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Fantasías / Parodias, Gays, Incestos en Familia

Soy padrino de un niño ¿gay?

..

Gabriel de nueve años, es hijo de Leandro, mi mejor amigo desde el jardín y de toda la vida. Desde que Lean supo que iba a ser padre, me dio a mí el privilegio de ser el tío y el padrino del pequeño Gabito.

Gabito es un niño tierno, carismático, súper expresivo y extrovertido. Tanto, que han tenido que llamar a mi amigo del colegio para darle quejas porque el niño no para de hablar, siempre que lo cambian de lugar igual encuentra la forma de hablar con el de al lado. Así básicamente es el “revoltoso” del grupo.

A sus nueve años, es bastante chiquito para su edad. No va a ser muy alto porque sus padres no lo son, tiene el pelo negro y los ojos celestes iguales a lo de Cami, su mamá y mi amiga. Es flaquito, pero atlético porque para nuestra sorpresa, desde los siete años quiso jugar vóley y lo hace muy bien.

Entonces, ahí y en el colegio se hizo muchas amigas. Demasiadas amigas. Sus amigos varones son pocos, pero tiene. Sin embargo, es increíble la cantidad de nenas que vienen siempre a su cumpleaños.

-Che, que ganador te salió Gabriel, eh. -le dije una vez a mi amigo mientras yo estaba en su casa y tres nenitas de la misma edad de mi ahijado habían venido a merendar con él.

Lean me miró y se cagó de risa. – ¿Y bueno, quien es el padre? Más vale que sí.

Los dos nos reímos y empezamos a joder con eso. Pero pasando el tiempo, ya no estaba tan seguro de si mi amigo tenía razón y el niño le había salido ganador con las minas o… con los tipos.

Lo primero que me hizo dudar fue la temática que quiso para su cumpleaños número nueve. Luego, la forma que tenía de hablar con sus amiguitas. También lo había visto poniéndose la manteca de cacao de su mamá de una forma… rara. Y siempre, estaba viendo programas considerados para nenas.

No soy ese tipo de chabón, que considera que las cosas son para nenas o nenes, pero si es cierto que uno como padre, pretende que su hijo salga igual de macho que uno.

No quería hablar del tema con mi amigo, pero estaba vigilando de cerca a mi ahijado. Buscando las señales. No sé por qué me interesaba saber tanto si es gay o no. Tiene solo nueve años y muchas amigas mujeres. ¿Qué importaba lo que fuera?

Sin embargo, ahí estaba yo, leyendo e investigando como un nene descubre que es gay y como un adulto puede abordar esa conversación con él.

Entre mi búsqueda, termine en una página de relatos eróticos. Demasiada gente enferma relatando situaciones sexuales entre niños y hombres adultos, pero ahí estaba yo, leyéndolo hasta altas horas de la noche y pajeándome como nunca en mi vida.

Las noches que me quedaba leyendo los relatos de como hombres que les triplicaban la edad, se cogían a nenitos de la misma edad que mi sobrino, me sacaba tanta leche, que me sentía marear.

Después me sentía un asco por imaginar esas cosas, y así y todo, esa misma noche volvía hacerlo.

Mi búsqueda y curiosidad fue más allá. Termine viendo videos porno gay de todo tipo, y contactándome con tipos raros los cuales tenían páginas con videos reales de hombres adultos violando niños. Ese día, algo en mi cabeza cambio.

No recuerdo hasta que hora estuve y cuantas pajas me hice, solo sé que imaginaba a mi ahijado de nueve años en las escenas que veía, y eso hacía que explotara en leche. Al otro día de ese suceso, seguía tan caliente que me tuve que pajear dos veces más en el trabajo.

Un maldito enfermo.

El día en que mis fantasías perversas pasaron a convertirse en realidad, fue cuando mis amigos tenían una cena por el trabajo de la mamá de mi ahijado, y me dejaron a cargo de él.

A Gabriel le encanta pasar tiempo conmigo. Lo dejo quedarse despierto hasta altas horas de la noche, le preparo su comida favorita (comida basura) y le compro todos los dulces que él quiere.

– ¿Tío?

– ¿Qué pasa, Gabito?

– ¿Me prestas tu celu? Es que mi Tablet se quedó sin carga, y me olvide de decirle a mami que me pusiera el cargador en el bolso.

– ¿Y qué cargador usas? Capaz te puedo prestar el mío.

-Es que es una Tablet Samsung, vos tenés un IPad.

-Es verdad… pero no te puedo prestar el celu, estoy haciendo cosas del laburo. -su carita se puso triste. Una cosa que tiene Gabriel es que es muy expresivo y tiene una voz tan tierna, que convence a cualquiera. Es un dulce. -Pero anda y usa mi compu mientras yo termino acá. Después te vas a dormir.

Saltó feliz y me vino a abrazar. – ¡Gracias, tío!

Se fue corriendo hasta mi habitación y lo escuché como arrastraba la silla de mi escritorio. Yo me quede un rato más haciendo unas cosas de laburo mientras me tomaba una cerveza y veía un partido.

Con Gabriel habíamos cenado unos panchos con coca y papas fritas (si su mamá se entera me mata), vimos una peli y después cada uno se fue a bañar para colocarse el pijama. Como yo tengo que terminar unas cosas importantes para mañana, lo mande a mi habitación con su Tablet para que juegue.

A eso de las 23:30, el niño ya había tenido como dos horas de pantalla por lo que ya tengo que ir a sacarle cualquier dispositivo y hacer que se duerma. Además de que mi cabeza ya está distraída con las imágenes de los videos que habían mandado hoy al grupo de esos nenitos hermosos siendo violados.

Apagué todo en el living y fui hasta mi habitación. Mi ahijado obviamente que seguía sentado enfrente de mi computadora, pero para mi sorpresa, no jugando como yo esperaba, sino mirando mis videos. Aquellos videos que he estado descargando toda la semana. Videos de todo tipo: niños empalados, niños violados, orgías con niños, niños siendo cogidos por perros, sexo entre niños, de todo.

Mi ahijado de nueve años estaba viendo mi arsenal de porno pedófilo con niños parecidos a él, y de su edad.

– ¡Gabriel, ¿qué haces?! -fue lo único que pude decir, asustándolo con mi grito. Se dio vuelta rápido y me miro con los ojos muy abiertos.

Se puso rojo, su boquita se abría y cerraba sin poder decir nada. No sabía cómo explicarme lo que estaba viendo.

Detrás de él, en la pantalla, se reproducía un video de dos nenes chupándole la verga a un hombre viejo y gordo que estaba acostado. Uno de los niños estaba arriba de él en una posición de sesenta y nueve donde el viejo le chupaba el orto. El otro nene, arrodillado al costado del viejo, también le chupaba la pija y le comía los huevos, dejándoselos babosos.

La imagen inevitablemente provocó que se me pusiera dura la verga, y más cuando lo mire a mi ahijado que me miraba asustado.

-Tío…

– ¿Por qué estás viendo eso, Gabriel?

-Yo… no sé tío, se puso solo… yo quería jugar a los jueguitos. -los ojos se le pusieron llorosos y sabía que era cuestión de tiempo para que se pusiera a llorar.

– ¿Cómo encontraste eso? -me acerque a la compu y la apague directamente. – ¿Eh? Decime.

-No sé…

– ¿Sabes que, si tus padres se enteran de que estás viendo esas cosas, te van a castigar?

– ¡No tío, por favor no! -empezó a llorar.

-Gabriel, es muy grave que veas esas cosas.

-Pero tío, yo no hice nada lo prometo, apareció solo.

Las lágrimas cubrían toda su cara y eso me estaba poniendo caliente. Verle la carita inocente y roja inundada de lágrimas, me excitaba.

-Basta de llorar.

– ¡Perdón, tío!

Se tiró a mis brazos y me rodeo con los suyos con fuerza. Seguía llorando fuerte, y a pesar de que yo tenía más ganas de romperle el orto que de consolarlo (a fin de cuentas, es mi ahijado y lo amo más que a nada), le hice upa y lo abracé contra mi cuerpo. Sus piernitas se envolvieron en mi torso y una de mis manos lo agarro por el orto mientras la otra le rodeaba la espalda para mantenerlo junto a mí.

-Sh, sh, ya está Gabito, ya está.

-Perdón tío, perdón.

-Sh, ya está.

Me senté en la cama y lo senté a horcajadas sobre mis piernas mientras lo mecía para que se calmara. Mi verga que se había aflojado un poco, quedo atrapada junto a la de él y sentía como se rozaban. La poronga se me volvió a endurecer.

Con mis manos empecé a acariciar la espalda de mi sobrino, su pelo de rulos y su carita, limpiándole las lágrimas. Él solo sollozaba y me miraba haciendo pucheros.

-Ya está bebé, calmate.

– ¿Se lo vas a decir a mis padres, tío?

– ¿No querés que se los digas?

-No, por favor.

– ¿Vos querés a tu tío? -asintió. – ¿Cuánto?

-Mucho, tío.

-Entonces dale un beso a tu tío. Así te perdono.

Me dio besos en el cachete. Varios. Me miraba esperando que le diera mi aprobación, y yo iba a aprovechar el momento de debilidad de mi sobrino lo más que pudiera.

– ¿Y un besito acá? -me señalo los labios. Él me mira confundido. -Si me das un besito acá, te prometo que no le contaré nada a tus padres.

-Bueno, tío.

Sus labios de niño tierno e inocente chocan con los mío en un piquito húmedo e infantil. El corazón me empieza a latir con fuerza y la sangre de la cabeza se me va a la poronga. No pensaba nada más que no sea meterle la verga a mi ahijado.

-Dame otro, y abrí tu boquita.

-Pero tío…

– ¿O querés que le cuente a tu papá? -negó efusivo. -Bueno, entonces hace lo que te diga y los dos tendremos un secreto que no le contaremos ni a tu papá, ni a tu mamá ni a nadie.

-Está bien, tío.

Esta vez, sin yo decirle nada, puso sus dos manitas en mi cara, sosteniéndome, y se acercó a mi boca para darme un beso. Esta vez, abrió la boca y se quedó ahí, pegado a mis labios con su boca abierta.

Yo aproveche y le enseñe a besar. Nuestras bocas se unieron, le mostré como abrirla, le lamí los labios y la lengua la cual se la chupé. Le chupé los labios, se los lamí y mordí. Él me siguió el ritmo bastante rápido. Me explotaba la verga. Sus brazos se colocaron alrededor de mi cuello y mis manos le agarraron el orto, acercándolo más a mí. Para mi sorpresa y satisfacción, empezó a frotarse contra mí.

-Mm, mi niño. ¿Te gusta?

-Si tío.

– ¿Qué te gusta? ¿Qué sentís? Decime.

-Yo… no sé. Me gusta el beso, y siento cosas en el pene, tío. -su mamá le enseño que se dice pene. Me parece tan gracioso que use esa palabra.

– ¿Qué cosas?

-Yo no sé cómo decirlo, pero es como si quisiera hacer pis y la tengo dura… me duele.

Me rio. -No te duele, la tenés dura porque estás excitado. ¿Querés que tu tío te ayude con eso? ¿A que deje de estar dura?

Asiente. – ¿Cómo se hace eso, tío?

-Te voy a enseñar porque el tío también la tiene dura.

Lo tomo en brazos y lo acuesto en la cama. Su cuerpecito queda tan bien en mi cama que me dan ganas de saltarme un par de pasos y clavársela de una.

Gabriel mira todo lo que hago. Como me saco la ropa y quedo completamente desnudo y como me coloco en el borde de la cama, tirando de él hasta ahí para poder ver su verga de nene más de cerca.

Mi verga parece también llamar su atención. La mira curioso y con los ojitos muy abiertos. Lo entiendo. Tengo la verga muy gorda, no tan larga, pero el grosor siempre ha dado de que hablar. Es muy imponente. Los huevos los tengo gordos y pesados con mucha leche para rellenarle el orto a mi ahijadito.

En cambio, la pija de Gabriel es la cosa más tierna y chiquita que he visto. Flaquita como él, pero muy rosa. Él es muy blanco entonces todo en él es tan rosita. Se me hace la boca agua de probar su ano.

Le beso todo el cuerpo, el cuello, sus tetitas y su panza, haciéndolo reír. Sus muslos, lo lamo y se los lleno de babas. También bajo por sus piernitas, obviando lo que más quiero probar. Le beso las piernas y sus piecitos tiernos los cuales me los meto a la boca y los chupo. ¿Ahora tengo un fetiche con los pies de nenes? Puede ser. Vuelvo a subir con besos, y cuando se la agarro, él suspira y cierra sus ojitos. Y cuando le doy la primera lamida, se estremece. Es la primera vez que chupo pija, pero he visto tantos videos, que siento que soy profesional en esto.

No me considero gay, definitivamente no lo soy porque no hay nada que me guste más que una buena conchita. Pero tal vez, este a la par con lo mucho que me gustan los pendejitos ahora.

A la primera chupada, me obsesiono con su sabor. Riquísimo. Me la mando hasta el fondo de la garganta, se la escupo y se la lamo con mucho énfasis. Él suspira y se remueve inquieto. No lo dejo que se aleje cuando le succiono la cabecita con fuerza y e intenta apartarme. Juego con el agujerito de su cabeza y lo raspo un poco con los dientes.

– ¡Tío!

– ¿Qué pasa, Gabito? ¿Te gusta lo que te hace tu tío?

– ¡Me voy a hacer pis, tío!

-Hacelo, dale. Acábame la boca.

Mi ahijadito de nueve años se viene en mi boca. No me lo trago, lo escupo en mi mano. Es un líquido transparente ni siquiera creo que sea leche y eso me hace reír. Pero es delicioso su sabor, como todo él.

Ni siquiera lo dejo recuperarse, estoy sediente de un orto apretadito, mi verga no va a aguantar más. Lo agarro con mi mano libre y lo coloco en cuatro en el medio de la cama, abriéndole las piernas lo más que puede así le queda todo el orto abierto.

La misma leche que me escupí en la mano, la uso para lubricarle el orto. Le abro los cachetes, un ano hermoso y rosita. Chiquito y tierno que dan muchas ganas de dejarlo sangrando.

Con su propia leche y mi saliva, le meto un dedo. Él se remueve, sé que le duele porque su ano es muy apretado, pero no me detengo. Le escupo más y le meto otro.

-Tío, me duele.

-Sh, te va a encantar que te rompa el orto.

Con dos dedos y lubricación, le dilato el ano lo más que puedo. A veces le saco los dedos y lo reemplazo con mi lengua la cual se la meto y lo saboreo por dentro. Una mezcla de sabores que me hacen gemir.

-Por Dios, que ganas de metértela toda. Abrite la colita con las dos manos, dale pendejo. Déjame ver ese ano hermoso.

Gabriel me hace caso. Pone el pecho en la cama con su culito en lo alto, y con las dos manos se abre el culo dejándome el ano a toda mi disposición.

-Que hermoso.

No me importa que siga viéndose cerrado, le tengo que meter la verga.

Gabito se remueve, intenta alejarse. Una de mis manos lo mantiene apretado contra el colchón, y con la otra le paso la verga por la raya del orto. Arriba y abajo, lubricándolo a un más con los jugos que me salen. Estoy re caliente.

-Te voy a re coger, Gabito. Y vas a ser un secreto entre vos y yo, ¿sí?

-Si, tío.

-Que nene tan obediente.

Le meto la punta con delicadeza. Me aprieta tanto, que siento que al que le duele es a mí. Él intenta cerrar su anito, pero lo relajo acariciándole los huevos. No sabe en qué concentrarse así que su ano se relaja, permitiendo que la punta de mi verga se acomode.

Suspiro de placer. Es mejor de lo que pensaba.

Me lo garcho solo con la punta de mi verga, despacio, con delicadeza. Él parece relajarse más porque se acostumbra, pero es ahí cuando sin él esperarlo, se la meto hasta el fondo. Mis huevos llenos de leche chocan con los suyo y no queda nada de espacio entre nosotros.

El grito desgarrador que sale de su garganta es música para mis oídos. Mi ahijado intenta alejarse, lo sostengo ahora con las dos manos en sus caderas pegadas a mí. Me lo cojo con furia. Estoy cumpliendo una fantasía. Mi chota no sale ni un centímetro dentro de él. Su culito se abre para mí, se siente húmedo y caliente. No sé si son sus jugos, los míos o el hilito de sangre que empieza a filtrarse.

Gabito solloza, pero me deja usarlo a mi antojo.

-Dios bebé, que hermoso culito. Como me apretás la verga, Gaby. Te voy a llenar todo el orto de leche, sos mi putito ahora. Decilo. Decí que sos mi putito.

-Tío…

– ¡Decilo pendejo!

Le pego chirlos en la cola, dejándosela roja y haciéndole doler. Nunca dejando de embestirlo.

– ¡Soy tu putito, tío!

Su vocecita tierna y llorosa me pone loco. Se la meto con rabia, es escucha el sonido de su culito chocando con mi pelvis y sus grititos. Yo jadeo como un burro. Nunca estuve tan caliente como hoy.

Cuando siento que estoy a punto de venirme, me salgo de su ano desgarrado y sangrante y lo tomo a él del brazo, colocándolo con su cara cerca de mi verga. Y así, le lleno la carita de leche.

Es una foto. Grito mientras me vacío en su frente, nariz, boca y mentón. Básicamente lo baño de leche. Es tan hermoso así, que no puedo evitar sacarle una foto para el recuerdo.

Él solo se deja hacer cuando le paso toda la verga por la cara, y hago que me la limpie con la lengüita. Ni siquiera se puede mantener arrodillado, porque está tan adolorido que se deja caer en la cama, desmayado. Yo me encargo de limpiarlo, curarlo y darle muchos besos de amor.

Nunca se habló del tema y nadie se enteró. Gabito creció, se convirtió en un hombre, y es como si la forma en la que le sodomicé el orto a sus nueve años nunca hubiese pasado. Nuestra relación de padrino y ahijado funciono de lo más bien, siempre fuimos cercanos.

Y Gabriel no resulto ser gay porque trajo varias noviecitas y se casó con una mujer con la cual tuvo 2 nenes, por lo que supongo que mi cogida lo curó.

Y yo me seguí cogiendo nenitos. Sin ir más lejos, uno de los hijos de mi ahijado probó mi leche mucho antes de aprender a decir mamá, pero eso es otra historia.

11 Lecturas/26 marzo, 2026/0 Comentarios/por queenxdoll
Etiquetas: amiga, amigos, colegio, cumpleaños, gay, hijo, padre, sexo
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