Mis primeros cacheros (Primera parte)
Mis primeros años descubriendo mi sexualidad..
Siempre me han gustado las pingas, si vienen acompañadas de unos huevos peludos es mucho mejor, recuerdo que cuando entré a la pubertad me fijaba mucho en las entrepiernas de cualquier hombre a mi alrededor: familiares, vecinos, profesores o compañeros de colegio; claro que lo hacía disimuladamente, pero me masturbaba pensando en tocar esas vergas, darles besos sentirlas pegadas a mi cuerpo. Un día andaba muy arrecho y en el baño del colegio no me resistí de mirar la pichula de un alumno de quinto de secundaria mientras meaba, los dos estábamos solos, me sonrió y me dijo: Oye chibolo maricón que tanto me miras la pinga? Yo no dije nada y rápidamente salí de ahí con la cara enrojecida.
Unos días después volví a verlo, él era de piel trigueña, ojos achinados, cuerpo delgado pero con algo de músculo por el ejercicio que hacía medía más o menos 1.80, mientras que yo solo medía 1.65 de piel más clara y muy delgado. Estaba con dos de sus amigos conversando en uno de los corredores, al mirarme se sonrió y les dijo algo a uno de sus acompañantes en la oreja, luego los tres me vieron y yo me di media vuelta, enseguida oí un silbido y varios besos volados, yo apresuré mis pasos sin voltear. El mismo día a la hora de la salida, me estaba esperando en la puerta, me hizo una seña con la mano y yo como si estuviese hipnotizado decidí seguirlo, caminamos casi en silencio, no me atrevía a encararlo, de pronto me dijo: Hoy vamos a mi casa, la vamos a pasar bien, estaremos solos.
Después de caminar por 20 minutos aproximadamente llegamos a su casa, en un barrio algo empobrecido pero limpio, las piernas me temblaban al momento de cruzar la puerta, fuimos hasta el fondo donde estaba su habitación, vi dos camas, me di cuenta que compartía el cuarto con su hermano menor, que estudiaba en un grado menos que yo. Él se sentó en el borde de la cama con las piernas abiertas y me dijo: ¡Arrodíllate!
Y por instinto supe que hacer mientras él sonreía: bajé su cremallera, di unos besos a su miembro viril que mostraba signos de excitación, di unas lamidas, hasta que me decidí a chuparla, no me entraba toda a la boca así que me ayudé con las manos. Él comenzaba a jadear, de pronto me agarró de los cabellos y retiró mi cabeza, para poder desnudarse completamente, me dijo que hiciera lo mismo y me recostarse boca abajo en su cama, lo hice en medio de temblores (no de miedo sino por la calentura). Me indicó que me relajara, puso vaselina en sus dedos y comenzó a untar la entrada de mi ano, al inicio me dolió pero comenzó a gustarme por lo que comencé a gemir, luego se puso encima mío e intentó penetrarme, pero como estaba cerrado no lo consiguió, me dio un par de nalgadas: Maricón, abre bien el culo! ¡Te voy a cachar duro! Hoy no sales de acá con el culo cerrado!
Y así con violencia empujó fuerte, sentí dolor y ardor, se quedó inmóvil por unos momentos y luego comenzó a moverse, mientras unas lágrimas corrían por mis mejillas, pero sus jadeos eran más intensos, los míos también, yo eyaculé primero encima de su cama, luego casi de inmediato él lo hizo dentro mío. Ahora sabía que ya no había marcha atrás. A duras penas me vestí, fui al baño a limpiarme. Antes de salir de su casa, él se acercó a mí, me dio una fuerte nalgada y me dijo: Desde ahora eres mi putita. Yo solo asentí.
Los siguientes días intenté ocultar el dolor, solo atiné a aplicarme crema en mi ano, pero cada noche cuando iba a la cama me excitaba y masturbaba recordando esa rica pinga en mi interior, definitivamente quería más. En el colegio lo miraba a lo lejos y sentía que mis pensamientos se turbaban y perdía toda concentración. Hasta que luego de una semana se me acercó y susurró a mi oído: Mañana vamos a mi casa para cachar putita, así que pide permiso para estar toda la tarde conmigo y prepara ese culo.
En la noche para poder dormir tuve que masturbarme tres veces, en la mañana al momento de bañarme me limpié lo mejor que pude mi hueco. Almorcé muy poco, al salir del colegio lo vi esperándome sonriente, así caminamos y cuando cerró la puerta de su casa, mi corazón se aceleró, fuimos a su habitación me desnudé completamente sin poder ocultar mi erección, él se echó en la cama desnudo y se la mamé por unos 5 minutos, después él se levantó y puso detrás mío, tomo vaselina y me la untó en el hueco, mientras intentaba meter dedos, yo me relajaba ya que esas caricias me hacían gemir de placer, luego de ponerme en cuatro y bajar mi cabeza, me indicó que mordiera la almohada y me dejase hacer, así comenzó la penetración de manera lenta pero dolorosa, varios minutos después por fin estuvo completamente dentro mío y los movimientos de mi amante eran más contundentes, hasta que comencé a jadear de placer y él bufaba mientras me penetraba más profundo y entonces sentí que su semen inundaba mi interior, y el placer fue mayúsculo. Ahora sí, una nueva vida empezaba para mí.
Lo hacíamos al menos dos veces por semana, yo ya me había acostumbrado a sus rudas caricias y el placer era cada vez mayor, entonces un día que llegamos a su habitación vimos que se encontraba su hermano menor, era de mi misma edad pero estaba en otro salón de colegio.
-Hoy te traje a esta puta para que debutes de una vez y dejes de hacerte tanta paja. – dijo mi macho con autoridad a su hermano, quien sonreía algo nervioso.
-¿Estás seguro que el maricón se deja hacer todo?
-Yo no he dado mi consentimiento para..-Estaba diciendo cuando recibí una bofetada.
-Calla, tú eres mi hembra y haces lo que te diga y punto.
-Ya ves el cabro parece que no quiere. -dijo el hermano.
-Te vas a portar bien cabro de mierda y dejar que mi hermanito te cache o sino todo el mundo se va a enterar que tienes el culo roto y te encanta chupar pinga- Me dijo mirándome con furia.
-Ok- Baje la mirada y comencé a temblar ligeramente.
Luego nos quedamos solos el hermano de mi macho y yo, me comencé a desnudar lentamente en silencio dándole la espalda, mientras él se desvestía también en la cama.
-Ven acá Alexa y chúpamela.
Comencé a lamer sus huevos y mamar su verga, que no era muy grande ni gruesa, pero era agradable de sentir en mi boca.
-Ah mierda, desde que mi hermano me dijo que eras maricón, me he hecho muchas pajas pensando en esto- decía entre gemidos. En el colegio se te ve tan serio, aunque siempre me di cuenta que había algo raro en ti: eres un cabro chupapinga y me encanta.
Luego me detuvo y dijo que me ponga en cuatro abriendo mi culo con las manos. Lo hice y esperé a que me penetrara.
-Uff, se nota que ya te reventaron el culo, mi hermano ya te ha enseñado bien. Échate un poco de vaselina, para que resbale bien.
Tome un poco de vaselina y me lo puse en mi hueco, di vuelta para ver como se masturbaba y ponía dura su pinga.
-Puto de mierda, no me mires, te la voy a meter de frente, pero no quiero que hables solo gime como la hembra que eres Alexa.
Y así lo hicimos, me la metió rápidamente y con violencia, yo solo emitía ligeros sonidos de placer, por unos cinco minutos hasta que eyaculó dentro mío, mientras yo aún estaba excitado.
-Ni se te ocurra masturbarte el cabro, vístete y lárgate.
Afuera encontré a mi macho, que me llevó al baño para que pudiera lavarme.
-¿Qué tal te cachó mi hermano?
-Estuvo bien, pero tú lo haces mejor.
-Claro mariquita yo soy tu cachero.- Se acercó a mi rostro y me besó apasionadamente.
Gracias por leer, besos a todos y todas
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