RAPSODIA MARIC-ONA ARDIENTE- mariconeándome. ESTACIÓN TERCIA
Sigo la estructura de la rapsodia para dar rienda suelta al ser sensual y caliente que llevo en mí, desde los inicios al momento deseado: Una verga ingresando en mi hoyo con el claroscuro de la realidad en las luces de mis pervertidos sueños eróticos en que siempre soy sometido, sádicamente sodomiza.
Primer movimiento: Sorpresa veraniega.
Aún sentía adolorido el poto después de la aterradora pero magnífica cogida (: violación en grupo o capote) que me dieron.
Abordamos el tren que nos llevaba al sur. Me acomodaba en el asiento mientras veía pasar el paisaje a través de la ventanilla del carro en que iba. Era un viaje largo y aburrido. había que realizar trasbordo en la capital y luego en la ciudad en la que debíamos abordar un microbús que nos llevaría finalmente a destino.
Llegamos a la casa de los abuelos por la noche y solo pudimos beber algo y luego al dormitorio los niños.
Lo malo es que debimos compartir cama con los primos. Mi hermana con su prima. Mi hermano con el primo mayor y yo quedé con el menor, Carlitos.
Los demás se acomodaron en sentido inverso: uno hacia la cabecera y el otro hacia los pies. Yo preferí compartir con Carlitos sin esa forma que me parecía rara.
Estuvimos en el inicio, espalda con espalda con mi primito. Pero luego sentí que él me abrazó. Ni corto ni perezoso, lo di vuelta y quedé en cucharita con él. Demás está decir cuáles eran mis intenciones.
Carlitos era delgado y de piel muy blanca. Se veía que no se había expuesto a las caricias del sol que a nosotros nos provocaba un bronceado bastante pronunciado. Tenía un traserito no muy grande pero sí abultadito y atractivo.
Ahora podía sentir cómo mi pene se empezaba a despertar al apoyarlo entre esas nalguitas. Solo llevaba un pijama bastante delgado y nada de ropa interior. Cuando mi verga se erectó en su máximo nivel, le bajé el pantalón del pijamas y apunté mi verga a ese agujerito rodeado de albas nalguitas.
En ese momento, Carlitos se despertó: -¿Qué haces? -Nada solo me quedé dormido. -¿Pero por qué estás desnudo y qué me hacías?
-Tenía calor. No podía dormir. Cuando me desnudé recién me vino el sueño.
Después de ese diálogo, no intenté nada más. Aunque ya se me había ocurrido la forma en que me haría de ese culito que mi verga había señalado con las primeras gotas de precum. Al menos Carlitos no se dio cuenta, o no dijo nada.
Segundo movimiento: Sodomía de un día de verano
-Carlitos, ¿vamos al último patio a comer frutas?
-Pero allá no podemos ir.
-No se darán cuenta. Les diremos que fuimos al WC.
Había en uno de los patios una rústica caseta que en su interior tenía un retrete de cajón con un agujero circular instalado sobre un pozo séptico. El aroma era de mierda pura que se podía ver como una ciénaga de excrementos y orines .Fuimos a cumplir esa aventura y sacamos frutas y comimos hasta hartarnos, pero estaban verdes y eso nos produjo un deseo de ir a evacuar con urgencia. Carlitos quiso ir la baño del interior, pero yo se lo impedí porque nos delataríamos al revelar la causa.
-Pero con qué nos vamos a limpiar…
-Yo traje. Le dije y yo te limpio.
Se sentó en el cajón y después de defecar, me dio que lo limpiara. Cogí el papel y le limpié ese agujerito.
-¡Ay, no tan fuerte!
-Disculpa. ¿Así? Dije mientras le limpiaba.
Me senté a defecar. Pero antes, para evitar que mientras yo estaba defecando él se fuera, lo senté en mis rodillas.
-¿Por qué haces esto?
-¿Que no te gusta sentarte en mis rodillas? Mientras le acariciaba las nalguitas por debajo del pantaloncito corto.
-No.
-Bueno, pero tengo unos dulces que te gustan. Te los doy si juegas conmigo.
-¿Jugar a qué?
-A que tú me prestas el potito…
-Ah, lo mismo que me dijo el Mono. Pero él lo tiene chico y tú lo tienes muy grande. Me va a doler mucho.
-¡El Mono te comió el culito! ¿Y con él no te dolió?
-Al principio me dolió un poco, pero después me dio gustito.
Y yo que creí que sería el primero en estrenar ese culito.
-Bueno, pero puedo hacer que no te duela. ¿Quieres?
-Ya, pero dame los dulces primero. Y si me duele, me lo sacas..
Le di los caramelos favoritos y le saqué la ropa dejándolo desnudo de la cintura para abajo. Lo senté en mi dura pichula y le dije que se la pusiera solo.
Con algunos sentones intentó clavarse mi dura estaca, pero no podía abrirse totalmente para que ingresara mi tiesa verga.
-Te ayudaré. Los levanté y me escupí en la mano y acaricié su entrada humedeciéndola. Le metí un dedo y dio un respingo, pero nada dijo. Luego otro y se revolvió. Al tercero tuve que detenerme porque le dolió.
-Ahora prueba sentarte.
-Me dolió, pero se me está pasando. Mi verga se pudo ingresar una buena parte. Aprovechando la ocasión lo agarré de los hombros y lo bajé con fuerza hasta que pude meterle toda mi pichula en su estrecho pero trabajado culito.
Dio un grito que pudo hacerse escuchado varias cuadras a la redonda si no le tapo la boca.
Se revolvió y me miró enojado.
De pronto, un golpe fuerte en la caseta:
-¿Quién está ahí?
Era Arturo «Zorro» el caballerango y mozo quien habló.
-Carlitos, anda para la casa porque tu mamá te está llamando.
El crío se bajo de mis rodillas y se subió el pantalón raudamente se dirigió a la puerta que separaba el patio de la casa.
-Tú, ven para acá. Me cogió de un brazo y apenas pude ponerme el pantalón.
-¿Para dónde me llevas?
-Pronto lo sabrás, mocoso caliente.
Tercer movimiento: Quien a pene folla, a pene es follado.
-Ahora vas a ver lo que te espera. Llegamos hasta el arroyo que corría al final del último patio.
Me sumergió sin sacarme la ropa y luego me desnudó completamente.
-¿Por qué haces esto? Te va a correr cuando lo sepan en la casa.
-Te vas a dejar tranquilo y callado, porque vi todo lo que le hacías a Carlitos y ahora te toca a ti sufrirlo o…gozarlo.
Me puso en cuatro y sacó una verga descomunal que puso en la entrada de mi ano.
-Ahora, por las buenas o por las malas te voy a culiar, cabro. Así empieza a cooperar. Ábrete las nalgas y relaja el culo.
Hice lo que me pidió y esperé la primera arremetida. Sentí un escupitajo en mi trasero. Sentí asco, pero una ansiedad mezclada con deseo se me hizo presente…Y quise que todo pasara ahora…
Arturo tenía una tranca que se solazaba con las yeguas que tenía a su cargo. Yo iba a ser esa yegua humana que le internaría el pico.Un intenso dolor y sentí que me partía en dos y solo había metido la mitad.La sacó. Sentí alivio. Tomó impulso y ahora sí la metió hasta el fondo y creo que me desmayé… Pero no, lo que ocurrió es que mi deseo de ser la yegua, me había provocado un estado de semiinconsciencia que pudo soportar y luego gozar con las delirantes metidas y sacadas de mi violador.
Una vez que me dejó todos sus mecos en mi interior, un agudo silbido y llamó a su fiel perro Negro.
-Negro, limpia el culo a esta yegua.
El mastín me lamió deleitándose con los mecos y algo de sangre que me había dejado la feroz culiada del «Zorro».
CONTINÚA. Atentos a las nuevas estaciones de esta Rapsodia Maric-ona.
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