Mi amor y mi amor. Parte II
Nuestros lazos y jugueteos eróticos entre mi novia crossdresser y mi hijo alcanzan nuevos cielos..
El fin de semana empezó con golpes secos en la entrada de la casa.
Mi ex estaba aporreando la puerta porque yo había cambiado el cerrojo para evitar precisamente una entrada sin avisar y me encontrara con mi sexy novia Estrella, una chica crossdresser, compañera de trabajo.
No porque me diera vergüenza, sino porque conocía de sobra a mi expareja y sabía que era capaz de agredir físicamente a Estrella y no quería que pasara esa horrible situación.
Me vestí para salir a ver qué quería la energúmena esa.
Con su distorsionada idea de superioridad moral me acusó con su salchichezco dedo flamigero de vivir en pecado y después de haber hablado su congregación religiosa con su marido y ella, le dijeron que era necesario recuperar a nuestro hijo para llevarlo por el buen camino.
Por supuesto le recordé que ella había sido quien renunció voluntariamente a la custodia legal de Samuel y no había mas que hacer.
Ella firmó y punto.
Me amenazó con demandas y castigos celestiales por ir contra natura en mi torcida y pérfida relación con Estrella, al no acceder a sus peticiones y más aún, por no abrazar sus creencias como la única verdad absoluta y devolverle el derecho que éstas le daban para convertir a nuestro hijo en una víctima más de su manipuladora secta me sentenció a la ira de su dios.
Obviamente éstas son mis palabras, porque esa gente siempre se pinta como lo más puro y limpio aunque tengan cantidad de esqueletos escondidos en el armario.
Se fue pregonando mi caída entre llamas y absurdos similares.
Cerré la puerta y respiré tratando de recuperar la tranquilidad que me había robado la maníaca loca de mi ex y me reproché brevemente por haberme enamorado de ella, en verdad que fuí estúpido al no ver la clase de persona que era, pero bueno… después de todo, sin ella jamás hubiera tenido a Sammy, mi hijo conmigo, así que eso lo compensaba todo.
Caminé en silencio hasta la cocina y preparé café en dos tazas, una con café negro para mi y otra con crema batida y un bombón para Estrella, el amor de mi vida.
Nuestra habitación está arriba, frente de la calle y estaba seguro que los gritos y maldiciones de mi ex la abrían despertado.
Antes entré a la habitación de Samuel para ver si también había escuchado la visita inesperada pero dormía plácidamente sobre su cama.
Las cobijas yacian sobre el piso y mi bebé dormía boca abajo, desnudo y a pierna abierta, abrazando su osito de peluche.
Era una visión tan tierna como erótica.
Si cuerpo terso era prácticamente una hermosa escultura griega, mi vista navegaba de su pequeña espalda a esos hermosos glúteos terrenales que despiertan pensamientos libidinosos y escandalosos para muchos, pero para mi son de una belleza sublime.
Su desnudez en conjunto con su osito de peluche era de ensueño.
Inclinándome podía apreciar ese pene y testículos que había degustado junto a Estrella aquella noche memorable.
Recordar que apenas una semana atrás había tenido un «Ménage à trois» con mi hijo y mi novia me hacía tener una erección intensa.
Me acerque mas a admirar ese hermoso cuerpo marmóreo desnudo y pensé en abrirle las nalgas y comerlo pero las bebidas en la mano me recordaron que de seguro mi novia estaría preocupada por mi, así que seguí mi camino.
Al entrar la ví sentada en la cama, con la lencería que tanto me gusta y usa a veces para dormir.
Me miró sinceramente preocupada.
—Buenos días amor… gracias.
Me dió un beso tierno y recibió su bebida.
Me miró un poco extrañada por mi erección y le conté todo mientras bebíamos nuestro café, empezando por la grata visión de mi hijo desnudo.
Se río y me dijo que por un momento pensó que mi ex habría causado mi excitación.
—Bueno… tal vez tenga que encargarme de esto.
Me dijo coqueta después de acabar su café y empezar a sobarme el bulto que tenía delante de ella.
Estrella me bajo el pantalón y empezó a chupar mi miembro con la naturalidad que le daba el estatus de ser mi amada novia.
El enorme espejo en la pared me devolvía la imagen de mi pareja en lencería y de rodillas, haciendo lo que disfrutaba más.
Movía su cabeza con la maestría digna de una actriz XXX, tragando mi miembro sin asomo de cansancio y con la presteza de quien lo hace por amor.
Mis caderas acompañaban el rítmico vaivén y mi mano, que tomándola del cabello le daba ese aire de sumisión tan excitante.
Sacó mi miembro de su boca y le escupió solo para volverlo a tragar hasta el fondo, repitiendo el placentero proceso una y otra vez.
—Delicia, muito safado… gustoso.
Me decía entre risas, como las chicas trans brasileñas que a veces vemos en las películas porno que ponemos mientras hacemos el amor.
Su cuerpo esbelto y casi infantil reflejado en el espejo me recordaba una pintura de cupido, hecha por un tal William Adolphe Bougeureau.
Belleza pura que contrastaba con lo abiertamente sexual de la felación que me hacía con avidez.
—ggaagghh,gag,gghhhaaagg.
Era el sonido que ahora emitía mientras cumplía sus deberes conyugales.
La calidez de su boca y su maestría con el uso de la lengua me arrancaba gemidos guturales de placer.
No tarde en eyacular con semejante motivación oral y ella me mostró con orgullo su boca llena de mi leche, sacando su lengua y metiéndose los dedos me mostraba la espesa venida que deleitaba su paladar.
Se lo trago y me mostró su boca vacía y se rió.
Tan bella y perversa, tan ella y tan todo.
—Amor…amor….
Me dijo, sacándome de mi meditación cuasi artística.
—Perdón… dime cariño…
Le pregunté en el acto.
—Aquí abajo…
Me señaló su erección que asomaba la cabeza hinchada en su delicada tanga de encaje.
Absorto en mis pensamientos no había atendido las necesidades de Estrella y ella necesitaba de mi dedicación.
Por supuesto me incliné y le baje su prenda, liberando su dura anatomía.
—Pero que rico pene tienes cariño.
Le dije mientras empezaba a succionar lo único que amaba tanto como a mi hijo.
—Que rico… así…si…
Me decía con su voz aflautada, similar al de una jovencita.
Los más de veinte años de diferencia entre ambos no eran un problema, al contrario.
Estrella lo veía sumamente provocador y excitante.
Incluso a veces me decía «Daddy» ó «Papá» cuando estamos haciendolo, lo cual aumentaba invariablemente el morbo cuando cogíamos.
Para mi, el hecho de haber enamorado a una belleza tan joven como ella era un boost enorme para mí ego, lo cual hacia que mi calentura por ella fuera constante.
—Que rica verga tienes Estrella… mmmmhh…
Le decía entre mamada y mamada.
Escupí sobre su trozo de carne y me lo metí de nuevo a la boca, hambriento de complacerla.
—gggagghh,gaaag,gagh.
Se oía mientras aceleraba el ritmo de mi cabeza sobre su glande.
Ella me tomó de la nuca y me lo insertó hasta la base, sin dejarme sacarlo.
Sin ningún pudor me daba duro.
Cogiéndome la boca.
—Paaappiii… paapii… toda… cómete toda… mmmmhhh… aaahhh… paapii.
Me dijo lujuriosa entre empujones.
Empezó a venirse directo en mi garganta, en medio de gruñidos y estocadas profundas, impulsando su leche de amor hasta mi interior.
De reojo, me pude apreciar en el espejo.
Con mi novia temblando mientras sostenía mi cabeza contra su entrepierna, mi nariz se hundía en su abdomen seductor, chocando sus depilados testículos en mi barbilla.
La agarré con fuerza de las nalgas y la jalé hacia mi.
La quería toda adentro y ya mismo.
El placer que sentía se multiplicaba al notar ese estremecimiento de su pene adentro de mi boca.
Jamás había pensado que chupar un pene sería tan estimulante y morboso para mi.
Cuando por fin retiro su miembro menguante de mi boca, un hilo de semen y saliva me unía a ella irremediablemente.
—Desayuno en la alcoba.
Dijo y nos reímos.
—Gracias amor, lo necesitaba.
Me dijo mientras me besaba tiernamente.
Nos abrazamos felices y semidesnudos.
—Ups…tienes algo aquí.
Y parándose de puntitas me lamió de la comisura de los labios los restos de nuestros jugueteos carnales.
Nos bañamos y arreglamos para desayunar.
Al ser fin de semana, nuestro outfit era relajado, mezclilla y playera ambos.
Ella minifalda y yo un pantalón.
Estrella no traía bra, pero la verdad es que me gusta más así, porque se le marcan más los pezones y me vuelve loco.
Antes de bajar a la cocina, pasamos a ver como Sammy dormía desnudo y suculento, aún abrazado a su osito de peluche favorito.
Estrella, se acercó y agarró un glúteo a mi hijo lo sacudió ligeramente, disfrutando su carnosidad.
Sammy se giro.
—Buenos días…
Dijo con una sonrisa adormilada.
—Buenos días bebé.
Le contestó Estrella y le dió un besito de amor en los labios.
Sus manos recorrían suavemente la plácida desnudez de mi hijo, para luego acariciar y revolver su cabellera infantil.
—Buenos días papi.
Me dijo mi niño, lo saludé igualmente y también lo besé en esa boca que tanto placer me había dado.
Le introduje mi lengua en su boquita y el la aceptó complaciente.
—También te amo papi. Bostezó con sueño.
Sentado en su cama, no pude sino recorrer igualmente la tersa anatomía de mi bebé.
Besé su hombro y omóplato, mirando su culito rico, mientras Estrella también se deleitaba en ello.
Mi hijo se estaba durmiendo otra vez, así que lo dejamos. Apenas empezaba el fin de semana y tendríamos tiempo de sobra para escarceos amorosos más adelante.
Dijo el pediatra que estaba entrando en la edad que necesita descansar más porque su cuerpo empieza a sufrir cambios y era importante que reposara cuanto se pudiera, pero que no afectara su desempeño escolar.
Estrella aprovechando sus dotes de fotógrafa aficionada, tomó una foto con su teléfono.
Desnudo y rendido mi bebé dormitaba en su habitación.
La foto se veía increíble y más aún a blanco y negro.
Completamente artística, aunque no por eso menos erótica y cargada de significado para nosotros.
Nos retiramos, dejándolo en brazos de Morfeo, para que recuperase su habitual energía y curiosidad.
Abajo, mientras preparábamos unos panqueques, hablamos de la madre de Samuel.
No tenía miedo de sus alaracas ó arranques homofóbicos e hiper religiosos.
Lo que si me preocupaba era que se llegase a enterar de que hacíamos el amor con mi propio hijo y el no estaba ni cercas de tener lo que llaman «edad de consentimiento»
Y por más que el ó nosotros explicáramos que nunca se le forzó y todo lo hizo sabiendo a que se metía, tendría cero validez ante la ley.
Eso era lo que me preocupaba y a mi novia también.
Cuando por fin el olor a comida y el hambre motivaron a Sammy a levantarse, se presentó a desayunar.
Bajó vestido únicamente con unos calzones tipo nadador azul cielo con estampado infantil y una playera de tirantes blanca de las que usa con su uniforme escolar.
Su erección matutina era obvia a través de la ropa.
Mi novia y yo lo admiramos claramente.
Tras un par de besitos tipo francés de buenos días, ya más despierto, se sentó en su lugar.
Desayunamos tranquilamente en la cocina, un segundo café para mi y un smoothie de fresas para Sammy y Estrella.
Tenían varios gustos en común y bien podrían confundirlos por hermanos. Mi novia estaba más cercas de la edad de mi hijo que de la mía y era natural que se entendieran muy bien.
Terminados y con la panza llena, Estrella y yo le hablamos seriamente de las consecuencias que tendría si alguien ajeno a nuestro pequeño hogar se enteraba de nuestros momentos íntimos.
Estaba más que feliz con nosotros y si guardar un secreto era el precio. Estaba más que dispuesto a hacerlo, aunque le devorara el deseo de gritarle al mundo lo contento que estaba.
No era tonto, había visto suficientes programas de policías para entender lo que podría pasar si se corría la voz, así que solemnemente juró mantener en privado lo nuestro.
Por supuesto también le conté que su madre biológica quería llevárselo, pero el se negó rotundamente.
Se sentía profundamente dolido del abandono y no quería saber nada del tema. Nunca, punto.
Aún era temprano para ir al cine, como habíamos planeado, así que fuimos a la sala a ver un rato el televisor.
Estrella era la encargada y escogió un programa de patinaje artístico sobre hielo.
Los jóvenes patinadores vestían atuendos con transparencias que resaltaban su atlética anatomía, razón por la cual le gustaba tanto a ella y la verdad también yo le había hallado el gusto.
Los tres nos sentamos a verlo, está vez, juntos en el mismo sofá, que aunque es para dos, con el breve tamaño de Estrella y Sammy cupimos perfectamente.
Mi hijo estaba en medio y trajo la consabida manta que más que resguardarnos del frío, se había convertido en el preludio de nuestros jugueteos eróticos. Pues bajo ella nos tocábamos mutuamente nuestras partes.
Estrella por su parte tenía una botella de aceite de oliva que rápidamente rodó de mano en mano, para lubricar nuestros penes.
No llevaba ni dos minutos, cuando pude sentir la manita de mi hijo rozando mi verga, que no tardó en levantarse. Por otro lado, Estrella tenía ambas manos bajo la manta, con una se masturbaba y con la otra a mi niño, sin dejar de mirar a los efebos deportistas con deseo.
El movimiento bajo la manta era obvio.
Subía y bajaba rítmicamente y Sammy lo disfrutaba mucho.
Me bajé el pantalón por completo y mi niño me agarró de lleno la dura verga, su manita hacia cuanto podía para estimularme.
Las rápidas miradas que lanzaba a mí bulto eran un fuerte motivante sexual.
Le gustaba verse así mismo como masturbaba el pene de su papá bajo la manta.
Se mordía los labios mirando embelesado el subir y bajar de la manta.
Estrella se cansó de disimular, que a estás alturas estaba de mas y arrojó la manta al sillón individual.
Mostrando su minifalda subida y su pene aceitado y listo para la acción.
Nos besamos de lengua y luego se puso a besar a mi hijo, toda caliente.
Sus lenguas entraron en franca batalla, empujándose y retorciéndose entre ellas como si tuvieran vida propia.
Sammy abrazaba y recorría el cuerpo de mi novia con la presteza que da la novedad de su despertar sexual.
Estrella se dejaba hacer y terminó quitándole la playerita a mi hijo, dejándolo solo en su mini trusa azúl cielo con estampado de conejitos a media nalga.
Sammy lamió y mordió los pezones erectos de su futura madrastra, llenándola de placeres inconfesables.
Me giré para apreciar mejor la escena y Estrella, subiéndose al sofá acercó su miembro a la cara de Sammy.
El sabía ya muy bien que hacer.
Así que abrió la boca y Estrella empezó a introducir su pene erecto entre los labios de mi pequeño hijo. Poco a poco.
El tamaño de la suculenta paleta de mi novia era el preciso para que mi hijo practicara su felación sin sentirse ahogar por el miembro de ella.
Mi hijo no soltó mi pene en todo el rato y lo agitaba con su manita, como si quisiera que viera de lo que era capaz.
Yo tomé el pequeño pene aceitado de mi hijo asomado entre sus calzones a medio vestir y lo estimule con igual devoción.
Era una escena totalmente pornográfica y a la vez íntima y llena de complicidades.
Mi niño me soltó la verga a duras penas y se giro completamente hacia Estrella, poniendo en cuatro su delicado cuerpo.
Regalándome la visión de su culito tierno, asomándose por su ropa.
—Te amo Estrella…— Decía con su vocecita infantil cuando liberaba de su boca la erección de mi novia.
Antes no lo había hecho, así que esté era el momento.
Le quité su trusa a mi hijo y agarrando su culo, empecé a restregar mi miembro erecto contra sus nalguitas con ayuda de un poquito de aceite de oliva.
Mi niño empezó a gemir y a mover la cadera al compás que le marcaba mi lujuria.
Su pequeño derriere infantil hacia que mi pene se viera inmenso.
Estrella lo agarró de la nuca y empezó a insertarle con mayor profundidad y celeridad su barra de placer.
Miraba embelesada mi pene lustroso restregándose contra la desnuda y aceitada retaguardia de mi niño.
—Hazlo…— me decía con la expresión de pervertida que le brotaba con naturalidad.
Yo no podía aguantar mucho más la tentación de cualquier forma, así que lamiendo mi dedo medio procedí a insertarlo en el virginal ano de mi propio hijo.
—Eso mi amor…— Le susurré a mi hijo mientras el le chupaba la verga a mi novia.
—Deja que pase…afloja el cuerpo…—
Lo hice con calma.
Lo único extra virgen que quedaría en un momento sería el aceite de oliva que ayudaba a que todo fluyera con gusto.
Mi niño en plena calentura se abrió las nalgas con sus manitas instintivamente, para permitir que mi dedo horadase su «boypussy» sin restricciones.
—Papi…mas…por favor…
Me dijo implorante una vez que soltó la dura carnosidad de Estrella.
Consciente de ser su primera vez, puse aún más aceite y más profundidad al asunto.
Sammy empezó a dar pequeños gritos de placer cuando mi dedo entró en toda su longitud en su estrecho canal.
Estrella se sacudía su plátano recién aceitado con fiereza, atenta a la incestuosa desvirgación que se cometía frente a sus ojos.
Con la boca abierta de deseo, devoraba con la vista cuanto podía.
Se sentó en el brazo del sofá, frente a Sammy y lo guío para que mi hijo empezara a meterle también los dedos lubricados por su hermoso culo juvenil.
Ésta muestra le dió una clara idea a mi niño de que era lo que pasaba en su culo hambriento por el pene de su padre.
El ano de mi hijo se dilataba con cada segundo que entraba y salía mi dedo de su hoyito, prolongando el placer.
Mi novia, había capturado la manita de mi hijo y le enseñó a meterle uno, dos, tres dedos, hasta que eventualmente le hizo introducir sus cinco deditos.
No era el puño completo, pero era cuestión de práctica y mucho aceite para que lo pudiera hacer.
Yo había insertado mi segundo dedo aceitado en el culo de mi retoño y lo penetraba a la misma velocidad con que el lo hacía con mi novia.
Ella se masturbaba frenética, sin perder detalles de lo que ocurría.
Escupí una vez mas en su entrada posterior de mi niño y lamí con enorme placer su inmaduro culo.
Saboreé el exceso de aceite de oliva y sus sabores naturales como el manjar más exquisito.
Me puse en posición y empecé a penetrarlo lentamente.
El se arqueó y lanzo un grito sordo ante la sensación de recibir el miembro erecto de su papá.
—Relájate…sshhh…tranquilo…— Le decía mi novia a mi niño al oído.
La apretada y caliente cavidad era un imán para mi pene y más que luchar por meterlo, estaba luchando por no dejarle ir mi erección completa de un sólo golpe.
Tenía que acostumbrar su agujero todavía virgen a la dilatación profunda y no quería lastimarlo en el proceso, pues lo amo con locura y jamás lo lastimaría a propósito.
Tal vez hubiera sido prudente que fuera mi novia quien se lo cogiera primero por tener un pene más modesto, pero mi lugar como cabeza de familia me otorgaba la obligación de ser quien estrenara sus profundidades y no pensaba declinar el placer ni posponerlo mas bajo ningún concepto.
Tras una pequeña batalla mi pene estaba a punto de lograr su objetivo y mi niño se veía ya acostumbrado a la invasión anal que acometía su propio padre en su grácil cuerpo.
Poco a poco el ritmo se impuso y los gemidos de mi hijo se hicieron cada vez más fuertes.
Lo sostuve de los hombros para penetrarlo mejor.
—Aahhh…aahhh…aahh..
Salía de su boquita al compás de mi miembro.
Incluso parecía imitar el tono que mi novia usa cuando la penetro a ella.
—AAAAHHH… maaas…mmaaas… papi.
Sus palabras llenas de placer y su tono suplicante, tan femenino y sexy era un manjar para mis oídos.
Estrella se había acercado y miraba con lujuria las expresiones eróticas de mi hijo.
—plop,plop,plop. se oía como ráfagas sexuales mientras yo penetraba a mi hijo por primera vez.
Lo hacía intensamente, rápido y profundo.
—Plop, plop, plop. Mientras mis caderas masculinas chocaban contra sus nalgas apenas en desarrollo.
Mi novia miraba desde primera fila como estaba yo penetrando a mi propio hijo.
Ver semejante momento, aunado a la desvirgación del caliente y apretado hoyito del amor de mi hijo me hicieron llenarle el culo de mi leche madura y perversa.
Al retirar mi miembro, pude ver el ano de mi hijo abrir y cerrar como si buscara mi pene para llenarlo.
La venida escurría por su culo y piernas hasta la cara de mi novia, quien se apresuró a devorarlo en cuanto lo vió gotear.
Enferma de éxtasis carnal.
Mi niño cayó rendido sobre Estrella, sudando y tratando de recuperar el aliento.
Los tres agradecimos a la vida por disponer las cosas para que pudiéramos amarnos como la familia que éramos.
Diez minutos después, nos empezamos a arreglar para ir al cine.
Sammy, estaba radiante, al igual que mi novia Estrella y aunque no hubo ningún tipo de queja ó lloriqueo por parte de mi hijo Samuel, pude apreciar que en momentos le costaba caminar un poquito cuando estábamos en la fila del cine.
—Fin.—



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