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Gays, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

Tradición Familiar

Esta es la historia de una familia con gustos muy especiales, sobre todo los gustos que los hombres de esta familia tienen, y los secretos que guardan..

Esta historia, habla de una familia muy especial, con secretos y gustos un tanto diferentes a los de otras familias, específicamente, de los gustos de los hombres de esta familia. Comenzaremos con Hugo, un chavo de 28 años de edad, alto, guapo, piel blanca y cabello negro ondulado, brazos tonificados, y un abdomen y pecho trabajados, además de lleno de vellos. Hugo tenía una mandíbula perfecta, no usaba barba, aunque si se la dejaba le salía muchísima, por lo que normalmente traía la barba como de uno o dos días de crecida. Tenía una sonrisa blanca impecable y cuando se reía se le hacían dos pequeños hoyuelos en las mejillas. Era amante de la fiesta y de la diversión, había estudiado leyes, aunque no ejercía, lo que más le gustaba era estar tomando y pasándola bien. Tuvo que terminar la carrera por obligación, ya que su papá, el licenciado Eduardo Montemayor se lo había exigido. Eduardo era un hombre muy parecido físicamente a su hijo Hugo, era un señor guapo, de 58 años, y que a diferencia de Hugo, usaba barba y bigote, pero siempre perfectamente arreglada, aunque ya con algunas canas. También su hermano mayor era abogado, el licenciado Adrián Montemayor, de 32 años, era solo un poco más alto que Hugo, pero rubio, de ojos verdes como la mamá. No usaba barba ni bigote, siempre estaba impecable.

Eran abogados de uno de los bufetes más importantes de la ciudad, dos hombres de mucho renombre y de mucho dinero, aunque en realidad a Hugo no le importaba el trabajo, y no lo necesitaba. Creció entre lujos y excesos, alcohol, drogas y mujeres, no se consideraba bisexual, ya que nunca le habían atraído los hombres, pero todo cambió en una ocasión, cuando en un antro, conoció a una chava trans. En ese momento no se dio cuenta que ella era trans, simplemente vio a una mujer hermosa, estaba tomado y caliente. Platicaron un buen rato y después, la invitó a su departamento. Tania, que así se llamaba la chica, joven de 18 años, un cuerpo hermoso y una cara de muñeca, asumió que Hugo había notado que era una chica trans y se fue con él.

Llegando al departamento, Hugo estaba completamente en éxtasis, caliente como un animal en celo, se fueron directamente a la recámara. Hugo besó a Tania apasionadamente, con lujuria, la fue desnudando, le bajó el vestido hasta la cintura, le quitó el brasier, besó y apretó sus enormes tetas y rápidamente se desnudó, traía la verga completamente erecta, 21cm de carne gruesa y venosa, una cabeza grande, brillosa,  llena de baba, una verga deliciosa que apuntaba al cielo. Luego ella se terminó de quitar el vestido mientras Hugo la besaba apretando sus tetas, Hugo metió su mano por delante de la tanga de ella y lo sintió, un pequeño pene, erecto, sacó la mano inmediatamente, estaba tomado y caliente pero se sacó de onda.

Hugo: ¿Qué pedo, qué es esto? ¿Eres vato?

Tania: Soy trans, pensé que te habías dado cuenta

Hugo: ¡Pareces vieja, no mames!

Tania: Perdón por no decírtelo, pensé que lo habías notado, discúlpame.

Hugo que estaba súper caliente con la verga erecta, la vio, era hermosa, sus enormes pechos y su boca carnosa lo calentaron más, de no ser por ese pequeño bulto que ahora notaba en su entrepierna, jamás hubiera pensado que esa chica era trans. No era el momento para prejuicios, ya estaban ahí.

Hugo: Pues no hay pedo, te la meto por el culo.

Se volvió a ir hacia ella enfocándose solo en sus pechos, después ella se bajó y le comenzó a hacer una mamada, Tania se metió los 21cm de Hugo a la boca, todo en él era perfecto, hasta la verga, muy gruesa y carnosa. Hugo cerró sus ojos y se dejó llevar por el placer, la mamada que Tania le comenzó a dar era algo que jamás había sentido, Tania se metía la verga de Hugo hasta lo más profundo de su garganta, Hugo estaba en el cielo, después Tania se puso a gatas en el bordo de la cama para que Hugo se la cogiera. A Hugo le encantaba meterla por el culo y no todas la mujeres estaban dispuestas a hacerlo por ahí, pero ahí estaba Tania con un culito delicioso ofreciéndoselo.

Hugo se puso saliva en la verga y se clavó entre las nalgas de Tania, su verga se deslizó rápidamente hacia el interior haciendo que a Hugo se le subiera la calentura a la cabeza y su verga se pusiera más dura. Se comenzó a coger a Tania, que pujó fuerte en el momento en que la verga de Hugo se deslizó, Hugo sintió como el culo de Tania se tragaba su verga entera y se la cogió con fuerza, Tania pujaba como toda una puta, mientras Hugo le enterraba su gruesa verga. Después de un rato la volteó boca arriba y le levantó las piernas, un pequeño pene de 8cm completamente erecto y unas diminutas bolas se mostraron frente a él, era la primera vez que Hugo veía eso mientras cogía, era raro, diferente, en el lugar en donde normalmente veía una vagina había un pequeño pene.

Hugo había vivido una vida sexual muy precoz, despertando desde temprana edad el gusto y el placer por el sexo, desde los últimos años de primaria se masturbaba, y buscaba la oportunidad de verle los calzones a las niñas. Cuando Hugo tenía 10 años su papá le contrató a él y a su hermano a unas prostitutas para que experimentarán, y a Hugo le fascinó, así tuvo su primera vez, después con una compañera de su salón de secundaria, y de ahí no paró, se le antojaban las maestras, se le antojaban las niñas de su salón, aunque nunca hizo nada con ellas, todo quedaba en sus fantasías, pero dentro de todas esas fantasías nunca había estado cogerse a un hombre, o a una mujer con pene, porque lo que sus ojos veían era eso, una mujer con pene.

Mientras se la cogía, la escena lo trastornó un poco, no dejaba de verle el pene a Tania, se excitó demasiado, el culito de Tania era delicioso, el más delicioso que había probado en su vida, se la empezó a coger con cada vez más fuerza hasta que Tania se vino a chorros sobre su abdomen, lo que hizo que Hugo también se comenzara a venir. Después de que descargó toda su energía sexual sobre ese culo quedó exhausto, le pidió a Tania que se quedara a dormir, que no tenía ganas de manejar, o que pidiera un servicio de auto. Tania le dijo que si él no tenía problema mejor se quedaba.

Ya acostados, a Hugo se le empezó a bajar todo lo que traía encima y las dudas inundaron su cabeza.

Hugo: Tania, pero…¿Por qué pareces mujer? No entiendo, antes eras hombre, pero ¿Estabas así de bonita o te operaste?

Tania: Siempre fui un niño bonito y muy afeminado, siempre me sentí niña, y siempre parecí niña, de no ser por lo que tengo entre las piernas.

Hugo: ¿Y por qué no te lo quitas? Tengo entendido que hay cirugías

Tania: No sé, me gusta, y a algunos hombres les gusta que lo tenga, además me da miedo operarme.

Hugo: ¿Te prostituyes? He sabido que muchas trans terminan haciendo eso porque no les dan trabajo.

Tania: La verdad sí, desde muy chica mi papá me corrió de mi casa, por ser como era, aún siendo un niño pequeño de 10 años, ni mi mamá me defendió, no tuve más remedio que vivir en la calle, ahí conocí a unas chavas trans que me adoptaron prácticamente, ellas se prostituían, y así comencé yo, a mis 10 años.

Hugo: ¿10 años? ¡No mames! ¿Te empezaste a prostituir a los 10 años?

Tania: Sí

Hugo: ¿Pero que sentías? ¿Ya te vestías de mujer?

Tania: Al principio no, así de niño me cogían.

Hugo comenzó a pensar en Tania, como un niño de 10 años siendo penetrado por un hombre adulto, y se excitó.

Hugo: ¿Y qué onda, te gustaba?

Tania: Al principio me daba miedo, mi culito de niño no aguantaba las vergas grandes y me dolía, pero después lo fui disfrutando, y la neta ya después me encantó la verga, como hasta ahora.

Hugo: Pero eso es ilegal, cogerse a un menor.

Tania: ¡Jajajaja! No sabes cómo funciona este país, los mismos políticos y policías van a cogerse a las niñas y a los niños, ellos saben en dónde está todo el pedo.

Hugo: ¿Quieres decir que sigue habiendo menores prostituyéndose?

Tania: Sigue y seguirá, entre más vieja estás menos te quieren. Los hombres prefieren los culitos o las puchitas tiernitas.

Hugo: ¿Y en dónde trabajas?

Tania: Pues ahí en la avenida que todo mundo sabe.

Tania le terminó de explicar todas sus dudas a Hugo y después se quedaron dormidos.

Cuando Tania se fue en la mañana siguiente, Hugo se comenzó a masturbar y a su mente se venían las imágenes de Tania como niño siendo penetrado. Lo raro es que después no era otro hombre el que penetraba a ese niño de 10 años, era él mismo quien se la clavaba al pequeño. Se vino a chorros delicioso.

Ese fin de semana, su hermano mayor, Adrián, invitó a comer a Hugo y a sus padres a su casa. Adrián tenía dos hijos, Julián de 10 años, un pequeño nene de cabellos rubios y ojos verdes que lo convirtió en padre muy joven, cuando apenas tenía 22, cambiándole la vida por completo, ya que aún estaba estudiando. Eso lo hizo madurar y gracias al apoyo de su padre se casó y pudo concluir sus estudios, y ahora era todo un padre de familia responsable. El otro hijo de Adrián era Osvaldo, de 6 añitos, igual rubio y de ojos claros como los de su padre, los dos niños parecían un par de querubines, y coincidentemente se llevaban la misma edad que Adrián y su hermano Hugo. Cuando Hugo llegó, Julián corrió a abrazar a su tío, Hugo sintió escalofríos por todo su cuerpo.

Mientras lo abrazaba y sentía el calor y el cuerpo de su pequeño sobrino, Hugo se puso a pensar en que su sobrino tenía 10 años, justo la edad que tenía Tania cuando su primera vez, pensó en su sobrino siendo penetrado por otro hombre y luego se imaginó a él metiéndole la verga. Con esos pensamientos se le comenzó a poner dura, no pudo evitarlo, rápido apartó a su sobrino y tuvo que ir al baño a masturbarse, lo hizo pensando en su sobrino mayor, en que se lo cogía y se vació inmediatamente.

Los días pasaron y Hugo seguía con la obsesión en su cabeza, ya no se le antojaba cogerse a una mujer, había experimentado tanto y de todo, que ahora quería metérsela a un niño, pero, cómo lo conseguiría. Llamó por teléfono a Tania y se quedó de ver con ella. Al principio Hugo le inventó que tenía un amigo que quería experimentar con un menor, que el dinero no era problema. Tania le dijo que el tema era muy delicado, pero que confiaba en él, le pasó una dirección y le dijo que preguntara por Amalia, que le dijera que iba de parte de ella.

Así lo hizo, esa misma noche se dirigió a la dirección, era una tienda como de abarrotes, entró y preguntó por la mujer que Tania le había dicho y platicó con ella, le explicó que Tania le había dado esa dirección y le dijo a la mujer los servicios que estaba buscando.

Amalia lo pasó a una pequeña bodega en donde estaba un hombre bastante robusto y con cara de pocos amigos, el hombre lo revisó por completo, y le dijo que tenía que dejar su celular. Hugo lo apagó y una vez terminada la inspección, el tipo le dijo que esa revisión era para buscar que no trajera alguna cámara o micrófono. Le pusieron una venda en los ojos y lo llevaron por otra puerta en donde estaba un auto, lo subieron en la parte trasera y salieron del lugar. Hugo temblaba de miedo, ya no sabía que estaba haciendo, estaba a punto de arrepentirse y decirles que lo bajaran, pensaba que incluso lo podrían secuestrar.

El auto siguió andando como por 20 minutos, que a Hugo se le hicieron una eternidad. El auto se detuvo y el hombre bajó de el, Hugo no sabía en dónde estaba, seguía con los ojos vendados, lo bajaron y lo dirigieron al interior de una casa antigua del centro de la ciudad, en lo que parecía una recepción adaptada al estilo de un pequeño hotel, solo ahí le quitaron la venda de los ojos. Lo recibió una mujer delgada, en realidad era una mujer trans, pero ya grande de edad, como de unos 65 años, de cabello rojo, hablando con una voz ronca pero afeminada, se presento con el nombre de Maru.

Maru: Hola guapo, mucho gusto, yo soy Maru ¡Qué guapo estás! ¿Vienes por un nene o una nena?

Hugo contestó nervioso, le temblaba la voz, no podía creer lo que estaba viviendo, le parecía surreal.

Hugo: Yo… yo… creo que… un niño, es mi primera vez aquí, no sé cómo funciona.

Maru: Pues niños ahorita tengo 4, Mati de 10 años, Luisito de 8, Pablo de 7 y Fer de 4, pero la verdad con el más chiquito no te garantizo que la pases bien, apenas lo estrenaron y no sabe mucho, además se queja y llora, si es tu primera vez, te recomiendo a Mati, él te va a hacer pasarla súper bien. Mira son ellos.

Maru sacó un celular y le enseñó las fotos. Mati era un niño rubio de ojos claros y mirada pícara, se parecía a su sobrino Julián y tenía la misma edad, en la foto sonreía mordiéndose el dedo índice. Luisito, un niño blanquito de cabello negro y ojos medio rasgados, Pablo un morenito de pelo negro, también muy simpático y Fer un niño de 4 añitos, piel canela y cabello castaño, en la foto sonreía. Hugo se preguntó ¿En dónde estoy? ¿De dónde sacan a estos niños? Viendo la foto del más pequeño sin creer que ya hubiera sido penetrado, sentía un poco de repulsión por él mismo ya que sintió excitación.

Hugo: ¿Dices que este tiene 4 años?

Maru: Sí, ese es más caro, porque está más chiquito, pero como te digo, es más inexperto, y no lo puedes penetrar por completo.

Hugo: No no no, no podría, está muy chiquito, yo creo el de 10 está bien ¿Me lo puedo coger a pelo?

Maru: Cómo tú quieras, a Mati le encanta que lo preñen.

Maru le indicó la cantidad que tenía que pagar, era bastante elevada y le dijo a Hugo que solo tenía una hora. Después de que Hugo pagó, le volvieron a vendar los ojos, y alguien lo guió hacia la habitación.

Le dieron indicaciones, una vez dentro de la habitación, la puerta se cerraba con llave por fuera, cuando él decidiera salir o el tiempo se terminara, tenía que tocar y salir con los ojos vendados nuevamente, ya que cuidaban mucho que los clientes no se vieran entre sí. Mientras Hugo caminaba con los ojos vendados hacia la habitación escuchaba ruidos que salían de otras habitaciones, se escuchaban gemidos de hombres descargando su furia, y pequeñas voces gimiendo, se empezó a excitar de pensar en lo que estaba a punto de experimentar.

Cuando entró a la habitación y se quitó la venda, ahí estaba Mati, un pequeño niño rubio y de unos ojos hermosos, tal cual se lo habían enseñado en las fotos, sentado sobre sus rodillas de una manera muy sensual, completamente desnudo, parecía una niña, era muy femenino.

Mati: ¡Hola señor!

Hugo: ¿Hola Mati cómo estás?

Mati: Bien

Hugo: ¿Qué te gusta hacer? ¿O qué sabes hacer? La verdad nunca he estado con alguien tan chiquito como tú, es la primera vez que vengo a este lugar.

Mati: Lo que usted quiera, se la puedo chupar y me puede coger, también si me quiere besar lo puede hacer, a mí sí me gusta

Hugo: No me hables de usted, háblame de tú, pero dime ¿Ya has besado a muchos? ¿Ya te han cogido muchos hombres?

Mati: No puedo hablar de nada, si quieres mejor quítate la ropa y ven aquí conmigo

Eso prendió a Hugo, el nene era toda una putita, que lo estaba haciendo sacar su lado más sucio.

Hugo: ¿Quieres verga?

Mati: Si papito, ven dame tu verga

Hugo: Ven chúpamela primero

Mati se arrimó a gatas al bordo de la cama mientras Hugo se desvestía, quedando completamente desnudo frente al niño, Hugo estaba tan excitado que su enorme verga ya estaba erecta, Mati inmediatamente la tomó y se la comenzó a mamar de una manera deliciosa, se metía hasta la mitad de la verga de Hugo, que sentía como su verga se trababa en la garganta del pequeño, haciendo que los ojos de Hugo quedaran en blanco de tanto placer.

Hugo no lo podía creer, últimamente esa fantasía de estar con un pequeño lo atormentaba, y ahora al fin era realidad, ver como la pequeña boquita de ese nene se comía su verga, mientras las pequeñas nalguitas desnudas del niño se movían lo calentó muchísimo más, se llevó una mano a la boca y escupió en ella para después estirar su mano y tallar el culito de Mati, Hugo sintió delicioso, el calor de ese hoyito tan pequeño, embarró la saliva entre las nalgas del niño y comenzó a meter un dedo en su culito.

Hugo estaba que ardía de caliente, le metió el dedo y el nene ni siquiera pujó, seguía clavado mamándole la verga a Hugo, quien ya estaba metiendo su segundo dedo en el culito del niño. Era fácil de meterlos, se notaba que ya había recibido verga, le sacó los dedos y lo volteó, así a gatas como estaba para que el culo del pequeño quedará a la altura de su verga. Hugo de pie, al bordo de la cama deslizó su gruesa verga entre la nalgas de Mati, su verga resbalo y comenzó a meterse en el interior de ese niño, Hugo entró suave, tenía miedo de lastimarlo, pero el niño solito se hizo para atrás clavando la gruesa verga de Hugo hasta que sus suaves nalguitas pegaron en los pelos de la pelvis de Hugo, que sintió delicioso al sentir ese culito comiéndose solito su verga.

Hugo no lo podía creer, tenía así de perrito con la verga clavada hasta adentro a un pequeño nene,  sentía la diferencia con cualquier otro culo que hubiera probado. El pequeño culito de Mati apretaba la verga de Hugo, y la quemaba, tenía un culito caliente y delicioso, Hugo sintió como había traspasado los esfínteres del pequeño y sintió que su verga se puso más gruesa y dura. Hugo se quedó quieto disfrutando las entrañas del pequeño pero Mati, solito comenzó a cogerse, se hacía hacia adelante y hacia tras mientras soltaba quejidos de placer.

Hugo: ¡Eso putito clávatela tu solito!

Los movientos que el niño hacía eran de una perra en celo, que disfrutaba que su macho la montara. Hugo tenía al pequeño tomado de la cadera, pero al ver a Mati como se retorcía hacia atrás y hacia adelante tragándose cada centímetro de su verga no pudo más, con una mano lo tomó de la cadera y con la otra lo jaló del cabello hacia atrás y comenzó a darle unas estocadas fuertes y duras, se lo comenzó a coger más fuerte de lo que se había cogido a cualquier puta. Los gritos de placer de Mati lo volvían loco, la vista era inmejorable, el pequeño cuerpecito del niño, su pequeña cintura y sobre todo su verga entrando y saliendo de ese pequeño agujero. Hugo no podía más del placer, se la clavó lo más al fondo que pudo y comenzó a venirse, sintió que nunca se había venido así.

Hugo: Eso chiquito recibe toda la leche de tu macho.

Le decía Hugo mientras expulsaba hasta la última gota de semen en el culito de Mati, preñandolo por completo.

Hugo sacó su verga aún dura y enrojecida por la fricción que ese culito apretado había ejercido. Mati pegó su pecho a la cama dejando ver su culito rojo y abierto, se abría y se cerraba. Mati pujó y expulsó los mecos espesos de Hugo que no resistió más y se dejó ir a lamer ese hoyito y recoger su propio semen, algo que nunca antes había hecho, pero no se lo tragó, giró bruscamente a Mati y se dirigió a su pequeña boquita, con su mano apretó sus cachetes para que abriera la boca y al hacerlo escupió sus mecos adentro del pequeño, Mati se los tragó relamiéndose hasta la última gota.

Hugo: Espero verte pronto nene, me has dado la mejor cogida de mi vida.

El nene lo miró con lujuria mientras Hugo se vestía. Hugo se vendó los ojos y tocó la puerta, unos segundos mas tarde un hombre abrió la puerta y lo llevó a la recepción, donde ya estaba otro hombre, listo para llevarlo al punto de donde habían salido.

Después de eso Hugo llegó a su casa aturdido, sintiendo que todo había sido un sueño, no creía lo que acaba de vivir. Se desvistió para meterse a bañar pero antes se limpió la verga con su boxer y lo guardó como recuerdo, olía a su verga, a semen y al culito de Mati.

Continuará…

19 Lecturas/12 marzo, 2026/0 Comentarios/por daynight
Etiquetas: amigos, bisexual, hermano, hijo, hotel, mayor, padre, sexo
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