Mi coach y yo
Un pequeño cuenta cómo inició todo con su macho..
Hola, soy Samuel. Tengo 13 años y hace un año y medio conocí al amor de mi vida, mi dueño y maestro. Él es mi coach.
Mi padre siempre ha sido un macho de la vieja escuela. Para el un hombre debe ser dominante, debe tener muchas mujeres y nunca de los nunca debe llorar.
Desde pequeño siempre había tratado de seguir sus pasos para que se sintiera orgulloso de mí, pero siempre he fallado, pues soy un llorón.
Así que a dos meses de cumplir 12 años me inscribió en el gimnasio de boxeo más reconocido de la ciudad y decidió pagar un coach para que me guiara y me hiciera hombre. Si supiera que me hizo su hembra, le daría un infarto al viejo.
La primera vez que lo vi mis piernas temblaron y sentí mariposas en el estomago. Quiero aclarar que nunca me habían gustado los hombres hasta que lo conocí.
Desde el primer momento quise dar una buena impresión e hice todo lo que me pedía. Mi cuerpo comenzó a fortalecerse y me hice más ágil.
Mi padre notó los cambios y por primera vez se sintió el hombre más orgulloso del mundo. En plan Simba me presumió a sus amigos diciendo que por fin me estaba volviendo un macho.
Cuando cumplí 12 años, mi padre invitó a mi coach como agradecimiento y en el evento se volvieron buenos amigos. Mi madre no le gustaba el hecho de que me estuviera convirtiendo en mi padre, pero no puso hacer nada por lo sumiza que siempre ha sido.
El tiempo pasó y me hice más alto y algo musculoso, pero no demasiado, pues mi cuerpo apenas está en desarrollo. Ya estaba por cumplirse un año yo coach le dijo a mi padre que estaría listo para el siguiente nivel. Esto era un entrenamiento especial, diseñado por él y en su casa, donde había todo lo necesario. Mi padre aceptó que lo tomara y me dejó ir a su casa.
El entrenamiento nuevo si que es arduo, pero lo hice sin titubear. Así le di duro y al año de haber iniciado todo mi entrenamiento, a dos meses de los trece, en vez de las cuatro horas habituales, hicimos dos, porque en el descanso me agarró por la espalda y me abrazo. En ese momento sentí su verga en mi culo y sus manos sobaban mi abdomen mientras comenzó a besarme el cuello. Yo no me pude rechazar y desde el primer momento gemí agudamente. «Sabía que eras una putita. Esperé todo este tiempo hasta ponerte en forma para poder hacerte mi hembra, porque me gustan los putitos musculosos y ya eres uno.» Esas fueron sus palabras.
Ese día me besó por todos lados. Boca, cuello, pecho, andomen, piernas, mamó mi verga de 10 centímetros y mi culo.
Así fue el entrenamiento a partir de ese momento: dos horas de los ejercicios y dos horas de pasión. En ese tiempo aflojó mi culito con sus dedos y para mi cumpleaños me llevó a una cabaña privada que rentó, diciéndole a mi padre que era un campamento de boxeo. Ahí me hizo su hembra.
Desde que llegamos me quitó la ropa y me llevó a la habitación donde disfrutó largo rato de mi cuerpo, hasta que decidió que era hora. Me pusó en cuatro, untó aceite en su verga y mi culo e inició la invasión con su verga de 18 centímetros. Cuando la cabeza entró gemí como mujercita lo que exitó a mi coach provocando que me dijera cosas ardientes como «eres una perrita, hoy serás una putita completa.
Poco a poco logró meter toda y al chocar sus bolas con mis nalgas me dijo » Feliz cumpleaños, zorrita. Ya eres mi hembra».
Comenzó a mover lentamente sus caderas hasta tomar un busn ritmo. Yo gemía con intensidad y con voz aguda. Pedía más, que me la metiera más adentro. Él solo decía que era buena perra, que mi culo estaba riquísimo, cosa que era por su entrenamiento.
Ese primer polvo duró más de una hora, hasta que vació toda su leche en mi culo. Estuvimos cogiendo sin parar todo el fin de semana gracias a que tomó algunas pastillas azules. Solo nos detuvimos a comer para recobrar energía.
A partir de ese día he sido au hembra y me ha compartido con los demás coaches, pero ni una verga es mejor que la de mi macho.
………….
Saludos. Aquí les traigo este relato corto. Espero les guste.


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