Brenda (Inicios 2da Parte)
Ultimas vacaciones cogiendo con mi tía Brenda.
Seguimos con la parte de mi tía Brenda, ella con veintiseis años cuando comenzó a pervertirme, o según ella pervertirme, por qué seamos sinceros, yo ya traía bastante perversión; en esa primera etapa ella me pide que la penetre, me dice como acomode mi verguita y la hunda, me hace moverme, le encantan las posiciones donde queda expuesta, le gusta ver mis ojos brillar cuando veo su panocha abierta, me pide que pase mis dedos y mis manos, me enseña cada parte de su anatomía con su nombre cachondo, así el clítoris es chícharo o garbanzo, su meato uretral es el hoyito o agujero meón o meón a secas, la vagina es su cueva o su pucha, los labios menores sus jetitas y los labios mayores sus jetas, el ano será el culo o el cagón; y así pasan dos años, en cada visita buscamos cualquier momento que nos sea posible para darnos placer y, si es posible darle ese nombre, amor. En esos dos años se vuelve un obligado esa posición donde yo estoy encima de ella en un sesenta y nueve, en cuclillas sobre su cara y ella lame mi verguita, mis huevitos y el culo, incluso ya ha metido su dedo y lo juega dentro de mi ano haciéndome sentir como se pone durísima mi verguita, mientras tanto yo ya he lamido su verija por completo, paso ya sin ningún asco mi lengua desde su culo hasta su clítoris, me he pegado a mamar esas hermosas y generosas tetas a placer (Brenda esta chichona, pero no al grado de mi tía Natalia, cuyas chiches siempre serán referente para mi), nos hemos dado besos tan apasionados que terminamos sin aliento, los cursis «Te Quiero» o «Te Amo» se combinan con los soeces «Perro, pendejo, puto, cabrón, hijo de… (Con todas las posibilidades y variantes), niño depravado, pervertido» y también bastantes peticiones de decirle puta, golfa, perra, ramera, hija de… y se volvería casi un mantra para Brenda el decirme en cada encuentro que mis huevos serian los ganones.
Recuerdo que en esa ocasión llegue con mi tía Martina, arreglamos la casa, limpiamos y yo con ansias locas de ir en busca de mi tía Brenda, terminamos de limpiar y casi voy en desbocada a por Brenda cuando por la ventana de la casa la veo pasar acompañada de un tipo enano (Y digo enano porque yo con doce años estoy más alto que él), la veo arrinconarla y querer darle un faje rico, pero en ese momento se cruza la mirada de Brenda con la mía, algo le dice al enano y siguen camino; por ese día se pospone el encuentro con Brenda y viene el que será mi primer endurecimiento de corazón. Al día siguiente mi tía Martina se integra al negocio y comienza la que es su rutina de vacaciones (Diría un amigo ya viejo: «Aquí se descansa con el lomo encorvado y al sol, hijo.»), yo con pensamientos funestos y grises (Efectivamente, me rompieron el corazón y estoy sintiendo por primera vez celos por una mujer), mi tía Natalia a la hora de las comidas (Cuando estamos de visita en la ciudad Martina cocina y Marcelo, Natalia y mis tres primos, comen con nosotros) comienza a mirarme con ojos burlones, el mismo tipo de ojos que haría algunos años después cuando Ilse comenzara con el bailecito; finalmente, tres días después de que yo llegara, se aparece Lina y le pide a mi tía Martina permiso para sacarme de su vigilancia, me lleva a la casa de Marcelo y Natalia y allí me esta esperando Brenda, la veo con rabia, una rabia que siento como me corroe, Lina ya cumplió su encargo y nos deja solos, quiero gritarle, quiero decirle mil ofensas, pero no puedo, ella me esta mirando esperando mi reacción, con una sonrisa entre burlona y curiosa, y finalmente me habla.
Brenda: (Con un desenfado tal y como si estuviera hablando del clima) Pues si, ya me viste con Javier, es mi novio.
Yo: (–_–)
B: Pero ya te dije que quiero que tus huevos sean los ganones.
Y: (Con la misma jeta, sin decir nada).
B: Javier sale mañana de viaje y se va a tardar casi un mes, va a la frontera y tarda en regresar ¿Por qué en lugar de hacer esa cara mejor no aprovechamos que ahorita esta ocupado y no viene por mi hasta después de la hora de la comida? (Al decirlo se va quitando la blusa y termina desprendiendo el sostén)
Y: (Me acerco, a pesar del acido en mi estomago no me puedo resistir al llamado de esas dos chiches) ¡Te amo, Brenda!
B: ¿Sí? ¿Mucho? (En su voz hay confianza y burla, sabe que tiene al pendejo yo de doce años a su merced).
Terminamos desnudándonos y cogiendo como desaforados, pero algo cambio en ese proceso, desquito mi rabia cogiéndola pero ella parece calentarse más siendo cogida así. Efectivamente, el pinche enano de Javier sale al día siguiente de viaje y efectivamente, durante mi estancia en la ciudad me cojo a Brenda, aunque hay ciertos cambios, me empieza a valer madre y cada que puedo, incluso en la calle, la manoseo, le paso descaradamente las manos por las nalgas, a ella parece intrigarle y divertirle el cambio en el niño (Niño que aparte ya dio un estirón y le saca unos centímetros más de altura), se deja hacer, incluso voy más allá del pudor y comienzo a meterle mano por debajo de la mesa en presencia de Lina o Natalia, las cuales no se dan cuenta o fingen no darse cuenta, hemos cogido a diario desde que el sotaco no esta, la primera cogida quedo demostrado que ya me salía leche, ya no la baba transparente aquella, leche, leche espesa, blanca, cuagulosa y abundante, recuerdo me la estaba mamando, yo con esa rabia que sentía, la tome del pelo, le sujete bien su cabeza y comencé a moverme, mi verga entraba y salía de su boca de puta, la cogí por la boca hasta que sentí hervir la base de mi verga y sin contenerme solté mi primera eyaculación, le deje la cara bañada de ese liquido espeso y blanquecino, mi primera deslechada, sorpresa de ella cuando la recoge y ve su consistencia, sonrió de manera burlona, se llevó un pequeño cuajo a la boca, lame el dedo y dice mientras me ve a los ojos: ¡Yumi, leche! De casi dos meses de vacaciones yo ya llevaba casi tres semanas en la ciudad y cogiendo diario y a todas horas con Brenda, había veces en las que la ensartaba hasta tres veces seguidas y en promedio, dos a tres encuentros por día, desde ese ¡Yumi, leche! me lo dijo: «Quiero toda tu leche adentro de mi verija, no la quiero en mi culo, no la quiero en mi boca, tus huevos son los ganones, niño pervertido y pendejo, la quiero adentro, hasta el fondo.» Apenas llevaba ese poco tiempo de sentir el placer de imponerme un poco cuando mi tía Martina me avisa que vamos de regreso a provincia por causas de salud del viejo, salimos al día siguiente temprano, así que el encuentro de la tarde – noche, antes de que regresen los padres de Brenda y mis «tíos», será el último momento para desquitar mi rabia contra esa traicionera.
B: ¿Qué ya te regresan al cuchitril donde te llevaron?
Y: Sí.
B: Qué mal, yo tenia la esperanza de poder ordeñarte más esos ricos huevos.
Y: Me los puedes ordeñar ahorita, si quieres.
B: ¿Tú quieres?
Y: Sí, quiero dejarte todos mis mecos adentro, así como te gusta.
B: Entiendo por qué te volviste un cabrón insolente, pero es necesario que entiendas que eres mi cabrón, que aunque no quieras, si yo te digo ven, tu vas a venir, y vele el lado bueno, no me he dejado coger por Javier todavía, así que no te ha tocado batir leche de otro adentro de mi, eso te lo puedo asegurar. y tampoco se la he mamado, apenas comenzamos a salir y de besitos y fajes no ha pasado, si me crees o no, yo no tengo por qué explicarle nada a un niño pendejo.
Y: (Con cara de regañado) Perdón tía Brenda ¡Te quiero, de verdad te quiero!
B: Yo también te quiero Diego, pero tú tienes doce años, yo ya tengo veintiocho, quiero tener hijos, quiero casarme y aunque aún no lo comprendes, tú y yo no podríamos casarnos, la diferencia de edad es mucha, es cierto que cuando naciste me prometí que yo te iba a pervertir, aunque Natalia me gano en ser la primera, pero te he ido pervirtiendo y te fui amoldando para que el día de mañana seas un cabrón depravado, un cabrón que sienta placer de usar a una puta.
Y: (Con lagrimas ya escurriendo en mis mejillas) ¡Te amo Brenda!
B: ¡Ven papito! Yo también te amo, pero sé que esto nunca va a ser, además ya me dejaste el mejor regalo de amor que me podías dejar, tus huevos son los ganones y hoy lo vas a dejar confirmado
Me abrazo, me beso, me comenzó a masajear la verga, me lamio mis lagrimas y me dijo: «Despídete bien de tu puta, papito, anda, chíngame con tu verga, ponme como me gusta, como puta caliente y loca; demuéstrame que ya eres un hombrecito y no un niño, enséñame que eres un hijo de la chingada y no un pendejo.» Con eso dicho, mi rabia, mi enojo, mis ganas de desquitarme de ella, mi anhelo, mi amor, mi deseo, se transformaron en algo que aún hoy no sé como describir, todas las emociones buenas que se habían acumulado en esos dos años de ser su pendejito cabrón y las malas que habían despertado en mi al verla besar a aquel pendejo sotaco se fundieron en el deseo carnal más cabrón que haya sentido jamás, una cosa es desear cogerse a alguien, otra muy distinta lo que despertó en mi por Brenda en ese momento, recuerdo que la mire con seriedad, traía una falda amplia, abajo de las rodillas, una blusa o camisola con corte de chaleco con botones grandes al frente, el pelo suelto, hacia atrás, sujetado con una diadema de plástico arriba de la frente, unos tenis de tipo balerinas, unas pantaletitas a media cadera pero que cubrían completamente sus nalgas y un sostén de tela delgadita. De inicio no supo que paso, la mire con furia, con enojo, el preadolescente gordo de poco menos de cien kilogramos de peso se le abalanza encima, la toma por el cuello con una manaza, la lleva a una pared y le escupe en la cara mientras la insulta, pude ver su confusión y su miedo en sus ojos, después de aquel: «¡Pinche puta! le pego la lengua al rostro, le lamo mi saliva, la beso con pasión, le tomo una pierna y se la levanto para acceder a su nalga de ese lado, ella suspira, sonríe nuevamente de manera burlona y me dice al oído: «¡Así papacito, chíngame como la puta que soy! me bajo a oler su cuello, mi nariz esnifa ese aroma de puta en celo al que me he acostumbrado en los dos últimos años, mi mano sigue el curso de su pierna, llega a su nalga, pasa hasta su espalda y se clava bajo la pantaleta por detrás, mis dedos soban sus nalgas y se meten en medio de ellas, buscando ese ano, mientras mi nariz se pega a la altura de sus tetas y aspiran su aroma, ella abre los botones de la blusa – chaleco, yo lamo como animal su piel, es un deseo imparable el que siento por Brenda en ese momento.
B: ¡Así Dieguito, así!
Y: Diego, Dieguito no, Diego.
B: ¡Así Diego! ¡Eres mi cabroncito!
Y: Soy tu hijo de la chingada, tu hijo de puta
B: ¡Qué rico haberte enseñado, Diego!
Y: ¿Te da gusto haberme enseñado, puta?
B: ¡Sí!
La pongo en aquella primera posición, con un píe en el piso bien plantado, el otro sobre una silla y se apoya en la mesa, me meto debajo de la falda y comienzo a lamer su ya muy mojada panocha y raspándola con la tela de la pantaleta, ella se retuerce, me pide que siga, mis manos acariciando sus pantorrillas, sus piernas y sus nalgas, me pide que nos pongamos cómodos, que nos desnudemos, me salgo de debajo de ella, cada uno se desnuda por su cuenta con ansias, cuando estamos listos nos volvemos a pegar, nos besamos, nos manoseamos, le tomo la pierna y la vuelvo a colocar en la silla, su sexo esta expuesto, mi mano se planta sobre él y lo aprieto, lo aprieto con rabia y cariño al mismo tiempo, ella gime sin despegar su boca de la mía, la intensidad sobre pasa a la de encuentros anteriores, mi lengua y su lengua combaten, mi otra mano acaricia sus nalgas, se abre paso, le meto los dedos en su panocha, ella gime, mi otra mano metida en sus nalgas soba con fuerza en medio, mis dedos alcanzan su ano y lo frotan con más fuerza de la normal, Brenda se remolinea, se mueve casi como gusano, como bailará años más tarde llse al alejarse con la toalla abierta, la tumbo a la cama, la levanto de sus piernas, esa posición que le encanta como si fueran a cambiarle el pañal, queda expuesta, me acomodo como a ella le gusta que me acomode encima, me comienzo a comer esa rica verija, la lamo, la escupo, la vuelvo a lamer, mis chupeteos son fuertes, quiero lastimarla a chupadas, ella atrapa mi pito, lo lame, lo revuelca con su lengua y sus labios, me besa los huevos, me lame el culo, le pasa la lengua, como si lo limpiara, me lo pica con la lengua, en ese momento no hablamos, jadeamos, gemimos, gruñimos, pero no hablamos, yo lamo y beso en sus ingles, paso la lengua por sus jetas y sus jetitas, recojo ese néctar que distribuyo en sus pelos, le lamo y le chupo el chícharo, en ese momento siento su dedo en mi culo, al momento de sentirla entrando yo chillo, gimo, suspiro, lo remueve y comienza un lento juego de mete y saca, mientras mi lengua corre por toda la línea de su raja, intentando alcanzar su cagón, la escucho jalar aire y dar un suspiro hondo, intenso.
B: ¿Te gusta, putito?
Y: ¡Sí!
B: ¿Eres mi puto?
Y: ¡Sí!
B: Nada más no te vuelvas joto, cabrón.
Y: No, joto no, Brenda. ¡Sólo tu puto, tuyo nada más!
B: ¡Así hijo de tu perra madre! ¿Quién te pervirtió?
Y: ¡Tú Brenda, tú!
B: ¿Me vas a dejar tu leche en mi panocha?
Y: Sí Brenda, mi leche es para ti
B: ¡Cógeme mi niño pendejo!
Me saca el dedo, me da una chupada en la verga y la deja bien ensalivada, en esa posicion con sus pies en sus manos y bien abierta se le ve la verija peluda muy abierta y su culo bien expuesto, y sí, me excita mirarla así, abierta, velluda, incluso con vello en el culo, me acomodo en cuclillas encima de ella, le meto la verga en la panocha, me pide que me aviente sobre ella, me comienzo a mover, despacio, lento, la voy cogiendo, ella suspira, me pide que la coja con más intensidad, comienzo a moverme, estoy en una posicion algo extraña, como montando un caballo o como los luchadores japoneses de sumo antes de la orden de combatir, la cojo con fuerza en esa posición, ella gime.
B: ¡Eres un cabrón, Diego!
Y: ¡Así me hiciste Brenda!
B: ¡Ay niño depravado, hijo de tu puta madre, cógeme!
Y: Si, mi tía Brenda quiere que me la coja como si fuera una puta caliente y así me la voy a coger.
B: ¡Ay que gusto, ay que gusto! ¡Perro cabrón!
Me detengo, paro todo movimiento, ella extrañada me mira pero no dice nada, esta expectante, saco mi verga, y sin cambiar de posición se la acomodo en su cagón, se la meto, ella me recibe con una sonrisa, me comienzo a mover igual, con ganas, Brenda gime y bufa.
Y: Brenda, quiero hacerte algo
B: ¿Qué?
Y: Quiero lamerte como aquella vez, cuando te hiciste pis en mi (Sin dejar de moverme en su culo).
B: ¿Te quieres poner a chuparme el meón hasta que me mee, cabroncito?
Y: ¡Sí!
B: Pues ya eres un cabrón, no me pidas permiso y hazlo.
Me saco de su culo, me bajo y comienzo a recorrer con mi lengua de su culo a su garbanzo, le meto la lengua en la zona blanda de su entrada, ahí se ve un delicioso agujerito, su delicioso meón en la entada de su cueva, paso la lengua, lo lamo, lo pico, lo masajeo con la punta de mi lengua, trato de alcanzarlo con los labios, lo chupeteo, Brenda ya sin control, grita, gime, dice vulgaridades, no importa si la escucha alguien o no, ella esta gozando de los frutos de haberme pervertido, después de un buen rato, me dice que ya viene, yo continuo y siento el chorro salir, lo recibo en mi legua, salado, caliente, intenso; lo bebo con sed, me atasco en su verija mientras ella suelta esos deliciosos chorros de orina caliente, me separo de ella bajando a su culo y hurgando con mi lengua en él.
B: Ya quiero que me dejes la leche adentro, cabroncito.
Y: ¿Por qué quieres tanto mi leche adentro, Brenda?
B: ¿De verdad no sabes para qué?
Y: No (Y es verdad, aún no tengo noción de la relación esperma con embarazos)
B: Siempre te he dicho que tus huevos iban a ser los ganones, y como ya dan leche, ya fueron los ganones, hace unos días, después de terminar de coger, sentí algo extraño pero tengo la certeza de que tus hermosos huevos de niño pendejo ya ganaron. Brenda se acomoda, las piernas abiertas, me acomodo en medio de ella, la ensarto, sus piernas se anudan en mi espalda y comenzamos el ultimo viaje, la ultima escalada de mete y saca hasta dejarle la leche adentro, me hundo al fondo al sentir mi leche botar de mi verga, ella me abraza, me mantiene dentro de ella, me sujeta de tal manera que mi cabeza queda en su pecho y sus brazos la rodean, la abrazo al no tener escapatoria, la siento comenzar a temblar, esta sollozando, siento como me aprieta más a ella, es un llanto apenas audible, entre sollozos sólo la escucho decir: «Perdóname mi niño, perdóname.» La siento relajar su abrazo, mi verga ya esta flácida, me separo de ella, la escucho sorber mocos por la nariz y la veo pasar rapidamente el dorso de la mano por sus ojos, me lleva al baño, me baña, me lava, me deja sin olor a cogedera, me viste, me besa y me manda con Martina. Saliendo me quedo seco, en la puerta de la casa, montando guardia esta Lina, me mira con ojos incrédulos, como si fuera yo una rara especie de algo, sólo me dice: «Ya hablaremos, cabroncito.» y se mete en la casa.
Al día siguiente yo me regrese a provincia, a los pocos meses llega de visita mi tío Marcelo con Natalia y mis primos y dan la noticia de que Brenda esta embarazada y que se va a casar con el pendejo enano de Javier. Nunca entendí el por qué al final entre sollozos Brenda me pedía perdón, y sí, con el tiempo se daría la charla entre Lina y yo, pero no antes de cobrarme lo que considero una deuda que tenia que pagarme mi tía Natalia.
Espero que esta parte de mis andanzas les haya gustado, ya saben, se aceptan comentarios.


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