Mis problemas de próstata sensible 2
El regalo de mi mejor amigo.
Estaba en mi lugar favorito, desayunando con mi amigo Dan.
-Anda ya, sueltalo, que te pasa?- me dice dan con intriga en el rostro.
–Ya lo sabes- le digo un poco avergonzado
–la verdad es que no, que pasa?– lo dice con un poco de burla en su voz
–los dedos- le digo en un susurro
–Que? No te estoy entendiendo- me dice con una sonrisa en el rostro, el lo sabía, sabía de que estaba hablando pero le fascina molestarme
–mi problema de la próstata- le digo casi suplicando que dejen de molestarme
–Ay marcos! Pero si ese no es un problema, pensé que ya había quedado claro, tener próstata sensible es una bendición.
–cierra la boca, alguien puede oírte– le digo lleno de vergüenza, por Dios, estamos en un restaurante.
–ay por favor, no eres ni el primero ni el último hombre que eyacula con con los dedos en su culo.-me pongo de pie y quiero largarme, Pero Dan no me lo permite.
-ya pues relájate, Solo estoy bromeando – dijo tranquilo
-es que tú no sabes lo que sentí cuando me vine con los dedos, me muero por llegar a mi casa y enterrarmelos de nuevo, tienes idea lo que estoy sintiendo ahora? Cómo puedo estar pecando de esa manera?– le digo muy avergonzado y con ganas de salir corriendo de ahí
–wow! No pensé que te gustara tanto – me dice ya sin burla en su tono- no te preocupes que eso se puede arreglar.
Me dijo eso mientras tomaba tu teléfono y empezaba a realizar algo en el
–Listo, tu paquete estaría llegando está tarde– dice en un tono bastante emocionado
–que??? No Dan, no lo hiciste cierto??- yo sabía perfectamente a qué se refería
–lo hice, deberías haber haber pedido tu mismo algunos juguetes en lugar de estar quejandote de tu próstata, piénsalo de esta manera, solo necesitas liberarte con un buen orgasmo, después de eso lo olvidarás por completo- me dijo con una tranquilidad aterradora.
–es una solución perfecta para tí, querido amigo, te ayudara con tu situación, elegí uno bueno para tí, nada demasiado grande o que pueda lastimarte.
Un dildo? Los dedos en mi eran una cosa, pero meterme un dildo en el ano, no era algo bastante gay?
Que haría un sacerdote con un dildo en el ano? Cómo se atrevía Dan a comprarle un dildo a un sacerdote?
Me puse de pie y me largue de ahí molesto, Dan solo se reía de mi.
–oh si bb! Que bueno que te vas a casa, por que un paquete está por llegar para ti- me grito cuando yo ya estaba caminando alejándome de él.
***
El dildo era de unos 15-16 cm, se me hacía muy grueso la verdad, no había manera de que eso tan gruesos entre en mi ano. Pero no sé que hacía pensado eso, si no pensaba usarlo, lo arroje molesto y cayó en la mesita de noche.
Tonto Dan, como se le ocurre comprarme eso?
Después de mis oraciones nocturnas me acosté a dormir, mañana sería domingo y en la iglesia me esperaban muy descansado y feliz.
Pero no podía dormir, solo podía pensar en lo bien que se sentían mis dedos dilatando mi ano, por más que trataba de ignorar esas sensaciones en mi, no podía.
Así que ahí estaba de nuevo, un sacerdote que el día de mañana tendría que estar al frente de tanta gente, hablándoles de Dios, metiéndose los dedos en el ano.
–Aaah Dios! Pero porque se siente tan bien?- mi pene estaba goteando precum en mi abdomen mientras yo empujaba una y otra vez los dedos en mi ano, Dios! Que sensación tan más deliciosa.
De repente mis dedos rozaron mi próstata.
–Jooooooder, no puede ser!– me iba a morir de la excitación. No podía dejar de ver la mesita de noche. El dildo era más largo, de seguro podría tocar mi próstata sin problema.
Podría ser solo una vez, nadie tenía que saberlo, no?
Y así fue como termine gimiendo fuertemente con un consolador en mi ano, no podía dejar de empujar el dildo en mi, era lo más delicioso del mundo.
–Que rico! Aaaah! Más, más, si!- no podía parar, más bien, no quería parar.
Apenas tenía la coordinación para hacer que el consolador se moviera dentro y fuera de mi y yo lo que quería en ese momento, era acostarme y perderme en la sensación de ser follado por alguien…
–Aaaaah! Si! Sí si si! Que rico – y me vine, oleadas y oleadas de placer, mi abdomen termino manchado de mi semen, ni siquiera me había tocado el pene.
Suspiré y me deje caer en el colchón, y llegó el arrepentimiento, como pude hacer algo así? Dios me estará odiando justo ahora? Mentiria diciendo que no me había gustado porque realmente me moría por volver a hundirme en ese dildo de nuevo.
Y en ese momento entendi todo, mis dedos ya jamás sería suficientes en mi ano y solo tenía que esperar unos 10 minutos para recomponerme y poder volver a hundirme en el regalo que me hizo mi amigo.
***
La palabra obsesión era bastante adecuada, pensé mientras me hundía en mi nuevo dildo de 20 cm con una ventosa adherido a la silla de mi habitación.
Respiraba pesadamente mientras me hundía en el dildo, se sentía tan bien, era tan rico lo que sentía que no quería parar nunca…
Montaba tan duro el dildo, mis piernas temblaban de exitacion, era riquísimo el como mi pene escupía el precum y ni siquiera me lo estaba tocando, no era necesario. Pero tener algo en mi ano ya no estaba siendo suficiente, quería empujar, quería que me follaran muy duro.
No debaja de montar el dildo, me hundía una y otra vez en el, jadeaba como perra en celo y no sentía ni un poco de vergüenza.
De repente mire en la mesita de noche la foto de mis padres, que pensarían mis religiosos padres de lo que estaba haciendo justo ahora?
Que pensarían mis padres si me vieran justo ahora, montando un dildo tan exitado?
La vergüenza me golpeó de nuevo Pero no puede parar, por el contrario, comencé a montar el consolador con más fuerza, mis piernas temblaban por la exitacion y el esfuerzo, mi pene duro y enrojecido golpeando mi abdomen.
Y me corrí, tan pero tan duro, gritando con una voz que no sonaba como si fuera yo.
–Ay! Aaaah! Aaaah! Que rico!- tiras de semen salían y salían de mi. Me pregunte nuevamente que dirían mis padres de esto?, era lo más parecido a una experiencia religiosa que jamás había sentido.
No me moleste en moverme de la silla ni sacar el dildo de mi ano, bastará solo un momento para reponerme y poder volver a montar ese rico pene en mi silla.
Realmente tenía un problema, lo peor? No quería ya salir de ahí…
Continuará…



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