Gabriel C-4
La relación con Gabriel, mi cuñado, era sólo una amistad con cierta ventaja, lo que hacía más cercana y más querida nuestro entendimiento. .
Llevaba dos años de novios con Jorge y ese año terminaba mis estudios de la secundaria. A mis 18 años tenía la licenciatura y después de la ceremonia había una fiesta en el colegio para todos los alumnos. Obviamente que estaba Jorge porque fue a mi graduación y Gabriel que también era alumno del mismo colegio. Curiosamente él a sus 14 años, también se licenciaba de la básica y entraba a la secundaria.
Pero había otra fiesta fuera del colegio, en un local con música en vivo. El local tenía luces rojas y pocas por lo que estaba en penumbras. Para bailar era complicado, porque no sólo Jorge quería bailar conmigo, también mis compañeros, a los cuales, era probable que no los viera nunca más. Jorge se molestó y se puso a tomar, bailé con él un par de veces y también bailé con Gabriel, justo tocó un lento, busqué a Jorge con la mirada y porfía lo encontré en la barra. El baile con Gabriel era excitante, pegado a mi pasaba su erección por mi pelvis, un juego que hacíamos en privado, pero aquí con tantos jóvenes haciendo lo mismo casi sin luz, no se notaban la manos de Gabriel bajo mi falda y de mis nalgas casi desnudas apretándome contra él. Terminado el baile fuimos a buscar a Jorge, estaba medio ebrio por lo que le dije a Gabriel que nos íbamos. Jorge puso alguna resistencia pero asintió. Se veía bastante bien, pero al salir del local y con el aire se curó más, trastabilló y Gabriel lo sujetó para que no cayera al suelo. Lo echamos al asiento trasero y Gabriel, que sabía manejar se sentó al volante y yo en el del copiloto. Girada hacía atrás y con el respaldo de asiento reclinado hacia atrás, vigilaba a Jorge que semiacostado ocupaba todo el asiento. Con mi pierna doblada haca Gabriel me preocupaba de sostener a Jorge ante ena frenada brusca. Esta posición hacia que mi falda se subiera bien arriba dejando mi ropa interior a la vista de Gabriel, el que no perdía oportunidad de acariciarme por sobre la tanga.
– Ten cuidado y conduce con las dos manos al volante – le dije cuando en una luz roja bajó mi tanga y comenzó a acariciar mi clitoris mojado.
Lo sacamos del auto tratando de no hacer ruido para que los tíos no vieran el estado en que venía. En la pieza lo acostamos en la cama y lo desnudamos. Después Gabriel lo levantó con un abrazo y lo acostó cuando levanté la ropa de cama.
– Ahora me voy – dije en un susurro.
– No te vayas, quédate un rato conmigo – dijo suplicando. Sabía lo que éso significaba, pero como sólo sería un juego de unos minutos, accedí y fuimos a su dormitorio. Ya les dije y si no lo hago ahora. Gabriel tenía una buena estatura, por lo menos 10 cm más alto que yo, su músculos tanto del pecho como del estómago bien marcados y su miembro viril me apuntaba como una amenaza. Gabriel se había desnudado rápidamente, sólo alcancé a sacarme la tanga y la falda cuando me abrazó poniendo su erección contra mi vulva mojada. Me di cuenta que esta vez no sería un juego, yo también lo deseaba hacía tiempo.
– Acuéstate – le dije empujandolo del pecho, duro y sin grasas.
– Ahora déjame a mi, como tú eres virgen, voy a ser yo la que va a tomar la iniciativa – dije subiéndome sobre el. Tomé su miembro y lo pasé por mi mojada vulva, esto no podía quedar así, me senté lentamente mientras sus ojos me miraban muy abiertos. Su miembro duro, suave, caliente y profundo me hizo suspirar. Me movía lentamente disfrutando su miembro, que aunque era parecido al de Jorge, tenía otro sabor. Poco a poco fui aumentando la velocidad hasta llegar al clímax. Descansé unos minutos y después me levanté dejando su pelvis mojada. Fui al baño, me limpié y llevé papel higiénico para él.
– Pídeme un taxi – le dije mientras lo limpiaba. Tomó su móvil del velador y marcó un número,
En la puerta de la casa nos despedimos con un gran beso, de esos que despeinan –
– Gracias – me dijo como despedida mientras el taxi aguardaba.
Me sentía feliz y satisfecha, le había quitado la virginidad a Gabriel y a mi me había hecho feliz y sentirme bien, sin culpa.
– Oye – me dijo mi hermano cuando entré a la casa y me abrazó como siempre.
– Qué? – le pregunté al oído para que mis padres no despertaran.
– Vienes pasada a semen –
– Si, no tuve tiempo de ducharme – le respondí.
Me llevó al baño y me desnudó, se dió cuenta que no traía los calzones. Se sacó su slip y se metió conmigo a la ducha. Me lavó, me enjuaga, me secó y me llevó a mi cama. Me acostó de espaldas y se metió entre mis piernas, miré su erección apuntando a mi vulva, doblé las rodillas para darle mejor ubicación, me acosté de espaldas y cerré los ojos.
Los abrí rápidamente al sentir la profunda penetracion, lo miré a los ojos y me mordí los labios para no exhalar un gemido de placer. Me siguió penetrando mientras nos mirábamos a los ojos.
– Dame más – le susurré y lo hizo, me dió con todo lo que tenia dejándome muy aletargada. Se levantó y trajo un paño húmedo con el que me limpió, me acostó y me quedé dormida.


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