Hermanos? C-4
Cada vez que con mi mamá íbamos a cenar a casa de Ricardo, ya sabía que nos íbamos a quedar y yo iba a dormir en «mi» dormitorio. .
– Mamá, esta noche de nuevo nos vamos a quedar a dormir en la casa de Ricardo? – pregunté.
– Porqué mi niña, tiene algún problema? Usted me dice no nos quedamos – dijo ella.
– No, ninguno, sólo quería saber para llevar pijama, porque la vez pasada Adrian me prestó una de sus poleraa – la verdad es que no tenía ningún problema, salvo una sensación rara, no era miedo, sabía lo que iba a pasar si nos quedábamos, pero tampoco quería ser egoísta con ella. Ricardo era un buen hombre, la quería, también me quería a mi y procuraba que no nos faltara nada y nos atendía bien. En cuanto a Adrian, también me quería y yo a él, pero de sólo pensar que iba a tener sexo con él me ponía inquieta, no es que no quisiera, pero me sentía incómoda, por decirlo de alguna manera.
– Ah, sí, claro que sí, lleve pijama y una muda de ropa para el otro día – dijo y preparé mi mochila siempre con la misma inquietud.
Como la vez anterior, después la cena subimos con Adrian a jugar con el PC. Habían comprado una silla para mi. Era muy bonita, me senté y me puse a jugar, la silla giraba más tiempo que la otra porque lo que ya no tendría que sentarme sobre él.
– Trajiste pijama? -:me preguntó.
– Si, traje mi pijama y ropa para mañana – respondí.
– Nos vemos a acostar? – había llegado el momento que me tenía incómoda.
– Si, vamos – dije increíblemente mas aliviada. Me puse una camisola corta y liviana, nasa más. El como la vez anterior, su polera y bóxer blancos. Me acosté en mi cama y el se acostó a mi lado, eran camas de 11/2 plaza por lo que quedábamos bien.
– No sabes cuánto esperé para éste momento, nunca había tenido una semana más larga – dijo abrazándome y haciéndome sentir su erección. Toda la incertidumbre se me había pasado y también había pensado durante la semana en este momento.
– No quiero que creas que quiero abusar de ti, lo que pasa es que te quiero y no pienso en otra cosa que en estar así los dos. Sólo dime que me vaya a mi cama y me voy – dijo en mi oído.
– No, quédate – dije tomando.su erección, mi corazón latía a mil. Sin decir nada, acarició mis mejillas, mi pelo y ma cubrió de besos. Yo no soltaba sy erección, mi mano se cerré alrededor y no podía sacarla, como si se hubiera pegado. Mi mano subía y bajaba por su miembro cálido, duro y suave, sentía un calor entre mis piernas y una humedad, me di cuenta que lo quería sentir dentro de mi.
– Te amo – me dijo besándome en la boca. Respondí su beso apretándome contra el. Se metió entre mis piernas y tomó la mejor posición para él. Me penetró lentamente, con mucho cuidado, seguramente que pensaba que mis gemidos era de dolor. No sé cuánto tiempo estuvimos así, sólo recuerdo que me dijo que fuéramos al baño, le dije que sólo quería dormir, no me sentía con fuerzas para levantarme. Estaba agotada, pero igual me llevó al baño y se metió a la ducha conmigo, sólo dejé que el agua escurriera por mi cuerpo mientras sus manos hacían todo lo demás.
Salí de la ducha renovada, me había lavado bien, incluso puso la ducha entre mis piernas un buen rato, hasta que me salió todo lo que me había echado y era bastante. Después de la ducha me secó como si fuera su hermana menor, » mi niña » me decía. Me senté en el excusado mientras se secaba, tomé su miembro y sin darme cuenta lo tenía en mi boca, lo saboreaba como con un helado, después lo chupé como para sacar algo, no sé qué.
– Ven, vamos a la cama – dijo pasando mis brazos por su cuello y tomándome de las nalgas me levanto como una pluma, crucé instintivamente mis piernas por su espalda, lo que me recordó a papá, y me llevó a la cama, se acostó de manera invertida dejando su miembro en mi cara y metiendo la suya entre mis piernas. Sentía su lengua recorrer toda mi vulva lo que hacía que mis ganas de tragarme su miembro eran cada vez mayor.
– Ya, basta! Te quiero adentro – le supliqué – todo eso no duró más de 5 minutos y tuve otro orgasmo increíble. Ambos quedamos jadeando en busca de aire fresco.
– Acabaste? – le pregunté.
– No, pero no importa, lo único que quiero es que tú estés bien – dijo amorosamente. Durante el sexo oral me había chupado mi ano y me había gustado, aún sentía el cosquilleo que me prodicia su lengua cuando me penetraba.
– Quieres mi trasero? – le pregunté.
– Sólo si tu quieres – me respondió.
– Si quiero – dije dándome vuelta y quedando boca abajo, con mi mejilla contra la almohada. Sentí su lengua en mi ano nuevamente, sus besos y sus chupeteos, un dedo que entró lo identifiqué instintivamente, su entrar y salir me gustó mucho y se lo dije, sacó su dedo y puso su miembro, sentí algo especial, algo que no había sentido antes. Poco a poco comenzó con un movimiento de punteo corto hasta que de pronto lo sentí entrar, gemi de dolor y placer.
– Estás bien? – me preguntó al oído.
– Sí, sigue – le respondí.
– No te duele? – preguntó
– No, sigue – pero ya no podía entrar mas, lo sentía contra mi estómago, todo me gustaba, era algo nuevo y lo estaba disfrutando. Comenzó su movimiento de bombeo, cada estocada era profunda, 5 minutos después me estaba llenando con cada empujón en profundidad, yo estaba teniendo otro orgasmo pero diferente. Después vino la calma y se quedó aplastándome.
– Te peso mucho? –
– No, quédate así y no te muevas – le respondí y así soportando su peso me dormí.



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