Mis inicios en el exhibicionismo (2)
Toña la sirvienta.
Pasaron días después de que el señor López me tocara y el haber probado esos golpes de adrenalina me hicieron ser cada vez más caliente y arriesgado.
Un día regresaba de la escuela, había tenido educación física y me quería bañar. Estaba solo, mi familia se había ido a hacer compras de algo y solo estaba como siempre Toña la sirvienta.
se había guardado bastante bien el espectáculo que le di al carpintero, así que sabía que yo podría ir más allá si lo deseaba y no diría nada.
Ese día llegué y me desnude en mi recámara pensando en fantasías con el maestro Raúl, con el Sr López y en eso me dio algo de morbo pensar que Toña me viera desnudo masturbandome. Fue una vez más la adrenalina la que me hizo abrir la puerta y esperar a que pasara para exhibir mi juvenil pene y mi apretado ano.
Pasaron unos minutos y en eso escuché que venía caminando en dirección a mi recámara. La emoción hizo que casi me viniera así que dejé de tocarme y solo levanté las piernas y las abrí para que cuando entrara me viera el ano, los huevos y la verga ya con unas gotitas de lubricante.
Entro a la recámara y me vio, no se inmutó, puso junto a mí la ropa limpia que traía y la comenzó a doblar. Yo estaba full, súper excitado, me daba tanto morbo que una mujer indígena de unos 60 años estuviera ahí mientras yo me masturbaba desnudo. Pero necesitaba más, más que solo su mirada en mi joven cuerpo, necesitaba hacer algo y le dije
-Necesito que me ayudes a depilarme (mientras le abría las piernas y le enseñaba el culo lampiño de preadolescente que tenía)
-No creo que necesite despilarae joven
-Crees? A ver toca y si sientes algo de pelitos me depilas o los arrancas.
-No es necesario joven, usted es un niño, no tiene pelos ahí aún, lo puedo ver perfectamente (y se sonrió como con algo de morbo)
-No te estoy preguntando Toña, te estoy diciendo que pases la mano y me digas si sientes que tengo bellos y si te pido que me metas un dedo me lo metes, así de sencillo, yo soy tu jefe, me oyes?
La cara le cambio de morbo a enojo y sin mediar nada me metió un dedo como le había dicho. Así sin saliva ni nada, fue un impuso que tuvo me imagino para castigarme por amenazarla pero eso a mí me puso aún más cachondo y aunque me dolió bastante y me quejé le pedí que no lo sacara.
Entonces ella empezó a mover ese mismo dedo de arriba hacia abajo y a doblarlo dentro de mi, a meterlo más hondo y a sacarlo como si me estuviera penetrando mientras yo me masturbaba y gemía de placer hasta que no pude más y eyaculé, de tal manera que hasta la cara me salpique de semen y ese delicioso líquido blanco se derramaba por mi verga hasta los huevos y mi año.
Entonces hizo algo que jamás se me había ocurrido. Con su mano empezó a juntar el semen que estaba en mi verga y huevos y con sus dedos me lo empezó a meter en el ano, es decir, me estaba preñando con mis propios mecos.
Baje por fin las piernas y me puse de perrito hacia ella y le dije
-Mete todo y asegúrate que no salga nada, y méteme otra vez el dedo para que toda mi leche se quede adentro de mi.
-Si joven
Me dio masaje con sus dedos unos 2 minutos más y en eso se escuchó la reja, alguien había llegado.
-Váyase a bañar rápido joven, yo aquí me quedo doblando su ropa.
Me dio una toalla y corrí al baño para que nadie sospechara.
Está seria la primera vez, más no la última.
Toña resultó ser una gran pervertida que me ayudó a estar después con otros trabajadores y cada que nos quedábamos solos algo pasaba. Ella además me indujo al zoo, cosa que les contaré después
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