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Bisexual, Heterosexual, Incestos en Familia

Carito

De cómo me involucré con la hija de mi jefe. .
Soy Laura y les voy a contar cómo me involucré con la hija de mi jefe.

Cuando salí de la secundaria con 18 años rendí la prueba nacional y no me fue bien, a pesar de que en el colegio me había ido bien.

Qué pasó? No lo sé, solo que tuve que ver que hacer y comencé a estudiar secretariado por dos años.

Con mi título en la mano comencé a buscar trabajo, en todos lados me pedían experiencia. Cómo se puede tener experiencia sin no me dan trabajo.

Finalmente encontré una práctica, se llama » estudiante en práctica «. Aún así habían muchas niñas postulando.

Después de la primera selección, la segunda la tomaba el jefe, uno de los gerentes de la empresa. Siempre fui bonita, así me decían, blanca, pelo castaño oscuro y largo, de pechos no muy dotados pero con un redondo trasero siendo más bien delgada. Siempre use la falda del colegio a medio muslo porque me decían que tenía bonitas piernas.

Entonces eché todo a la parrilla, antes de entrar a la entrevista con el gerente, me subí aún más la falda que ya era corta.

El gerente me quedó mirando, las piernas principalmente. Me hizo sentar en un sofá y el se sentó en un sillón frente a mí con una carpeta en la mano.

La oficina era amplia, detrás de él estaba su escritorio con su silla y delante del escritorio habían dos sillas maa pero no giratoria como la de él.

Mientras leía mi CV crucé las piernas porque la falda me había quedado demasiado corta y me daba vergüenza, aunque su mirada no se dirigía a mis piernas.

Después de leer mis calificaciones me preguntó cosas personales, cómo donde vivía, si lo hacía con mis padres, la cantidad de hermanos y finalmente porqué quería trabajar en esa empresa.

Ahora su mirada se dirigía a mis piernas, no lo culpo por la pierna se me veía entera, la falda no alcanzaba a tapar nada.

Me explicó las condiciones del trabajo y las acepté todas.  Además de que el era muy guapo, alrededor de los 40 años, blanco de pelo castaño claro y ojos claros, trigueños.

Terminada la entrevista me levanté, me bajé la falda, le pedí disculpas por la falda y me fui. Por el camino me retaba a mi misma por la estúpida idea de conseguir un trabajo mostrando mi desnudez. El trabajo por otro lado consistía en una práctica de tres meses con un sueldo que era la cuarta parte del sueldo de una secretaria recién contratada, me alcanzaba para lo justo, y si no la hacía no tenía experiencia.

– Cómo te fue ? Me preguntó mi madre cuando llegué a casa, me encogí de hombros, me fui a mi dormitorio y me acosté a pensar.

El jueves tengo un llamado para que me presente el lunes para otra entrevista. Hasta dudé de presentarme, mi madre me dijo que no perdía nada con ir.

A las 9 de la mañana del día lunes estaba en la empresa, aunque con la falda un poco más baja.

– Mira Laura, voy a ser honesto contigo porque creo que te lo mereces  – me dijo él gerente sentado frente a mí,  que a pesar de tenet la falda más baja, sentada en ése sofá me quedaba la pierna descubierta en gran parte, aunque cambiaba de piernas era lo mismo.

– Si señor – atiné a decir, no sacaba nada con tratar de bajar la falda.

– La práctica dura tres meses y el sueldo es  bajo, pero si lo haces bien, puedes hacer el reemplazo hasta que ella vuelva –

– Si señor, lo que usted diga –  estaba entregada, haría lo que fuera por quedarme con el reemplazo.

– Pero si al primer mes no cumples con las expectativas, entonces la práctica termina ahí y llamo a la segunda seleccionada. Está bien?  – preguntó.

– Si señor, haré lo que usted  me pida  – que tontera dije pensé, me ofrecí como una cualquiera.

– Entonces aceptas las condiciones? – dijo seriamente como si no hubiera escuchado lo que dije.

– Si señor –

Se levantó y se sentó en el escritorio, hizo una llamada y me miró fijamente. Sentía que su mirada me llegaba al alma, no tenía nada que ocultarle. Al poco rato llegó un señor de mediana edad con una calvicie incipiente.

– Ruben, hazle un contrato por la práctica por un mes  –

– Si don Cristian,  lo que usted diga  – dijo mirando al gerente.

– Señorita, acompáñame por favor –

Y así comencé a trabajar, obviamente no sabía nada, lo primero que me enseñó la secretaria fueron los gustos del jefe, cómo y a qué hora le gustaba el café, limpiar su escritorio sin ordenarlo. Y muchas cosas más que no están dentro de la pedagogía del secretariado.

– Laura, me gusta como eres, has hecho las cosas bien, como a mi me gustan por lo que seguirás con la práctica hasta el final  – me decía mirándome mientras tomaba su café que le había servido.

– Vas a ser una buena secretaria, terminando tu practica te vas a quedar con el reemplazo. Esto no tiene nada que ver con tus piernas, que son muy hermosas y me gusta verlas, es por tu desempeño  – no sabía qué decir.

– Le gustan mis piernas? – pregunté levantando la falda al límite, hantes de que se viera mi ropa interior,  el era guapo, me gustó de un principio y realmente haría lo que me pidiera, incluso aquello.

– Si, y también tu ropa interior blanca,  pero trata de que cuando llegues en la mañana y te vayas por la tarde, usar la falda más abajo, los rumores corren en esta empresa  – dijo dejando la taza en el escritorio.

– Está bien así? – dije bajando la falda u poco y girando para que me viera.

– Un poco más abajo  – dijo y me bajé lo que más pude la falda. Voy a tener que darle a la bastilla pensé.

– Y ahora cómo se ve? – dije modelando para él.

– Está mucho mejor  – dijo el, toda esta conversación de la falda y el modelaje me tenía excitada.

– Y para usted don Cristian, como le gusta? –  subiendo la falda más arriba del límite, el miró mi tanga blanca casi transparente y mi pelvis depilada. Tragó saliva pero no dijo nada. Me giré para que viera mi trasero.

– Está bien  – dijo carraspeando, se levantó de su asiento y se me acercó.

– Pero sólo para mí  –  me dijo muy bajo, sentí su perfume varonil y no pude evitar tocar su notoria erección dentro del pantalón. Se quedó quieto con los ojos abiertos mientras masajeaba su miembro, lo quería dentro de mí, en ese momento me di cuenta de que me había enamorado de él.

– Sigamos trabajando  – dijo sacando mi mano de su bulto y volviendo a sentarse. Me sentí una estúpida ofreciéndome de esa manera. Siendo rechazada que era lo peor.

Pero mi trabajo siguió igual, la secretaria con 8 meses de embarazo lo único que quería era irse por lo que a los dos meses de práctica quedé sola con mu jefe. Una tarde que le entregué unas facturas y mientras él las revisaba, yo estaba parada al lado de él e inclinada sobre el escritorio explicándole una factura, cuando sentí su mano acariciando mis piernas, no hice ningún movimiento, sólo me quedé quieta mientras su mano llegaba a mis nalgas y las acariciaba, bajé mi mano del escritorio hasta su dureza dentro del pantalón. Giró su silla y me senté en su dureza, su mano entró por mis piernas abiertas hasta mi humedal,  sus dedos acariciaron mi clitoris.

– No puedo hacerlo,  amo a mi esposa  – dijo él lamentándose. Me levanté y me arrodillé entre sus piernas, liberé su miembro de sus ropas y lo introduje en mi boca y se lo chupé hasta sacar todos sus jugos.

Finalmente quedó echado hacia atrás con los ojos cerrados recuperándose. Besé sus labios y él abrió los ojos, me devolvió el beso, nos besamos unos minutos y desestapués me separé.

– Mañana seguimos con las facturas  – dijo levantándose, guardando su miembro y arreglando sus ropas. Cuando salimos de la oficina ya no quedaba nadie.

– A dónde te llevó Laura  – caminando al estacionamiento. Nos despedimos del guardia de la salida y me dejó en una estación de metro.

 

13 Lecturas/31 diciembre, 2025/0 Comentarios/por Riseva
Etiquetas: amo, colegio, esposa, hermanos, hija, madre, metro, secundaria
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