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Heterosexual, Sexo con Madur@s

Clases privadas

cuando te van mal en la escuela, peden suceder cosas muy buenas.
A los 13 años sentí la verdadera gloria, pero fue un tiempo donde me iba mal en la escuela y tuve muchos problemas cuando mi madre se enteró, por suerte cerca vivía una maestra la cual mi madre le pidió que me ayudara con las cosas que no entendiera y obviamente se le pagaría. La señora llamada Claudia era una mujer mayor de mínimo 40 era amable y explicaba bien, además me ayudaba con los trabajos de la escuela. 

Transcurrido un mes cuando hacía una tarea en su casa ella me pregunta cuántas novias tenía y yo riendo tímidamente le respondo que no tenía, con un tono condescendiente ella dice: —¿y por qué no? Con lo lindo que eres—. Yo solo alce mis hombros, supongo que lo dijo por tratar de subirme el ánimo ya que mi apariencia es promedio. 

Los días posteriores que fui a su casa era más descuidada con lo que vestía, su blusa era más suelta por lo que se le veía parte de sus senos sobre todo cuando se apoyaba en la mesa, podía ver cómo le colgaban. La siguiente vez que fui a su casa lo primero que miré fueron sus pechos, claramente no llevaba sostén porque sus pechos estaban algo caídos y sus pezones se marcaban como si quisieran rasgar la tela. Esa tarde fue todo un desafío concentrarme en los deberes, no podía apartar la mirada de mi tutora y no era porque fuera bonita, aunque tampoco era fea y si vamos a preferencia en el tipo de cuerpo a mí me gustan las flacas y esa señora estaba más que llenita y tenía muslos gordos, no obstante, a pesar de la diferencia de gusto no evitaba que se me parara la verga y es que no paraba de provocarme, pero por muy obvia que fuera yo solo me limitaba a mirarla de reojo, la condenada incluso se sentaba con la piernas abierta y como sus shorts les quedaban sueltos, podía ver que tampoco llevaba nada debajo 

De pronto me dice:  

—¿qué andas viendo? No te veo trabajando—. 

—no, nada—. 

—pero me has estado mirando todo el rato —. Pero de la vergüenza me quedo callado. —¿me has estado viendo las tetas, ¿no? —. no sabía que responder, solo me reía nerviosamente. Ella continúa hablando de manera juguetona —de seguro son más grandes que la de tu novia —. Y tímidamente respondo: —no tengo novia—. 

—ah… ¿en serio?, si eres tan simpático—. Yo solo me sonrojo y luego hay un breve silencio. 

—¿la quieres ver? —, pregunta ella. 

—¿que? —. 

—si quieres mirarme las tetas, no has parado de mirarlas—. y se saca la teta por un lado. estaba impactado, no podía creer lo miraba. Eran grandes y aunque estaban caídos eso no evitaba que me gustaran. —¿quieres tocar? —, pero ni había terminado de preguntar y ya mi estaban tocándolos, la suavidad que sentían mis manos era maravilloso, el tacto de su piel aceleraba mi corazón y esos duros y oscuros pezones solo me pedían una cosa. 

Tras un breve momento acariciándolos no me pude aguantar y se lo chupo Claudia suelta un ligero ¡ah! —no, te di permiso a chuparlos —, pero tampoco me apartó. Solo se limitaba a jadear mientras masajeaba, apretaba y mordía levemente. Poco después me preguntó si sabía besar, pero sin esperar respuesta ya estaba siendo instruido, la manera en que me besaba era muy intensa, su lengua me estaba devorando a lo que a su vez su mano me estaba tocando mi pequeño bulto y en un santiamén tenía mis pantalones en el suelo. —a ver cómo está este pequeño — y saca mi verga por un lado de mis calzones —jojo.. Miren esta bestia— dice ella al mirarlo directamente. Mi pene no era un enorme mástil de 20cm, apenas era de 12cm sin embargo debido a mi edad y estatura podría considerarse grande además que el prepucio aun no terminaba por descubrir mi glande. 

—que pene tan lindo — dijo ella y luego se lo llevó a la boca. 

En ese momento mi cuerpo se tensó al sentir la calidez de su boca y me daba cosquilla cuando su lengua rozaba la cabeza. Claudia sonreía al mirar mis reacciones e intensificaba su mamada.  

—ya, ya—, dije mientras intenté apartarme, pero ella me sujeto hasta que sintió mi pene palpitar dentro de su boca. 

—que delicia —, dice Claudia tras beber las microgotas que soltaba y mira mi pene, este estaba tieso como al principio —cuanta energía—, posteriormente se levanta y se quita su short y separa los labios de su vagina para mí. Su vagina era oscura, pero el interior era rosado. —¿quieres tocar? — dijo ella al acercarse y apoya su pierna en la silla entretanto.
Estaba hipnotizado, solo había visto vaginas en videos y pues el de mi madre, pero a ella nunca tuve el morbo de mirarla con otros ojos, además, la entrepierna de Claudia estaba mojada como si se hubiera orinado encima, pero el aroma, así como la sensación era muy distinta. Como siempre inicié tocando con timidez sus gruesos labios, estaban regordetes con algo de pelo y luego deslicé mi dedo entre ellos hasta tocar ese botón que sobresalía, a ella parecía gustarle que lo tocara porque siempre reaccionaba de una manera cada vez que la acariciaba o presionaba. Luego me pidió que la lamiera, pero en me daba asco en pensarlo sin embargo ella acercó su pelvis hacia mí y tomándome del cabello me acercó hacia ella hasta que mi boca hizo contacto. 

—eso… así—, dice ella mientras mueve lentamente sus caderas. 

Mi mente estaba conflicto porque me asqueaba el pensar en hacerle un oral, pero ahí estaba. Lamiendo toda su raja como perro bebiendo agua y pues creo que si lo era porque estaba haciendo justo lo que ella deseaba, solo faltaba que me llevara con correa y me hiciera caminar en cuatro patas para ser su mascota. Ya en su habitación fue un completo desenfreno y se lo metí a placer. Para luego hacer con mi mano lo que no pude hacer con mi verga. 

Al regresar a casa estaba recién bañado, pero por suerte mi mamá estaba ocupada así que no notó nada fuera de lo normal, en cambio yo me sentía eufórico, una sensación de felicidad bastante loca.  

Desde ese día deseaba tener tarea diariamente.

66 Lecturas/19 febrero, 2026/0 Comentarios/por Buzuk
Etiquetas: escuela, madre, mamada, mayor, novia, oral, vagina, verga
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