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Fantasías / Parodias, Heterosexual, Incestos en Familia

Corazón Prohibido 4

Continúan las andanzas de Tadeo, quien ya no sabe que sucederá con Diana, parece que a perdido….
Advertencia: este relato es completamente Ficticio, no tiene nada de real y solo está para entretener con una buena de dosis de morbo a todos los lectores que gusten…

4

En serio el abuelo no esperó nada de lo que seguiría, era un viejo mañoso, demasiado metido en sus deseos carnales, su perversión no le dejó pensar nada aparte de cogerse a su nieta, jamás reparó en las consecuencias, ya era casi mediodía cuando se despertó, creo que le sorprendió verse solo en la cama, seguro pensaba que podría tener un momento más con su hembra, a quien quería romperle el culo, pero viendo la hora supuso que Diana estaba comiendo, por lo que fue a verse con su “putita” a su cuarto, confiado de que podría abrirle las nalgas para encajarle toda su verga de una sola vez, casi podía oírlo cantar triunfal, sabiendo que podría gozar de aquella preciosa nena que había desflorado hace unas horas, incluso aún tenía su aroma encima, el de su virginidad robada, dándole más ganas de sentir como le abría la vagina otra vez, mientras le mordía las tetillas para dejarla marcada, iba con la verga parada, deseoso de seguir, pero esta le cerró la puerta con seguro, no le respondió por más que la llamó, durando algunos momentos, así que imaginó que se pasó un poco, luego la calmaría mimándola con sus clásicas mañas, luego fue a verme, lo cual le sorprendió porque no estaba en el cuarto casi muriéndome, así que se puso nervioso, revisando por todas partes, bajando para encontrarme en la sala sentado mirando a la nada, donde tratando de minimizar las cosas diría:

Mijo, que bueno que estas mejor, espera tantito, ahorita te hago el desayuno, te gustan los hotcakes como a Dianita – dijo con voz fraternal.

Sabes cuánto tiempo puedes quedar en la cárcel – le decía algo molesto.

Ah, no sé de que hablas – dijo fingiendo inocencia, alejándose a la cocina.

Sigo siendo menor de edad, me dejaste afuera, casi me congelo por tu estúpida broma, me provocaste un accidente que casi me mata, tengo las pruebas en la mano, si algo más me pasa ¿qué? Vas a seguir fingiendo demencia, anciano estúpido – le dije aguantando el coraje que tenía dentro, aun sentía el cuerpo un poco entumido.

Vamos, solo fueron accidentes – agregó el viejo más inquieto.

Y todo para violar a una menor, tu propia nieta – le dije bastante molesto, acercándose.

Mira pequeño cabrón si tu sueltas algo de lo que pasó aquí, te juro que yo – me estaba diciendo cuando le respondí feroz.

Adelante, mátame, eso es lo que ambos quieren, quitarme de encima para seguir violando a la putita allá arriba, adelante, hazlo, eso solo te hará más culpable, te esperare en el infierno viejo asqueroso – lo encaré casi incitándole, y me funcionó porque me dio un golpe bien dado que me derribo, he iba a darme otro, cuando por inercia le patee la pierna tumbándolo, nos íbamos a matar, pero en eso se dio cuenta de su error cuando algo sonó afuera.

Qué demonios – dijo el anciano, sin saber que iba a pasar, pero reconocía el claxon.

En mal momento eso sería el fin del anciano, pues yo no lo sabía, pero mis palabras rompieron algo dentro de Diana, jamás le habían hablado así, nadie la trató de esa manera tan cruel, igual entendió sobre consecuencias, estaba aterrada, no sabía enfrentar aquellas cosas por los mimos de nuestros padres, al sentirse tan mal, buscó consuelo en alguien más, llamó a su “mejor amiga” quien no estaría contenta con madrugar (eran las 8 de la mañana), pero estaba desesperada, quería hablar con alguien de confianza de aquel tema, por desgracia ella no era realmente digna de nada, la chica esperaba chisme, una historia de amor prohibido entre hermanos, quizás oírla que le fue encajada esa verga en el rio o en un cuartito oculto, hacer el amor mientras el anciano dormía la siesta, convirtiéndose en novios clandestinos, quizás que le dijera toda clase de cosas mientras le escurría la leche de la conchita, algo con que manchar las sabanas con sus mieles. Al final no fue lo que nadie esperaba, mi hermana le contaría todo lo ocurrido con el abuelo, y conmigo, una historia pervertida, más lejos de recibir el apoyo deseado escucharía: espera babosa, cambiaste a tu rico hermano por un vejestorio, pero si eres sonsa, era obvio el juego del vegete ese y tu aflojaste, excelente, mejor deja que yo si me meto con este, le traigo unas ganas que ni te imaginas, es justo mi tipo, pero ya en serio hay que ser más que bruta para caer así de bajo, te gusta la carne flácida, que asco, deja le cuento a todas, chiquita, no te la vas a acabar eres una sucia putita traga mierda, jajajajjajajaaa; eso rompió más el corazón de Dianita, quien no esperaba tampoco las consecuencias de esa charla, pues en el circulo de amigas que tenía, todas hicieron un escándalo burlón y malvado, pero una de ellas más sensata, acabaría diciéndole lo ocurrido a sus padres, o lo que entendió, todas hicieron un escándalo difícil de entender entre sí, eran un mar de hormonas groseras, pero antes que se diera cuenta, estos le contaron a los míos que algo pasaba con nosotros, y era muy grave, tanto que alarmó a los 2 para venir de inmediato.

No hizo falta explicaciones, justo tras el golpe que me dio el anciano y tras derribarlo, un vehículo llegaba dando pitidos neuróticos para hacerse notar, papá se hallaba furioso casi tumbando la puerta, el abuelo no sabía qué hacer, no esperó nada de eso, menos cuando me vio levantarme, para dejarle pasar, justo cuando golpeaba la puerta desquiciado, no podía caminar bien, y al entrar se me quedó viendo todo maltrecho, el otro en el suelo, siendo obvio que nos peleamos, lo cual le relajó bastante, pensando que las cosas fueron torcidas por parte de las niñas locas y vulgares, que lo exageraron o transformaron todo, suspiró un poco mas aliviado. Pero eso no le detuvo de golpear a su padre, exigiéndole respuestas, aunque mi mamá se movería casi sin llamar la atención con Paty en brazos, sin embargo, aun ella pudo ver mis quemaduras en la mano, el golpe que era obvio por un puñetazo reciente, además que leyó mi rostro, lo había pasado mal todos esos días, mas de mi humor común a últimas fechas, eso le saldría bastante mal al maldito anciano, quien parecía que no tenía buena relación con mi viejo, se notaba que había historia entre ambos, secretos que ignoraba, luego del puñetazo una charla agresiva se dio alargándose un poco, de hecho se vería furioso papá, se notaba que tenía el control de todo ahí, por lo que el abuelo sintió el verdadero terror, mientras mi mamá subió quedando fuera de la discusión mientras discutían, todo se veía tan mal, se dijeron cosas que no entendí, dejando blanco al mayor, en una pelea que no se cuanto duró, además en su momento una mirada de mi madre, quien volvía del segundo piso, sigilosa fue a verse con Diana, le dio una especie de señal, por lo que furioso dijo:

Excelente, sabes que, estoy por perder mi trabajo y todo lo que tengo al venir a ver que otra estupidez hiciste, eres una basura de persona, la empresa donde trabajo se está cayendo a pedazos por culpa de un idiota, por suerte lo acaban de correr, aunque era un socio importante, pero con esto se resuelve el problema, te diremos que vamos a hacer, tú me vas a heredar todo lo que tienes, sin excepción, la casa, los terrenos, todo, ahora será mío, y te me largas al demonio, porque en Tadeo tengo suficiente prueba para encerrarte 10 años, o lo que te resta de vida, no te estoy preguntando, es una orden, o que me dices anciano desgraciado, aun te sientes el gran macho, crees poder con una demanda por abuso infantil, las averiguaciones oficiales, así que te callas, yo preparo los papeles, me los firmas, y adiós, fui un estúpido por confiar en ti, pero como siempre mi “dulce” hermana decía maravillas de ti, que habías cambiado, o que cosas, mierda – maldijo papá, mientras me tomaba una foto, que envió de inmediato a la tía diciéndole: así me dejó al muchacho el viejo, bonita sugerencia.

La tía era una chismosa de primera, la hija consentida del anciano, pues según todos era la niña buena que siempre hacia bien las cosas, por lo que para mantener las apariencias, les contaría a todos los familiares que había pasado, una traición familiar, así quedó como un viejo abusivo golpeador de menores, el abuelo estaba acabado, le iban a repudiar, no lo volverían a invitar a reuniones, o ayudarle en nada y quizás hasta lo golpeen si lo ven en la calle, por lo que bajo la cabeza derrotado, pero yo no me quise quedar atrás, después de todo lo que pasó, no iba a perdonar tan fácil, me acerqué a este y le patee la entrepierna con toda mi fuerza, haciéndole llorar al maldito, dejándolo en el suelo lamentándose, luego me fui a pasos lentos, casi cojos, llamando la atención de papá quien no sabía que decirme, se veía tan consternado, lo pase de largo, luego miré con odio a Diana quien estaba bajando, seguro me vio golpear a su macho, estaba seguro que deseaba defender a su macho, fui arriba tomé mis cosas. Después de eso volvimos a casa, mamá me trató un poco mas cariñosa durante unos días, pues le conté todo lo que pasó durante el viaje de regreso, omitiendo ciertos detalles, aquello donde mi Dianita se volvía la zorra de aquel anciano asqueroso, como la manoseo, le hizo correrse mientras le chupaba las tetas, o se entregaba a sus brazos, eso le tocaba a mi hermana decirlo, si es que se atrevía, aunque lo dudaba, pero les relaté como me hicieron a un lado, mientras ella era consentida, a pesar de mis esfuerzos, siendo ignorado, casi me muero congelado por la broma del susto o la electrocución con la bomba de agua, indicando mis quemaduras, más no soy tonto, creo que nuestra madre intuyó algo porque le dijo:

Qué bonito señorita, por andar de mimada y llorona, dejo a su hermano sufriera así, pensé que eras mas lista, menos mezquina, me decepcionas – regaño mamá aun con Paty en brazos quien se estaba durmiendo.

Cálmate amor, pero si, Diana, luego tienes que pedirle perdón a tu hermano, no fue justo lo que le hicieron ambos, yo arreglé el asunto con su abuelo, pero a usted señorita le toca compensar a su hermano – agregó papá con aire autoritario.

Si papá – le dijo, pero me volteo a ver como si no comprendiera algo, seguro creyó que la iba a delatar, pero como no lo hice quedó confundida.

Ella solo bajó la cabeza, mirándome con una mezcla de sentimientos, no los comprendí en su momento, poco me importaba, pensé que me odiaría por quitarle al macho que la desvirgó, pero repito no me importó, yo aun veía a la niña ser cabalgada por esa verga, mientras sus tetas se movían por las embestidas, entrando y saliendo el viejo de su dulce vulva, luego me daría cuenta que estaba apenada conmigo, pero aparte Diana no comprendía porque no les contaba sobre lo que hizo con el anciano, y es que me dolía en el alma saberla como la perra del abuelo, no tenía forma de decirlo, aun la quería, le deseaba, a diferencia de Amanda que se burló de mi, Diana si se preocupó, pero fue superada por el mañoso vegete, o de eso me daría cuenta. Sin embargo yo estaba molesto, mirando a la putita de mi hermana con ganas de romperle el culo, el coñito, la tenía tan cerca, pero la sentía tan lejos, era molesto, frustrante, en verdad me tenia enojado, en especial cuando parecía estarme buscando para decirme cosas, seguro se quería pelear conmigo o eso yo creí, no sé cuantas veces la vi de reojo, pero solo recordaba cómo era penetrada por el viejo, gimiendo como una golfa, y el video que tenía, a veces me hizo correrme, porque se veía preciosa con la verga metida, aunque luego de eso me estuve distanciando, lo cual llamó la atención de mis padres, quienes no sabían qué hacer, aparte de incitar a Diana a que se disculpara conmigo, como si ellos fueran ajenos a todo.

En los días siguientes ocurrió lo esperado, el miserable anciano vendería o traspasaría sus cosas para dejárselas a mi padre, incluso me vio con odio, seguro me quería armar pleito (seguro igual quería verse con Dianita, que nunca lo fue a ver), pero en una de esas yo le mostré el video que tenía, hizo un gesto de pavor, sabía que de usar eso hasta lo mataban a puños donde estuviera. Por mi parte, aunque enojado, miraba con cierto recelo a mi hermanita, estaba poseso por ella, desde que la vi coger, ya no supe que mas hacer, la deseaba tanto, que aún me terminaba jalando la verga pensando en cogérmela yo, solo que era demasiado rencoroso para cambiar mi actitud, aunque eso hacía que papá se calmara conmigo, pues este seguía con sus ideas raras, quizás pensaba que era igual al abuelo, algo se escondía.

Tras unos días de trámites, lo único que faltó era la casona, que terminaba siendo de las propiedades familiares más valiosas, una especie de reliquia, pero con ese dinero papá se haría socio de la compañía, estabilizando todo el problema financiero, lo cual le daría cierta calma, pues se pudo recuperar todo, tras terminar no supe que paso con el anciano, este se esfumo sin decir nada, obvio, pues no faltaron los familiares que fueran a preguntarme qué paso, y lo que les dije les molestó bastante, omití todo con Diana, quien no me hablaba, en veces pensé que estaba enojada por quitarle a su macho, o estaba asustada por algo mas, aún así no quería que la culparan de nada, todo mi odio era contra el viejo. Las cosas estaban raras entre ambos, como que ella quería decirme algo, no le daba forma de vernos a solas, y en veces nuestros padres la obligaban a decirme disculpas que sonaban forzadas, lo cual poco ayudaba, aunque en medio de todo empecé a notar que era un poco mas descuidada, como si estuviera distraída, pero llegaba a ver como no se cuidaba de enseñarme su calzón al sentarse mal, o cuando subía las escaleras, aparte que su puesta se hallaba en varias ocasiones levemente abierta, quizás por eso las cosas darían un giro inesperado, aunque debo admitir que como ella se volvía un poco mas sonsa, terminaba dejándome verla en ocasiones más de la cuenta, incluso la vería salir del baño para notarla desnudita, y disfrutaría por segundos las preciosas tetas que cargaba, aunque estaba furioso, no dejaba de ver sus delicadas curvas con deseo, en verdad, me calentaba como pocas, Dianita aun tenía su lugar de honor en mis fantasías nocturnas, maldita sea.

Serian largos días, ahora yo no quería hablar con Diana, lo cual le hacía mirarme de cierta forma, estaba seguro que extrañaba al viejo, si bien dominada la tenía, recordaba todo lo que le hizo, cuantas veces la habría hecho correrse viendo películas, guardarse los gemidos porque estaba cerca, se vestía con ropa corta culpando al calor, pero solo para sentir esas manos arrugadas sobre ella, sobándola con la experiencia que tenia, aunque siguió haciendo eso al volver, la miraba con una mezcla de deseo pero con mas desprecio, siendo para mí solo la golfa del anciano, un puta en toda regla cuando se movía con shorts que apenas le cubrían las sabrosas nalgas que sobresalían por abajo, playeras que remarcaban sus pechos estirando la tela de forma deliciosa, o prendas que delineaban sus preciosas formas vaginales, casi dándome la impresión de poder oler su coñito, lo cual me enojaba mas, porque era ajena, llegué a pensar que así me estaba castigando.

Aunque realmente pensé que todo estaba acabado entre mi hermana conmigo, pero me equivoque, un día que quedamos papá y yo de ir a la casa del anciano a revisar sus pertenencias, pues no sabía si la iban a vender o ¿Qué? Ella se nos pegó, debíamos hacer una revisión, quizás traer a un especialista para que valuara la construcción, como yo la conocía mejor me llevó, pero Diana quería ir porque supuestamente se le había olvidado algo (era probable, nos fuimos muy rápido). Una vez allá, nos tomaría una hora de revisar cosas, todo estaba viejo, había muchos recuerdos guardados, el anciano se llevó poco, decidimos guardar algunas cosas en una caja, objetos raros pero bonitos, antigüedades, estábamos inspeccionado cuando escucharíamos un toquido en la puerta principal, parecía que un vecino quería arreglar algo con las propiedades, no quiso decirle nada al mañoso abuelo, pero ahora que eso cambio necesitaba hablar con el nuevo dueño de la casa, papá, así que saldría al menos por una hora, yo le esperé en la sala, ya me encontraba mejor, mientras que mi hermana se había ido a buscar lo que fuera que tuviera extraviado en aquel mugroso lugar.

Hola, podemos hablar – me dijo Diana apareciendo junto a mí una vez que papá se marchó.

Como sea, me vas a reclamar por quitarte al anciano apestoso, querías seguir cogiendo con este ¿verdad? Ah – le decía malicioso sin tentarme el corazón.

No, quería decirte, digo, preguntarte si es verdad lo que dijiste, que te gustaba, me querías, esas cosas cuando eso paso – cuestionaba preocupada mi hermanita.

Y que si es así, ya eres la sucia puta del abuelo – dije cortante mostrándole mi rencor.

No me digas así, fui una idiota, me deje llevar por su cariño, si me hubieras dicho eso antes – me regañaba Diana pero se calló sabiendo que metía la pata.

No importa si te lo hubiera dicho, igual me hubieras ignorado por ese vejete mañoso, papá me dijo que actuara en vez de hablar, valiente consejo, de nada sirvió, ya terminaste – le dije molesto, recordando las palabras que me dijeron cuando descubrí el engaño de Amanda.

Creo que en ese momento nuevamente algo se rompió dentro de Diana, pues me vio con una incredulidad y si he de suponer, entendió que al estarla besando, sobando y demás en esas veces antes de ir con el viejo, cuando la agarré incluso en el baño, no eran juegos pervertidos de mi parte, como ella pudo suponer, le estaba diciendo cuanto la quería, como me gustaba, que deseaba que fuera solo mía, un mensaje que no comprendió hasta ahora, y para mi sorpresa ella me besó de manera sorpresiva, igual a una niña, tímida, asustada, se le notaba nerviosa, pero se entregaba en ese pequeño acto, mirándome sonrojada, no pude resistirme la tome de la cintura, cuando ella me soltó pero me dijo:

Soy tuya manito – me lo decía con sinceridad, sus mejillas estaban rojas, su mirada era diferente.

La sangre me hirvió, no pude pensar en nada más, la tome de las nalgas cargándola contra mi pecho, sintiendo como sus tetillas se apretaban contra mí, acelerándome el corazón, para llevarla al cuarto que use para dormir, ahí la deje sobre la cama, me miraba con miedo, pero no trataba de alejarse, usaba unos jeans una playera de manga larga, no me importó, le ordene que se desvistiera mientras me saque la ropa, obediente Diana se quitaba la parte de arriba, yo fui más rápido, así que fui a quitarle el pantalón y al hacerlo le saque también el calzoncito, antes que me diera cuenta solo estaba usando unos calcetines que le llegaban a los tobillos.

Tómame – alcanzó a decirme Dianita mientras quedaba en la cama, abriendo sus piernas, dejándome ver sus vulva lampiña aun.

Claro – respondí, pero antes de hacerlo, me fui a su vulva para besarla, meterle la lengua, quería calentarla por instinto, sentir su sabor de mujer.

Me movía por instinto, me perdía en el deseo, no iba a perder tiempo, mi hermanita se me entregaba como siempre quise, lo iba a disfrutar, empezando a lamer, chupar o acariciar con mi lengua cada parte de su pequeña vulva, que me supo a gloria, tanto así que en segundos empezaba a humedecerse, y este era un sabor que había soñado desde hace tiempo, aunque pasaría algo inesperado, las manos de Diana acariciarían mi cabello con cariño, pero luego me apretarían mi cara contra su sexo, y me diría:

Mm, así se siente rico, mejor que con el abuelo, sigue así, me gusta, mm – decía con una voz pérdida en el deseo que me puso tieso, mi verga colgaba pero estaba durísima, además que me daba ánimos para seguir con ese juego bucal, intercambiamos miradas por unos segundos, algo pasaba con nosotros.

Tuve que controlarme, no sabía que estaba haciendo, pero me salía bien, mi única guía eran las películas porno, pero esas eran demasiado salvajes, quería tratar a Dianita como una reina, por fui haciendo mi trabajo con cuidado, tratando de alcanzar cada parte de ella con mi lengua, al tiempo que me dejaba llevar por mis ganas, era extraño, estaba en un ritmo que me funcionaba, y eso la hizo gemir de manera deliciosa, sintiendo como me acariciaba la cabeza, mientras ella gozaba, sus gemidos la delataban, eran como música para mis oídos, yo solo sentía como aquello era demasiado delicioso, en especial su gesto de placer, me estaba emborrachando con sus jugos sexuales, que no dejaban de salir de su vulvita carnosa, lo que me hacia tratar de sentir todo con mi lengua, lo estábamos gozando ambos, siendo tan diferente a como lo hacia el abuelo y prueba de ello serían sus palabras:

Ay, manito, así me gusta, mm, se siente bien, por fin lo disfruto bien, mm, sigue así, dame más, ah – me decía Diana mientras me apretaba con sus piernas que se sentían demasiado bien, tan suaves, y su olor era delicado, estaba loco por ella.

Eso era tan excitante, no pude evitarlo, con mis manos alcancé su culito, jugué con sus cachetes, incluso enterré uno de mis dedos dentro, logrando sacarle un gritillo de placer, me miró sorprendida, sonrojada, me hizo verla a los ojos, esta lloraba un poco, pero me apretó mas con sus piernas, se sintieron tan suaves, era una invitación a que siguiera con lo mío, así que continúe, haciendo un esfuerzo por darle con todo, pero antes que me diera cuenta estaba tragando su corrida, de manera experta, casi succionaba todo, como si no hubiera bebido nada en mi vida, y eso fuera lo más delicioso.

Te la voy a meter – le dije una vez que me solté, para acomodarla mejor, apuntando mi verga que ya empezaba a soltar el liquido pre-seminal a su vulva, que estaba tan jugosa.

“Si” apenas acertó a decírmelo, cuando extendió sus brazo para abrazarme, estaba lista para ser mía, a diferencia del abuelo que la tomó casi por la fuerza, la sedujo de manera viciosa, engañándola para que fuera suya, conmigo se entregaría por gusto, así que la mire, era una niña de 12 años desnuda sobre la cama esperándome, dejándome ver todo su bonito cuerpo a mi alcance, Diana quería que yo le hiciera el amor, así que no perdería la oportunidad, apunté mi miembro mientras nos acostábamos, quedando sobre ella, sus tetitas chocaron contra mi pecho, fue una sensación que me dio un escalofrió tal que termine picando su vulva por accidente, pero ella apenas chillo un poco, cerró los ojos, como si se concentrara en el placer, por ello lejos de quitarme, se aferró con brazos y piernas, lista para continuar, yo la bese en sus labios, disfrutando de su sabor, y por un impulso comencé a jugar con su lengua, ella parecía buscar mis besos, mi cariño, estar cerca de mí, no sé que le pasaba, pero antes que me diera cuenta acabamos en una lucha entre nuestras lenguas, que fue perfecta para que nuestros sexos se uniera, le hizo sentir un calor que la sobresaltó, pero fuimos empezando a coger como siempre quise, mis caderas se movían por inercia, su cuerpo se restregaba contra el mío, y no sé qué era lo mejor de todo, si aquel encuentro o lo que me decía:

Ah, manito, mm, si, esto me gusta, mm, dámelo todo, el abuelo era rudo, mm, pero me gusta más contigo, mm, sigue así, mmm, te quiero mucho, mm – me decía totalmente caliente.

No le dije nada, solo me concentré en embestirla, aunque mi orgullo se sentía mejor ante sus palabras, las cuales me hacían emocionarme tanto, le daba unos besos en los labios, o el cuello, aunque quería chuparle las tetas, ese era mi delirio, pero las sentía perfectamente, su olor me encantaba, podía sentir cada parte de su cuerpo precioso, sin embargo no podía saborear sus tetitas en ese momento, necesitaba estar en otra posición, aunque con tanto placer me iba a ganar la calentura, sentía como la sangre quemaba por dentro, el calor, todo se apresuraba para ese momento, pues sentía que la carga la iba a soltar en cualquier instante, siempre quise hacer eso desde que descubrí la preciosa mujercita que era mi hermana, ahora no podía dejar de gozar, disfrutar de su pequeño cuerpo.

Mm, te quiero, me gustas, te amo – le dije a mi hermana sintiendo como me iba a correr mientras la estaba embistiendo, era un gusto único, su interior me abrazaba, envolvía mi verga como un guante, lo mejor de toda mi vida, dentro de poco lo iba a dejar en su interior.

Antes que me diera cuenta ya me había corrido, llenándole el coñito con mi leche, y con esto le di su segundo orgasmo, mientras gemía que daba gusto, me miró de una manera única, esos ojos se me quedaron grabados en mi memoria, aunque yo seguía muy caliente, podía seguir, el cuerpo de mi hermanita era tan caliente que no me podía resistir, así que me di el gusto, la vi como si fuera ofreciéndose de manera tan seductora, y acabé lamiéndole las tetas, ese era mi delirio, ella pujo de gusto, y viéndome con cariño esta me dijo:

Yo también te amo manito, soy tuya, de nadie más – me decía cariñosa y no sé porque, pero la bese en los labios, como si fuera un juramento de amor.

Quería volver a penetrarla, pero en mal momento llegaba mi papá, tocando el claxon, para avisarnos que debíamos salir, rápido nos tuvimos que vestir, dejando todo a medias, de hecho tuve que ir con el viejo a decirle que Diana estaba en el baño, lo cual le calmó un poco, dejando de verse tan impaciente, y a los 10 minutos bajó mi hermana un tanto arreglada, diciendo que no encontró lo que buscaba, supuestamente un adorno de cabello, que luego hallamos en la lavadora, una especie de coincidencia afortunada. Sin embargo las cosas desde ese momento cambiaron para siempre, no podía creerlo, pero de algo sirvió aquel infierno con el abuelo, pues ahora la barrera que detenía mi avance con Diana, se había acabado, teníamos que actuar como hermanos, sin embargo cuando nadie nos veía, éramos amantes, por suerte papá había olvidado el accidente de hace un año, creo que el coraje contra el viejo mañoso donde quede tan mal, además de sus nuevas responsabilidades como socio de la compañía, para lo cual no estaba preparado, y debido a ello también comenzó a reunirse con otra gente, hicieron la diferencia, dejando que se quedara tranquilo conmigo.

Por desgracia fue saliendo con mamá tanto como pudo, dejándome a cargo de Paty, lo cual no me terminó de gustar, se colgaba de mi para sus nuevos deberes, aunque lo perdonaba porque no me daba tiempo de salir con mis amigos, como entré al bachillerato, las clases eran muy difíciles, todo se me vino abajo, trataba de mantenerme ahí, papá me decía que debía hacerlo o me correría de la casa, en verdad se puso muy estricto conmigo, como todo estaba mejorando, hasta gruñón con mis notas se puso muy gruñón diciéndome que debía mejorar las calificaciones, pues iba a heredar. El tiempo siguió su curso, mi hermanita se hizo estudiante de secundaria, se veía preciosa con su uniforme nuevo, por suerte ya no se volvió a juntar con las bobas de antes, después de lo ocurrido con lo del abuelo, dejó de buscarlas, sólo volvió a ver a una de ese grupito, quien dio aviso a nuestros padres, es que ambas entraron en la misma escuela, y me dio gusto enterarme de algo, aunque solo hablábamos de esas cosas en momentos íntimos.

Había llegado para darme cuenta que no estaba nadie, o casi, sólo Diana quien me esperaba con su uniforme de escuela, una falda gris corta, sus calcetas blancas hasta las rodillas, una camisa que dejaba ver sus tetas, ahora ella era vista como una de las niñas mas lindas del salón, ya no la molestaban por sus enormes chichis, bueno, algunas celosas si le decían cosas por detrás, pues de hecho toda su figura estaba perfectamente equilibrada. En serio como me gustaba ver a Dianita, era un deleite, desde los pechos, cadera, piernas, era todo un espectáculo con sus 12 casi 13 años, que la hacían llamar incluso la atención de algunos maestros quienes la miraban con deseo, pero poco caso les hacía a todos, después de que la llamaran la boluda o gorda en la primaria, ni caso les hacía a nadie, ahora se arrepentían los chicos, quienes estaban ansiosos por ser sus amigos, sin embargo ella no quería nada con ninguno, y me daba gusto, porque solo conmigo buscaba ese afecto masculino ardiente.

Llegaba de un día horrendo de clases, esperando un sermón de papá, quien hasta hablaba de testamentos o cosas así, me hartaba, pero al abrir la puerta, en cuanto me vio Diana se me lanzó a besarme, esa era una señal, estábamos solos en casa, así que no me pude resistir, apenas cerré la puerta, nos alejamos, quería hacerla mía, entre caricias le fui abriendo el escote, le lamí los pechos, siempre me sabían a gloria, y ella me acariciaba el cabello, contenta de sentirme a su lado, no podía resistirme a sus encantos, la cargaba por las nalgas, sintiendo un short ajustado, no quería que nadie le viera sus calzoncitos, solo me los dejaba ante mis ojos, era muy leal a mí, Dianita se me aferraba con sus piernas, no la llevé a mi cuarto por el contrario la dejé en la mesa junto a los platos de la comida, donde comenzaría a cogérmela, sólo basto sacarle la licra que salió pegado con el calzoncito, ella misma se dejaba hacer todo eso, su aroma era delicioso, tan irresistible, le saboree un poco la vaginita, que apenas le salían sus bellitos, cosa que no me gusto, uno se me atoró entre los dientes, pero no me importó quería comerme esa fruta jugosa, estaba como goloso comiéndole todo, ella me miraba, acariciaba mi nuca como si con ello me calentara mas, una mano alcanzó sus pechitos, los cuales tenían una forma increíble, me encantaban.

Si manito, así, se siente tan rico, mm – me dijo antes de empezar a gemir, yo no necesitaba decir nada, solo esforzarme por darle el placer que deseaba, pues verla así de caliente me encendía.

Mi juego duro lo suficiente, le hice correrse, solo de esa manera se la metía, quería tenerla bien húmeda, ella lo prefería así, aparte que estando con su uniforme era tan excitante, que me esforcé, casi follándola con la lengua, disfrutando de cómo iba haciéndola mía, ella se entregaba por completo, dejándome verla tan caliente, que la sangre me hervía, sobaba sus pechitos, ella le encantaba eso, mientras que no dejaba de disfrutar su cuerpo, y ella me decía.

Mm, si manito, así me gusta, soy tuya, mm – decía con un tonito que cada vez me gustaba más.

Mm, eres solo mi Dianita, mi mujer – le dije mientras con mi dedo le seguía sacando suspiros, sobándola con tanto gusto que escurría.

Si manito, seré tu mujer por siempre, mm, puedes cogerme cuando quieras, mm – me decía de una forma que me calentaba, era como una promesa de amor.

Entonces vas a ser mi esposa – terminé diciendo antes de sacarle mis dedos para saborear sus jugos, perecía que estaba demasiado perdida, y caliente.

Sí, yo seré tu mujer, no busques a nadie más, manito – dijo algo caprichuda pero caliente, y de cierta forma en ese momento se aprecia más.

Qué imagen tan genial, una colegiala de 12 años en la mesa, expuesta, dejaba ver su coñito, sus enormes tetillas, un cuerpo de mujer en miniatura, dispuesto a recibirme en cualquier momento, se sus pies me alcanzaban, para que me los acomodara en los hombros, estaba lista, su gesto era difícil de resistir, por lo que me acerque a besarla en los labios, ella me sonrió, creo que algo dentro de mi también se rompió, el ultimo gramo de cordura, iba a cruzar una línea que desconocía, y no me importaba, jamás me di cuenta antes. Miraba a Dianita, estaba preciosa, me preparé apuntando mi verga en su coñito carnoso, ella gemía tan rico, era delicioso, pero cuando le metí la verga, pujó un poco, fui un poco brusco, aunque sabía que me encantaba tenerla así de uniforme, luego se dejó hacer, era emocionante, hacerlo a mitad del comedor, mientras la iba embistiendo lentamente, haciendo un esfuerzo para no correrme, tanto me gustaba que no podía contenerme, mis caderas casi se movían por inercia, ella gemía tan perdida en todo, me daba cuenta que pronto llegaría a su segundo orgasmo, la jalé para poder besarla con pasión, ella aceptó aquello como si fuera alguna clase de victoria, yo solo sentía que necesitaba más de ese precioso cuerpo, no me bastaba con nada, estaba loco por ella, embistiéndola, acelerando porque lo sentía, y me fui a correr cuando sonó el timbre.

 

“Solo era una pizza”…

79 Lecturas/6 marzo, 2026/0 Comentarios/por Lobo85
Etiquetas: amigos, hermana, hermanita, hermano, hermanos, mayor, recuerdos, sexo
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