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Fantasías / Parodias, Heterosexual

A la ventana de Lucía

Fantasía 🎵 💜 ❤️ Juvenil.
Fantasía | Homenaje

—Qué vecindario este ¿ah? —comentó el viejo Raymond— me hace recordar cuando tenía tu edad, muchachito ¿eso es conveniente para tí ¿eh?
—¿Por qué?
La réplica de Stanley había sido ofensivamente tonta. Pero no tenía la culpa de no entender su propio plan, pues haber rejuvenecido tres décadas no solo lo había embellecido, sino atontado mucho.
—¡Pues porque voy a cantar desde el corazón, tonto de tí! Te va a salir mejor de lo que creías. O de hecho peor. ¿Qué vas a hacer si Lucía se enamora de mí y no de tí?
Ambos rieron sonoramente por unos segundos. Entonces Raymond añadió:
—Bueno, es imposible que se enamore de este viejo ciego. Pero sí se puede enamorar de tí, y tu despedida se va a convertir en un problema.
Stanley sonrió ante el panorama amielado de que Lucía se enamorara de él.
—Veo claramente que no entiendes, definitivamente estoy hablando con un niñato. Vamos, chico, anda un poco más rápido, que las muchachas deben estar nerviosas.
Stanley apretó los pasos, aún con su carga en la espalda y la otra mano. Condujo gentilmente del codo a Raymond, que demostró su confianza alzando su bastón y entregándose a su lazarillo. Raymond vestía chaqueta de brillante color rubí y sonreía a la amplitud de sus lentes. El vecindario al que se refería, era nada menos que esa barriada donde estaba alojada la joven Lucía. Justamente estaban pasando al lado de un parque cuyas bancas apenas se veían a la luz tenue de faroles de bola. Anduvieron dos calles más y allí estaban las chicas. Cuatro jóvenes negras de belleza encantadora. Tres tenían largas cabelleras que caían como seda de ébano sobre sus hombros, y las otras dos lucían sendos afros. Todas ellas vestían lentejuelas plateadas que reflejaban cuanto color hubiere en el ambiente. Al aproximarse a Raymond, fue el color rojo brillante el que se multiplicó. Ellas saludaron a Raymond con grandiosa efusividad.
—Dime, chico ¿son hermosas o qué? —preguntó Raymond.
—Mucho.
—Este señor —se dirigió Raymond a las coristas—, sí, porque es un señor; se hizo joven y hasta se le comieron la lengua los ratones. Pero es un romántico y eso basta para nosotros ¿verdad? —volvió a dirigirse a Stan— Si crees que son hermosas mis coristas, espera a oírlas cantar.

Una calle más de camino y al fin los cinco estaban frente a la casa donde encontrarían la joven Lucía. Tenía dos pisos antelados por un discreto jardín con setos. Stanley suspiró.
—Llegó la hora —dijo.
Descargó el parlante de su mano y a continuación el estuche de su espalda. De él extrajo una organeta Korg. Mientras armaba todo nerviosamente, logró articular algunas palabras:
—Habría dicho que si supiera cantar, cantaría yo mismo. Pero por más que supiera cantar, no podría hacerlo como usted, señor Charles.
Él respondió con una risotada y agregó:
—No me hables de mí, ni de tí. Cárgame este viejo corazón con lo que debe ser. Háblame de ella.
Stan alzó la mirada y sonrió con alegría.
—Lucía es un dulce. Es un postre. Mira lo que me ha hecho hacer: ¡Volverme joven! ¿No hace eso una criatura mágica? Este vecindario, este cuerpo y tú mismo, Ray, son lo más entrañable que hay en mí, y Lucía lo extrajo como si tal cosa. Esa es su principal cualidad. Lucía es poderosa. Tiene a tantos presos de su encanto que ella misma no sabe. Esta es una reverencia a ella. Una despedida, porque solo puedo permanecer así joven por esta noche. Pero me siento afortunado de poder hacerlo. Lucía es como un… un imán. Supón que las mejores cosas de tu alma son metálicas y el resto son de palo, caucho o plástico. Ella saca lo mejor.
—Pero son puras fantasías —comentó Raymond.
—Y ¿qué crees que es todo esto? —se defendió Stan, señalando todo al rededor —La fantasía es lo mejor que tenemos.
—Me alegra que contestes eso —repuso Raymond, sonriendo hasta morderse las orejas.
—Cuando una chica es capaz de… que tú seas capaz de esto… es como si la fantasía fuera un elixir. Te cura por dentro.
—No se hable más —propuso Ray.
Stan ubicó una butaca delante del piano. Como si él pudiera verlo, Stan hizo una reverencia e invitó a Ray a pasar. Dijo «Maestro» y lo tomó por el codo para guiarlo a la butaca. Pero, para lo que Ray Charles no necesitaba guía, era para tocar. Las coristas se ubicaron lado a lado y entonaron una alta y angelical proclamación:

(I can’t stop loving you)
I’ve made up my mind
To live in memory of the lonesome times
(I can’t stop wanting you…)

Ray Charles – 1962
I can’t stop loving you (ultra recomendado escucharla)

Las luces de la casa se encendieron. La puerta del balcón se abrió y se asomó ella. Lucía. Estaba sonrojada y hacía gestos juguetones, como si intentara reclamar por el atrevimiento, pero no lograra reprimir la fascinación. Tenía el cabello suelto, desparramado a los lados del pecho. A Stan le pareció que Lucía reclamaba no haber sido puesta en aviso y que la pescaran en pinta de dormir. Las coristas se unieron repentinamente en un llamado silencioso, pero insistente a que Lucía saliera. Ella hizo un gesto sobreactuado de pelar los ojos. A continuación mostró la palma de la mano, para comunicarles su intención de bajar y que debían esperar. Una de las coristas tocó el hombro de Ray y le compartió:
—Va a venir.
La risotada y fuerte palma de Raymond partieron la noche. Agregó:
—Ya lo hiciste, chico. Chico que no es tan chico. ¿Te importa si interpretamos algo mientras hablan?

Y así, la joven Lucía y el viejo Stan, joven por unas horas, dialogaron en el modesto jardín de la casa donde ella se estaba quedando, mientras Ray Charles y sus preciosas coristas cantaban I Love you so much it hurts me. ¿Qué se decían Lucía y Stan? Yo, que cuento esta historia, no lo sé. Habría qué preguntarle a Stan, porque él no me lo dijo. O si no, habría qué preguntarle a Ray Charles, pero deberíamos acceder a la Fantasía, puesto que solo allí él está disponible. Y, para acceder a la Fantasía, necesitamos a alguien como Lucía.

https://images2.imgbox.com/36/aa/gjBCcs3Y_o.jpg

Luci

—Luci Luci Luci
—Dime dime dime

Stregoika ©2025

Lea también:

Las travesuras de Lucía

 

18 Lecturas/24 enero, 2026/1 Comentario/por Orlok82
Etiquetas: chica, chico, joven, maestro, parque
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1 comentario
  1. Orlok82 Dice:
    25 enero, 2026 en 7:06 am

    Uhy, no me había dado cuenta de que este relato tuviera un error tan estúpido. Mil disculpas al público. 🫢 🥵

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