Una ducha de verano
Una ducha con mi primo pequeño que lo cambiará todo.
Esto sucedió no hace mucho, en una dulce y calurosa tarde de verano. Yo vivo solo, y como nudista, siempre ando desnudo por casa (y si pudiera también en la calle). Una tarde, me llama mi prima y me pide si, por favor, pudiese hacerme cargo de su hijo unas horas, a lo que dije que sí. Para estar un poco decente me puse unos shorts ligeros (sin ropa interior) y una camiseta sin mangas.
Al rato llegó con el pequeño, a quien le ofrecí algo de merendar y nos sentamos en el sofá a ver programas que le gustaba. Me hacía gracia ver cuánto se emocionaba con las caricaturas, gritaba y pagaba botes en el sofá de la emoción. Más de una vez me puso la mano cerca sobre mi pierna, cerca de mi verga, que, de forma intistiba, empezó a ponerse morcillona.
- Vaya, se te nota que estás contento de que esté aquí contigo, ¿verdad? – Me preguntó el pequeño.
- ¿Cómo es que dices eso? -, me sorprendió mucho esa pregunta, pues no entendía qué quería decir.
- Mi papá dice que cuando los hombres están contentos se les nota el bulto ahí -, dijo señalando a mi erección.
Yo me reí de primeras, pues me pareció muy tierna esa explicación. Ciertamente estaba contento de tenerlo, es un niño que siempre me gusto, se portaba bien y era cariñoso.
- ¿Te explicó tu papá por qué ocurre eso? – le pregunté, para saber hasta donde sabía, pues me extrañaba que con la edad que tenía, entendiese eso.
- No, me dijo que eso me lo contaría cuando fuese mayor.- me contestó.
Me reí, por su ternura e inocencia y le besé la cabeza. Yo dejé ahí el tema, pues no quería quitarle a su padre la oportunidad de enseñarselo.
Después de eso, me levanté y empecé a hacer cosas de casa. Al rato, como estaba sudando por el calor, le dije que iba a darme una ducha rápida para quitarme el sudor. El pequeño, me dijo que también estaba sudando, si por favor podía ducharse conmigo. Me quedé un rato que no sabía que responder, pero dije que sí. En ese momento no sabía que muchas cosas iban a cambiar a partir de ese momento.
Le desnudé primero a él. Tenía un cuerpo muy bonito, un culito redondo, un poco de barriga, aunque sin estar gordo, unos pezoncitos rosas y una pollita pequeña y huevos sin pelos aún, aunque no tardaría en salirle. Me quedé loco mirándolo, era precioso. Yo me desnudé también y entramos a la ducha. Le ayudé a enjabonarlo, para poder tener así la excusa de acariciarlo. Le froté con delicadeza y mimo su cuerpecito, especialmente por la cola y sus huevecitos. Se le vía tan feliz. Le dije que si quería él ayudarme a mi a enjabonarme, y me dijo que sí con una gran sonrisa. Me agaché, para que me enjabonase por el pecho. Tengo un pircing en el pezón y, aunque ya lo conocía, le gusto jugar con él. Me levanté y, sin yo decirle nada, me enjabonó mi verga… ¡Qué delicia! Sentir sus manitas acariciandome el rabo y los huevos… Me empalmé rápidamente. El chico, de nuevo, resaltó cuán contento estaba. Le dije que era normal, porque estaba pasando la tarde con un niño muy bueno y guapo.
El siguió enjabonandome y acariciando todo mi cuerpo, pero donde más se entretenía era en mi verga. La miraba con ojos de deseo, aunque ni él mismo sabía por qué.
Continuará.
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