Hermanos? C-6
Legalmente hermanos pero no consanguinidad..
– Espera un poco, quiero respirar – le dije a Adrian, ya había tenido un orgasmo y no quería tener otro tan luego.
– Está bien? –
– Sí, muy bien – y era cierto, no habíamos tenido tanto sexo desde la ves que nuestros padres se casaron, yo tenía 12 y Adrian 16 años. Esa noche tvimos nuestra propia » luna de miel «. Ahora, con 15 años y el 19, nos estábamos despidiendo porque él se iba a estudiar a una universidad a 500 kilómetros de distancia.
– Porqué te vas – le dije mirándolo a los ojos sintiendo su peso y su miembro profundamente dentro de mí. Si cuando tenía 15 años tenía un miembro casi tan grande como el de Ricardo, ahora lo superaba y era todo mío.
– Pero si ya lo hemos conversado otras veces, esa universidad es de las mejores y voy casi con una beca completa – dijo moviéndose y dándome pequeños empujones que me tenían al borde del orgasmo, quería estar así siempre.
– Tengo miedo – le dije.
– Miedo de qué? – me preguntó, me gustaba esta conversación así como estábamos, haciendo el amor y conversar, tampoco quería que el terminara muy pronto, aunque ya llevábamos más de 20 minutos cogiendo. Éramos pareja, al principio éramos novios, pero ahora éramos pareja, de hecho dormíamos juntos y en nuestra cama de dos plazas que nos habían comprado. El escritorio del hall lo habíamos puesto en mi dormitorio. Ahora todo el hall era nuestro, el único problema era que si mi madre o Ricardo subían nos iban a ver cogiendo, pero como ya nos habían visto tantas veces, como nosotros a ellos, no nos importaba.
– Tengo miedo de que conozcas a otra chica y te olvides de mí –
– Olvidarme de ti? Tontita, te amo desde el día que te conocí, eres mi hermana y te amo por éso, somos familia y nunca dejaremos de serlo. Yo te amo, amo a mi padre y amo a tu madre como si fuera mía – dijo.
– Ay si yo hago lo mismo, te amo a ti, amo a mi madre y amo a tu padre –
– No, si de éso me he dado cuenta – dijo riendo – pero no me importa.
– Oye, tengo la misma confianza con Ricardo que la que tu tienes con mi madre y yo no me he acostado con él.
– Yo tampoco me he acostado con tu madre, aunque debo confesar que me gustaría.
– Y esa vez que se ducharon juntos, acaso no cogieron en la ducha? –
– Ese fue un caso especial, pero no, no cogimos, si bien es cierto que la enjaboné y ella a mí no hicimos el amor. Además yo tenía 16 y era un adolescente todavía –
– Si y muy caliente, yo me daba cuenta que te calentabas con mi mamá y nunca te dije nada –
– Bueno, tu también te calentabas con mi papá y nunca te dije nada, ni esa vez que los encontré acostados desnudos en la cama –
– Si, pero no tuvimos sexo, es cierto que me excitaba con él, especialmente cuando veía como se cogia a mi mamá y te lo decía, pero sólo fueron juegos –
– Pero para qué discutimos, si no me importa que cojas con mi padre, es como tu padre y sé que te gustaría coger con él. Ahora que no voy a estar, te autorizo a descargar tus deseos con él – dijo con una sonrisa maliciosa mientras me daba más empujones y más profundos.
– Bueno, si tú así lo quieres, así lo haré, y tú puedes coger con mi madre cuando quieras y ella también, por supuesto –
– Sabes, esta conversación me tiene muy caliente y creo que voy a acabar –
– Sí, a mi también, dámelo todo…. – y me llenó mi útero con su gran cantidad de semen. Tanto rato aguantando, pero eso me gustaba, la fantasía de coger con Ricardo .
Después de lavarnos en el baño nos acostamos y nos quedamos dormidos. Desperté sintiendo la erección de él en mi trasero pero sólo punteaba mi ano, se sentía rico, pero quería otra cosa así que lo desperté.
– Vamos al baño a lavarnos porque lo quiero en mi boca, quiero tragarme tu leche –
– Si, bueno, vamos –
De vuelta él se acostó hacia la cabecera y yo para los pies, el 69. Estaba saboreando, latiendo y chupando igual como él hacía conmigo.
– Oh, perdona hija, pensaba que estaban durmiendo – dijo mi madre con medio cuerpo afuera de la escala, quedaba justo a ni altura.
– Si, no importa – dije sacando el miembro de Adrian de mi boca con sus hilos de la punta a mis labios.
– Venía a preguntar si querían tomar desayuno con nosotros – dijo ella mordiéndose los labios, le hubiera preguntado si quería una chupadita, pero no era el momento.
– Ah, sí, claro, tengo hambre – dijo Adrian sacando la cabeza de entre mis piernas y limpiándose la boca con la palma de la mano.
– Yo también tengo hambre – dije sacando el miembro de Adrian que lo tenía hasta la garganta.
– Los esperamos – dijo mi madre frunciendo los labios porque se le hizo agua la boca, creo.
Después del desayuno tomamos una ducha con Adrian y como era la última ducha, la disfrutamos, más de una hora en la ducha en dónde me llenó por todos lados hasta dejarme satisfecha y feliz.
A las 11 de la mañana salió el bus y lo despedí con lágrimas en mis ojos, ya no lo volvería a ver hasta un año más, no sabía cómo lo iba a soportar.
– Tranquila, todo va a estar bien – me dijo Ricardo mientras me tenía pegada contra su pecho y yo mojando su camisa con mis lágrimas.
En la tarde después de almuerzo me fui a acostar a mo cama, traté de dormir pero no pude, pensando en Adrian y donde estará.
– Mamá, me puedo acostar con ustedes un rato, no quiero estar sola arriba – dije entrando a la pieza de ellos.
– Si pues amor, acuestese al lado de su padre – dijo mi madre porque hacía algunos años que había comenzado a decirle » papi » a Ricardo. Me acosté al lado de Ricardo y lo abracé, el me abrazó y me hizo cariño, me sentí tan bien que me quedé dormida, había dormido poco la noche anterior.
– Oh, perdona papi – había despertado con la erección de Ricardo en mi mano.
– No importa mi niña, está bien, no se preocupe, no me molesta, todo lo contrario – dijo con una sonrisa.
– Y mi mamá? – pregunté
– Está preparando la once –
– Puedo darle una chupadita? – pregunté.
– Sí mi niña, todas las que quieras – dijo cerrando los ojos y yo continué con lo que estaba haciendo en la mañana cuándo me interrumpió mi madre. Lo metí en mi boca y comencé a saborear, en realidad no era tanta la diferencia, estaba igual de rico.
– Está lista la mesa, vayan a lavarse las manos – dijo mi madre desde la puerta. Saqué el miembro de Ricardo de mi boca, pero no alcancé a decir nada, mi madre se había retirado. Terminé de darle las últimas chupadas limpiando de salida su miembro y nos fuimos al baño, Ricardo me había acariciado mi vulva y estaba muy mojada por lo que tuve que lavarme. Después y sin calzones me fui a la mesa ya más tranquila, sabiendo que si lo necesitaba lo tenía a la mano.



(2 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!