amiguito entendió y metió su mano suavemente por la manta llegando al traserito de Venancio, lo tocaba y manoseaba a placer, despacio sin que lo vieran se desabotonó el pantaloncito corto por debajo de manta dejando ya de ser ajustado al cuerpo de Venancio logrando deslizarlo un poco para que el dedo de Kleiner pueda deslizarse por el calzoncillo, así, así lo hizo deslizar sobre la piel del traserito de Venancio que le gustaba y se tiritaba en cada roce, Kleiner hacía despertar el deseo sexual de Venancio, con cuidado y que no los vean por lo que hacían se daban modos para sentirlo, instantes después Venancio veía al travieso Kleiner cuya espalda se arrimaba a la carrocería debajo de la ventanilla, una de sus piernas se arrima a la ventanilla de tal suerte que se dejaba ver la longitud de esa pierna de piel muy blanca, la mano del niño se metía por una manga del pantaloncito corto Venancio vio que esa mano restregaba el penecito, la expresión de mirada socarrona del niño invitaba a sonreír a Venancio, las miradas se cruzaban en forma cómplice, miraban a su alrededor a la mayoría de niños dormidos, Venancio estiró la mano para rozar la tela del pantalón tratando de tocarle, Kleiner se deslizó sin dejar de sonreír, ya sentado en el asiento deslizó su cremallera viendo a no ser descubierto tapado con la manta, Venancio vio el deslizamiento de la cremallera por efecto de los movimientos de los dedos de Kleiner y se vio el pene lampiño entre el calzoncillo que el filo de manta le permití ver, recordaba haberlo visto en el monte cuando por casualidad Kleiner fue sorprendido por Venancio cuando estaba en acción de micciar, el penecito se movía por efecto del movimiento de los dedos de ambos niños, la curiosidad de verlo más a plenitud se notaba en el rostro del pequeño Venancio, el autobús hizo un gran movimiento que de inmediato Kleiner cubrió su pene con las manos deslizando la manta y luego de inmediato deslizó la cremallera cubriéndolo totalmente, para ese momento algunos de los viajeros despertaron, otros reclamaban mejor pericia al chófer, el viaje continuó con Kleiner y Venancio mirándose y luego disimuladamente dormidos quedaron con el roce de sus cabelleras y sintiéndose sus respiraciones al rozarse las mejillas, eso hacía que sintieran la erección de sus penes dentro de la ropa que llevaban puesta, ambos metían las manos por los pantaloncitos de viaje para estirarse sus penecitos lampiños erectos, el viaje continuó con normalidad, al llegar a la ciudad capital del país de la canela se sentía un poco de frio característico de aquella tarde que iba al ocaso, lo dejaron al frente de la gran casona, desde la ventana Kleiner le agitaba la mano y al moverse el autobús giraba su cuerpo tratando de verlo lo más posible, luego giró su cuerpo sentándose con un una respiración que denotaba resignación, la diversión por el momento se había terminado, mientras tanto, Venancio entraba por la gran puerta que daba al amplio jardín de la gran casona donde vivía, a pasos lentos lo hacía debido al gran peso que llevaba en sus hombros, se extrañó de ver poca gente, continuó con su camino a la entrada de la casa donde el guardaespaldas lo esperaba para ayudarle a cargar la mochila de implementos contenidos, el hombre era muy solicito pues apenas llevaba una semana en ese trabajo, era disciplinado ubicándose sólo en el lugar asignado para supervisión de vigilancia, ambos caminaron por las losas de camineras del amplio jardín y a distancia vio al “niño” que atento estaba en su faena de limpieza de los accesorios y repuestos de los automóviles, al sentir el paso de Venancio sus miradas sonrientes se cruzaron, detrás del guardaespaldas, Venancio a distancia agitó su mano saludándolo con cierto amaneramiento notado por el “niño” quien respondió de la misma forma, el “niño” estaba puesto un short y remera con sandalias, Venancio entró a la gran casona siendo recibido por la empleada que ayudó a subirle el bolso amplio de implementos, subieron las escaleras y él recibía ciertas noticias de la ausencia de sus padres, entró en su cuarto junto a la empleada que arregló la ropa para llevarla a lavar saliendo de la habitación mientras él entraba a ducharse, se enjabonaba el pene que se le ponía erecto de sólo pensar lo que había hecho en el autobús con su amigo Kleiner y de lo que había escuchado de aquella pareja en los baños, suspiraba viéndose entre la enjabonadura el pene erecto lampiño, sus manos pasaban por los glúteos metiéndose el dedo al aguante por el ano, con ello evocaba las cogidas que el “niño” le daba y de aquellos encuentros con su vecino Luciano, suspiraba pensando en hacer el amor con ellos, las humedecidas manos pasaban por los glúteos afirmándolos asimismo recorrían sus caderas, espaldas y llegando a las piernas viéndose los pies, aquellos pies parecidos a los de su padre, su herencia genética que la llevará mientras viva, esos pies que por ser iguales a su padre se sentía orgulloso de tenerlos parecidos, al salir del baño rodeado de una toalla y sentirse a solas vio sobre la mesita de noche la nota dejada por su madre, se sentó en el extremo de la cama a poca luz vespertina que se reflejaba en la ventana leía las instrucciones dejadas, manifestaba la carta la pena de que él no estuviera con ellos en ese viaje, le manifestaban que estarían a la noche del día siguiente, que la empleada dejaría todo preparado pues tendría que cuidar a la madre enferma dejando ella la casona tan pronto él llegase, quedaría al cuidado del “niño” el hijastro del chófer Ramón quien dormiría esa noche en la gran casona haciendo guardia en el garaje y en los alrededores de la casona en compañía de uno de los guardaespaldas que se ubicaría en la entrada de la casona en la garita correspondiente, Venancio tomó el papel y lo dejó en la mesita luego de leer instrucciones dejadas por su madre, estaba muy sonriente, se arrimó a la ventana alcanzando a ver efectivamente a la empleada que salía con un bulto en dirección a la salida de la mansión, la esperaba el guardaespaldas para abrirle los portones, el hombre pasaría allí toda la noche, un taxi la esperaba para llevarle, Venancio giró su cuerpo y vio al “niño” en su faena de limpieza, su mirada se fijó en la entrepierna del muchacho, asimismo en los pies y las piernas que ahora estaban sudorosas por la actividad que realizaba, de algún modo el “niño” vio hacia la ventana por coincidencia, sonrió ampliamente viendo la silueta de Venancio que extendidos los brazos tenía la toalla de bordados infantiles detrás de su desnudo cuerpo mostrándose a plenitud el pene erecto, ambos vieron hacia la garita tratando de no ser vistos, así a la seguridad el “niño” como respuesta a lo visto en esa ventana se deslizó el short a la mitad de los muslos mostrando también su pene erecto peludo, fue por instante que ambos se mostraban los genitales agitándolos de la misma forma que se lo estiraban, sin dejar de ver hacia la garita, ya para ese entonces la noche aparecía, el “niño” hizo gestos para que Venancio se acerque al garaje, hizo gestos anunciando que lo haría más tarde, con las manos hacía señas diciéndole que lo esperase con la puerta apegada, que luego iría, el “niño” le respondió y lo hizo completando con señas, asintió y continuó con la tarea, las horas pasaban y Venancio no salía de la casona, el “niño” se dio una ducha masturbándose en nombre de Venancio, prefiriendo no eyacular, así pasaban los minutos el “niño” estaba llenándose de angustia acostado en la cama con la toalla puesta sobre su pelvis, su mirada se centraba atenta en la puerta entreabierta, el cuarto daba detrás de la casona donde no se podía ver desde la garita, lo oscuro de aquel lugar de la casona daba que unos tacos marcaran huellas en la grama, la luz de luna definía el movimiento amorfo de la silueta humana que se desplazaba por el lugar, de pronto el “niño” vio para su gran sorpresa el movimiento lento de la puerta que chirriaba despacio, de súbito le vino una impresión poco acostumbrado a ver aquello, se trataba de Venancio Alberto, para su gran sorpresa estaba vestido de mujer, llevaba peluca, traje de dormir de su hermana con mallas de color negro matizado con rojo, sorprendido se sentó el “niño” en el extremo de la cama, miraba el rostro pintado de Venancio, cerró con seguro la puerta, se aseguraron del cierre de las ventanas y el deslizamiento de las cortinas raídas, la cama era pequeña pero se daban modos, Venancio lentamente se acercó al niño que aún sentado en cama no salía de la sorpresa, las manos de Venancio acariciaban el pelo y mejillas de piel morena clara, deslizó la toalla con sus manos poniéndola a un costado de la cama, lentamente se acuclilló frente al “niño” que seguía sentado en la cama con asombro de verle vestido así, se acuclilló abriéndole las piernas y tomando el pene peludo se lo llevó a la boca haciéndole sexo oral, la marca del lápiz labial en parte quedaba impregnada en la piel del pene del “niño” que miraba complacido, la lengua se deslizaba entre los testículos haciéndolo suspirar fuertemente tras aún no salir de esa deliciosa sorpresa de entrega, al apartarse del pene Venancio vestido de mujer con la ropa de su hermana se puso en pie y delante del “niño” lentamente puso un pie en el borde de la cama y el #niño” besándole las piernas le quitó los tacos y luego se sentó sobre la pelvis del “niño” haciéndole movimientos sexuales como bailarina de cabaret de la época de mediados del siglo XX, las manos del “niño” se deslizaban sobre la humanidad de Venancio, le fue pasando las manos rozándolas por el vestido, sus manos experimentadas recorrían todo sus piernas deslizándole las mallas, realmente el hijo de Squeo estaba excitado, y deseoso moviéndose así tan deliciosamente, para él se sentía genial, a continuación le besó el cuello, luego fue bajando lentamente al pecho que estaba descubierto por el escote del vestido, le besaba con intensa pasión, luego hizo a un lado el escote y empezó a mordisquear la espalda de Venancio para luego manosearle las tetillas mientras le besaba el cuello, Venancio cada vez estaba más y más excitado, estaba siendo erotizado e iba a ser amado por un quinceañero como lo era el “niño” quien siguió tocándole con sus manos recorriendo su estómago y cintura, finalmente los dos estaban completamente excitados besándose apasionadamente, las manos del “niño” tocaban las mejillas del nene de nueve años, notaba el maquillaje puesto para la ocasión, sonreían mutuamente seguramente por lo que estaban haciendo de una cómplice, ambos con los ojos cerrados se daban besos con lengua, la boca bien abierta, se sentía lo caluroso de sus pieles, se abrazaron y se besaron, no había duda que el “niño” comprobaba a través de esas caricias y esos besos que Venancio vestido así deseaba ser suyo, jugueteó un buen rato con las tetillas simulando ser los senos de mujer, la lengua recorría ese lugar y asimismo volvió a besarle, metía su lengua hasta el fondo, le hacía disfrutar con sus besos, y lo hacía porque era importante, sentirse de su pertenencia, en la mente de Venancio se formaba el deseo de que el “niño” metiese su pene en él por eso deseaba ser totalmente suyo con esos movimientos insinuantes, mientras le besaba y le hacía vibrar las manos del nene de nueve años se deslizó por la pelvis y tomó su pene vestido a manera de tratar de empezar a masturbarle, el “niño” algo sorprendido se estremeció l ser rodeado su cuello por el pequeño hermoso Venancio Alberto, volvió a besarlo ahora con mayor intensidad y también metió las manos por el vestidito manoseando las piernas infantiles bajándolas por ese cuerpecito caliente de niño precioso de piel suave, pasó por el cuello, luego por las tetillas nuevamente mordisqueándolos, haciéndole estremecer de placer, eso era recurrente, mientras al tocarlo daba cuenta que su pene se ponía cada vez más duro, los labios del “niño” de quince años bajaron por el estómago de Venancio, hasta que finalmente llegó a meter la mano por el calzón que llevaba puesto para la inolvidable ocasión llegando a tocar ese penecito lampiño erecto deseoso de sexo, el “niño” de quince años se acuclilló mientras Venancio luego seguía en pie, los ojos del “niño” vieron los zapatos de taco que Venancio llevaba puestos, sonrió pensando en las caídas que se habría dado antes de llegar aquí, dirigió su mirada al vestidito, lo alzó y así aún acuclillado levantó el vestidito para luego bajar el calzoncito y al penecito lampiño de nueve años empezó a besarlo haciéndole estremecer, luego metió su lengua hasta el fondo entre los testículos lampiños haciéndole vibrar, Venancio con sus ojos cerrados y mordiendo sus labios no quería que parara, disfrutaba sentir esa lengua dentro de sí, el “niño” se puso en pie frente a frente viéndose por unos segundos, luego las lenguas se encontrarían nuevamente en fuertes besos apasionados, el “niño” lo envolvía nuevamente en esos besos apasionados que le dejaban sin aliento, mientras tomaba su pene y lo dirigía a su vestidito, el “niño” no podía aguantar más, a través del glande se mostraba la mancha del líquido pre seminal formada producto de tanta calentura que experimentaba, le acuclilló a Venancio diciéndole con ternura tras acariciarle el rostro y su pelo para que otra vez su pene entre suavemente por esa boquita de labios carnudos muy sensuales, amaba esa sensación, el deseo iba aumentando, él empezó a envestirlo bucalmente cada vez más fuerte, la adrenalina aumentaba y el tiempo se iba alargando, pero eso no impedía que se podía parar, él le levantó y se dirigió a la cama, el “niño” se sentó en el extremo de la cama teniendo parado el pene en frente a Venancio e hizo levantar el vestidito y así ver el penecito erecto y para así llevárselo a su cavidad bucal, Venancio moviendo sus caderas sujetas de las manos del “niño” comenzó a embestirlo más y más hasta que decidió detenerse, para Venancio fue la sensación más apasionada y deliciosa que pudo haber vivido en su boca al sentir ahora el roce de los peludos testículos en su rostro especialmente en sus mejillas, el “niño” sonreía viendo rozar sus genitales en el rostro de Venancio Alberto, se giró de espaldas para recibir sus abrazos de ese hermoso niño que le había excitado, lo acostó en la cama y saltó sobre él uniendo las frentes, y fue otra ronda de buenos besos acostados en la cama, ambos sentían mucho placer al estar así mutuamente, sin duda alguna esta era la mejor oportunidad que estaban buscando, así lo entendió el “niño” al notar esa actitud de Venancio de haberlo visitado en su cuarto así vestido de hembrita, Venancio se acostó encima del “niño”, para ese momento esos cuerpos ya estaban desnudos a plenitud de sexo libre, Venancio sintió aquellas manos en el acariciar y sobar de sus nalgas, los dedos del “niño” comenzaron a rozar el sexo anal hurgando en su intimidad a la vez que comprobaba lo caliente que estaba en ese momento, minutos antes lo miró desnudarse en su presencia, observó su cuerpo y su miembro largo y grueso coronado con una cabeza enorme color rojiza, le tomó de la cabeza y comenzó a marcar la pauta para que lo mamara como él quería, Venancio cerró los ojos y se entregó al placer, mientras lamía ese pene miraba al “niño” gozar con las mamadas que le daba a su miembro, le separó lentamente y le depositó sobre el colchón, comenzó a besarle de los pies, con sus latentes manos hurgó en cada rincón de su cuerpo, se separó por unos segundos, para luego observar la panorámica de verle acostado, desnudo, dispuesto a su entrega sexual, Venancio se sintió esa mujer que llevaba dentro tal como tantas veces el “niño” y otros se lo habían dicho y que tatas veces se resistía al no dar crédito de aquello, sobre todo el “niño” que insistentemente le decía que era “su mujercita” en cada encuentro cuando dejaba su semen en la boca o sobre los glúteos voluminosos que tenía y que esa voluptuosidad más su amaneramiento al andar daban esa facha de hembrita en Venancio Alberto, más aún Venancio vestido así con ropas de hembra que le pertenecían a su hermana y que secretamente las guardaba para ponérselas, ahora esas prendas estaban el cuerpo de Venancio Alberto, aquel hermoso niño de recién cumplidos los nueve años hace pocas semanas era ahora quien experimentaba sensaciones nuevas cuando así se vistió, se abrió de piernas dejando ver todo el nacimiento de su sexo anal completamente mojado tras ser ensalivado por labios del “niño”, Venancio con un gesto insinuante le hace saber al “niño” que estaba listo y lo hizo a través de un gesto dibujado en el rostro que el “niño” supo interpretar, tragó saliva y bajó la vista, el pecho sudaba y su respiración se escuchaba con dificultad, el “niño” se subió encima de Venancio y se aprestaba a moverse sexualmente al estilo misionero, le deslizó la mano por las piernas y vientre haciéndole sentir agradable el momento, el “niño” le rozaba su pene quinceañero muy velludo con el de Venancio en varias ocasiones no pudiendo evitar el gemir al sentirse así en esa postura sexual, y comenzó a montarse de una forma sutil moviendo las caderas, deslizó sus manos encorvando el cuerpo para que Venancio pudiera ver cómo se rozaban los penes, “mira, quieren jugar” le dijo el “niño” a Venancio, “mira cómo se mueven” era el pene velludo de quince años que se desliaba muy erecto sobre el pene lampiño de piel morena clara de nueve años, el golpe de respiración entre los dos se hacía intenso al golpear sus mejillas próximas, se olían sus cuerpos ya para entonces empezando a sudar, luego sus rostros se acercaron así también sus labios se rozaban dándose un beso muy sentido “eres mi mujer, no lo olvides” le decía mientras rozaba su nariz en la mejilla de Venancio volviendo a besarse nuevamente, “viniste auí para que te haga mi hembra”, se miraron por unos instantes, el “niño” vio la decisión de Venancio Alberto en su rostro infantil, “viniste para hacerte el amor”, continuaron besándose apasionadamente con lengua, ahora Venancio sentía diferente aquellos besos, como con mayor ternura, insospechada actitud del “niño” que le había afirmado que “te lo voy a hacer con amor… ya lo verás”, sus acaloramientos se incrementaban en cada roce de piel, Venancio se sentía más relajado limitando a responder sólo moviendo afirmativamente su cara con sus ojos cerrados a las aseveraciones del “niño” que era el activo de ese momento sexual, “desde ahora y siempre serás mi mujer” Venancio abrió los ojos y mirándole fijamente a los ojos éste asentía ante la aseveración del “niño”, los restos de lápiz labial que Venancio se había colocado en sus labios ahora se notaban impregnados en los labios y mejillas del “niño”, sonrió de solo verlo así marcado de lápiz labial, el “niño” interpretó aquella sonrisa acompañándole en la risa, Venancio comenzó a gemir al sentir como el miembro se abría paso para incrustarse entre los testículos y tronco de pene lampiño de Venancio, el “niño” perdía su control de sus actos y se montaba besándolo apasionadamente a Venancio maquillado, se acostaba sobre él, el “niño” así comenzó a cabalgarlo, diciendo obscenidades a voz baja y bufando como siempre al oído, comenzaba a convulsionarse preso de su orgasmo y comenzó a brincar y a rozarse los penes peludo y lampiño con mayor rapidez, meneando sus caderas buscando la forma en que llevase al orgasmo al pequeño Venancio, y lo estaba consiguiendo pues las manos del niño de nueve años se sujetaban de las caderas del “niño” de quince años manifestando así su aprobación y entrega de lo que estaban haciendo sexualmente, así de tanto movimiento el “niño” se dejó caer desmadejado como si fuera una muñeca de trapo entre sus pechos, el “niño” seguía subido sobre Venancio y comenzó a manoseare el pene con fuerza, metiendo todo ese miembro lampiño en su boca, se tomó todo el tiempo en hacerlo, a lo sumo unos 10 minutos, la noche era suya, hasta ese momento Venancio tomaba conciencia de que el “niño” no había usado condón y se podía ver en firme ese hermoso pene peludo bien erecto, “míralo nena” “lo tienes lindo” “quiere seguir jugando” luego de ver el brillo en que quedaba el pene de Venancio con la saliva puesta en la piel el “niño” sonreía, lentamente se acostó a su lado, nadie hablaba, solo se escuchaba la respiración de cada uno, Venancio para ese momento había ya perdido la moral del recelo y la timidez, estaba seguro de lo que hacía y sobre todo lo que quería, su adre, su hermana, la coach, su amiguito Kleiner fueron el detonante para aquello de estar así de decidido, estaba seguro de lo que en ese momento convivía sexualmente ahora con el “niño” de quince años, no le importó en lo más mínimo que lo vea así vestido de hembrita, Venancio se olvidó de todos sus miedos, se abrazó con fuerza a su cuello, lo besó y con tanto anhelo y pasión le dijo al oído, “síguelo haciéndolo… bésame”, tanto así que se besaron apasionadamente, sus cuerpos cálidos del deseo rodaban sobre la cama, al detenerse Venancio sintió las manos del “niño” en sus caderas, su mente era un caos de sensaciones, el hijo de Squeo sabía a través de su mente e idea que le iba a doler pero lo quería intentar, suspiró, lo besó con tanta fuerza al “niño” que al abrir sus ojos Venancio estaba acostado sobre el “niño” y le pidió insistentemente que siguiesen con los besos apasionados, así lentamente el dedo se deslizaba por el cuerpo del niño de nueve años, quedaba puesto sólo el hoyito siendo rozado lentamente, aún Venancio tenía maquillaje y algo de pintura en sus labios, en ese momento el niño de nueve años hizo movimiento de trasero voluminoso de piel morena clara que se desconocía de sus nuevos actos sexuales, es que sentían sus miradas, vio levantarse al “niño” teniendo en su mano la vaselina, luego le tomó de las manos llevándolo a la silla que estaba junto a la cama, Venancio se sentía entre excitado y sonámbulo pero caminó de la mano del “niño” iniciador decidido a darse placer, lo cierto es que el “niño” aún tenía un poco de incredulidad, no podría creer que estuviera allí luego de tantos minutos para iniciarlo en el sexo a plenitud al hijo de su patrón Squeo, ese niño estaba allí para entregarse a plenitud, el vestirse así le sorprendió al niño, esa actitud gustaba pero también guardaba cautela por lo que seguiría, Venancio Alberto era llevado de la mano, la silla estaba junto a la ventana que estaba cubierta con la cortina pero se movía a efecto de que desde el cristal estaba deslizado dejando entrar una corriente leve de aire considerable en aquella significativa noche naciente para ese rato, el niño le tomó de la cintura y comenzó a acariciarle las nalgas que estaban al descubierto a efecto de que Venancio estaba doblado encorvado en la silla, sus rodillas estaban pegadas a su pecho dejándose ver ese culito hermoso con ese hoyito rosáceo, las manos del “niño” acariciaban esos glúteos voluminosos, un dedo índice comenzó a separar buscando ese pequeño orificio, abrió más la separación de los glúteos y empezó a introducir medianamente el dedo con saliva haciéndole fruncir la expresión facial del nene de nueve años que abría la boca cerrando los ojos bufando, el dedo entraba en ese anito infantil hasta el aguante por efecto de tanta saliva depositada, ya para ese momento Venancio vio en el suelo junto a la silla lo que le quedaba de ropa, ese calzoncito rojo momentos antes había sido deslizado por sus piernas pasando por sus pies de tan bien cortadas uñas, se colocó de mejor forma boca bajo sobre la silla empinando el traserito, sintió aquellas manos separar sus glúteos dejando el ano ante la lengua del niño que se lo chupó una y otra vez a la altura del coxis, y hasta dilatarlo metiéndole suavemente el dedo que lo llevaba a la nariz de Venancio Alberto diciéndole “huele tu culo… anda”, la saliva estaba siendo su efecto, el hijo de Squeo tenía los ojos cerrados y estaba tumbado en posición de cuatro sobre la silla con su encorvado trasero al aire y el “niño” detrás de Venancio dándole lengua a ese hoyo sin parar, otra vez buscó dejarle saliva dilatando con el dedo que se lo llevaba a la nariz para olerlo y sonreía constantemente, luego vino la acción de la vaselina, el “niño” se untó en uno de sus dedos y comenzó a meterlos suavemente buscando no lastimarlo, “relájate… mi princesa” “verás lo rico que es hasta el fondo” le decía, “afloja el cuerpo”, “tengo que lo sientas suave”, “no quiero lastimarte” “y tú me tienes que ayudar para que no te duela” “anda, mi princesa, déjate ser mí mujer”, “viniste aquí para que te lo haga” “así que ahora déjate” “lo quieres… ¿verdad?” Venancio asintió complaciente y muy obediente y de inmediato sintió aquel dedo metiéndose a la entrada del hoyito y fue como si recibiera una descarga, electrizándose su piel, luego fue aquel dedo con más vaselina y así con eso comenzó a moverse, a gemir y bufar, ya que con fuerza sutil se agitó el cuerpo desnudo y se lo sacó, “¿ves que es muy rico?” “te gusta mucho, eh?” “mi princesa, mi mujercita” luego de unos minutos el “niño” de quince años veía lo relajado que estaba por un momento aquel nene de nueve años, así que comenzó a meterlo nuevamente, a moverlo de un lado a otro sintiendo lo estrecho y caliente de la entrada del recto de piel morena clara, dentro de sí Venancio decía “házmelo o me voy arrepentir de haber venido”, fueron sus pensamientos en su interior, el “niño” se untó vaselina en su miembro, abrió los glúteos y ese vibrante miembro empezó a rozar esa tibia piel infantil quedando el glande a la entrada de ese hoyito, empujaba y empujaba sutilmente haciendo que la vaselina roce ambas pieles a manera de lubricación, el pene del “niño” estaba tratando de penetrar haciendo que el nene bufase, las manos del “niño” se posaban sujetas en la espalda de Venancio, el viento hacía mover la tela de la cortina por efecto de estar abierta la ventana, esa tela rozaba el rostro del pequeño, el mentón del “niño” se posaba sobre la cabellera de Venancio expulsando la respiración que se impactaba en el suelo, “siente cómo te lo hago” le decía con una mano apoyada en el coxis y la otra empujando el glande entre los glúteos “eres mía” “mía, sólo mía” ponía más vaselina y empujaba el glande y mientras eso hacía le decía a Venancio viendo a través de la ventana “mira esta noche, recuérdala siempre” suspiraba diciendo “recuerda esto, recuérdame a mí a tu marido” empujó la cadera un poquito, el pene erecto trataba de penetrar a plenitud, Venancio pujaba y así entre jadeo y gemido fuerte no aguantó más y le dijo “házmelo despacio por favor” “me está doliendo… más suave”, el “niño” asintió ante la súplica, entendía así que Venancio lo deseaba, que estaba a disposición, que su entrega era absoluta, quería saber qué se siente pero aún mostraba su temor y le pedía que lo ayudase con ternura, así que se propuso hacerle con amor, apoyado en la silla el rostro de Venancio dibujaba ese gemido característico de ser sodomizado, el “niño” con delicadeza extrema y cuidado efectivo intentó una y otra vez sin lograr vencer la resistencia de ese esfínter, Venancio lo regresó a ver y le miró el pene hinchado que le pareció imposible que se lograra entrar sin lastimarlo, hizo leves movimientos pero se deslizaba hacia afuera, era tanto el esfuerzo en esa noche que los cuerpos estaban sudorosos, así, se apartó del nene agitando su mojado pene peludo con restos de vaselina, Venancio se sentó en la silla, tenía restos de vaselina en su hoyito, sintió el frío metal en la piel de los glúteos, el “niño” agitaba el pene “¿te gusta?” el nene hijo de Squeo asentía tímidamente con su carita “míralo bien” le decía tratando de estimularlo con seguridad “te va a hacer sentir eso que tú quieres y que yo quiero” “que seas mi mujer” agregando “te va a hacer sentir lo que tú quieres saber” el niño con esa aseveración había tocado el punto objetivo por lo que Venancio había tomado la decisión de estar allí, en verdad quería estar seguro de lo que se siente de una vez por todas, saber lo que su madre siente al hacer penetrada, quería saber lo que se siente con un pene de ese grueso y largo dentro de su trasero, quería evitar los miedos y esas palabras del “niño” lo motivaban a seguir con el propósito de saber, quitarse esa duda que lo atormentaba, para Venancio ese día era muy significativo pues desde que despertó vio a Kleiner y otros niños orinando en la orilla del lago, luego lo del bus y del cubículo en los baños de adultos, Venancio quería de una vez por todas pasar la línea sexual discreta de lo que hasta ahora llevaba, el “niño” estiró su mano dirigida a Venancio quien se agarró de la mano siendo conducido a la cama, ambos cuerpos desnudos caminaban pausadamente, el “niño” vio la forma amanerada de caminar del nene, se sentaron viéndose y acariciándose con manoseos los penes, se besaron apasionadamente, con la mano en el pecho lo fue acostando lentamente en la cama diciéndole “Venancio, eres un niño hermoso” acostándole “pero ahora vas a ser mi mujer si lo quieres, ¿eh?” el niño de nueve años asintió, “quiero que sepas que eres lo más lindo que hay y eso que tienes allí me gusta y va a ser mío” indicándole con la mano su culito, sonrieron, le hizo unas cosquillas por las costillas a Venancio, así logró estabilizar el buen humor del hijo de Squeo, acariciándole sus partes íntimas, puso la carita de Venancio encorvado sobre su cama y que descansaba sobre ente dos almohadas, otra debajo de su abdomen, el traserito encorvado se mostraba a plenitud, sentía los besos en su espalda por parte del “niño”, eso lo relajaba, le hizo una pregunta muy sentida “¿Quieres ser mi mujer para siempre?” la pregunta tuvo respuesta de Venancio moviendo afirmativamente desde su posición, en el interior de Venancio se decía “hazlo, no te detengas, solo hazlo” giró su cara para verlo y en silencio se miraron, de sus ojos salía la expresión escondida en su mente que para él interiormente se decía “si grito, lloro, no te detengas, solo tómame o me voy a arrepentir de haber venido”, sólo de su mirar y de sus labios emitió dos palabras esenciales para ese momento “sí… hazlo” al oír eso la sonrisa del “niño” fue muy amplia acariciándole y besándole el pelo de forma apasionada bajando por la espalda hasta llegar al coxis y glúteos, luego el “niño” se afianzó de las caderas de Venancio, así, sentía la presión en su pequeño orificio, cerró sus ojos, lanzando un quejido y grito cuando la cabeza del pene del “niño” con crema comenzó a penetrar, a vencer la resistencia que ofrecía su anillo anal, el “niño” se afianzó de la cintura con fuerza evitando que Venancio se zafase de su pene, Venancio mordía los labios evitando gritar, llorar, intentó levantarse, y le afianzó con fuerza, abrió sus ojos y sin decir palabra le hizo señas inclinando su cabeza de que le dolía, que le estaba lastimando, aún no había penetrado del todo, Venancio balbuceaba, el “niño” le dio unos segundos de respiro acostándose a su lado, luego Venancio se dejó caer sobre el colchón respirando con dificultad, el hijo de Squeo estaba padeciendo lo mismo que su hermano Contardo con Jasmani tiempo atrás, de la misma forma en que el “niño” lo colocó a Venancio apoyado sobre la cama boca abajo con los pies en el piso completamente doblada en cuatro patas con el pecho y su cara boca abajo, vio que se aplicaba crema y le ponía más crema acercándose y separando los glúteos, así suavemente le aplicó la crema pasando por la entrada del hoyito ya dilatado de tanto roce de pene, lo volvió a meter de a poco tratando de romper el esfínter, Venancio pasivamente pensaba en su interior mordiendo la sábana con más fuerza diciéndose a sí mismo interiormente “solo, hazlo, ya”, “ no importa que me lastimes, solo hazlo” el “niño” estaba colocado detrás de Venancio y comenzó a empujar, poco a poco comenzó a penetrarle en cada empujón del pene en el hoyito Venancio respondía abriendo la boca con la cara fruncida y los ojos cerrados sus manos haciendo puños a la sábana, Venancio arañaba el colchón con sus férreas manos, el “niño” miraba cómo Venancio sacudía la cabeza, comenzando a quejarse, ya tenía los ojos llorosos por el esfuerzo de no gritar, de reprimir su dolor, en una embestida ligera, Venancio no aguantó más y comenzó a gritar con fuerza cuando el “niño” comenzó a meterle la mitad de su glande por ese hoyito anal, así el pequeño de nueve años que había sido iniciado y sodomizado por Luciano de la Sierva se dobló por completo, intentó acomodarse para que siguiese penetrando de mejor forma, se mantuvo firme pegado a su pene que buscaba dilatar y penetrar en forma definitiva, el nene se mantuvo quieto, dentro en parte del glande en el hoyito, no dándole oportunidad de moverse, pues estaba bien sometido, tiempo después el “niño” comenzó despacio a moverse, a penetrarle poco a poco, Venancio comenzó a gemir, a rotar las caderas, a menear su traserito al encuentro de ese pene con vaselina, ahora el “niño” había cambiado su modo y lo hacía suavemente sobre Venancio, fue el momento que él aprovechó para penetrarle un poco más sintiendo más dolor que las otras ocasiones de penetración, tan solo fueron milímetros de desplazamiento de carne huma en ese hoyito sensible, Venancio gimió más de lo adecuado y mordió las sábanas, se le dobló un dedo por el esfuerzo de sujetar la sábana con fuerza al sentirse sodomizado, se doblegó por completo, el “niño” comenzó a decirle “ya casi mi amor, aguanta” “ya te siento, ya te siento” “ya casi, ya casi” “ya mismo acabo”, “ya vez no te estoy lastimando, aguanta” sin embargo Venancio sentía un dolor insoportable, el “niño” comenzó con su vaivén de entrar y salir con fuerza, afianzado a las caderas de Venancio y el “niño” cada vez que le penetraba le empujaba contra el colchón, lo sentía hasta lo más hondo, le iba sacando hilillo de excremento y le importó ver eso al momento de sacar su pene y rozarlo con la sábana pues en cada instante ante los bruscos movimientos de Venancio el pene no lograba su objetivo de desvirgar ese voluminoso traserito pero así continuó tratando de penetrarlo lentamente, pero sin conseguirlo, el nene se sentía desfallecido, ya el pene estaba en su movimiento lento, con el trasero expuesto para ser abierto pero qué difícil se le hacía al “niño”, perdieron el tiempo de cuanto duró aquella escena, hicieron pausa y así el “niño” se acostó en la cama junto a Venancio para rodarse a un lado bufando, agitado, sudoroso lleno de poca complacencia, las manos de Venancio pasaban por su traserito, un dedo recogió parte de los restos de vaselina y otros de excremento, pese a dolerle mucho primaba su curiosidad en oler aquello desde su dedo, le latía mucho el ano, en parte el “niño” lo había conseguido ´pero se esperaba la totalidad, más, la respiración de ambos se escuchaba de forma intermitente, ya estaban desnudos completamente, en el rostro de Venancio quedaban restos de ese maquillaje, el “niño” miraba los pies de Venancio, esas piernas rellenitas, ese traserito lindo, esos dedos alargaditos de aquellas bien cuidadas manos de niño rico, estiró su brazo para estirarle le pene a Venancio, luego hicieron un 69, largo y provechoso para los intereses del “niño”, Venancio mostraba su interés de seguir a lo que el niño le preguntó: “¿quieres más?” y él respondió rotundamente que “sí” Venancio emitió la frase que marcaría la vida de ambos amantes “quiero ser tu mujer” animado por lo que había escuchado el “niño” sonrió acostándose sobre la humanidad de Venancio besándole la frente el cuello y las mejillas hasta unir los labios con sentidos y apasionados besos, se alzó el cuerpo estirando los brazos con las manos apoyadas en el colchón al lado de las costillas de Venancio eso hacía para que Venancio vea a los penes que se frotaban “mira, quieren jugar… dejémoslos un rato, mira” “¿te gusta?” Venancio respondió “si… me gusta” y lo hace con los ojos entreabiertos, “ahora serás mi mujer como lo pides, primor” al decir aquello el “niño” se acerca al cuerpo, le hace abrir las piernas lo más amplias posibles, encorva el cuerpo de Venancio para que su traserito esté lo más expuesto posible, en los hombros del niño quedan las piernas de Venancio, toma su pene con vaselina abundante y lo mismo hace en la entrada del hoyito de Venancio, lo sujeta con fuerza, así, con una mano sujeta en el pene empieza a entrar, ve el glande lubricando la entrada, Venancio empieza a pujar y gemir “aguanta” le dice el quinceañero iniciador, “aguanta nomás” la pasión primaba por sobre el recelo, Venancio había pasado esa línea, recordaba esa postura que le hacía Luciano de la Sierva y él estuvo a punto de desvirgarle así de esa forma en la cama, ahora el pene del “niño” iba adentrándose más milímetro a milímetro hasta llegar a los lados del esfínter con la idea de finalmente entrar al recto anal aún sin conseguirlo, Venancio mordía los labios “tranquila, mi Venancia” acotando el “niño” “falta poco para que seas mía como lo deseas, mi amor, tranquila” estaba el pene por el camino de la uretra, Venancio lo sentía así con el ardor que el glande del quinceañero ampliaba esos músculos del esfínter anal interno de nueve años, el glande se deslizó unos milímetros más, estaba a medio camino de llegar a la meta, el glande del “niño” sentía la tibieza de la entrañas de Venancio en ese sector de su cuerpo, había penetrado aproximadamente escasos centímetros e iba por más espacio de penetración, ya llegaba al anillo anorrectal, el “niño” cerraba los ojos lleno de complacencia y recordó cómo lo había desvirgado Jasmani aquel dueño de la abacería quemada, Venancio estaba con su cabeza y espalda sobre el cochón de la cama, sus pies alzados con las piernas apoyadas en los hombros del niño, las manos de Venancio se apoyaban en la cadera del “niño” mientras las alzaba y las bajaba, para asegurarse que no se mueva Venancio el niño estiró sus brazos con las manos apoyadas en los hombros de Venancio, se vieron el rostro, Venancio con dolor, el “niño” seguro de lo que hacía mostraba motivación a Venancio, “siente que te lo hago con amor… mi cielo” el pene salía un poco y entraba lentamente tratando de moverse bruscamente “calmadita Venancia, ya casi mi amor, aguanta” el pene salía y entraba lentamente y al empujar el resto lo hacía tal sí que el glande dilataba el esfínter apretadito virginal, llegó el instante preciso, la gravedad ayudó para el efecto de dejar caer el cuerpo del “niño” inclinándose de tal forma que el glande al entrar lo hizo con gran fuerza, así se escuchó un grito desgarrador por parte de Venancio, el glande había dilatado y expandido el ano, los significativos cuatro centímetros que separaban de la virginidad a la otra vida se había cumplido, el latir del glande quedó allí con el tronco del venoso pene peludo dentro de la zona del anillo anorrectal, comenzaron a salir los fluidos sanguíneos a efecto de los vasos sanguíneos rotos, el pequeño Venancio sollozaba, agitado el “niño” unía su frente con la del pequeño de nueve años “ya eres mía Venancia” animado decía “cálmate, lo hicimos, mi amor” “ya eres mía, sólo mía” “tu traserito me pertenece, fui el primero” sacó lentamente el pene viéndose ensangrentado y dilatado con vaselina y restos de sangre, fue por untarse más vaselina en el pene y así de un pequeño empujón que lo hizo gritar más a Venancio siguieron los embistes lentos, ya para ese momento ese ano estaba desvirgado y el “niño” con su glande y el resto del tronco del pene lo ampliaba más “aguanta amor, aguanta” el dolor era fuerte para Venancio “aguanta, mira que después te va a gustar, yo sé lo que te digo, aguanta, amor” así estaban los ojos llenos de lágrimas de Venancio y su boca emitiendo alaridos intermitentes en cada embiste por efecto de la penetración que el niño le hacía “quisiste esto, ahora aguanta” “sé mi mujer, ¿oíste?” “mi mujer” frases calcadas de los encuentros sexuales que el “niño” había tenido con los adultos que lo sodomizaban desde tiempo atrás, y que ahora Venancio los estaba pasando, resignado se dejaba penetrar, se sentía otro, le decía que ya no más pero el niño insistía “déjame abrírtelo todo” acotando “que nada quede por abrir” y así siguió hasta que un asustado Venancio sintió algo dentro de su cuerpo “¿qué es?” preguntó contrariado el pequeño Venancio de nueve años “es mi leche dentro de ti” el asustado Venancio dijo “¿me vas a empreñar?” el niño emitió una carcajada “no, preciosa, eso es la para las mujeres reales, no para ti” adolorido y todo lo demás en su cuerpo se dejó caer de sus piernas viendo a su amante quinceañero que agitaba su pene en señal de victoria logrando alcanzar la meta, el rostro satisfecho que Venancio miraba en el niño demostraba que su pene así por fin logró vencer y romper el anillo de esa abertura anal, de esa forma el ano de Venancio dejó de ser virgen, el pene del “niño” lo había conseguido, minutos después el “niño” estaba acostado a su lado acariciándole el pelo y las piernas junto con los glúteos, diciéndole frases motivadoras, muy juntos y quietecitos abrazados en la cama, tiempo después el viento alzaba la cortina viéndose lo lúgubre de la noche, los ojos de Venancio se fijaron en la estela nocturna que se mostraba a través del marco de aquel cuarto pequeño de garaje, Venancio sentía su ano latir incómodamente, su cuerpo tiritaba del dolor, su ano le ardía, miraba la noche, sí, aquella noche reservada para la fijación en su mente hasta el final de sus días, se había entregado al “niño”, lo tenía a su lado, durmiendo plácidamente, se puso de lado acostado en la cama, le temblaban las piernas y la sábana olía a excremento, estaban manchadas, sucias, le dio vergüenza de manchar las sábanas, antes el “niño” ya le había dicho de aquello “no pasa nada, es normal…” el trasero tembloroso aún por el dolor estaba lleno de semen, entre los muslos de sus piernas y en las sabanas había resto de hilillos de excremento ya secos, apenas podía caminar, tuvo la intención de ir por papel y jabón para limpiarse, intentó sentarse pero en ese instante no pudo hacerlo, no podía levantarse de la cama por el dolor que sentía en su cadera y en sus piernas, le dolía horrible su traserito recién desvirgado, con la crema trataba de mitigar un poco el ardor y el dolor que sentía, puso sus pies en el suelo de aquel cuarto que desde ya significará mucho en la vida de Venancio, lo miró por un instante en su alrededor y de inmediato ya estaba recordando a sus padres, ahora sentía como su madre luego de hacer el sexo, dio unos cortos pasos, vio todo a su alrededor, temblaba aún del dolor, deseaba ir al baño a querer en ese momento satisfacer el llamado a defecar, esa era su primera vez así como estaba y que jamás la olvidará, quedó grabada en su mente, era un nuevo despertar en su vida sexual, sabía que había sido una experiencia que sería difícil de olvidar, pero que se complacía conociendo ahora sí lo que sentía su madre al ser penetrada por un hombre, lo que también sentía su hermana al ser excitada, ahora sí sabía lo de ser “mujer” ya lo había descubierto entonces viendo hacer el amor a su hermana desde muy pequeña, ya lo sabía desde que se entregaba al aprendizaje sexual con Luciano de la Sierva, había elegido al “niño” para ser desvirgado, pensativo por lo que había hecho se pasaba los dedos por la boca sacándose los restos de lápiz labial, se vio en el espejo, su rostro mostraba sentimientos encontrado de satisfacción y culpa, era natural en alguien que había experimentado ese tipo de sexo por vez primera, en su rostro se mostraba la metamorfosis que se producía, sacó el espejo que estaba guindado en la pared y lo puso detrás viéndose el ano dilatado con restos de fluidos en la piel de sus piernas, comprobaba las evidencias de la penetración expuesta, se sentía ahora un nene raro, la metamorfosis estaba desarrollándose en el cuerpo, la sangre mostrada en su piel era evidencia de que había sido sodomizado ahora sí a plenitud, temblaba de verse así, temblaba sabiendo que lo hecho ya no tendría marcha atrás, ya estaba hecho, pensaba qué seguiría, seguramente algo nuevo, miró la cama donde estaba acostado el “niño”, ya para ese momento había visto todo de Venancio, ya había recorrido todo su cuerpo, emitió una sonrisa hacia el hijo de Squeo, le hizo señas con la mano para que se acercase, tímidamente se miraba desnudo, sus pies descalzos caminaban despacio, antes de llegar a la cama el “niño” presurosamente lo esperaba y se sentó en el extremo de la cama, le hizo señas para que se siente sobre él, así lo hizo con un tanto de timidez culposa, las manos del “niño” recorrían la piernas sudorosas de Venancio, le besaba el cuello y el pelo de forma repetida “ya vez que si te gusta” “eres lindo, precioso igual que tu hoyito” Venancio se limitaba a escuchar del “niño” que le decía “eres mía, sólo mía, no lo olvides, ¿eh? … ¿Sí? ” Venancio con mirada al infinito asentía, sintió el pene debajo de su traserito que se iba poniendo erecto, los brazos del “niño” rodeaban la cintura del niño precioso de nueve años con el objetivo de asegurar comodidad y empatía, el mentón del “niño” se posó sobre los hombros de Venancio viendo ambos ese penecito lampiño que se ponía erecto, las manos del “niño” agitaban al pene lampiño, de labios de Venancio salió una leve y muy tímida sonrisa cómplice parecida a la del “niño” viendo ese penecito, las piernas de Venancio descansaban sobre las piernas poco velludas del “niño”, los pies de ambos se rozaban, sintió más erecto el pene peludo debajo de su traserito, ese pene que había roto su esfínter y su consecuente virginidad, lo levantó luego de besarle repetidamente el cuello y pasarle la nariz, mientras rato después el “niño” fue por vaselina, Venancio sacó debajo de la cama una bacinilla sentándose sobre ella pujando y emitiendo gestos de dolor, le ardía y le dolía el paso del excremento por su ano, parecía que iba a desfallecer, sus manitos se afianzaban en sus muslos, pujaba y gemía de dolor, el “niño” le dio papel para que se limpiase el traserito, “recuérdame siempre cada vez que hagas eso”, le ayudó a levantarse “me gusta tu traserito” frotaron sus narices, le dio besos en los glúteos mientras Venancio se pasaba el papel, lo que vio fue significativo, en el papel estaba la sangre en señal de haber sido desvirgado junto a un poco de excremento, con suma dificultad se limpió el traserito y el “niño” le dio ayuda, se vieron de frente, el “niño” puso sus manos en los hombros de Venancio, unieron sus frentes y se besaron, “te amo ahora más que nunca Venancia”, el pequeño Venancio fue a recoger la ropa, consideró que era el momento de partir, vio por la ventana la noche, aquella noche pensada de que algún momento sucedería y efectivamente llegó, su mirada estaba en el infinito de aquella noche, sentía el latir de su ano desvirgado que le dolía y le ardía, vio su pene flácido, había bajado mucho la intensidad del deseo, giró su cuerpo, vio al “niño” sentado en la cama con la vaselina poniéndosela en su pene, ese pene erecto rojizo al que lo miraba con mucho detenimiento, ese pene que había entrado en su ano desvirgándolo, ese pene delicioso, ese pene único en su vida, Venancio lo miraba estirándose el penecito instintivamente, le dijo que se siente sobre él, así lo hizo de nuevo, lo acomodó de tal manera que el pene quedó con el glande a la entrada del ano y así lentamente se iba sentando a la vez que el pene se introducía, de un sentón Venancio sintió mucho dolor, si algo faltaba por hacer era de completar la total penetración de ese anito infantil, pues el pene había entrado totalmente con esa postura, si algún espacio quedaba por penetrar así había conseguido que entre todo en las entrañas de Venancio Alberto que emitió un grito con alarido, el “niño” lo tenía bien agarrado con sus manos, le hacía alzar y bajar muy lentamente, la boca estaba abierta igual que sus ojos bien abiertos notaban lo adolorido de la acción, las manos del “niño” seguían férreas en la cintura de Venancio, la desnudez de los cuerpos vistos excitaba al “niño” “me gustas mucho mi hembrita… mi Venancia Albertina” le decía así sus nuevos nombres viendo ese pene por el traserito como se introducía gemía Venancio a la vez que el “niño” de quince años le decía: “así, así, quiero, quiero tenerte siempre así, así, así” sentía en su pene lo cálido de las entrañas del pequeño hijo de Squeo, el pene estaba dentro en su totalidad, el tronco se delimitaba a través de la separación de los glúteos que rozaban con los testículos, era meta del “niño” que todo el pene esté dentro del trasero de Venancio y verlo así se complacía, así quedó quietecito con el pene dentro diciéndole mientras movía lentamente las caderas: “así, mi amor, así” Venancio bufaba mientras que el niño estaba en todo su apogeo de placer, cerraba los ojos diciéndole “así recuérdame cuando vayas al baño y botes excremento” jadeaba con gusto “recuérdame así con este tu pene dentro” “no me olvides” “no olvides este momento cuando defeques siempre” Venancio escuchaba esas palabras que retumbaban su mente, “recuérdame así” “recuérdame así, así, así mi amor” el dolor iba bajando pues estaba detenido el movimiento de pene, pero luego se vino el dolor tras encorarse hasta que el pene salió de su hoyito para de nuevo en segundos otra vez lo tenía dentro, así por un lapso de tiempo Venancio alzaba y bajaba las caderas al mismo instante que el pene del “niño” entraba y salía por el ano de Venancio que sentía ardor aún, “cabalga, primor”, “¡¡¡eeessooo, asííí!!!!” “así, hazlo siempre” los cuerpos estaban sudando, la penetración en Venancio era completa a través de esa postura sexual, sacó el pene dejándolo ahora a Venancio Alberto parado sobre el piso rascándose el trasero y metiéndose el dedo tocándose su adolorido traserito, el dedo sacaba restos de vaselina con excremento y un pequeño hilillo de sangre, así parado con dificultad con su cuerpo tembloroso Venancio se tocaba el traserito mientras que el “niño” agitaba su pene con vaselina y excremento con sangre poca, se levantó de la silla para acomodar a Venancio encorvándole al extremo de la cama, luego de besarle repetidamente a espalda y trasero con cuello le abrió los glúteos metiéndole con el dedo vaselina por el hoyito del ano infantil “ahora vas a sentir mejor” sonrió “como perrita” Venancio estaba acostado de cara otra vez sobre esas manchadas sábanas, se olía a trasero, sintió un temple y a la vez un agarrón de manos sobre su espalda, el pene del “niño” iba lentamente entrando en ese traserito, jadeaba emocionaba viendo entrar su pene, ese sometimiento lo estimulaba a decirle “¿ves…? ¡Así lo hacen los perritos!” “tú eres una perrita y yo soy tu perrito, ¡je!” el movimiento de las caderas lo hacía con delicadeza “te estoy sintiendo” “eres mía, sólo mía” “siénteme, primor” empujaba la cadera y Venancio gemía “siente lo que te hago” así movía las caderas y el pene entraba en la totalidad de la cavidad anal de Venancio “nadie más lo hará como yo” los movimientos se hacían más rápido “me perteneces pues te entregaste a mí” fue en ese momento que aun teniendo el pene adentro del nene manoseaba la espalda cayendo su rostro en el cuello dándole cortados besos intermitentes, “nunca me olvides” al besarlo movía las caderas “siente como te estoy haciendo el amor mi princesa” cada frase pronunciada por el “niño” martillaba la cabeza de Venancio, la presión del pene erecto hacía efecto en el ano, el “niño” daba alaridos bien sujeto de las caderas de Venancio y éste a su vez sintió dentro de sus entrañas anales un líquido, era el semen depositado de un hombre en el recto de Venancio, con extrañeza instintivamente trataba de alejarse moviendo el cuerpo pero la rigidez sujeta del “niño” lo sometía a estarse quietecito, se asustó al escuchar de labios del niño “ahora, sí” “ya te empreñé” “ya, eres mía, mía… sólo mía” Venancio sintió que el pene salía de su hoyito y así seguido el poco líquido salía de su traserito manchando la entrepierna, los glúteos y los testículos, lentamente quedó de lado, ahora el dolor menguaba, los dedos recogían los restos de líquidos salidos del ano, fue caminando a la bacinilla a expulsarlos a base de gemidos y jadeos, luego de limpiarse con papel quiso recoger la ropa y salir pero el “niño” de nuevo lo detuvo llevándolo a la cama “ahora eres mi mujer y esta noche como otras dormirás conmigo” Venancio resignado por el dolor se acostó en la cama, el “niño” lo acariciaba, “no te arrepientas de lo que hicimos” aseverando “los dos lo quisimos” enfatizó con ánimo diciéndole “recuerda cómo entraste en este cuarto… eres mi mujer” Venancio escuchaba, vio las luces dejadas en su cuarto, seguramente el guardaespaldas no se acercaría, se escuchaba el sonido de los animales nocturnos, sentía el latido de su ano, pensaba en lo que dirían sus padres si se enterasen, no, no, no era necesario decirlo, era un secreto, la vergüenza se incrementaba, desde hace rato se sentía otra persona, la metamorfosis estaba en todo su apogeo en ese cuerpo infantil, detrás de su cuerpo acostado de lado estaba el cuerpo del “niño”, lo tenía abrazado, notaba que estaba dormido, no era para menos tras la galopante acción sexual, sentía recelo por él, sí, se le había entregado con pasión y seguridad pero ahora el sentimiento de culpa incrementaba el recelo, se preguntaba qué pasaría mañana y los días siguientes cuando tenga que verlo, tenía claro que le pertenecía a ese muchacho que lo había desvirgado, aquel “niño” hijastro del chófer Ramón amante de su madre ya significaría mucho y lo llevaría siempre presente en sus pensamientos hasta el último día de su vida seguramente, aquel hijastro del chófer Ramón, aquel “niño” cuya hermana la “niña” fue desvirgada por Jasmani el dueño de la abacería quemada por Squeo, aquel “niño” cuya hermana dejó abandonando a su hijo y que su madre fue en su búsqueda, aquel “niño” que así le decían de cariño quienes lo conocían desde su nacimiento, aquel “niño” al que Venancio Alberto se le entregó en ese inolvidable mes de de julio de 1960, aquel “niño” quinceañero de verdadero nombre… Clotario.
FIN DEL DUCENTÉSIMO DÉCIMO PRIMER EPISODIO
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