Estelita, Una Anécdota Extraña
Un episodio escalofriante.
Dentro de mis recuerdos más frescos esta el recuerdo de Estela, la hija de un amigo que termino viviendo en el campo; mi amigo curso la carrera de administración, aunque debería de haber hecho alguna carrera relacionada con la agronomía ya que con los años terminaría haciéndose cargo del rancho de su padre en otro estado, fue parte del grupo de desmadrosos de mi salón en el bachillerato, el famoso grupito de los populares, yo siendo una especie de lobo solitario prácticamente no tenia relación con ellos salvo precisamente por Alberto, quien siendo hasta cierto punto un rebelde, hacia amistad desde con la princesa del salón hasta con el vándalo de barrio, o en términos entendibles, era amigo de los «fresas» y de los «nacos» por igual, Se pasan los años y por cuestiones de salud de sus padres y el sentimiento de responsabilidad hacia su familia, termina yéndose al rancho, casándose con una mujer de aquella zona y dejando el recuerdo en la memoria de muchos.
Cierto día en el que estaba yo arreglando cosas en el negocio, entra un tipo al que no reconocí de ningún lado preguntando por mi pero usando el apodo que tuviera en el liceo, me doy la vuelta y viendo la sonrisa franca, los ojos característicos de mi amigo y escuchar mejor su voz me doy cuenta de que es mi viejo amigo, el saludo efusivo no se hizo esperar, un sonoro estampado de palmas, un abrazo y el choque de puños y codos, me invita a comer a cierto restaurancito que fuera el centro de reuniones de su pandilla, le acepto la invitación y en la salida aprovechamos a ponernos al corriente, tiene once años de casado, una hija de nueve años y lleva casi doce al frente del rancho, su padre tiene diez años de fallecido y su mamá cinco de haber partido, sus hermanas y hermanos no se hacen cargo de nada y tiene demasiado tiempo sin verlos, terminamos de comer y nos despedimos no sin antes intercambiar teléfonos y él hacerme la invitación a pasar unos días con ellos en la naturaleza, le digo que me lo pensare y que en cuanto tenga algo de dinero para viajar, visitarlo será mi primer destino; pasados unos meses de aquel encuentro tengo tiempo y dinero y me decido a viajar, le llamo y le pregunto cuando tiene tiempo para poder visitarlo, me responde que cuando quiera ir soy bien recibido, aviso en la casa a mi madre y a mi tía que voy a visitar a Alberto «El Oso», ellas me dicen que tenga cuidado en el viaje, mi madre habré su bolsa de reliquias y me pone al cuello una cadena con un crucifijo algo extraño que era del papá de mi abuela, ambos son de plata, la cadena es una especie de trenzado de filigranas delgadas haciendo un lazo medianamente grueso y el crucifijo es grande aunque a pesar de ser algo voluminoso no es pesado, esta tallado aparentando ser troncos los que forman la cruz y la figura del Cristo esta centrada en la unión de los troncos, no me gusta traer colgando cosas religiosas pero complazco a mi madre y me lo llevo puesto. Llego en autobús al pueblo más cercano, Alberto ya me esta esperando en un bonito Jeep antiguo, subo mi maleta y enfilamos a su propiedad, es bastante terreno, tiene bastantes cabezas de ganado lácteo, hay gente trabajando en los campos y el lugar en si y como tal es hermoso, llegamos a la casona, en la puerta están su esposa Delfina, su hija Estela, la señora Juana (Una mujer de gesto severo, flaca como un esqueleto) que es como una ama de llaves, Don Silverio el capataz de los trabajadores y Tano, un pastor alemán enorme, me presenta uno a uno a los presentes y me invitan a entrar en la casa, me paso y me recibe el más puro lujo vernáculo, todo es madera y cuero, la sala esta tapizada en cuero del que mantiene el pelo de la vaca, en este caso de un animal bicolor blanco con manchas color café amielado; en la cocina hay una bonita estufa antigua de hierro fundido que trabaja con leña, lo único moderno es una refrigerador grandísimo; el comedor tiene una mesa enorme con doce sillas rectas de madera, cada una con un cojín en el asiento también hecho de piel con pelo, el cuarto que me asignan es bastante espacioso, contiene una cama matrimonial, un pequeño ropero de madera, una cómoda con espejo, el baño de la habitación tiene un WC y una tina con regadera, más parece un cuarto de hotel que una habitación de una casa, me instalo, me baño, me visto y salgo del cuarto para ver cuales son las actividades preparadas para mi estancia, es la hora de la comida y en la mesa están sentados Alberto, Delfina, Estela y Don Silverio, la señora Juana esta en la cocina ordenando y reprendiendo a tres jovencitas que son quienes se encargan de llevar los platos servidos a la mesa, me acomodo junto a Don Silverio quien enseguida me pregunta por mi y de como es la vida en donde vivo, es una comida amena y tranquila, las chiquillas que fungen como sirvientas van de entre los nueve a los trece años, morenas, simpáticas y, a los ojos de quien relata, bastante apetecibles, cada que entran al comedor me miran y se sonríen, se tapan la boca y hacen ojos de pena, la coquetería tradicional de las niñas indígenas, esa tarde me llevan a conocer los terrenos, bastante alejados de la casa están los establos y los terrenos de cultivo, las caballerizas y el toldo de lo vehículos están a pocos metros, es una propiedad tan vasta qué, según Alberto, tardaríamos tres días y dos noches acampando al aire libre para recorrerla poco más de la mitad, me enseñan el manejo básico de una cuatrimoto y de un vehículo tipo buggie individual ya que montar a caballo no es lo mío, estaré en promedio dos semanas, y de las cosas raras que me han advertido es que si hay neblina no salga de la casa, si estoy en el campo que no me despegue de mis acompañantes y si voy solo que me quede quieto en el lugar donde estoy, siempre que salga de la casa debo llevar una lampara y una pequeña cajita con una correa, no es más grande que un IPod y no es muy pesada, esa cajita es una alarma sonora, lo tomo como que por ser tan grande la propiedad y al no conocerla temen que me pierda en el terreno.
La cena de ese primer día fue una cena temprana, sobre las 20:00 Hrs y fue irme a dormir temprano, en mi habitación fue puesta una pequeña televisión plana para que pueda perder un poco el tiempo en lo que me da sueño, lo cual se agradece ya que al ser un citadino mi horario de ir a dormir es sobre las 00:00 Hrs o pasadas; al día siguiente despierto sobre las 09:00, el ruido de la casa es nulo, me baño, me visto y bajo al comedor, esta desierto, voy a la cocina y me encuentro con las tres chiquillas que se encargaron el día anterior de llevar la comida, me ven, se ríen y se miran entre ellas, la más grande me pregunta si quiero desayunar, le respondo con un sincero «Por favor» y se pone a darme el posible menú, le pido sólo un par de huevos fritos con tocino y un café, se pone a prepararme el alimento y me dice que puedo esperar en el comedor, le propongo que lo prepare y lo comeré en la mesa que esta ahí mismo en la cocina, en parte quiero deleitarme la pupila con tan hermoso trio de mocositas, me pone enfrente el plato que contiene tres huevos fritos, cuatro tiras de tocino y una porción generosa de frijoles refritos con queso, en una pequeña salsera me pone una salsa roja picante y un tortillero con tortillas de masa casera y finalmente una taza grande de delicioso café con leche y una cesta con pan dulce: «¡Todo un desayuno campirano!», desayuno y pregunto por los habitantes de la casa, Delfina y la señora Juana han ido al pueblo a comprar víveres, Alberto y don Silverio están en el campo profundo, las únicas que están en la casa son Estelita y ellas, me salgo a fumar y voy a lo más cercano, las caballerizas, se respira paz en ese aire puro, llego a las caballerizas, ya he terminado el cigarrillo y he metido el filtro en la bolsa de mi chamarra ligera, me entretengo viendo el paisaje, se nota la formación de la neblina a lo lejos, las montañas cercanas no se ven por las nubes tan bajas, me meto a la caballeriza con intensión de ver a los animales que no han salido al campo, me detengo en la entrada, se escucha un susurro en la parte del fondo de la caballeriza, el suelo de cemento recubierto de paja ahoga mis pasos, me acerco lentamente a donde se escucha el susurro, es la antepenúltima separación del largo galerón, en ella hay un hermoso animal de color blanco, esta algo inquieto y se escuchan los cascos pegar en el suelo, del cuello lo esta acariciando la pequeña Estela, trae un bonito vestido de cuadros azules y blancos, algo le susurra al animal y este se calma, la veo a través de las tablas que separan las secciones para cada caballo, veo llevar sus manitas suavemente del cuello del animal a su barriga, y de su barriga a la parte de su miembro, cuando comienza a sobar con su pequeña mano Estela ríe, el caballo se agita pero se mantiene en sus patas, no hace ningún movimiento brusco, la niña ya ha hecho que salga el miembro del animal, se ve flácido pero sus manitas lo ponen erecto en pocos segundos, la pequeña comienza a tomar todo el tronco del miembro tratando de anillarlo con las dos manos, algo realmente imposible, cuando la verga del animal esta completamente extendida y dura, Estela comienza a lamer sobre la cabeza, pasa su lengua por la hendidura del animal, parece una niña golosa pegada a dar lametones a un helado extra ancho, se despega, se ríe quedamente y se vuelve a pegar, trata de meterlo en su boquita pero es demasiado grueso para la boca de esa pequeña, toma el enorme tronco con una mano cerca de la cabeza y la otra casi a la mitad hacia la base, comienza a masturbarlo mientras su boca chupa en la raja del glande, también saca la lengua y la hunde en esa parte, el animal relincha de gusto, sus manos se mueven frenéticas, se detiene un momento, suelta la verga del animal y se quita el vestidito, debajo no lleva nada, sus pequeñas tetitas que apenas comienzan a crecer tienen unos deliciosos pezones de color cereza, su pequeña vulva se nota sin vello y cerradita, sólo se nota su excitación por el pequeño clítoris que asoma levemente en el inicio de su rajita, se mete nuevamente bajo el animal y vuelve al ataque, lame, inserta la lengua y masturba, llega un momento donde el animal sopla y resopla, Estela se pone en cuatro debajo y toma la punta del miembro animal, pega su vulvita, al parecer tiene la intensión de metérselo, lo sostiene y mueve sus caderitas, su pequeña panocha se pega a la cabeza del caballo, es casi del mismo tamaño, pareciera que estoy viendo a una lesbiana pegando su sexo con otra, pero la realidad es que una es la punta de la verga de un animal, Estela se embarra, se retuerce, se pega, gime sintiendo el empuje de esa punta que es del tamaño de su pequeño coño, la escucho soltar un chillido y después el sonido de un chorro de orina saliendo, así es, la mocosita se ha vaciado y se esta orinando, termina de orinar y se voltea a seguir masturbando y lamiendo al animal, no lo suelta, se nota ahora una línea de baba saliendo y chorreando de la abertura de esa verga descomunal, ella acelera el movimiento de sus manos y viene el más morboso espectáculo, la primera descarga del caballo la recibe en plena carita, se ve el esperma resbalando de su cara a su pecho desnudo, la segunda descarga la recibe con la boca abierta y se nota como la traga, las demás descargas las recibe en el pecho, su intención es quedar bañada en la leche del animal, se notan los espasmos en la verga del caballo y, antes de soltarlo, Estela da una última pasada con su lengua en esa enorme punta, me he quedado quieto viendo tan exótico espectáculo de zoofilia, me ha dejado con la verga durísima y me es difícil moverme en ese momento así que decido esperarme, Estela sale desnuda del cubículo y toma una manta, se la pasa por el cuerpo quitando los rastros del esperma equino, regresa al cubículo y se pone con parsimonia su vestido, sale diciéndole cariños a su amante equino y se escabulle por la puerta más cercana de la caballeriza, la puerta del fondo; finalmente, después de varios minutos y respiraciones me he calmado, sorprendente lo que acabo de ver, yo también salgo de la caballeriza por la misma puerta donde ha salido Estela, voy pensando en poder encontrarla y ver si es posible usarla, mas no corro con esa suerte, cuando la vuelvo a encontrar la lleva una de las sirvientas que lleva la comida, va enredada en una toalla y según la versión, se ha caído en la charca que forma el rio en la parte de atrás de la propiedad, antes de que Delfina y la señora Juana regresen ya le han lavado el vestido y Estela se ha bañado y se ha puesto otro vestido igual al que traía. El recuerdo de verla mamando y pegándose a la verga del caballo me invade cada que volteo a verla, ella no sabe que la he espiado, es la niña normal y tímida del día anterior cuando llegue; veo a las pequeñas sirvientas, su comportamiento se ha relajado pero aún me hacen caídas de ojos al verlas yo directamente y se sonríen, se llega la hora de la comida y aprovecho para inspeccionarlas un poco mejor; nos reunimos nuevamente Alberto, Delfina, Estela, don Silverio y yo para la comida.
Alberto: ¿Qué has hecho durante la mañana, Panzón?
Yo: He ido a dar un pequeño paseo por el bosquecillo que tienes ahí.
Don Silverio: ¿Se ha llevado su alarma y su linterna?
Yo: No, por eso no me he metido más de algunos metros, además antes de entrar he visto la neblina culebrear en las montañas así que solo entre dos o tres líneas de arboles sin perder de vista la casa.
DS: ¡Vaya! El patroncito si puso atención a mis indicaciones.
A: ¡Ya le dije que el Panzón es loco pero no pendejo, don Silverio!
Después de la comida me tomo mi alarma y mi linterna y los sigo en una cuatrimoto todo terreno al punto donde estaban por la mañana, hay muchos trabajadores reunidos, ya han comido y han vuelto a sus labores, don Silverio y Alberto se dedican a mirar a los trabajadores haciendo su labor, dan las 18:00 Hrs y Alberto da la orden de parar, todos obedecen y comienzan a marchar por el sendero que lleva a la casona, pero a la mitad del camino tuercen camino y se adentran en el bosquecillo con rumbo a los lindes de la propiedad, donde esta la entrada, don Silverio me explica que los jornaleros viven en el pueblo cercano y es a través de ese camino que llegan más rápido a sus casas; terminamos avanzando en el camino sólo nosotros tres, ellos dos a caballo y yo en la cuatrimoto. Pasan los días, se me ha hecho costumbre quedarme en la casona en las mañana pero no ha vuelto a suceder otro encuentro entre Estela y su equino enamorado, se llega el fin de semana y Alberto me propone ir al pueblo de noche, me lleva a un burdel que tiene fachada de cantina, en la parte trasera de la construcción hay un local más reservado y con menos ruido, las trabajadoras son chicas de la zona, indígenas de piel morena con cuerpos exuberantes, pero ninguna con facciones atractivas, me contento con beber unas cervezas y manosear a alguna que otra que ha querido llegar a sentarse conmigo (Parecido a un tabledance pero sin tubo, sólo las chicas paseándose en topless entre las mesas y los clientes, que tampoco son cosa del otro mundo, en su mayoría son jornaleros). Salimos del lugar y regresamos al rancho, la calma es total, metemos el jeep en el toldo de los vehículos y al bajar Alberto me dice: «¡Apúrate Panzón, se viene la niebla!», efectivamente se ven las nubes a ras de piso, vienen de la zona donde aparecieran Estela y la sirvienta después de que, supuestamente, se cayera al agua, no entiendo la prisa pero apresuro el paso, entramos a la casa y nos separamos, él a su habitación con Delfina y yo a la mía, solo. Las ventanas de mi habitación dan hacia las montañas, prendo la luz del cuarto y me dispongo a desvestirme, por curiosidad oteo por las ventanas pero la neblina ya se ha pegado a la pared, no se ve más allá de la base de la casa, la neblina es densa y se ve esponjosa, casi podría decirse que se puede tocar, sin más, me quito la ropa y me voy a dormir.
Despierto sobre las 09:00Hrs, he tenido un sueño bastante extraño, Estela estaba siendo penetrada por un ser de cuerpo humano pero con cabeza, cola y verga de caballo, en mi sueño la mocosita se comportaba como autentica puta y escuchaba su tierna voz pidiéndole al «Señor Caballo» que la cogiera, que la preñara, que la destrozara de su panochita de niña tierna, en el sueño el Señor Caballo la complacía y yo veía como entraba semejante verga haciéndole elevar su vientre desde dentro: «¡Vaya sueño!», me levanto y me meto a bañar, cuando bajo ya vestido me encuentro lo de casi siempre, las tres chiquillas, que ya platican más abiertamente conmigo en la cocina esperando para preparar mi desayuno, esta vez hay carne de res deshebrada en una especie de ensalada fría (En algunos lugares se le conoce como salpicón a dicha preparación) y café con leche, devoro tres sándwiches con relleno de dicha ensalada y el café, salgo rumbo a la caballeriza pero no hay suerte ese día tampoco, del rumbo de los arboles hacia la charca (Ahora sé que dicha charca se hace por una desviación que se le hiciera al rio en la época del abuelo de Alberto) veo salir a Estela, no va mojada, lleva de la correa a Tano, va hacia la puerta trasera de la casona, se mete con el pastor alemán y desaparece dentro, yo la sigo, cuando doy con ella esta en su cuarto, la puerta esta entre abierta, la teoría dice que en la casona sólo están ella y las tres sirvientas por que yo he salido a pasearme por el terreno, cuando la encuentro Estela esta en cuclillas con las piernas completamente abiertas, ya esta totalmente desnuda y esta con la espalda recargada en la cama, Tano la esta lamiendo de su sexo, se nota que no es la primera vez que el animal hace dicho trabajo, se escucha el chapoteo de su lengua en el coño de Estela, la pequeña gime y gime rico, sabe que en la cocina no la alcanzan a escuchar, el perro lame y pasa su lengua con deleite recogiendo los jugos de la nena, ella se retuerce pero no deja de mantenerse en esa posición con las delgadas piernitas abiertas en casi 180 grados, Estela es una mocosita de piel blanca lechosa, delgadita, de pelo rojizo, largo y algo ondulado, sus pezones son de color cereza, sus pequeñas tetas ya tienen una ligera hinchazón pero aún no son tetas reales, su vientre es planito con un ombligo hundido pequeñito, su vulva es apenas una ligera carnosidad que se ve deliciosa, su rajita es pequeña y no tiene ningún pelito todavía; Estela suspira y gime, el trabajo de lengua de su precioso Tano es casi quirúrgico, lame donde debe lamer y aplica la presión que sabe que su pequeña ama necesita, Estela lo despega, ahora ella se acuesta en el piso y su mano comienza a manipular el pene de Tano que ya se asoma, lo acaricia tiernamente de los huevos mientras su boca se pega en la punta que se asoma, lo lame, lo besa, lo mete en su boquita (Este si cabe), lo chupa y el animal comienza jadear, lindo espectáculo verlo con el hocico abierto y la lengua de fuera colgando por un lado con expresión de bobo, mientras Estela lo chupa el perro ha arqueado el lomo, como si quisiera embestir y penetrar, Estela se pone en cuatro y Tano se le acomoda encima, se ve la verga del perro pegarse en el coñito de Estela, ella se acomoda mejor y Tano comienza a moverse, la embiste, la punta golpea fuera de su vulva pero en tres estocadas consigue ensartarse, Estela gime sin reparo al sentir la verga del perro entrando, chilla de placer, gime, se avienta hacia atrás, Tano mete y saca su pito perruno de la funda de la niña, finalmente los estoques comienzan a ser mas lentos, Estela se pone firme en su posición y Tano da un empujón, Estela abre los ojos desorbitantes al sentir el bulbo del can embonarse en su funda, los vuelve a cerrar y el perro se queda quieto, el animal se voltea, es como ver a dos perros pegados en la calle sólo que aquí la perra es una niña de nueve años, los dos jadean como animales, la niña adopta bien su papel de perra, incluso hace ligeros movimientos como si quisiera sacarse la verga del animal y cada que lo hace suelta un ligero chillido de placer, imagino que al estar abotonado el perro la expansión en su coñito lo mantiene atrapado y ese le provoca sensaciones de dolor y de placer a la pequeña puta; no sé cuanto tiempo he estado mirándolos, pero el perro comienza a jadear con más ímpetu, Estela empieza a empujarse como si quisiera meterse aún más profundo esa verga, Tano hace un sonido quedo entre aullido y sonido gutural y Estela chilla, Tano se calma, se queda quieto y finalmente, después de un momento, se desengancha, Estela se voltea hacia la cama, pone su torso en el colchón y me deja ver su coñito rozado por la cogida de Tano y el hilo y los coágulos de leche canina que salen de su pequeño orificio. Me retiro de la puerta con cuidado y dejo a los dos amantes descansar, no hay nadie en la sala así que hago como si acabara de entrar por la puerta principal, diez minutos más tarde llegan Delfina y la señora Juana, las veo cargadas con las bolsas de las compras y me pongo a ayudarlas a descargar la camioneta, las imágenes de la mamada – masturbación al caballo, mi sueño de días antes y ver a Tano cogiéndose a Estela se sobre ponen, necesito desquitarme con alguien, necesito cogerme a alguien, pongo de pretexto que se me antojo el helado y pido prestado el buggie monoplaza para ir al pueblo, mi intensión es ver si el dueño del burdel ya abrió y que me deje hacer uso de una de las chicas, para mala suerte mía me dicen que al no conocer el pueblo es mejor que vaya acompañado, llaman a Teresita, la pequeña sirvienta de la edad de Estela, la niña muy risueña acepta acompañarme, se trepa en el Jeep y salimos al pueblo, durante el viaje Teresita me mira de reojo, se sonríe pero no dice nada, sólo las indicaciones necesarias para llegar a la nevería, compro de tres nieves diferentes un litro de cada una y regresamos al rancho, voy caliente y desesperado, Teresita me sigue mirando de reojo hasta que por fin habla.
Teresita: ¿Ti gusto ver a la patroncita, patrón?
Yo: ¿Cómo? (Desconcertado sin saber a que se refiere)
T: ¡Sí! No ti hagas tonto patrón ¿Ti gusto verla cogiendo con Tano?
Y: No sé de que me hablas Tere (Tratando de parecer inocente al respecto).
T: (Con una sonrisa de oreja a oreja, algo siniestra pero muy excitante) Tú sabes lo qui vistes y oyistes ¿Sí ti gusto?
Y: (Ya sin poder ocultar que sabia de que hablaba) ¡Fue delicioso escucharla gemir, no lo niego! Pero… ¿Tú cómo sabes lo que vi?
T: Ti vi entrar detrás d’ella, y las otras y yo ya sabimos que cuando entra con Tano es para qui si la coja.
Y: ¿Quién más en la casa sabe de Estela y Tano?
T: Sólo nosotras tres, patrón. La qui la enseño es Marta, la más grandi di nosotras.
Y: ¡Órale! ¿Y hace cuanto que Tano se coge a Estela?
T: ¡Disdi hace como seis mesis, patrón!
Y: Perro suertudo.
T: ¡Mira patrón! ¡Ahí metiti en esi sendero! (Una brecha que no había visto en las anteriores idas al pueblo se exponía abiertamente a un lado del camino):
Y: ¿Y para que quieres que me meta en ese camino?
T: ¿A poco no tienis ganas de sacarte la lechi que traes en los huevos? ¿Qué no ibas a la cantina di las putas?
Y: (Escucharla decir eso me puso la verga a mil) ¿Y tú me vas a sacar la leche, Tere?
T: ¿A poco no ti gustaría dejarme la lechi adentro de mi panocha, cabrón?
Y: (Desconcertado al escucharla hablarme de manera guarra como me gusta) ¿Si podrás aguantarme una cogida, pequeña putilla?
T: (Con un sonrisa más amplia) Si no te dejo bien deslichado li digo a la Marta o a la Julia (La medina de las tres) que ti vean en la caballeriza, cabrón.
Y: Conste putita, pero ando tan caliente que no voy a ser amable aunque seas virgen.
T: ¡Sí soy virgen, patrón! Pero di veras quero que ya mi cojan, si me queres violar no me opongo, hasta más gusto mi v’a dar.
Nos bajamos del Jeep, en el lugar había una especie de colchón hecho con las hojas de los arboles que habían ido cayendo, le subí la faldita y hermosa visión, no llevaba ropa interior, la sujeto, la manoseo, ella ríe, yo me dedico a pasar mi mano por encima de su raja con lujuria, deseo y un instinto animal, la desnudo y queda al descubierto el cuerpo de una chiquilla delgada, es un poco más baja que Estela, su pelo es negro como el azabache y es largo y lacio hasta la cintura, sus tetitas apenas nacientes con pezones de color obscuro que ya se hinchan, su rajita esta lisita y cerrada pero su clítoris ya sale a curiosear como la punta de un dedito, sus brazos y sus piernas son delgados y el color sonrosado de sus palmas y sus plantas contrastan con su piel. morena, sus deditos tanto de manos como de pies son delgados y finos con uñas rositas que los hacen ver tiernos.
T: ¡Andali cabrón, abremi las patas y cogemi!
Y: No me estés cocoreando que así como ando de pinche caliente, soy capaz de violarte como perro en celo.
T: ¡Pus eso quero, cabrón! Si si ve que hasta ti puedo mandar a chingar a tu madre y en lugar de enojarti ti vas a poner más pinchi caliente que Tano.
No me hice del rogar, la tome del cuello mientras reía y la sometí al piso, le comencé a lamer las tetitas y a chupárselas con fuerza excesiva, lo que la hizo reír aún más, mis dedos sobando su rajita y su culo, apretando con saña.
Y: ¿Así es como lo quieres, pinche escuincla puta?
T: ¡Sí, así cabrón! Si quero que mi violes, hijo de la chingada.
Y: Pero primero te voy a saborear completa, pinche escuincla perra.
T: ¡Ansina, pindejo!
Me baje lamiendo todo su cuerpo, llegue a su vulva que ya estaba hinchadita y metí la lengua como animal sediento, ella reía y se contorsionaba mientras me decía como lo estaba disfrutando y me insultaba, lo que me hacía ponerme aún más caliente, le acerco mi verga a su boca y comienza darme una mamada mejor que cualquier puta profesional o aficionada. Mientras estaba metido en disfrutarla me percate de que había un pequeño fenómeno de la naturaleza, una esponjosa capa de niebla baja cercando la zona donde estábamos, no le di importancia en ese momento y seguí en lo mío.
Y: (Separándome de Tere y poniéndola en cuatro) Tengo ganas de chingarte primero el culo, pinche escuincla puta.
T: Por l’agujero qui quieras cogerme, pinchi perro, yo ti l’aguanto la verga.
Y: Conste
Me vuelvo a pegar a ella a lamerle el culo, es obscuro, morenito, con unas deliciosas estrías, se lo lamo, se lo pico con la lengua, ella suspira, siente mi lengua entrar en su culo y lamerla por dentro.
T: ¡Así pindejo, así cabrón! Hasmi gozar por mi culito, quiero qui mi lo chinguis bien, perro! ¡Ah, ah ah!
Y: (Mientras le apuntalo la verga en la entrada y la afianzo de su cintura) ¡Te dije que no me provocaras, pendeja! (Se la meto a la fuerza de un empujón hasta el fondo, sintiendo como se abre ese culo de niña delicioso, mientras suelta un alarido que yo digo se escucho hasta la casona).
T: (Mientras llora y ríe al mismo tiempo) ¡Así, hijo de tu pinchi madre! ¡Así violami’l culo, pinchi puerco!
Me comienzo a mover adentro y afuera de ese ano, me absorbe, me aprieta, me muerde, pero en lugar de detenerme me muevo con mayor fuerza, se lo machaco, Tere gime y patalea, pero pide más, yo la complazco, es una delicia de niña puta que por lo que dice, en todo, desde las mamadas hasta las cogidas serán su primera vez, me desboco, de verdad que traigo los huevos muy cargados de leche, saco y meto en un riquísimo vaivén, Tere llora, ríe, suspira y grita que quiere más, yo sólo puedo obedecer, mientras la chingo una de mis manos a pasado un dedo por su rajada, esta mojada como hembra caliente, la sobo pasando mi dedo por su chicharito y su raja mientras siento mi verga convulsionar, me estoy vaciando en sus intestinos y ella comienza a gritar de placer como si fuera una puta actriz del porno, siento la última convulsión de mi verga al deslecharse y le doy un sacón súbito, ella gime a sentir mi verga desplazarse fuera, me pongo de pie, llevo mi verga a su cara, la tomo del pelo y la obligo a limpiarme con su boca, me da otra mamada de torneo, es tanta la excitación que ni tiempo tiene mi miembro de ponerse flácido, con esa mamada me lo ha endurecido de nuevo.
T: ¡Andal’hijo di tu puta madre! ¡Siguemi violando, pindejo! ¡Sí me dijasti satisfecho mi culito, ‘ora dejami satisfecha la pucha!
Yo sin hacerme del rogar le separo con brusquedad las piernas, mi verga nuevamente esta dura, pongo la punta entre sus labiecitos menores, tiene una puchita pequeñita, siento que al metérsela terminare desgarrándola, pero al verme dudando vuelve a provocarme.
T: ¿Qui? ¿No queres o no puedis, pindejo?
Se la empujo con toda la fuerza que me lo permiten 120 kg de peso, ella vuelve a gritar, esta vez de dolor, no me contengo, apenas siento que topo en el fondo se la saco a la mitad y la vuelvo a hundir sin miramientos, esta vez no ríe, esta llorando y apretando los dientes.
T: (Entre llanto, sollozos y quejas de dolor) ¡Así violami, hijo di tu reputísima madri!
Y: ¡Pinche escuincla puta! ¡Eres una delicia de ramera, culerita! ¡Qué rico que lo pidas así, cabrona!
T: ¡No ti ditengas, perro! ¡Si hasta seria rico qui ya mi sangrara la pucha para qui mi pudieras dejar priñada!
Escucharla gritar con dolor y verla llorar mientras la cogía de su panochita y ver como esas muecas y gestos se transformaban en expresiones de placer y gozo me pusieron super caliente, escucharla hablarme de esa manera tan cabronamente sucia me hizo querer reventarle la verijita, en el mete y saca se veían las trazas de la sangre de que su himen había sido reventado, aprovechando la ligereza de la mocosita la levante y me a cogí en el aire, dejándola caer en mi verga dura en cada metida, termine con ella en el aire, ensartándola profundamente mientras mis huevos soltaban toda la carga de leche, al safarla y querer dejarla en el piso me pide que mejor la deje en el asiento del Jeep por que no se va a poder sostener en sus pies, la lleve al asiento y recogí nuestras ropas, yo me vestí y me subí al carro, nos arrancamos y ella se fue vistiendo en el trayecto, mientras de vez en cuando pasaba sus dedos por su raja, que me iba mostrando, tomaba la leche que escurría de su ano y su panochita y se la llevaba a la boca.
Pasaron mis últimos días en el rancho sin volver a ver a Estela con el caballo o con Tano, una noche antes de regresarme, Marta le pide a don Silverio que sea yo quien las lleve al pueblo, don Silverio me da indicaciones muy exactas, hay que llevarlas al pueblo, dejarlas en la plaza principal y regresar enseguida, si hay niebla baja en el camino me tengo que detener y esperar a que se disperse, y sobre todo, nunca bajar los vidrios, sigo las indicaciones y las llevo al pueblo a las tres, a Marta, a Julia y a Tere.
Marta: ¡Ay patrón! Ya me conto Tere que la dijo toda con temblorina de las patitas esi día que salieron por la nieve ¡Qui lastima qui no mi mandaron a mi!
Julia: ¡O a mi!
Y: No sé que les conto Tere.
T: Lis diji como mi violasti, patrón.
Y: ¿Por qué lo tenias que contar, Tere?
T: Por qui si no les dicia no ti’ban a dejar’ir, patrón.
Y: ¿Cómo?
M: (Con un cambio muy brusco al hablar, dejando de lado el sonsonete indígena y hablando con claridad) Teresa es aún una niña normal de nueve años, no es como Julia y yo, pero quiere serlo, igual que Estela; Teresa te aguanto una cogida de violador y la dejaste lista paras ser usada por cualquier cabrón, así que por petición de Teresa te estoy dejando libre.
Esas palabras me sonaron a amenaza pero por alguna razón no las desestime, llegamos a la plaza principal y antes de bajarse cada una me dio un beso en la boca, sentí esos vahos y sus lenguas jugando dentro de la mía, se bajaron y desaparecieron en direcciones diferentes entre las callejuelas del pueblo, serian aproximadamente las 23:00 Hrs, regrese al rancho y me dispuse a dormir, a la mañana siguiente me desperté sobre las 08:00 Hrs, la señora Juana me esperaba en la cocina, me sirve un plato con tres huevos fritos, tocino, frijoles, queso, la salsa picante y las tortillas, y la taza de café con leche y el pan, el gesto severo desapareció por unos fugaces milisegundos, me entrega el crucifijo que me diera mi madre y me lo pone al cuello, Alberto ya me estaba esperando para llevarme a la ciudad más cercana que se encuentra a dos horas de camino del pueblo, me dijo que era más seguro por que el camión del pueblo a la ciudad a veces era inseguro por que llevaba sobre carga de pasajeros, termine el desayuno, en la puerta estaban Delfina, Estela y don Silverio, cada uno se despidió de manera un tanto más efusiva de lo que esperaba, don Silverio me abraza, me toca el pecho y me da una recomendación y repite las mismas palabras que me dijera la señora Juana cuando me coloco el crucifijo al cuello.
DS: (Mientras me da un abrazo largo y toca con la las yemas de los dedos el crucifijo colgando a la altura de mi pecho, me dice al oído en un susurro claro) Tu ateísmo o manera de ver las cosas es lo que te esta dejando irte hoy de aquí. ¡No te lo quites hasta que llegues a tu casa, hijo! ¡Ruego a Dios no volverte a ver! ¡Ve con calma! ¡Adiós!
El viaje en el Jeep a la ciudad fue medianamente callado, Alberto puso pura música que sabia me gustaba para amenizar el trayecto, al llegar a la central de autobuses me abraza y me dice que fue un buen tiempo el que pase con ellos, que soy bien recibido y que si quiero regresar, tengo su número de teléfono y sólo es cuestión de «echarle un grito», me despedí de mi amigo «El Oso» con el consabido estampado sonoro de palmas, el abrazo y el choque de puños y codos.
Regrese a mi casa, llegue y como me dijera don Silverio, no me quite el crucifijo hasta que se lo pude poner a mi madre en las manos, regresándole su reliquia.
Madre: ¿Te sirvió?
Yo: Tal vez.
Madre: Ni siquiera lo revisaste ¿Verdad?
Yo: La verdad es que no.
Mi madre toma el crucifijo y se lleva la parte superior del poste a la boca, infla las mejillas y sopla, del crucifijo sale un pitido, como un silbato para perros, al escuchar el sonido del silbato un escalofrío recorrió mi cuerpo y en la zona del pecho donde viniera pegado comencé a sentir un ligero escozor que tardo algunos días en desaparecer; las llamadas de Alberto se fueron espaciando hasta que dejo de llamarme tres o cuatro meses después de mi regreso, dos años después de aquella visita me encuentro por la calle a Clara «La Osa» hermana de Alberto.
Y: ¿Osa?
Clara: ¡Panzón, qué gusto verte! ¿Cómo estas?
Y: Bien, todo dentro de lo normal ¿Qué cuentas?
C: Vine a solicitar un certificado en la facultad por que el original se me traspapelo y no lo encuentro.
Y: ¡Órale! Es bueno volver a verte. ¿Y El Oso, que me cuentas de él, hace tiempo que no me llama!
C: (Con el seño ensombrecido) ¡Ay Panzón, perdóname, pero tengo algo de prisa!
Y: (Con cara de «What?» por el cambio tan repentino) O.K. Osita, es un gusto verte.
Me abraza y me da un beso en la mejilla y camina dos pasos, se voltea y me llama.
C: ¡Diego!
Y: (Volteándome algo sobre saltado ya que nunca me había llamado por mi nombre, siempre habia sido «El Panzón») ¡Dime Clarita!
C: ¡Olvídate de mi hermano! ¡Y si te llama, no le respondas! (Mientras me dice esto se ha ido acercando nuevamente). ¡Te quiero Panzón, lo creas o no, me preocupo por quienes hoy tienen contacto con El Oso! Sé que fuiste y viniste, no vuelvas a ir con mi hermano, Diego (Mientras de sus ojos salen lagrimas que se ve son amargas) ¡Por favor, no te acerques a mi hermano! ¡No quiero que acabes mal!
Me abraza, me da un abrazo y mientras me abraza la siento convulsionar de llanto, la abrazo y le digo que todo esta bien, se recompone rápidamente, me da un beso en la mejilla y se despide con un adiós. De Alberto no he sabido en bastantes años, y por cualquier cosa cambie de número de teléfono tanto fijo como celular.
Espero les haya gustado esta entrega de mis recuerdos, cuentos, travesuras, anécdotas ¿Qué sé yo que sean? Ya saben se aceptan comentarios.


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