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Heterosexual, Masturbacion Femenina

Entre Papeles y Gemidos

Ana llega a casa cansada y sola, pero una escena erótica en la televisión despierta su deseo. Justo después de ese momento íntimo, llega Paul con unos documentos olvidados. La tensión entre ambos crece rápidamente y terminan viviendo un encuentro apasionado..
Ana había acabado de llegar de su trabajo, cansada de la rutina se tumbo en su sofá y comenzó a ver la tele. Estaba aburrida de la monotonía y al estar recientemente soltera se sentía sola.

En el momento en que esta cambiando de canal en la tele surge una escena subida de tono entre un hombre y una mujer, sin notarlo comienza a sentir sus pezones duros y sin darse cuenta baja su mano a su entrepierna.

 

Baja un poco su ropa interior y puede notar que esta extremadamente mojada, la escena en la tele se vuelve mas intensa y ella acelera sus movimientos dentro de su sexo, sin vergüenza se desnuda completa y comenzó a pellizcarse los pezones y a mover su mano masturbándose más rápido.

 

Llega al orgasmo justo cuando la protagonista de la película lo hace y se siente de lo mas relajada pero aun con ganas de apagar el fuego que tenia entre sus piernas. De repente el timbre de su casa la saca de sus pensamientos, se acomoda su ropa interior rápidamente y corre hacia la puerta, al abrirla ve a Paul de pie con una carpeta en las manos.

 

Ana lo saluda brevemente con un poco de enojo ya que corto su momento de autosatisfacción preguntándole que hacia en su casa a esa hora

 

Te traje estos documentos que los olvidaste en la oficina-Dijo Paul con una sonrisa tímida.

 

Paul no era un hombre que se podría decir atractivo, pero tenia carisma y una sonrisa tímida y cautivadora, Ana por su parte era una mujer que todo el mundo volteaba a mirar y levantaba uno que otro piropo.

 

Muchas gracias hermoso- Ana lo dijo y en ese momento sintió como la cara de Paul se ponía de un color rojo y se le aceleraba la respiración. – ¿Quieres tomar algo?

 

Ana se apartó de la entrada y lo dejó pasar. Paul entró con la carpeta en la mano, pero sus ojos no pudieron evitar desviarse hacia la televisión, que todavía mostraba la escena candente.

—Vaya… una película bastante subida de tono —dijo con una sonrisa tímida, pero con un brillo travieso en los ojos.

Ana se sonrojó, pero esa vergüenza se mezclaba con un calor en su entrepierna que no podía disimular.
—Se me olvidó apagarla —respondió nerviosa, mordiéndose el labio.

Paul iba a apartar la mirada, pero la reacción de ella lo atrapó. Esa forma de sonrojarse, de apretar las piernas como si escondiera algo, lo estaba volviendo loco.

Ana le ofreció algo de beber y se dirigió a la cocina, pero antes de irse sus dedos rozaron los de él al tomar el vaso. Paul sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, y su pene reaccionó al instante, endureciéndose dentro del pantalón.

Mientras ella estaba en la cocina, él buscó el control y trató de regresar a la película. No la encontró, pero la idea de verla junto a Ana lo excitó más. Solo imaginarla desnuda, gimiendo como la actriz, hizo que se llevara una mano al bulto de su pantalón y lo apretara, jadeando por lo bajo.

Ana regresó con dos copas de licor. Paul ya estaba algo inquieto en el sofá, y ella lo notó. Se sentó demasiado cerca, lo suficiente para que sus muslos se rozaran. Le entregó el vaso y, al hacerlo, dejó que sus dedos lo acariciaran más tiempo de lo normal.

Él tragó saliva.
—Ana… estás jugando conmigo, ¿verdad? —murmuró, con la voz ronca.

Ella lo miró directamente a los ojos, sonrió con picardía y se inclinó para susurrarle al oído:
—¿Y si sí?

El calor de su aliento en su cuello fue demasiado. Paul dejó el vaso en la mesa y, sin pensarlo, atrapó la boca de Ana con un beso cargado de deseo. Ella gimió en su boca, abriéndose sin resistencia, mientras su lengua lo invitaba a ir más profundo.

Las manos de Paul fueron rápidas: deslizaron el vestido de Ana hacia arriba hasta descubrirle las caderas. Sus dedos se encontraron con la humedad de su ropa interior y un gruñido se le escapó.

—Dios, Ana… estás empapada.

Ella le arrancó la camisa de un tirón y lo empujó contra el sofá, subiéndose sobre él sin dudarlo. Se movió encima de su erección aún cubierta por el pantalón, rozándose y gimiendo como si lo estuviera cabalgando ya. Paul casi pierde la razón.

—Quítamelo… —exigió ella con la voz entrecortada, tomando la mano de él y llevándola a su tanga.

Paul no se hizo esperar: bajó su prenda de un tirón, la levantó de la cintura y la hundió contra su boca. Ana lanzó un grito ahogado, aferrándose a su cabello mientras él la devoraba con hambre, recorriendo cada pliegue con la lengua, succionando con fuerza.

Ana se arqueaba, temblando sobre él. Pero cuando estuvo a punto de correrse, lo apartó de un empujón y, jadeando, lo miró con lujuria pura.
—Ahora quiero sentirte dentro.

Paul se bajó el pantalón y ella, sin esperar más, lo montó de un salto. El gemido de ambos llenó la sala al unísono. Ana comenzó a cabalgarlo con fuerza, clavándole las uñas en el pecho, mientras él le sujetaba las caderas marcando un ritmo salvaje.

El sonido de la piel chocando, los gemidos y los jadeos llenaban la habitación. Paul estaba perdido entre sus pechos, succionando y mordiéndole los pezones erectos mientras ella gritaba de placer.

Ana gritó su orgasmo arqueando la espalda, contrayéndose alrededor de él. Paul no aguantó más y la sujetó con fuerza, embistiéndola hasta correrse dentro de ella con un gemido desgarrador.

Se quedaron abrazados, jadeantes, sudorosos. Ana sonrió con picardía, acariciándole la cara.
—Parece que esos documentos llegaron con un… extra.

Paul rio, todavía recuperando el aliento.
—Creo que voy a olvidarlos más seguido….

 

6 Lecturas/12 marzo, 2026/0 Comentarios/por Nomore22
Etiquetas: desnuda, mujer, orgasmo, pene, sexo
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