MI PRIMERA VEZ
La verdad, sí quería, pero me daba miedo, era mi primera vez, y además había escuchado que los venezolanos la tenían grande..
Soy Luis, tengo 12 años, soy trigueño y vivo en Tacna, Perú. Todo empezó un día que estaba aburrido y busqué en internet “conversar con extraños”. Entré a una página donde me presenté y puse mi nombre y de dónde era. Al principio nadie me respondió, hasta que él me escribió.
Me dijo que era venezolano y que justo había llegado a Tacna el día anterior. Hablamos un rato y me contó que tenía 30 años y que andaba “arrecho”. Pensé: “mmm, no creo que sea verdad”, pero seguimos conversando.
Seguimos hablando y me di cuenta de que vivíamos cerca. Me contó que estaba alquilando un cuarto, que estaba solo y que quería “compañía”. Me dijo que las pajas no eran lo mismo, que el sexo era más rico.
La verdad, sí quería, pero me daba miedo, era mi primera vez, y además había escuchado que los venezolanos la tenían grande.
Finalmente, acordamos vernos en una plaza que quedaba cerca de donde él vivía.
Llegó el día y estaba muy nervioso, me daba cosquillas en el estómago y los nervios aumentaban a medida que me acercaba a la plaza. Me escondí un poco para esperarlo, hasta que lo vi llegar. Era tal cual se había descrito: alto, un poco más moreno, delgado, con pies grandes y bonitos (sí, me encantan los pies, lo admito).
Estaba vestido con un short, polo de manga y chanclas, y pude ver bien que tenía pies grandes. Pensé: “¡Wao, qué hermoso! Es alto… yo le llegaba al ombligo, jsjs.”
Mientras me acercaba, tenía dudas: tal vez no iba a querer por mi edad. Por eso le hice la pregunta de manera inocente sobre una dirección, solo para poder hablar un poco con él y acercarme sin que fuera obvio.
Él respondió: “Disculpa, chamo, soy nuevo en esta zona, no conozco”. Yo le dije: “Amm, bueno, gracias”.
Después de preguntarle por la dirección, me fui un poco, me escondí y lo observé. Lo vi y estaba como molesto se estaba levantando para irse. No sabía qué hacer, me sentía paralizado.
Cuando pasó cerca de mí, no lo alcancé a seguir del todo, pero le jalé suavemente de una esquina del polo y le dije: “Oye… yo soy Luis”. Mientras decía eso, sentía todo mi cuerpo caliente por los nervios, sin saber cómo iba a reaccionar.
Se sorprendió y me dijo: “¿Tú eres Luis?”
“Sí”, respondí.
Me miró y comentó: “Wao… eres más pequeño de lo que me dijiste”.
Nos quedamos en silencio por un momento. Yo bajé un poco la cabeza y le dije: “Amm… sí, es que pensé que si te decía la verdad no ibas a querer :(”
Me sentí un poco triste y nervioso.
Él me miró y dijo: “Mmm… no te preocupes. Pero… ¿seguro que quieres esto?”
Le dije que sí quería. Después fuimos a donde él estaba viviendo y nos metimos a su cuarto.
Se quedó un momento mirándome y dijo: “La verdad, me sorprendiste…” Hablamos un poco más y le pedí un vaso con agua; me invitó a tomar y eso me hizo relajarme un poco más.
Entonces empezó a hablarme de manera más directa: “¿Con qué te gustan los pies?”
Jajaja, le respondí, ya más en confianza: “Sí.”
Me preguntó: “¿Y qué te parecen mis patas?”
Lo miré y le dije: “Son muy grandes.”
Él sonrió y preguntó: “¿Te gustan?”
“Sí”, le respondí.
Después, se me acercó y empezó a besarme. Yo no sabía besar y él me preguntó: “¿No sabes besar?”
“No, es mi primera vez”, le dije, y en ese momento sentí que se movía abajo mientras terminaba de decirlo.
Me dijo: “Yo te enseño”, mientras seguía besándome. Metió sus manos por debajo de mi polo y empezó a apretarme las tetillas; me gustaba cómo lo hacía.
Luego, tomó mi mano y la puso encima de su short. Empecé a sobarlo, y de repente sentí algo duro. Me quedé mirando hacia su bulto y él paró de besarme, sonrió y me preguntó: “¿Quieres verlo?”
-continua



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