Atracción Genital
Conocí a un chico en la universidad, un chico tres años mayor que yo, me gustó y le guste..
Terminada mi enseñanza media rendí la prueba para la universidad, me fue bien, obtuve un puntaje mayor a la media lo que me permitió entrar sin problemas a una universidad estatal.
Todo fue nuevo para mí, partiendo del hecho de que no vivía con mis padres, estaba en otra ciudad y en una casa para estudiantes que estaba dentro de la beca que me había ganado.
Ir sin uniforme, sin que pasarán la lista en clases, sin tener que presentar una justificación, era la libertad total.
Mis compañeros y compañeras era geniales, como si todas habláramos el mismo idioma, de las mallas, los ramos, los profesores y la responsabilidad.
En la residencial me tocó una compañera de cuarto muy divertida y muy inteligente. Teníamos horarios estrictos y normas que se debían respetar, nada que me complicara la vida.
Unas semanas después y en un tiempo entre el casino después de almuerzo y la clase siguiente había como media hora para charlar en los patios de la universidad.
Mientras una chica del grupo hablaba, por detrás pasó un chico que me miraba, sentí su mirada y lo miré, sus ojos se llenaron en los míos.
– Oye, despierta – sentí que me sacudian.
– Ah, que? – pregunté, risa general.
– Se te cae la baba – dijo una riendo, pasé mi mano por la boca y no era cierto, más risas.
– Ya, dígame qué pasa – pregunté.
– Te quedaste embobada con el chico ése – más risas.
– Cuál chico? – pregunté pero ya me había dado cuenta del por qué de las risas.
Unos meses después volví a encontrarme con él, venía del casino cuando yo iba, nos quedamos mirando.
– Hola – dijo él.
– Hola – respondí.
– Cómo te llamas? – me preguntó.
– Ángela – respondí automáticamente.
– Yo soy Geraldo, mucho gusto – dijo estirando su mano.
– Igual para mí – le respondí mientras su mano cálida me transmitía un calorcillo como una corriente por todo mi cuerpo, algo muy agradable, sentí ése calor entre mis piernas, algo que no me había pasado en años, de cuando era adolescente y despertaba con ese calor sin saber porqué.
– Me gustaría verte después de clases – dijo
– Si – dije porque no tenia palabras.
– A qué hora terminas ? –
– Ah, eh, hoy, si, claro – decía mientras recordaba el día.
– Como a la 5 pm – dije
– Ah, ok, salgo como a esa misma hora, te espero en el segundo patio – dijo sin soltar mi mano.
– Si, claro, está bien – respondí, el segundo patio habían jardines y escaños. Sentí el vacío cuando soltó mi mano, nunca me había pasado algo parecido con ningún hombre ni mujer. Digo ésto último porque aveces mi compañera se mete a mi cama semi desnuda para contarme sus andanzas en susurro, siento su cuerpo pegado al mío también semi desnuda, siento su calor, pero no me pasa nada, no siquiera me molesta.
A las cinco de la tarde y terminada la clase me dirigí al segundo patio después de despedirme de mis compañeras. Lo busqué con la mirada y no lo vi, me senté en un escaño, tomé mis apuntes y los revisé, agregué algunas cosas para reforzar la materia.
– Hola, perdona mi retraso – dijo él con su voz profunda y suave que hizo que los pelos de mi cuerpo se erizaran. Levanté la vista y ahí estaba él.
– No, está bien, estaba revisando mis apuntes – le dije mientras él se sentaba a mi lado. Sentí el calor de su cuerpo que irradiaba al mío, su perfume me embriagaba. Pasó su brazo por mi espalda y sentí de nuevo ese calor que recorría mi cuerpo, inconscientemente apoyé mi cabeza en su hombro, él depositó un beso en mi frente, un beso suave, cálido y húmedo. Un beso que desató mis alarmas.
– Qué haces? – dije asustada separándome de él.
– Perdona, sólo fue un impulso, no pude evitarlo – dijo él arrepentido. Pensé que yo debía hacer éso, evitarlo.
– No, está bien, es que no estoy acostumbrada a que me abracen y menos que me besen – le respondí.
– Bueno, como tu digas – dijo, sentí como un frío insoportable.
– Abrázame – le dije acercándome a él, me abrazó y puse mi cabeza en su hombro nuevamente, se sentía tan agradable estar así, sintiendo su calor, su perfume, su corazón que latía a mil.
– Bésame – le dije levantándo la cara y mirándolo a los ojos, se inclinó, cerré mis ojos para sentir el beso en la frente, pero esta vez el beso fue en los labios, todas las alarmas de mi cuerpo se dispararon, pero las apagué y respondí el beso, no se cuanto duró porque perdí la noción del tiempo.
– Vamos a otro lugar – dijo levantándose y levantándome, en ese momento me di cuenta de lo que había hecho.
– Perdona, no soy así, no me ando besando con desconocidos – le dije arreglando mi pelo.
– Lo entiendo, a mi me pasa lo mismo que a ti, llevo 3 años en esta universidad y nunca antes me había pasado algo así como ahora contigo. Lo que es más, nunca he salido con ninguna compañera, pero no sé qué me pasa contigo – dijo apenado, lo abracé en señal de que lo perdonaba, sentí su cuerpo firme, su calor, su perfume, su corazón agitado como el mío y también sentí su erección, dura contra mi pelvis. Si en ése momento me hubiera pedido tener sexo, le hubiera dicho que si, porque lo deseaba, necesitaba tener ése miembro dentro de mí. Otra ves sonaron las alarmas, me asusté pero no dije nada. Se separó, me tomó de la mano y comenzamos a caminar hacia la salida de la universidad, caminamos en silencio, el calor de su cuerpo pasaba al mío atraves de mi mano y seguramente mi calor también le llegaba a él.
– Si quieres te voy a dejar – me dijo casi como pregunta.
– Si, me gustaría – dije. Aunque la distancia no era pequeña, caminamos hasta la residencial de la mano, en un portal nos besamos hasta que mis piernas comenzaron a temblar.
– Nos vemos mañana – le dije en un susurro con voz temblorosa. Entré a la residencial, llegué a mi cuarto y me acosté en la cama, todavía sentía su calor. Mi compañera no estaba, nunca llega temprano, siempre llega al borde de la hora que se cierra la residencial que es a las 9 de la noche.
Después de un rato acostada pensando en todo lo que me había pasado, recién conociendo un chico y ya me beso con él y si hasta me mojo con él. Me toqué y estaba mojada, mi ropa interior mojada, me desnudé, me puse la bata y con una toalla me fui a dar una ducha. Después me puse una camisa de dormir y me acosté.
– Hola – dijo mi compañera.
– Hola – le respondí.
– Tan temprano acostada? – preguntó sonriendo, por lo general me acuesto tarde repasando materias o haciendo ejercicios de matemáticas.
– Si – dije sin emoción. Ella se desnudó se puso un pelo y se metió a la cama.
– Qué pasa amiga? – me preguntó de su cama.
– Nada – dije fríamente, no podía contarle nada.
– A ver, cuéntame – dijo metiéndose en mi cama, me hice a un lado, no era la primera ves que lo hacía cuando quería conversar, una de las normas de la residencial era no hacer ruido ni conversar después de las 10 de la noche para que todos los alumnos puedan dormir tranquilos, el no respetar las normas significaba perder la beca de alojamiento, cuyo monto era muy bajo. Y después tendrías que buscar arriendos impagables y eso significa perder la carrera
– Ya, cuéntame – dijo al oído.
– Nada, sólo que conocí un chico – le dije en un susurro.
– Empieza del principio – dijo ella.
Y le conté todo lo que había pasado.
– Y el calor más fuerte lo sentiste aquí? – dijo poniendo su mano sobre mi vulva, con la narración me había vuelto a mojar y sentía el calor en mi entrepierna. Ahora con su mano caliente me sentí más caliente
– No, saca tu mano – le dije siempre en susurro, no vaya a ser que alguien escuche.
– Estás mojada, muy mojada – dijo pasando sus dedos por dentro de mí labios genitales rozando mi clitoris que casi me hace gritar.
– Tranquila , todo está bien – dijo y yo sentía el roces de sus labios en mi oreja mientras me susurraba. Sujeté su mano de la muñeca, pero sus dedos seguían rozando mi clitoris
– Suéltame, sólo un poco más – dijo y solté su mano mientras en la oscuridad miraba el brillo de su ojos. No recuerdo cuando fue la última ves que me masturbé, pero hacían años antes de éso. Sus dedos acariciaban mi clitoris, después llegaron a mi vagina y se introdujeron, casi suelto un grito y un quejido ahogado por su mano salió de mi boca.
– Tócame, yo también estoy mojada – dijo, yo nunca había tocado a una mujer. Sus dedos entraban por mi vagina mientras su pulgar hacia lo propio con mi clitoris. Comencé a tocarla y si estaba mojada, sentía su clitoris duro y lo recorría con mis dedos igual que ella lo hacía. Pronto me vino el orgasmo, ella se apuró penetrandome con los dedos, metí mis dedos en su vagina y finalmente tuve mi orgasmo, ella se levantó, se sentó en su cama y del rollo de papel higiénico me pasó un pedazo y con otro se limpió ella. Después se metió a la cama, dijo – buenas noches – y se dio vuelta hacia la pared. Le respondí, me limpié, me di vuelta hacia la pared y me dormí relajada.


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