Carito 3
Aunque nuestra amistad se hacia más cercana, la parte laboral permanecía intacta. .
– Qué te pareció mi familia? – me preguntó unos días después.
– La verdad? – le dije con una sonrisa maliciosa.
– No, sólo miénteme – dijo él con otra sonrisa.
– Ah, en ese caso no puedo decirte nada, no sé mentir – le dije sentándome en sus piernas.
– Me gustan tus piernas y lo sabes, pero puede entrar alguien – dijo acariciándolas.
– Aquí no entra nadie sin mi permiso – dije y en eso era un cancerbero, ni las llamadas telefónicas sin que yo supiera de quién y cuál era el motivo.
– Pero nunca falta – dijo dándome una suaves palmadas en mi trasero.
– Tu esposa es una mujer muy hermosa y elegante, en eso no hay discusión – dije levantándome de sus piernas y sentándome en el escritorio con una pierna arriba y la otra abajo. Su mano subió por mi pierna hasta el fondo, lo que hizo que me mordiera los labios para que no se me escapara un gemido. Me encantaba este juego de poner a prueba su resistencia.
– La Carito es otra cosa – dile levantándome del escritorio cuando sacó su mano. A él también le gustaba el juego pero ponía sus límites.
– Como es éso? – me preguntó reclinando la silla hacia atrás cruzando sus manos sobre su abdomen.
– Además de alta, blanca, hermosa como su madre, es tierna, cariñosa y muy fácil de amar – le dije mirándolo seriamente.
– Sabes porqué te pregunto? Porque ella también te encontró hermosa, cariñosa y fácil de amar, cuando le pregunté lo mismo –
– Es que cuando la vi me gustó lo hermosa que era y cuando conversamos nos hicimos amigas rápidamente –
– Qué bueno, porque a mi esposa no le caíste muy bien, pero yo creo que fueron celos, aunque ella nunca demuestra que los tiene –
– Bueno, dale un beso a la Carito de mi parte – dije dándole un buen beso en la mejilla.
– No te preocupes que se lo daré, ahora volvamos al trabajo –
Cuando llegó la cena de aniversario de la empresa nuevamente, me fui con el obviamente en su auto y a la salida me llevó a mi casa.
– A dónde me llevas? – le pregunté.
– A tu casa – respondió.
– No quiero ir a mi casa, todavía es muy temprano – dije poniendo mi cabeza en su hombro y acariciando su bulto del pantalón.
– A dónde quieres ir? – preguntó.
– A dónde tú me lleves – respondí, el hundió el pie en el acelerar y el auto respondió dando un salto hacia adelante dejándome pegada al respaldo.
– No tenemos mucho tiempo – dijo dirigiéndose a la autopista – diez minutos después entramos a un motel, nos dirigimos a una cabaña con entrada de auto cuyas puertas se cerraron detrás de nosotros.
Al entrar fue una locura, nos besamos mientras nos desnudabamos lo más rápido posible, de espaldas en la cama abrí mis piernas para que entrará con toda facilidad.
– Estas tomando anticonceptivos? – preguntó con la punta de su miembro a la entrada de mi vagina.
– Hace mucho rato esperando una oportunidad – le respondí besándolo desesperadamente.
Entró rápido y profundo, la abundancia de mís jugos facilitaron la penetración.
– Aaahh! – exclamé al sentir lo que tanto tiempo había deseado, casi dos años esperando éste momento.
Lo que vino después fue como una tormenta, nos besamos, luchamos y nos revolcamos literalmente en la cama hasta que ya no pude más y mi orgasmo llegó con la misma furia sacudiéndome fuertemente. Pero el no me dió tregua y sobre la misma siguió embistiendome profundamente.
A lis pocos minutos un nuevo orgasmo llegaba con la mis furia pero sublime al mismo tiempo que el se descargaba con cada penetracion profunda haciéndome gemir de placer con cada una de ellas.
Se volteó de espaldas recuperando el aliento mientras yo hacía lo mismo. Nos miramos y nos pusimos a reír.
– De qué te ríes? – me preguntó.
– Tengo cosquillas por todo el cuerpo – le respondí.
– Yo también, hace tiempo que no me pasaba esto – dijo poniéndose serio.
– Vamos a la ducha! – dijo levantándose rápidamente, yo no quería ni podía levantarme, tenía un relajo en todo el cuerpo.
– Vamos! – me dijo levantándome de una mano.
Era la primera vez que nos duchabamos juntos y fue una experiencia deliciosa e inolvidable.
Desde que entramos y salimos no había pasado una hora, todo fue relámpago, la autopista nuevamente y en menos de 15 minutos estaba en mi casa, me despedí con un rico y largo beso antes de bajar del auto.
Entré a mi casa feliz, mis padres estaban acostados.
– Ya llegué ! – les dije de la puerta de su dormitorio y me fui mi cama, me desnudé y me acosté encima de la ropa acariciando mi vulva recordando el momento.
De pronto se prende la luz y entra mi me hermano mientras me estaba masturbando.
– Qué haces? – le pregunté sacando mis dedos de mi vagina con vergüenza.
– Perdona hermanita es que te sentí llegar y quería preguntarte algo – dijo algo confundido.
– Apaga la luz! – le dije con fuerza. El ha sido mi regalón, es 5 años menor que yo.
– Ahora que quieres? – le pregunté.
– Perdona Laly no sabia que estabas desnuda – dijo sentándose en la cama y tomando una de mis manos la besó, fui su segunda madre para él, muchas veces de chico me vió desnuda, pero ahora era diferente.
Desde que tuvo 12 años y entró a mi dormitorio estando desnuda como siempre y noté que tenía una erección debajo del slip. La verdad no me molestó, a los chicos les pasa a esa edad, más por morbo que curiosidad bajé su slip y salió su erección de unos 12 o 13 centímetros, lo que me impresionó porque siempre se lo había visto de no más de 5 centímetros.
– Y esto? – le pregunté tocando su miembro porque no pude resistir las ganas. Él se encogió de hombros, solté su miembro y su slip el que volvió a su posición dejando el miembro de mi hermanito apuntándome.
– Qué necesitas? – le pregunté dándome vuelta y continué vistiéndome. Al no escuchar su pregunta me volví a verlo y ya no estaba.
– Yo, yo…se me olvidó a que venía – dijo asustado.
– Está bien, no te preocupes, me estaba masturbando igual que tú lo haces, no hay nada malo en ello – le dije.
La luz de la lámpara del velador seguía encendida y podía ver la erección de mi hermano bajo su slip, solo que ahora tenía 17 años y ya era todo un hombre, aunque actua como adolescente.
– Mira como estás – dije tocando su miembro de nuevo por morbo que por curiosidad. Abrió desmesuradamente sus ojos y su boca al contacto.
– Déjame verlo – ahora por curiosidad y por caliente, debo decirlo.
Se paró y se bajó los slip, apareció un miembro de no menos de 18 centímetros, grueso y venoso, lo que me produjo un flujo de jugos en mi vagina. Tragué saliva y se lo movi de arriba abajo aportando para ver su dureza.
– Oye, estás bien dotado – le dije.
– Qué te dice tu novia? – le pregunté sin soltar su miembro, mi mano se resistía a hacerlo.
– No tengo – dijo mirando como mi mano subía y bajaba por su miembro. Si no fuera mi hermano me lo comería ahí mismo.
– Anda a masturbarte al baño, no quiero que manches mi cama con tu semen – le dije soltándolo.
Se subió los slip y salió rápidamente de mi dormitorio, volví a tocarme y estaba muy mojada – Mira como a la vagina no le importa de quién es el miembro, se moja para estar lista – pensé.
– Talvez algún día le haga el favor a mi hermano, seguro que es virgen todavía – pensé oliendo la mano que lo había estado tocando, olía rico.
– Me voy a acostar – me dije metiéndome debajo de las ropas – no vaya a ser que ahora venga mi papá – me dije sonriendo.


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