RELATOS POLINÉSICOS ERÓTICOS. Homosexuales y lesbianas en acción.
Nuestros deseos más profundos giraban en torno a la sexualidad humana que pugnaba por salir a la superficie y que la civilización impedía con sus estrictas normas morales y seudo éticas. Ansias retenidas y solo explicitadas cuando compartíamos el orgasmo que el alcohol y la cannabis nos hacían soñar.
Esa primera noche en que fuimos los actores de una orgía preparatoria de todo aquello que íbamos a realizar en esa lejana isla del archipiélago en la Polinesia, nos anunciaba lo que ocurriría en los próximos días.
Mireille y Dario compartirían sus vacaciones con nosotros y por supuesto nuestra recién descubierta sexualidad que gozaría del placer lésbico y homosexual. Tarhy y yo nos despedimos con un prolongado beso que fue interrumpido por la impaciencia de Mireille que arrancó a mi esposa de mis brazos. Tomadas de la mano se alejaron entre risas y caricias.
Dario, esperaba pacientemente que las dos jóvenes y hermosas mujeres se perdieran de nuestra vista. Lo pude contemplar: alto, fornido, su piel de un bronceado natural destacaba la profundidad de sus ojos verdes. Era hijo de una hermosa francesa y de un senegalés que había seducido a su madre con sus fuertes brazos que la rodeaban con fuerza y de súbito la empalaban sin que ella dejara escapar ni un solo gemido. Extasiada por la poderosa envergadura que la sumía en un estado de semi inconsciencia…se dejaba llevar por el placer exótico…
Me sacó de mis cavilaciones un abrazo que me dejó atrapado en el pecho del macho que me haría sentir aquello que iba a soltar y que se anudaba dentro de mí impidiéndome disfrutar del sexo con varones. Mis traumas se originaron en la etapa de la pubertad y no los había podido superar aunque sentía esa pulsión interior que me llevaba a orientar mi placer en torno al coito anal. Muchas veces había penetrado a mi esposa contra natura y no solo a ella sino a varias mujeres que fueron parte de mi vida. Las sentñia quejarse y a veces llorar, pero luego se desataba en ellas un deseo incontenible de ser penetradas con más fuerza de la que nunca pude ejercer. Anhelaba experimentar en carne propia esa exquisita sensación de ser penetrado analmente.
Dario me dio vuelta hacia él y me miró con sus enigmáticos ojos verdes y luego me besó con una mezcla de ternura y fuerza. La mujer solo se deja besar y abre su boca para atrapar la lengua y entrelazarla. El hombre usa la lengua como si fuera un pene que se mete hasta donde alcanza su longitud. Un extraño sentimiento me invadió. Quería dejar de ser hombre y ser bestia, hembra, que mansamente se deja avasallar y goza con la sumisión. Deseé en ese momento que la verga enorme del Africano me abriera de par en par la puerta de la lujuria homosexual que llevo desde hace mucho tiempo reprimida. Pero no. Se deslizó hacia abajo y cuando creí que me daría una mamada, se dirigió a mi culo y empezó a mordisquear mis nalgas, las abrió y su lengua empezó a revolotear como mariposa diabólica que prendía fuego en ese volcán preparado para la erupción.
Entonces, grité, supliqué, imploré, rogué, sollocé, aullé… Pedí que detuviera ese placer que no podía soportar. En lo más alto de la escala de la sensibilidad, solo quedaba el desmayo, la pérdida de la consciencia…
En un supremo último acto de defensa, me dejé llevar hasta que sentí que perdía la noción del tiempo y borbotones de semen saltaron de mi pene y experimenté el orgasmo anal más fuerte e intenso que jamás había logrado, ni siquiera cuando ese que me robó la virginidad anal me enculaba diariamente en la oscuridad de su dormitorio entre misa y misa.
Dario entonces,terminó su faena y recogió el semen derramado y lo extendió entre mis nalgas y procedió a embadurnarse el pene y con decisión lo introdujo en mi culo que se había aflojado como un ave muerta sin fuerzas ni siquiera para sentir dolor.
Dario pudo meterlo todo hasta que su vello púbico restregó mis nalgas. Empezó un frenético mete saca que era cada vez más y más furibundo. Toda la ternura y suavidad inicial se transformó en una tromba salvaje que quería destrozar con sus arremetidas el ano que lo albergaba con soltura. De pronto y después de más de una hora, pudo llegar al orgasmo y su enorme verga disparó con fuerza inusitada su descarga. Un momento después sacó su verga con violencia y un estruendo seguido del desborde del semen saliendo por mis nalgas hacia mis piernas…
Esa noche compartiría con Tahry los extraordinarios acontecimientos del día, el primero en la Polinesia.
CONTINÚA
Soy su anfitrión, Juana La Loca, que les pide que valoren esta nueva historia para saber si les gustó o no.
Si tienen preguntas privadas, mi email está dispuesto para ustedes [email protected]
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