Mi vecino 9
Después de estar con Dani, Leo enfrenta a Samu, que está harto de que este lo evite tras la última vez que acabaron en la cama..
Mi vecino 9
(Leo)
Sus labios sabían un poco a ese característico sabor metálico de la sangre, fruto de la pequeña herida que le había hecho al morderle el labio inferior con demasiada fuerza. Me sentía mal por haberlo hecho, pero estaba demasiado excitado cuando sentí que me llegaba el orgasmo que no pude controlarme.
Separé mis labios de los suyos y vi sus ojos avellanados mirarme con complicidad.
- Creo que deberíamos de limpiar el estropicio que has hecho. – dijo en tono divertido.
Señaló con la cabeza hacia abajo y, al mirar, pude ver cómo mi corrida se esparcía por mi vientre y su brazo, aunque la mayor parte se escurría entre sus dedos, que aún agarraban mi miembro.
- Sí, yo también lo creo. – reí.
Dani se subió la ropa, se levantó y me tendió una mano para que yo hiciera lo mismo. Tiró de mí y, tras incorporarme, sentí un mareo enorme.
- Uooh. – dijo Dani, sujetándome con fuerza al ver que perdía el equilibrio. – ¿Estás bien?
- No lo sé. – contesté, sinceramente, notando mucho calor de repente. – Creo que es la fiebre.
Dani me ayudó a sentarme en el borde de la cama y puso el dorso de su mano de su mano izquierda sobre mi frente.
- Estás ardiendo. – susurró. – ¿No te has dado cuenta? – me dijo, como regañándome.
- Estaba pendiente a otras cosas. – contesté, levantando las cejas.
- ¿Hace cuánto que te tomaste la pastilla? – preguntó.
- A media noche, hará unas siete horas. – respondí.
- Ya te puedes tomar otra, ¿no?
Asentí con la cabeza y me eché hacia atrás, sintiendo cómo después de tanta excitación mi cuerpo se quejaba y un leve pinchazo comenzaba a surgir en mis sienes. Dani salió del cuarto y unos instantes después volvió con la caja de pastillas que me habían recetado por la mañana y un vaso de agua.
- ¿Cómo sabes que son esas? – pregunté, perplejo.
- Tu madre me lo dijo. – me contestó mientras abría la caja.
Aquello tenía sentido y dejé escapar un pequeño “Aah” mientras me incorporaba de nuevo. Dani sacó una pastilla de la tableta y me la ofreció junto al vaso de agua.
- Gracias. – le dije.
- No hay de qué. – me respondió, quitándole importancia. – Voy a limpiarme y a traer algo para ti también.
Me sonrió con picardía y salió de la habitación. Escuché el ruido del lavabo mientras me tragaba la pastilla junto a un trago de agua. No pude evitar tener un pequeño deja vu.
Unos días atrás, Samu hizo exactamente lo mismo por mí. Una ola de culpa recorrió mi cuerpo entero. Había estado evitando a Samu desde que ocurrió aquel encuentro con él en su cama, cuando me comió el culo y después prácticamente me lo folló con su dedo hasta correrme. Una vez se me pasó la calentura fue cuando empecé a cuestionármelo todo, a sentirme confuso sobre lo que me gustaba y lo que no. Y, sin embargo, dos días después, me estaba tragando la leche de su hermano.
Dani volvió con un paquete de toallitas, sacándome de mi ensimismamiento. Cerró la puerta, se acercó a mí y me lo pasó. Limpié con ellas mi torso y mi rabo, que ya estaba flácido por completo, me subí las calzonas y dejé las toallitas sucias sobre la mesita de noche.
- ¿Cómo estás? – me preguntó Dani, sentándose a mi lado.
- Me duele un poco la cabeza, si te digo la verdad. – respondí.
- ¿Quieres echarte un rato? – sugirió.
- Sí, estaría bien. – suspiré.
Dani me miró con cara de querer preguntarme algo y, antes hacerme pedir que desembuchara, soltó.
- ¿Puedo… echarme contigo? – dijo algo nervioso y poniéndose colorado.
- No sé, Dani… – le dije, como si me lo estuviese pensando. Me miró entre sorprendido y decepcionado. – Das mucho calor. – bromeé, sonriéndole.
- Eres idiota. – me dijo, empujándome suavemente mientras esbozaba una pequeña sonrisa.
- Claro que puedes, tontorrón. – contesté.
Me moví hasta el otro extremo de la cama, me tumbé boca arriba y Dani hizo lo mismo, echándose a mi lado. Fue un momento muy incómodo, ya que ninguno de los dos sabía muy bien qué hacer. Finalmente, Dani se giró, echó su brazo por mi pecho y me dio un beso en la mejilla.
- Ponte bueno, anda. – me susurró.
- Gracias, lo intentaré. – le agradecí.
Me encontraba tan mal que apenas tardé en quedarme dormido, reconfortado por la sensación de tener a Dani a mi lado.
Unas horas más tarde, algo me meció suavemente hasta despertarme. Abrí los ojos lentamente y la figura de Samuel fue lo primero que llegué a distinguir, que también agitaba el hombro de su hermano para despertarlo.
- Venga, que ya es hora de levantarse, par de perezosos. – decía con tono tranquilo, casi juguetón.
- ¿Qué hora es? – bostezó Dani, quitando su brazo sobre mí.
- Casi las cuatro. – contestó Samuel y luego se dirigió a mí. – ¿Cómo te encuentras?
- Algo cansado, pero mejor. – contesté, evitando su mirada.
- Bueno, la comida ya está hecha, así que vamos.
Samu se quedó un momento mirando la cara de Dani y sus cejas se arrugaron por un instante, aunque después pegó un tirón del brazo de su hermano y casi lo tira fuera de la cama.
- ¡Para, para! – reía Dani. – Ya voy yo solito.
Samu sonrió y me hizo un gesto con la cabeza para que me levantara yo también antes de salir de la habitación. Nos pusimos las camisetas y seguimos a Samuel a su casa, donde el olor a tortilla de patata inundaba la estancia. Después de servirnos coca cola y usar mucha mayonesa, devoramos la comida que, a decir verdad, estaba bastante buena.
- Bueno, os dejo a vosotros recoger todo esto. – dijo Samu después de limpiarse la boca con una servilleta. – Yo me voy a casa de Tomás a darle un poco de compañía.
Dani y yo asentimos con la cabeza y empezamos a llevar las cosas al lavavajillas. Samu se cambió de ropa y le puso el arnés a Deku, diciendo que seguro que el cachorro alegraría un poco a su amigo. Después de ponerle la correa, salió de casa, diciéndonos que estaría de vuelta para la cena.
Tras recoger la cocina, Dani y yo nos tiramos en el sofá y seguimos viendo el anime que empezamos ayer. El ambiente era muy distendido, casi como si no hubiese pasado nada entre nosotros. A mitad de tarde nos hicimos algo de merendar, me tomé otra pastilla y seguimos con el anime, que estaba muy interesante, hasta que Dani me pidió jugar un rato a la consola. Los dos estábamos de pie en el sofá, ante la tensión de una carrera muy ajustada en Mario Kart, riéndonos por ver quién llegaba primero a la meta, cuando la puerta se abrió y Deku entró corriendo al piso.
Me distraje un segundo mirándolo y Dani aprovechó para darme un manotazo en la mano que me hizo dejar caer el mando y que me adelantara, ganándome la carrera.
- ¡Eh! – me quejé. – ¡Tramposo!
Me giré para darle una colleja o algo, pero Dani ya estaba corriendo. Empecé a perseguirlo por el apartamento mientras Dani gritaba, riendo como loco, mientras que yo intentaba capturarlo. Lo arrinconé cerca de la entrada, donde Samuel observaba la escena con una sonrisa. Dani intentó esconderse detrás de su hermano, pero este lo traicionó, sujetándole por los brazos y dejándolo en bandeja.
- ¡Nooo! – se quejaba Dani. – ¡Suéltame, mal hermano!
- Te pasa por tramposo. – dijo en una risa Samu.
Me acerqué a ellos, sintiendo mi corazón latir en la herida, pero con una sonrisa malévola en la cara. Bajé la cabeza de Dani y le froté los nudillos sobre la coronilla con fuerza, haciéndole “una cerilla” mientras este gritaba.
- ¡Ya, ya! ¡Lo siento! – gritaba Dani, riendo.
Paré ante su súplica, satisfecho, y le di una colleja flojita antes de dar un paso hacia atrás. Fue entonces cuando los ojos castaños de Samu y los míos se conectaron directamente. Mi sonrisa se borró de mi rostro y rompí el contacto visual sin que pudiera evitarlo.
Dani se dio la vuelta cuando su hermano lo soltó y le dio un pequeño empujón, como reclamando haberle traicionado. Samu solo le sonrió y se encogió de hombros. Los tres nos dirigimos al sofá y me senté en uno de los extremos. Dani se sentó a mi lado y Samuel en la otra punta.
- ¿Cómo está Tomás? – preguntó Dani.
- Ahí va, hoy más triste que enfadado, pero bueno. – suspiró amargamente. – Solo necesita tiempo.
Asentimos con la cabeza y Dani le pidió a su hermano cenar pizza. Samuel accedió y fue a poner el horno. Intenté actuar con normalidad, pero había algo dentro de mí que me lo impedía. Me sentía como si no debiera estar ahí, con los dos hermanos juntos, como si todo fuese a estallar en cualquier momento. Intenté irme a casa cuando terminamos de cenar, pero Dani me rogó que me quedase a ver una peli, por lo que accedí a quedarme un rato más. Samu trajo bebidas y palomitas y nos sentamos en el sofá. No llevábamos ni la mitad de la película cuando Dani empezó a dar cabezadas hasta que, al final, se echó en el regazo de su hermano y se quedó dormido.
- ¿Cuánto puede dormir este niño? – dije en voz baja, sorprendido.
Samu soltó una risita, como coincidiendo conmigo. Seguimos viendo la película en silencio unos veinte minutos cuando Samu se incorporó, poniendo con cuidado la cabeza de Dani sobre un cojín. Sin mediar palabra, abrió la puerta del balcón, que daba a un pequeño parking y la cerró tras él. Cuando ya habían pasado unos minutos y al ver que no volvía, la curiosidad me pudo y fui a ver qué hacías.
Moví un poco las cortinas y pude verlo apoyado contra los barrotes que descansaban sobre el muro de la baranda, mirando a un cielo oscuro donde solo la luna brillaba. Abrí la puerta con cuidado y sentí la brisa marina erizarme la piel. Samu se giró levemente y expulsó una bocanada de humo. Cerré la puerta y me acerqué a él, apoyándome yo también en la barandilla.
- No vayas a contarle a Dani que fumo esta mierda. – me dijo, meneando lo que parecía un cigarrillo de liar.
- ¿Desde cuando fumas porros? – le pregunté, algo molesto.
Samu le dió otra calada, haciendo que la llameante punta brillase en la penumbra del balcón.
- Desde que me estás volviendo loco. – soltó junto al aire de su calada.
Me quedé en silencio, intentando asimilar lo que me acababa de decir.
- ¿Yo? – pregunté, extrañado.
- Sí, Leo, tú. – dijo, impaciente, mirando al horizonte.
- ¿Qué he hecho yo? – dije, sin saber si quería escuchar la respuesta.
- Llevas días ignorándome después de… lo que ya sabes. – contestó, mirándome esta vez con ojos acusatorios.
Intenté decirle que no era verdad, pero sí que lo era, por lo que solo pude agachar la cabeza y mirar fijamente mis manos.
- Hace como una semana me desperté mientras me la chupabas y yo solo me dejé llevar. – dijo, alzando un poco la voz. – Pero hace unos días lo hice yo, y desde entonces me evitas.
- ¡Shh! – intenté silenciarlo, sintiendo mi rostro ponerse blanco. – ¡Nos va a escuchar tu hermano!
Samu se giró de nuevo y dió otra calada, como intentando calmarse.
- No se va a despertar. – dijo suavemente.
- ¿A qué te refieres? – pregunté, asustado.
- A que le he puesto un somnífero en la bebida. – contestó, como molesto.
Di un pequeño paso atrás, sin poder creerme aquello.
- ¿Por qué harías algo así? – mi voz temblaba.
- Leo, deja de montarte películas. – me dijo con tono calmado. – Necesitaba hablar contigo en condiciones y no sabía cómo hacer que Dani no estuviera de por medio.
Aquello me tranquilizó un poco, aunque seguía en tensión. Mi corazón latía como loco, sin saber qué iba a pasar en los siguientes minutos. Pasaron unos segundos en los que no supe qué decir, por lo que Samu continuó hablando.
- ¿Se puede saber qué te pasa conmigo? – preguntó con voz cansada.
- No me pasa nada, de verdad… – sabía que no se lo iba a tragar, pero no era capaz de decírselo.
- Leo, por favor, necesito una respuesta. – me miró fijamente a los ojos y vi que iba en serio. – No es justo para mí.
Me tomé unos segundos para armarme de valor y confesarle lo que sentía desde aquel momento.
- Samu… Sé que he estado raro, pero… – tragué saliva. – Me sentí muy confuso después de lo que pasó la última vez.
Samu giró la cabeza, mirando de nuevo al horizonte. Asintió con la cabeza mientras daba una gran calada al cigarro y lo tiró al vacío con un rápido movimiento de dedos. Soltó el humo con fuerza, como con rabia.
- ¿Ves? Esto es lo que me jode. – dijo, comenzándose a enfadar. – Tú te sientes confuso y, en vez de hablar las cosas conmigo, me haces el vacío.
- Solo intent… – quise decirle.
- Cuando tú fuiste el que lo empezaste todo. – me interrumpió y se giró de nuevo para mirarme a los ojos. – Pero para darte el lote con mi hermano no estás confuso, ¿no?
Aquellas palabras me helaron la sangre. Sentí que el corazón se me saldría por la boca e intenté reaccionar lo más rápido que pude.
- ¿Q-qué dices? – tartamudeé. – Eso no es verdad.
Samu soltó una risa de exasperación y negó con la cabeza.
- Tú piensas que yo soy gilipollas, es eso, ¿no? – se notaba que seguía enfadado. – El día de la fiesta apareces con un chupetón en el cuello y hoy Dani tiene el labio todo mordido.
No supe qué contestar y sentía que me faltaba el aire.
- Osea, que conmigo estás confuso pero con Dani no. Es eso, ¿no? – inquirió.
- Samu, no es eso… – fue lo único que pude decir.
- Pues explícamelo, por favor, porque necesito una respuesta antes de que me explote la cabeza. – dijo, intentando calmarse a sí mismo.
Tomé aire, intentando elegir bien mis palabras, aunque sin tener claro qué iba a decirle.
- Me asusté mucho porque lo que me hiciste fue algo nuevo y…, me gustó. Y verte era un recordatorio de esa parte de mí que no quiero aceptar y… que cada vez que te miro no puedo evitar sentir algo por dentro que me da miedo.
Samu me miró con una mezcla de sorpresa y tristeza en sus ojos. Por un momento, pensé que iba a decir algo, pero se quedó en silencio, procesando mis palabras. Me acerqué un poco a él y puse una mano en su brazo.
- Y lo siento. – continué. – Siento haberme comportado así, pero no sabía qué hacer. Creí que, si me alejaba un poco, quizá…
Intenté terminar la frase, pero no pude. Samu se inclinó y, poniéndo ambas manos en mis mejillas, me besó en los labios. Pestañeé perplejo, sin reaccionar al principio.
- Samu… – quise decir.
Samu separó su cabeza de la mía y me miró con intensidad, viendo cómo una lágrima caía por su mejilla.
- No sabes cuánto quería hacer esto. – dejó escapar en un susurro. – Me gustas mucho, Leo.
Sentía sus manos cálidas sobre mi rostro y su respiración agitada se estrellaba contra mi barbilla y cuello.
- Samu… – intenté volver a hablar, pero no me dejaba.
- Solo necesito que me des una oportunidad, Michi. – me dijo en tono suplicante. – Déjame enseñarte todo lo que podemos hacer y te aseguro que… lo que tengas con mi hermano se te va a ir de la cabeza.
- No creo que…
Samuel volvió a besarme, esta vez más intensamente, y yo no sabía qué hacer. Por un lado, para no mentir, quería corresponder aquel beso y, por el otro, la imagen de Dani aparecía en mi cabeza. Samu movió su cabeza con presteza y comenzó a pasar sus labios por mi cuello, haciéndome bajar las defensas. Un pequeño gemido escapó de mis labios, lo que le dio rienda suelta para lamer con más fervor aquella zona.
Cuando volvió a besarme, no pude resistirme. Su lengua quiso entrar en mi boca y la mía le dio la bienvenida, enroscándose juntas, mientras los dos respirábamos enérgicamente. Nuestras manos comenzaron a explorar la espalda del otro y sentía cómo Samu me apretaba fuerte contra su pecho, como intentando evitar que saliese corriendo.
Samu giró nuestros cuerpos y me apretó contra el muro de la barandilla. Me quitó la camiseta sin apenas separar sus labios de los míos e hizo lo mismo con la suya, sintiendo el contraste de la fresca brisa nocturna con el calor que emanaba su cuerpo semidesnudo.
Continuamos besándonos unos segundos más y mi erección para aquel entonces apenas cabía en mis calzonas. Samu estaba igual, ya que podía sentir su rabo duro contra mi abdomen. Apoyó sus manos sobre mis hombros e hizo que me diese media vuelta, lamiendo mis orejas cuando lo hice.
Sentí sus labios por mi cuello, besando mi nuca y bajando por mi espalda hasta llegar a mi cintura, poniéndose de rodillas. De un solo tirón, bajó mis calzoncillos y calzonas hasta mis tobillos, dejándome desnudo. Escuché cómo Samu resoplaba, imagino que contemplando mi blanco y lampiño culo, antes de sentir sus dientes clavarse sobre una de mis nalgas.
Dejé escapar un leve quejido de dolor, aunque lo cierto era que me puso bastante cachondo que lo hiciera. Se puso de pie en un momento y se acercó a mi oreja derecha.
- Te voy a dar la mejor comida de culo que te van a dar jamás. – me susurró al oído, haciendo que se pusiese toda la piel de gallina.
Dejé salir un jadeo como respuesta y me mordí el labio, dejándome llevar por toda la calentura del momento. Samu se puso de rodillas de nuevo y tiró de mi cintura un poco, haciéndome inclinar sobre la barandilla. Abrí las piernas, sabiendo que aquello facilitaría su trabajo, y sentí su respiración caliente contra mi trasero. Sus manos abrieron los cachetes y estiraron un poco mi agujerito, lo que hizo que una corriente eléctrica me recorriese el cuerpo.
Aunque aquello no fue nada en comparación a cuando sentí su lengua clavarse directamente sobre mi ano, lo que me hizo soltar un gemido que tuve que ahogar con una de mis manos. Continuó lamiendo por encima e introduciendo cada vez más su lengua, moviéndola cuando estaba dentro, lo que me daba mucho placer. Miré a mi rabo, que estaba literalmente chorreando líquido al suelo, y comencé a pajearme frenéticamente. Llevábamos así un par de minutos y sentía que no me quedaba mucho, cuando Samu paró de repente.
- Vamos a mi cama. – dijo con voz ahogada.
- Sí. – contesté, cogiendo mi ropa.
Antes de entrar, me asomé para asegurarme de que Dani siguiese dormido, pero se lo veía echado tal y como lo dejamos. Sentí un rayo de remordimiento, pero Samu, que estaba detrás de mí, giró mi cabeza y comenzó a besarme ardientemente de nuevo. Puso su mano sobre mi culo y su dedo anular comenzó a presionarla entrada de mi hoyo todo húmedo y algo dilatado. Aquello terminó de nublarme el juicio y cualquier otro pensamiento desapareció de mi mente.
Samu me miró y me sonrió pícaramente, abriendo la puerta del balcón con cuidado y guiándome de la mano hasta su habitación. Cerró la puerta suavemente y se acercó a la cama, quitando los cojines de encima y echándolos sobre la silla. Vi mi oportunidad y no la desaproveché. Lo empujé, haciéndole caer bocabajo conmigo encima. Me acerqué a su oído mientras que él resoplaba.
- Me toca. – le dije, con la voz cargada de lujuria.
Me eché hacia abajo y, tirando con fuerza, conseguí bajarle los pantalones y los calzoncillos hasta debajo de sus glúteos. Contemplé entonces aquellas dos grandes nalgas, blancas e impolutas a excepción de un pequeño lunar. Por un momento, tuve la tentación de intentar meterle el rabo directamente cuando abrí ese culo con mis manos y vi aquel rosado asterisco, pero me contuve. En su lugar, agaché la cabeza y pasé mi lengua por encima de ese agujero apretado, provocando que Samu exhalase un gemido ahogado.
Sabía un poco a sudor, pero no me importó en absoluto y el sabor desapareció en cuanto lamí unas cuantas veces más.
Cogí algo de aire y enterré mi cabeza en su culo, intentando meter mi lengua dentro de su ano, que ya no ofrecía ninguna resistencia. Samu inclinó su cintura instintivamente, sacando culo, y haciéndome llegar más adentro de su interior con mi lengua mientras que jadeaba contra una de las almohadas. Su pene quedó libre en aquel momento y no dudé en tomarlo con una de mis manos. Estaba completamente empapado, manchando la colcha de su cama con aquel líquido transparente mientras comenzaba a pajearlo.
Comencé a juguetear con su hoyo, lamiendo con fuerza sobre él, metiendo y sacando la punta de mi lengua o metiéndola entera y moviéndola dentro de él mientras lo masturbaba enérgicamente con una de mis manos. Recordando uno de mis vídeos pornos favoritos, comencé a bajar hasta llegar a sus huevos y con mi mano libre busqué toquetear su ano. Mi dedo gordo presionó un poco la entrada, que estaba dilatada y no supuso ningún problema, hasta que tuve la primera falange completamente dentro.
Samu dió un pequeño quejido y sentí su ano apretarse alrededor de mi dedo. Lo dejé quieto y seguí bajando mi boca hasta su rabo, lamiendo todo aquél líquido de su prepucio. Samu dio ahora un pequeño gemido y noté cómo su interior se relajaba. Continué así durante unos segundos, hasta que comencé a meter y sacar el dedo a la vez que lo pajeaba y le comía los huevos.
Durante unos minutos, escuché gemir a Samu contra la almohada en aquella posición, mientras lo pajeaba y lo dedeaba, hasta que habló.
- Michi, para, para… – dijo.
- ¿No te gusta? – pregunté, sacándome uno de sus huevos de la boca.
- Sí, por eso, voy a acabar en cualquier momento y quiero… hacer más cosas. – dijo.
- Mmm, vale. – dije, sacando mi dedo de su culote.
Samu se giró sobre sí mismo y tiró de mí, haciéndome caer sobre él. Su rostro estaba colorado y tenía algunas gotas de sudor sobre la frente. Puso su mano sobre mi nuca y me acercó a su rostro, haciéndonos fundir en un beso. Después de unos segundos en los que casi me quedo sin aliento, Samu hizo ostentación de su fuerza y nos hizo rodar por la cama, quedándome yo ahora debajo y él encima de mí.
- Ahora viene lo bueno. – me dijo pícaramente, guiñandome un ojo.
Comenzó a comerme el cuello de nuevo y fue bajando hasta mis pezones, donde se entretuvo un rato mordisqueándolos. Continuó bajando por mi vientre hasta llegar hasta mi pelvis, donde lo esperaba mi pene duro e hinchado, goteando ante tanta excitación. Sin preámbulos, se lo metió en la boca, haciéndome arquear la espalda de placer. Su lengua lo recorría como loco, sin dejar un solo centímetro sin explorar y haciendo hincapié en mi glande. Después de metérselo un par de veces tan profundamente que chocó contra su garganta y le hizo toser, pasó a lamerme los huevos mientras me pajeaba suavemente.
Yo solo podía cerrar los ojos y gemir ahogadamente, intentando no hacer demasiado ruido, pero me era difícil. Cuando pasaron un par de minutos, sentí su mano bajar por mi perineo hasta llegar a mi agujero, que seguía mojadito. Apoyé las piernas sobre el colchón, dándole mejor acceso a sus dedos sobre aquella zona, que no tardaron en apretar mi esfínter para entrar dentro de mí.
El primer dedo no me dolió apenas y el hecho de que Samu me comiese la polla mientras tanto, ayudaba bastante. El segundo fue cosa distinta. Al principió escocía bastante, pero con mucha paciencia y saliva, acabó entrando. Era una sensación extraña, difícil de explicar, pero me dolía y me gustaba a partes iguales.
Cuando ya entraban y salían sin que apenas me quejara, Samu sacó mi polla de mi boca, que estaba un poco flácida por el dolor. Sacó sus dedos de mi culo y puso sus manos tras mis rodillas, levantándome las piernas. Con un movimiento rápido, se acercó a mí, quedando de rodillas y apoyando mis piernas sobre mis hombros. En su rostro había una sonrisa pícara y una mirada llena de deseo. Levantó las cejas, como pidiendo permiso para hacer algo que ambos sabíamos qué era. La excitación me podía más que nada en el mundo y simplemente cogí aire, suspiré profundamente y asentí con la cabeza. Samu se mordió el labio y, acto seguido,echó saliva en su mano y embadurnó con ella su pene.
Con cuidado, apoyó la punta de este sobre mi expuesto y dilatado ano y empujó un poco. Al principio no entraba, estaba incluso demasiado apretado, pero, cuando sentí que entraba un poco, un quejido escapó de mis labios.
- ¿Vas bien? – me preguntó, preocupado.
- Sí. – dije, intentando relajarme. – Es solo… muy grande.
- Paramos en cuanto no puedas, ¿vale? – me dijo en tono cariñoso.
Asentí con la cabeza y volví a respirar profundo. Sentí cómo mi esfínter se relajaba un poco y Samu aprovechó para meter algún centímetro más. Mis manos agarraban con fuerza las sábanas, intentando liberar algo de tensión, pero aquello era mucho más grueso que dos dedos. Creo que Samu vio que lo estaba pasando mal, porque bajó un poco mis piernas y, sin sacarla, se inclinó sobre mí y comenzó a besarme. Aquello me distrajo un poco y lo cierto es que hizo que me relajara y no prestara tanta atención a aquella barra de carne intentaba abrirse camino dentro de mí.
Entre besos, quejidos, pequeños mordiscos y jadeos, cuando me quise dar cuenta, la pelvis de Samu estaba pegada a mis glúteos. Era una sensación totalmente nueva y extraña para mí. Sentía el calor de su miembro llenándome por dentro, tocando tantas nuevas terminaciones nerviosas que nunca había sentido, que me resultaba complejo explicarme a mí mismo qué demonios era aquello.
- Dios, está toda dentro, Michi… – dijo Samuel, incorporándose para observar nuestros cuerpos unidos.
- Me he dado cuenta. – jadeé. – No te muevas, por favor.
- Sí, no te preocupes. – me sonrió.
Volvió a inclinarse sobre mí y esta vez decidió lamer mi cuello y mi oreja, haciéndome gemir cada vez que sentía su respiración en mi oído. Aquello me calentó bastante y la erección que había perdido debido al dolor, volvió a cobrar vida. Cuando Samu se percató, su mano derecha rodeó mi polla y comenzó a pajearme suavemente. Sentir su rabo dentro de mí mientras me pajeaba era un placer que nunca llegué a creer posible, y Samu debió notar que mi ano se relajaba, porque comenzó a moverse dentro de mí.
- Despacio… – le pedí, sintiendo algo de dolor.
Samu se mordió el labio de nuevo y asintió con la cabeza. Tenerla dentro de mí, quieta, era una cosa muy distinta a sentir cómo entraba y salía y al principio no lo disfruté porque me dolía bastante, pero, con el paso de algunos minutos y gracias a que no paró de pajearme, el placer le fue ganando la batalla poco a poco al dolor. Aún así, Samu se movía con cautela, con un ritmo lento pero constante, sacándola cada vez más.
- No me queda mucho, Leo, necesito follarte fuerte un poco para correrme. – me pidió.
- No… no sé si aguantaré. – le dije dubitativo y con toda la honestidad posible.
- Inténtalo, ¿sí? – me suplicó. – Si no aguantas, paro.
- Bueno… – empecé a decir, indeciso. – Vale.
- Eres el mejor. – me contestó, con una sonrisa.
Puso de nuevo mis piernas sobre sus hombros con ayuda de sus manos haciendo que su pene se incrustase todavía más profundamente dentro de mí. Abrí mis ojos como platos y agarré una de las almohadas para ahogar mis quejidos. Samu no se mordía tan fuerte el labio que creía que se lo iba a arrancar mientras me comía con la mirada.
- Como me pones, Dios. – suspiró mientras comenzaba a bombear de nuevo.
Aquello, sentir cómo entraba y salía su polla de mi culo cada vez más rápido, era algo que aún no podía soportar del todo. Samu clavó sus dedos sobre mis muslos con fuerza mientras su ritmo era cada vez más intenso. No puedo negar que sentía placer, los gemidos que ahogaban la almohada sobre mi boca me delataban, pero también comenzó a aparecer una sensación de escozor en la parte de mi ano que aumentaba con cada embestida.
- Me escuece, Samu. – gimoteé.
- Estoy a punto, aguanta un poco. – contestó, con la respiración alterada.
Siguió follándome así durante unos segundos, hasta que mis gemidos se tornaron en lamentos por el dolor.
- Para, Samu, me duele mucho. – le rogué.
- Aguanta. – me ordenó, siguiendo con sus caderazos mientras jadeaba como loco.
Comencé a morder la almohada cada vez más fuerte y comencé a quejarme cada vez más alto pidiéndole que parara, sintiendo cómo algo se comenzaba a desgarrar dentro de mí. Sentía la sangre aglomerarse sobre mi cabeza, mi herida palpitando con cada latido, haciéndome rabiar aún más de dolor. Iba pedirle que me la sacara, que no aguantaba más, cuando se inclinó sobre mí, arrancándome la almohada de la boca y sustituyéndola por su mano.
En esa posición, con mis piernas aún sobre sus hombros y él reclinado sobre mí, sentía aún más su polla dentro de mí y sus embestidas eran más salvajes. Mis labios se tensaron en una mueca de dolor mientras que su mano ensordecía los gritos de dolor que salían de mi boca y sentí que las lágrimas comenzaban a derramarse por el borde de mis ojos mientras su respiración agitada se estrellaba sobre mi cuello y las gotas de sudor de su rostro caían sobre el mío.
Intenté quitármelo de encima empujándolo, pero su mano izquierda atrapó mi mano derecha y la sostuvo sobre la cama. Sentía que me asfixiaba, ya que no podía respirar solo por la nariz, e intenté quitar su mano de mi boca, aunque sin éxito. El sonido de su cuerpo chocando con el mío ahogaba aún más mis gritos bajo su mano. Estaba aterrado, sin saber qué hacer, creyendo que me desmayaría por el dolor o por asfixia, sin saber cuánto tiempo había transcurrido.
Mi visión comenzó a tornarse borrosa y todo empezó a oscurecerse, cuando Samu gimió con ímpetu y clavó dentro de mí hasta el último milímetro de su rabo palpitante. Sentí algo caliente dentro de mí mientras su aliento se estrellaba sobre mi rostro y conseguí quitarle la mano de mi boca.
Giré mi cabeza hacia un lado y conseguí coger algo de aire al fin, quedándome quieto, temblando. Samu, aún jadeando, pareció congelarse de golpe. Sacó su miembro de dentro de mí y su mano dejó de presionar la mía. Se incorporó, bajando mis piernas de sus hombros y apoyándolas sobre la cama.
- Leo… – susurró, con la voz temblando mientras limpiaba una de mis lágrimas de mi rostro. – ¿Qué… qué he hecho…?
Le di un manotazo, quitando su mano de mi cara, y le clavé una mirada llena de rabia y… miedo.
- Suéltame. – murmuré con un hilo de voz.
- Leo, por favor…
Samu se levantó de la cama y levantó las manos, como si estuviera intentando demostrarme que no iba a tocarme. Como si tuviera miedo de acercarse. Sus labios temblaron
- Perdóname. Por favor… Perdóname, Leo, no quería… No me di cuenta…
El enfado me explotó en el pecho.
- ¡No me toques! —me puse de pie de golpe, tambaleándome. Apenas me sostenía, pero lo logré. – ¿Qué mierda te pasa, Samuel? ¿¡Estás loco o qué!?
Su rostro palideció, y por un segundo creí que iba a romperse ahí mismo, frente a mí. Lo vi llevarse las manos al pelo, apretando los puños con desesperación.
- ¡No lo sé! – su voz salió quebrada, llena de frustración. – No lo sé, Leo… Juro que no lo sé. Me dejé llevar y… – negó con la cabeza, desesperado. – No quise hacerte daño. No quise…
- ¡Pero lo hiciste! – lo fulminé con la mirada, aunque temblaba de puro agotamiento. – ¡Te pedí que pararas, Samuel! ¿Te das cuenta de lo que me has hecho?
Samuel levantó la cabeza despacio, y sus ojos verdes estaban rojos, al borde de las lágrimas.
- Sí… – admitió con voz rota. – Sí, me doy cuenta.
El silencio entre los dos era tan pesado que resultaba insoportable.Apreté las manos en puños, luchando contra el impulso de salir corriendo. Mi cuerpo dolía, pero lo que más dolía era la traición. No podía mirarlo sin sentir rabia y vergüenza.
- Me voy. – dije con frialdad, dándole la espalda y avanzando hacia la puerta.
- ¡No! – Samu dio un par de pasos y se puso entre la salida y yo. – Leo, por favor, no te vayas así. ¡Escúchame!
Solo sentía la rabia palpitando en mis oídos.
- No tienes derecho a pedirme nada Samuel, ¡nada! – grité ahogadamente para no despertar a Dani.
- Tienes razón, no lo tengo. – su tono de voz estaba lleno de arrepentimiento. – No te estoy pidiendo que me perdones ahora, Leo. No espero que lo hagas… Porque ni siquiera yo me lo perdonaría. – su voz temblaba. – Pero no quiero que pienses que soy un monstruo. No quiero perderte.
Apreté mis labios, conteniendo una respuesta que se me atoraba en la garganta. Todo mi cuerpo me gritaba que me marchase, que corriese lejos, pero algo en los ojos de Samu, una mezcla de miedo y vulnerabilidad que nunca había visto en él, me hizo quedarme clavado en el sitio.
- Te pedí que pararas – le espeté, esta vez con el tono más bajo, aunque seguía temblando. – Te rogué, Samu. Y aún así, seguiste. ¿Por qué? ¿Tan poco te importo?
Samuel tragó saliva y bajó la mirada, avergonzado.
- Sí que me importas, solo que… no sé… Me dejé llevar, me perdí en el momento, y cuando quise darme cuenta ya era tarde. – se limpió una lágrima de la mejilla con el dorso de la mano. – Nunca quise que fuera así, Leo. Lo juro por mi vida.
Lo miré por unos instantes, sintiendo el aire entrar en mi pecho aún con algo de dificultad.
- ¿Sabes lo asustado que estaba? – murmuré, con voz rota. – ¿Lo sabes, Samu?
Samuel asintió, tragándose un sollozo.
- Lo sé. Y no me lo voy a perdonar.
Otro silencio. Volví hacia atrás y me senté en la cama, agotado. Cerré los ojos, intentando ordenar mis pensamientos, pero solo sentía confusión. Parte de mí quería gritarle, insultarlo, salir corriendo de allí y no volver a verlo más. Pero otra parte, aunque más pequeña, creía en sus palabras. Creía que Samu no era ese tipo de persona. Finalmente, me decidí. Respiré hondo y, con voz baja pero firme, me levanté de nuevo y me dirigí hacia él.
- Sé que no eres así, Samu. – dije con voz seria pero sincera. – Sé que no eres una mala persona. Pero… lo que ha pasado, me ha dolido más de lo que crees. – hice una pequeña pausa. – Y no solo ahí atrás.
Me dirigí a la puerta con paso firme, pasando a su lado, y, cuando estaba a punto de abrirla, escuché la voz de Samu nuevamente.
- Leo… – intentó decir.
- No sé si podré perdonarte, Samu, pero… quiero intentarlo. – le interrumpí, girándome para verlo a la cara. – Porque me importas mucho.
Samu dio un sollozo y rompió a llorar desconsoladamente, llevándose las manos al rostro antes de que cerrase la puerta tras de mí.
Hasta aquí esta parte de la historia, espero que les haya gustado este capítulo, lleno de muchas emociones distintas. Si es así, me encantaría que me lo hagan saber en los comentarios o por email ( [email protected] ), donde les responderé encantado. Gracias por seguir leyéndome y felices fiestas :))
Nunca me agradó ese tal Samu. Team Dani desde el día 1 😎. Espero ansioso la siguiente parte!
Sean pareja triple no peleen y tu meteré duro la verga a Samu Leo
Solo espero que termine quedando con Dani 🥹
No es por presionar, pero aquí habemos personas esperando la parte 10, sabes? 😔