RAPSODIA MARIC-ONA ARDIENTE- mariconísima. SEGUNDA ESTACIÓN JuanaLoca
Sigo la estructura de la rapsodia para dar rienda suelta al ser que llevo en mí, desde los inicios al momento deseado: Un pene ingresando en mí con el claroscuro de la realidad en las luces de mis pervertidos sueños eróticos en que siempre soy sodomizado con la resistencia inicial de deseo urgente.
Primer movimiento: Tocaciones y toqueteos
Estoy cabeza abajo desarrollando la tarea de esa clase. Tan concentrado que no sentí el sonido de la campana ni el estampido que provocan los muchachos por abandonar la sala e ir a recreo.
Siento que alguien se acerca y pone su mano en mi hombro y susurra con voz ronca que me saca de lo que hago y siento un suave cosquilleo en mi oreja:
-¡Vamos a recreo, mi querida Pirucha!
Desde la puerta me hace una señal que solo los dos entendemos. El índice de la mano derecha apunta hacia arriba y el el índice y el pulgar de la mano derecha forman un círculo. Eso es mi anillo, argolla, culo. Y el dedo que paunta el pene de Enaldo.
Hace ya varios días que he sentido su interés en mí. Pero no sería honesto si no digo lo que es: mis nalgas. Eso quiere como muchos de esta escuela que me hacen toda clase de propuestas, insinuaciones y entre toqueteos -palpación de nalgas sorpresiva- y tocaciones -palpación consentida de culo completo incluidas nalgas y rajita.; Enaldo me tiene semi convencido de aflojar mi poto y él pueda lograr quitarme ese molesto sambenito de culo virgen.
Por cierto lo de virgen es una exageración. Ya me había soltado con el cura que me había elegido de monaguillo, pero en la escuela nadie supo esa parte de mi historia.
Salí apresuradamente al encuentro con Enaldo en los baños del colegio. Corrí hasta la última caseta. Un empujón a un chico que me obstruía la pasada. Me miró extrañado. Abrí la puerta e ingresé. Cerré rápidamente.
-Llegaste. Yo ya estoy por irme. Quiso decir que concluiría con orgasmo la masturbación.
Me agaché y llevé mis labios a besar el glande de ese pene que estaba siendo mi obsesión desde ya varias noches que deseo entregarme a Enaldo.
El sonido de la campana interrumpió ese fellatio que dejó a medias a ambos.
Mientras íbamos a la sala. Enaldo me dijo que mejor fuéramos al río y allí estaríamos más tranquilos. Eso creí, pero las circunstancias fueron muy distintas.
Segundo movimiento: Penetraciones ansiadas y no previstas
Esa tarde de verano era común ir al río que atravesaba la ciudad a refrescarse del calor estival. Había muchas pozas que los grupos de muchachos construían con piedras y palos. De modo que mantenían cierta distancia y resultaban bastante privadas. Sobre todo para lo que allí iba a ocurrirme.
-Ven, mijita. Ese era el trato de chica que me daba Enaldo y a mí me gustaba eso.
Me tomó de la mano y me agarró el poto.
-Ahora sí esto va a ser mío.
Me solté y me alejé corriendo pero sin alejarme, me detuve y Enaldo llegó y cuando estuvo a mi lado me dio un beso de lengua que me encendió aún más el deseo de ser cogido. Nos sacamos apresuradamente la ropa. Enaldo quedó desnudo apuntando hacia arriba su pichula.
Yo aún estaba con ropa interior. Un calzoncito rosado que le había sustraído a mi hermana.
-Ven acá vamos al río. ¡Qué rica te ves con ese calzón!
Nos metimos en las aguas frías del río. Enaldo me abrazó:
-¿Tienes frío, mijita? Yo te abrigaré. Esta estufa te abrigará toda por dentro.
Me agarró fuerte y me corrió el calzoncito hacia un lado y me ensartó la cabeza de su verga en mi culo. Fue tan sorpresiva como deseada.
-¡Ay! Alcancé de decir. Pero el dolor se transformó rápidamente en placer. Era tanto el deseo de ser culiado desde que que el cura me dejó ir, que ahora Enaldo abrió la compuerta de mi lujuria y deseos homosexuales reprimidos y ahora florecientes…
-¿Te la saco, mijita?
.¡Noooo. Déjalo ahí. No lo saques. Pero detente un ratito Y después dame duro.
-Siiiii, mijita, Mi Pirucha caliente.
-¿Tu mujercita o tu putita?
-¡Mi mujer y también mi puta! Me abrazaba mientras empujaba su pichula con fuerza. Sentía el agua fría de la corriente y ese ardor que me producía el mete-saca desaforado de Enaldo.
-¡Dame tu leche! La quiero en el culo, mijito.
-MMMMMMM. Gruñía y suspiraba. Un ronco gemido y sentía cómo se llenaba mi culo de su leche juvenil
Tercer movimiento: Violación grupal consentida
Alcanzamos a recobrar el aliento, cuando fuimos sorprendidos por varios mocetones que nos cerraron toda posibildad de escapatoria. Enaldo intentó protegerme, pero un golpe de puño y cayó al suelo.
-Esto es para todo el que quiera escapar. Acá haremos lo que queramos con ustedes, les guste o no les guste.
– Está bien. Dije yo. ¿Qué hay que hacer?
-Tú eras el que recibía por el culo. Te daremos ese gustito. Tienes vergas para regodearte.
Efectivamente, di una rápida mirada. Eran ocho en total. Vergas, pichulas y chutos todos muy erectos y babeantes.
-Elige te culiamos por las buenas y cooperando. O te la damos por las malas.
-Bueno. Háganlo. Dije y me puse boca abajo y extendido en la arena del río. Demás está decir que estaba muy excitado con esa mezcla de miedo y ansiedad.
-Primero: como ya estás trabajado, te lo va a poner el más chutón de nosotros.
Dio un paso adelante, un moreno mocetón de unos 19 años. Su verga la balanceaba de un lado a otro mientras los demás lo azuzaban.
Me abrí las nalgas resignado y excitado.
El moreno me escupió el trasero e intentó penetrar mi culo. Pero a pesar de estar dilatado y aún conservar el semen de Enaldo en su interior, resistía ser penetrado.
Me dio varias nalgadas que tuvieron la virtud de relajarme y pudo ingresar su verga hasta las mitad. Sentí como si me hubiera rasgado el esfínter. La segunda estocada lo abrió completamente y pude alojar entero ese chuto hasta que su vientre tocó mis nalgas.
Mientras los observadores avivaban al violador, el mete-saca fue brutal, agresivo, dominante, pero… me excitó demasiado que ya estaba lista para recibir las otras siete vergas y que llenaran mi culo con su moco, leche, semen.
Enaldo fue el testigo que después de esa feroz culiada grupal consentida y disfrutada por mí me llevó hasta mi casa. Afortunadamente no había nadie, así que me llevó al baño, abrió el agua y llenó la tina.
Me bañó como a un bebé.
(Continuará) Próxima estación.
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