Gabriel
Me involucré con mi cuñado sin siquiera darme cuenta. .
Me llamo Ana, soy una mutjer felizmente casada y tengo un esposo que me ama y dos hijos que adoro.
Todo comenzó con un cumpleaños de una amiga, tenía es ese tiempo 16 años.
La fiesta de mi amiga estuvo, como cualquier otra, divertida. Salvo que había un chico que no conocía y que me gustó sólo de verlo.
– Oye, quien es esa chico? – le pregunté a mi amiga.
– Ah, se llama Jorge, parece que te gustó – dijo ella.
– No, es sólo que no lo había visto antes – dije desinteresadamente.
– Mira, ella es mi amiga de la que te conté – escuché decir a mis espaldas.
– Hola, mucho gusto, me llamo Jorge – se presentó cuando me di vuelta, le estreché la mano extendida hacia mi, automáticamente .
– Ella es Ana, mi mejor amiga, así que tratala bien – dijo mi amiga dejándonos solos, yo seguia con mi mano en su mano sin atinar a qué decir, me sentía cohibida pensando que le habría dicho de mi, sólo lo miraba a los ojos sin decir nada.
– Qué hermoso ojos tienes – me hizo ruborizar, bajé la vista y vi mi mano en su mano, había estado demasiado tiempo, mucho más de lo normal,.
– Quieres bailar? – me preguntó sin soltar mi mano cuando intenté retirarla, le dije que sí, qué otra cosa podía hacer. La verdad es que el chico me gustó desde que lo vi, pero lo encontré mucho mayor. Ahora estaba en sus brazos temblando, me sentía indefensa. Bailamos en silencio. Cuando terminó la música me dijo que saliéramos a tomar aire. Me tomó de la mano y me sacó al jardín de la casa.
– La verdad es que me gustaste desde que te vi, se lo dije a mi amigo, el que me trajo a la fuerza, porque no quería venir. Él me dijo que eras amiga de su amiga y se lo dijo a ella y ella me llevó hasta ti – me dijo mirándome a los ojos, tenía unos ojos que veían dentro de mí. Yo seguía sin decir nada, no podía, todo había sido tan rápido que no había tenido tiempo de procesarlo.
– Eres tan hermosa – dijo y me abrazó dándome un beso en la frente. Lo abracé porque las piernas me temblaban y pensé que me iba a caer. Levantó mu barbilla y me besó en la boca sin ninguna resistencia de mi parte. Era mi primer beso de amor y traté de responder li mejor que pude.
– Nunca has tenido novio? – seguramente se dió cuenta porque no sabía besar.
– No – le respondí sin saber si debía tener vergüenza por mi ignorancia u orgullo porque nadie me había besado. El único que me había besado antes fue mi hermano, que estuvo en el ejército y tres meses después le dieron franco. Éramos muy unidos, por lo que lo eché mucho de menos. Cuando lo vi llegar con su uniforme de soldado, corrí hacia él, nos abrazamos y nos besamos en la boca, pero fue un beso de amor fraterno, no como el beso de Jorge que me derritió en sus brazos. Después de otros besos con los que fui aprendiendo, me miró a los ojos y me preguntó si quería ser su novia, le dije que sí casi sin aliento.
– Oye, que rápido – dijo mi amiga cuando le conté. No respondí porque en realidad había sido todo muy rápido, hasta me dió vergüenza. Talvez si me hubiera pedido hacer el amor esa misma noche le hubiera entregado mi virginidad sin ningún tapujo.
Nos vimos al día siguiente como habíamos acordado y los besos y caricias me hacían temblar.
– No me toques – le dije una tarde al sentir su mano por debajo de la falda.
– Perdona – dijo el retirándola de inmediato, no era que no me gustara,, no quería que sintirera lo mojada que estaba, eso me daba vergüenza.
Entonces me contó que estaba estudiando y que necesitaba el mayor tiempo posible. Le dije que lo entendía y que no se preocupara por mi, estaba decepcionada. Comenzamos a vernos sólo los fines de semana y cuando tenía exámenes ni éso.
Tiempo después me llevó a su casa, quería que me conocieran, para mi siempre fue un problema, me iba a poner en vitrina para que su familia opinara.
– Esta es Ana? – dijo su madre con una amplia sonrisa tomando mi mano con sus dos manos. Me sentí aliviada, seguramente que el le habló tanto de mi que pensé que se iban a desilusionar.
– Hola mi niña – dijo su padre saludandándome con un beso, cálido y húmedo en la mejilla, beso que me hizo sentir bien.
Su madre, la tía Alicia, que así me dijo que le dijera, fue muy amable conmigo.
– Mi casa es tu casa y puedes venir cuando quieras – me dijo. Después de cenar Jorge me llevó a su estudio, su escritorio, su computadora y sus libros. Después me mostró su dormitorio y nos acostamos en su cama. Hasta ese momento no habíamos tenido sexo, porque nos veíamos poco y tampoco teníamos oportunidades como ésa.
– Soy virgen y no tomo anticonceptivos – le dije al sentir sus dedos jugando con mi clitoris. Estaba muy mojada y lo deseaba, sólo quería advertirle lo que pasaría si hacíamos el amor en ese momento.
– Deja que te lo chupe – le dije inclinándose hacia su miembro duro que tenía en mi mano. Era la primera vez que haría algo así y tenía temor de hacerlo mal. Mis amigas me habían hablado del sexo oral y las virtudes que tenia. Lo había hecho una vez antes para saber que cosa era.
Una noche hablando con mi hermano, me preguntó como iba mi relación con Jorge. Le conté todo, no tenía con el ninguna reserva.
– Mira, te recomiendo que tomes anticonceptivos, no quiero que te embaraces a tu edad – yo tampoco quería.
– Pero me da pena dejarlo así –
– Hazle sexo oral – abri los ojos ante la recomendación de mi hermano.
– A ti te lo han hecho? – le pregunté.
– Si, muchas veces y es muy rico – dijo, si bien éramos muy unidos y entre nosotros no habían secretos, la conversación me tenía incómoda.
– Pero cómo se hace? – le pregunté ingenuamente. Entonces sacó su miembro que tenia un tamaño de proporciones no es que no se lo haya visto antes, pero en ese momento verlo así mi corazón comenzó a latir rápidamente.
– Tómalo así – dijo poniéndo mi mano en su miembro, la verdad es que temblaba interiormente. Con su miembro en mi mano comencé a moverlo instintivamente. Mi mano subía y bajaba por su miembro y me gustaba.
– Ponlo en tu boca – lo miré a los ojos asustada.
– No tengas miedo y haz lo que te digo – acerqué mi bica a su miembro y sin saber hacer antes de meterlo en mi boca comencé a lamerlo, para saber que gusto tenía, luego lo pasé por mis labios, se sentía muy suave. Lo miré a los ojos, pero los tenía cerrados, entonces lo metí en mi boca y lo chupé
– Cuidado con los dientes, que duele – dijo y lo saqué rápidamente de mi boca.
– Tienes que poner la lengua y el paladar pero sin los dientes – me indicó. Volví a meter su miembro en mi boca y comencé a mover mi cabeza hacia adelante y hacia atrás lentamente.
– Así está bien, sigue – y seguí haciéndolo cada vez maa rápido, me di cuenta de que le gustaba lo que hacía.
– Espera – dijo poniendo su mano en mi frente, saqué su miembro de mi boca, vi como latía.
– Tengo que ir al baño – dijo levantándose de la cama al baño, allí bajo sus pantalones y comenzó a masturbarse frente al escusado. Al minuto comenzó a expulsar su semen chorro tras chorro, lo había visto masturbarse antes cuando era chico, es normal que los niños se masturben, pero mi hermano ya era todo un hombre y su miembro impresionaba a cualquier mujer. Cuando acabó se quedó parado con los ojos cerrados goteando semen, tomé su miembro para recibir un poco en mi mano, tenía curiosidad de saber. Me llevé mi mano a la cara y lo olí, no supe que olor era, pero no era malo, luego le pasé la lengua y lo probé, su sabor no era muy diferente al de su miembro, terminé chupando mis dedos.
– Te gusta? – preguntó, me encogí de hombros. Después se lavó y se puso su ropa.
– Quieres que te lo haga a ti? – preguntó.
– Hacerme qué ? –
– Sexo oral, estás muy mojada – dijo metiendo su mano por debajo de la falda.
– No! –
– Porqué no? Si es rico –
– Me da vergüenza y eres mi hermano –
– No va a ser la primera vez que te vea tu cosita – su mano acariciaba mi vulva y no podía impedirlo, sólo dejé que lo hiciera.
– Estoy muy sucia –
– Pero te lavas y listo, yo te paso agua – en realidad necesitaba lavarme de todas maneras, me senté en el excusado y me puse a orinar mientras mi hermano sacaba agua caliente del lavamanos, tampoco era la primera vez que hacía éso, incluso el mismo me había lavado, pero de eso hacían muchos años
– Yo me lavo y tu échame agua – le dije levantándome la falda. Después nos fuimos a la pieza, comezo a acariar mi muslo
– Estas seguro que quieres hacerlo? – le pregunté.
– Si, es lo que más quiero y siempre lo he querido –
– Cómo siempre? –
– Desde que eras chica me gustaba tu cosita y siempre quise chupártela – al escuchar eso me dió un cosquilleo en mi cosita. Levanto mi falda dejando al descubierto mi vulva, inclinó la cabeza comenzó a besar mi pelvis y fue bajando, lo único que quería era que llegara luego. Al llegar abrí mis piernas empujando mi pelvis contra su cara, me tomó de una nalga y empujando contra el comenzó a lamer, besar y chupar mientras me retorcía de placer, pocos minutos después estaba teniendo un orgasmo.
– Te gustó? – me dijo acostándose a mi lado.
– Si, me encantó, porqué no me lo hiciste antes? –
– Porque eres mi hermana chica y en ese tiempo hubiera sido un abuso y capaz que te hubiera penetrado –
– Y ahora lo harías? – sólo so tu lo quieres –
– Es bueno saberlo para cuando lo necesite – dije dándole un beso en los labios y me fui a mi dormitorio, no podía seguir allí porque mis deseos de hacer el amor iba creciendo exponencialmente. Y eso no podía ser porque era mi hermano, porque tenía novio y podía quedar embarazada.
– Bueno, pero sabes hacerlo? – me dijo jorge sentado en la cama.
– No en realidad, pero mis amigas dicen que es rico y me explicaron como hacerlo – le dije. Se hechó hacia atrás y cerró los ojos, entonces hice todo lo que mi hermano me había enseñado hacia un par de meses, esta vez quería su semen en mi boca porque lo recibí todo, tragué lo que pude pero el resto no, de manera que me fui al bañó a vomitar.
– Lo siento, es muy malo? – me preguntó.
– No, pero es mi primera vez y no pude tragar aunque lo hice un poco pero era mucho –
– Mi niña hermosa, estuvo muy rico y no importa si tragaste o no, te amo – y me besó en la boca con restos de su semen que ahora si me lo tragué con agrado.
– Gracias hermanito por la lección, lo hice bien – le dije cuando llegué a mi casa.
– Lección de qué? Te he dado tantas lecciones que no se a cual te refieres – dijo riendo.
– Al oral – dije hacuendo el gesto de chupar un miembro.
– Ah sí? Cuéntame todo.
– No, cómo se te ocurre –
– Entre nosotros no hay secretos – dijo y le conté todo
– Cuando tomes anticonceptivos te voy a enseñar a coger – dijo riendo. Lo primero que hice fue comprar anticonceptivos.


(3 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!