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Fantasías / Parodias, Gays, Sexo con Madur@s

Perversidad I

Capítulo 1. El circulo de las perversidades .

Perversidad I

Capítulo 1. El circulo de las perversidades

Advertencia. Este relato puede contener escenas sexuales bastante explicitas o fuertes, si no te gusta este tipo de literatura, eres libre de dejar de leer, en cambio, si decides quedarte, disfruta de este relato lleno de morbosidad y perversidades

****

Poder y depravación

Esas palabras eran, para Alejandro, la combinación perfecta mientras era conducido en su auto hacía su lugar favorito y en donde podía escaparse del estrés que siempre acumulaba en su trabajo, sin embargo, el fin  de semana había llegado, y por ende, necesitaba darse una escapada de todo aquello y disfrutar de los beneficios que le traía ser una persona tan poderosa

Alejandro Acosta era un hombre que estaba a punto de cumplir los cuarenta años, sin embargo, a pesar de su edad, seguía manteniendo un físico envidiable, su cuerpo estaba bien trabajado por el ejercicio físico que hacía, ene se momento estaba usando un traje de ejecutivo totalmente negro y ajustado, lo que permitía vislumbrar su cuerpo y causar la morbosidad de las personas que lo veían, especialmente de algunas mujeres

Aquella excitación femenina le causaba risa a Alejandro, era algo que le gustaba y le satisfacía, mas que nada porque ese cuerpo no estaría disponible para disfrutarse por las mujeres, Alejandro era muy distinto y con gustos bastante peculiares, por eso, cuando el carro estaba cerca de llegar a su destino, en un área boscosa que permitía estar oculta al ojo publico, su excitación crecía cada vez más

—hemos llegado, señor— le dijo su chófer luego de varios minutos hasta llegar a un portón, allí, el chófer dijo por medio de la bocina a quien traía, mientras que Alejandro mostraba su rostro a través de la pantalla para ser identificado, por lo que las puertas se abrieron en automático y el chófer avanzó hacía su destino

Enfrente, una enorme casa, parecido a un palacio, se alzaba entre ellos, había algunos autos estacionados, Alejandro sabía que los fines de semana había mas gente que se reunía, eso no le molestaba, al contrario, le permitía ver y que lo vieran cometer las depravaciones que abundaban en aquel palacio que era sede de un grupo que simplemente era conocido como El Club

El club era una organización clandestina donde personas de poder se reunían para saciar sus perversiones, era un club privado donde lo prohibido era permitido, cuando el auto se estacionó, Alejandro le indico a su chófer que podía retirarse, que no lo esperara y volviera hasta el domingo, cuando el le llamara y pasara por él, el chofer se limito a asentir ante la orden dada y Alejandro se bajo del lujoso coche para entrar al palacio

—buenas noches, señor Acosta. ¿Que tal estuvo su viaje?— le pregunto un joven que, en vez de ropa, usaba un bikini de color negro y una corbata del mismo color, su nombre era Eros, bueno, ese era su nombre artístico, él se encargaba de recibir a los miembros del club, era de tez morena, delgada y su culito era pequeño, tenía veinte años

Alejandro lo miro con deseo, pero si bien se le hacía atractivo y los pensamientos mas impuros atravesaban por su mente cuando lo veía, no tenía lo que a él le excitaba, por lo que se complacía en ver como los hombres maduros lo usaban de vez en cuando, aún podía recordar como tres hombres maduros lo tenían dominado con una correa de perro en el cuello de Eros y lo obligaban a chupar sus vergas en las piscina, mientras que Eros satisfacía sin ningún problema a esos hombres

—estuvo tranquilo, supongo que ya sabes mis gustos— le respondió Alejandro de forma sería

—por supuesto, señor, si gusta dirigirse a su habitación y en un momento le traeremos a su pequeño—le decía Eros mientras le entregaba una llave a Alejandro

—muchas gracias, sin embargo, me daré una vuelta en el Mirador. Quiero que ya este en mi cuarto mi pequeño— le ordenaba Alejandro al joven

—como usted ordene. ¿Quiere que sea como el de la anterior vez o un poco experimentado?

—un poco experimentado, esta vez— fue lo que le respondió Alejandro hasta retirarse para dirigirse al Mirador

El mirador era una habitación parecido a un cuarto de interrogación, donde los miembros del club veían a través del vidrió como un miembro usaba a uno de los esclavos, cuando Alejandro llego, vio a varios miembros ya reunidos, todos los presentes eran hombres ya mayores de distintas complexiones fisícas, algunos se limitan a masturbarse mientras veían la escena y otros ya tenían a su esclava haciéndoles un oral mientras contemplaban la escena

La escena en cuestión era de un hombre rubio que usaba una mascara negra, estaba totalmente desnudo, no tenía un fisico tan trabajado, pero se podía ver su buena verga de veinte centímetros, según calculo Alejandro, la cual, penetraba sin piedad el culito de un esclavo pequeño, Alejandro calculo que podría tener entre trece u once años de edad, sin embargo, en la habitación y gracias a los micrófonos se podía escuchar los bufidos del hombre, el sonido de las penetradas sin piedad y el llanto del pequeño que suplicaba y lloraba, mientras que el hombre, en lengua extrajera, lo insultaba y nalgueaba sin piedad, mientras los demás veían esa escena que cualquiera podría horrorizarse por aquella violación

«Así es el mundo, los fuertes someten y los débiles como ese putito son sometidos hasta que se acostumbran a ser nuestros esclavos. No tienen valor, su único valor reside en servirnos a nosotros los hombres». Pensaba Alejandro mientras contemplaba aquel espectáculo, sin dejar de tocar su verga, la cual permanecía en el pantalón, no sabía quien era ese niño, solo era un esclavo, un putito que tendría que acostumbrase a recibir verga de los miembros del club y de sus compradores hasta ser desecho

Debido a que no quería correrse tan rápido y suponiendo que ya lo estaba esperando su esclavo, decidió retirarse del Mirador y trasladarse a su habitación

Cuando llego a la habitación, la cual era lujosa y con una amplia cama, vio que, en el suelo, estaba una jaula grande, dentro estaba su esclavo, Alejandro lo bautizo como Libra, era un jovencito de trece años, su tez era blanca, lo que contrastaba enormemente con la tez morena de Alejandro, su estatura era baja, en ese momento estaba totalmente desnudo, era delgado y tenía puesto un collar que decía Baby Toy, cuando Libra vio a su esclavo, asumió una actitud totalmente sumisa, algo que él sabía que le gustaba a su dueño, por lo que no fue raro que Alejandro sonriera de manera cínica la ver aquella actitud sumisa de su esclavo

Alejandro abrió la jaula y después de sentarse al borde de la cama, le ordeno a su esclavo que saliera y le quitara los zapatos con una seña, Libra obedeció y salió gateando de la jaula, cuando llego enfrente de su amo, obedeció a su dueño y empezó a quitarle los zapatos negros, después, sin que su amo lo ordenara empezó a besar los pies de su amo, aquello excito a Alejandro, quien, mientras la delicada lengua y pequeños labios de Libra besaban los pies de su amo, tocaba su verga cada vez de forma salvaje

«Esta noche seras mio putito, por eso me gustas, porque ya sabes para lo que sirves». Pensaba Alejandro mientras seguía tocando su verga y después, con sus dedos, empezaba a jugar con el delicado y depilado hoyito de su esclavo, pensando en lo que pasaría esa noche y en el fin de semana

****

Lamento que el capítulo termine de esta forma, pero prometo que el siguiente capítulo sera bastante morboso, por lo pronto espero que disfruten de este capitulo introductorio y puedan votar y comentar que tal les pereció

Tambien pueden escribirme a mi telegram @Boydaddy18

20 Lecturas/22 enero, 2026/0 Comentarios/por Jose eduardo
Etiquetas: culito, culo, joven, jovencito, maduros, mayores, oral, viaje
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