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Fantasías / Parodias, Heterosexual, Incestos en Familia

Inicios

Un breve paseo por mis recuerdos más viejos.
Creo qué para entender un poco de los anteriores y siguientes relatos y paseos por mi memoria debo explicar ciertas situaciones y los inicios de mi viaje de perversión por esta vida; puedo decir que fui iniciado a muy temprana edad por una prima, la cual era unos cuatro años mayor que yo y será de quien usemos como referencia la edad en estos primeros renglones. Lulú tendría al rededor de unos diez años cuando ya jugabamos a coger, así tal cual el nombre del juego, nos besábamos, nos fajábamos con intensidad desmedida, ella sacaba sus pequeños senitos que apenas estaban despertando y me decía como una orden: «¡Mámame!» Yo me pegaba a chupar esos pezoncitos y era delicioso; por las noches, mientras los demás dormían y al compartir con Lulú cama, la diversión continuaba, a veces despertaba con ella besándome, a veces su mano tomaba mi mano y la metía bajo su calzón y me hacia apretarle su panochita mientras ella, con su mano bajo mi calzón me apretaba mi verguita hasta que despertaba y comenzaba la sesión de pasión, esto duraría hasta los doce años aproximados de Lulú, después de la ultima vez que nos vimos no hemos vuelto a encontrarnos en años, nunca supe que fue de ella, sólo no volvimos a tener contacto; a los pocos meses me traen de vacaciones a provincia y me inscriben en una primaria aquí.

Cumplí los diez años, ahora voy de vacaciones a la ciudad, allá también había negocio; primeros días y llega una hermosa niña de seis añitos, Lucía, hija de una prima de la mamá de Ilse, una niña flaquita, güerita, ojos verde – azules (Dependiendo de si esta en la luz del sol o en la sombra, si le da la luz se ven de color azul intenso como zafiros, si esta en la sombra dan el color de las esmeraldas), pelo largo a la cinturita del color del trigo maduro, con una cara de ángel; Lucía tenia dos hermanos con los que yo jugaba cuando vivía en la ciudad, a ella sólo la había visto en ocasiones cuando aún era una niña de brazos, originalmente estábamos jugando los tres en la casa de mi tío (El lugar donde estábamos en la ciudad es un barrio algo conocido y las casas en realidad eran cuartos de vecindad), pero Saul y Leonardo nos habían dejado solos, así que jugando con Lucía y no pensando mucho en la situación, comienzo a jugar un juego como los que jugaba con mi prima, ya la tenia con su playerita de tipo Polo levantada a punto de comenzar a chuparle un pezoncito cuando aparece mi tía, Lucía y yo reaccionamos cuando la escuchamos exclamar casi en un grito: «¿Qué están haciendo?» Lucía y yo nos petrificamos, mi tía nos mira con severidad, entra al cuarto – casa y cierra la puerta, se acerca y nos pide con un tono calmado (Qué yo siento que es peor que si nos gritara, algo me dice que ese tono es más peligroso que los gritos o los regaños) que le expliquemos que estábamos haciendo, Lucía me mira a mi sin decir nada; no la culpo por echarme la bolita (Al final fui yo quien comenzó a acariciarla y a besarla), yo con la vista al suelo le digo a mi tía que quería ver si chupándole su tetita le saldría lechita (Una excusa muy débil, hoy lo sé), mi tía nos acaricia la cabeza como si comprendiera, nos hace un breve regaño, nos dice que estamos muy chicos para pensar en esas cosas y le dice a Lucía que se vaya a seguir jugando con sus hermanos y que no diga nada, que ella nos guardara el secreto; Lucía sale y al intentar seguirla, mi tía me detiene: «Diego, espérate.» Creo que habrá otro tipo de regaño para mi, me detengo y la escucho decirme: «¿Así que quieres chupar una teta que de lechita?» Yo aún sin voltear le respondo: «Sí»

Natalia: «Ven, voltea.» (Natalia es el nombre que le daremos a la mamá de Ilse)

Yo: (Mientras volteo, aún viendo al suelo sin atreverme a mirar a mi tía) «¿Me vas a acusar con mi tía Martina?» (Martina es la hermana de mi madre, la que me lleva con ella de vacaciones a la ciudad.)

N: No, no le voy a decir a Martina, mírame.

Levanto la cabeza y ¡Oh sorpresa! Mi tía Naty tiene la blusa levantada, también el bra, tiene al descubierto sus dos enormes tetas que he visto en algunas ocasiones cuando la he visto amamantando a mis dos primos (Los más grandes, una niña también de unos seis años como Lucía y un niño de dos años), sus enormes areolas y pezones me llaman, son de color café obscuro, los pezones son enormes como puntas de lanza, las areolas ocupan toda la cúpula de sus tetas, sus chiches ya como tales parecen dos bolsas pesadas, me fascino viéndolas. Natalia me dice nuevamente que me acerque y me hace la seña de que me acerque con su mano, yo me acerco, ya hipnotizado por ese par de melones enormes, ella toma de abajo uno sosteniendo la masa enorme de teta con la palma y apuntando con su pezón hacia mi.

N: ¿Querías leche, no? Mis chiches aún dan una poca, anda, intenta a sacarla.»

Yo como zombi me acerco a ella, pongo mi boca en ese pezón y comienzo a menear mi boca en él, la chupo con algo de torpeza, ella me dice que primero se la prepare un poco, que pase la lengua y con mi baba le lubrique la areola y el pezón, me dice como lamerla, como presionarla con mis labios, como distribuir mi saliva en ella, yo obediente sigo las instrucciones, ella me dice que ahora si comience  a chuparle la teta, aprisiona su pezón con sus dedos índice y medio y me pongo a chupar delicioso, resulta que sí, aún dan leche esas deliciosas ubres, la chupo y bebo de esa leche materna, me sabe diferente de la leche de marca pero me sabe rica, así estoy pegado a esas deliciosas chichotas un buen rato hasta que mi tía, roja y jadeante me dice que por ese día ya fue suficiente, me despego y ella baja su bra y lo acomoda y baja la blusa, así se suceden varios días de ir a casa de mi tía, donde ya me esta esperando y me da a comer sus deliciosas chichotas, lo único que no me gusta es que en cuanto ella comienza a jadear y a gemir termina la hora de lactancia y la realidad es qué, a los diez años, yo quiero más que sólo mamar chiches, yo quiero coger.

He de llevar casi dos semanas de ese periodo vacacional y poco más de una chupándole las chiches a mi tía Naty cuando un día aparece en el negocio mi tía Brenda (Hermana menor de Naty, la segunda de las tres hermana, a saberse son cinco hermanos, Natalia que es la mayor y en promedio veinte años mayor que yo, Brenda con dieciséis años de ventaja sobre mi, es la segunda, después mis tíos los cuates que son doce años mayores que yo y finalmente Lina, ocho años mayor que quien escribe; y sí, con Natalia, Brenda y Lina viviré momentos de deliciosa perversión y depravación en algún momento, momentos que ya comenzaron), Brenda llega al negocio y le pide a mi tía Martina permiso para llevarme a que le ayude a su casa – cuarto (Que comparte con sus padres y hermana menor) a alcanzar algo que esta debajo de una cama, al conocernos de toda la vida y al llamarlos yo tíos por años no hay desconfianza, así que me dan la orden de ir a ayudar a Brenda), en el camino me dice que es una caja y que ella no la alcanza, que alguno de sus hermanos la habrá arrinconado al buscar algo debajo y explicaciones así, llegamos al cuarto y me dice en que cama quiere que me meta, yo muy diligente y obediente me meto bajo la cama y veo una caja de zapatos que efectivamente esta hasta el fondo, al salir de debajo de la cama viene la sorpresa.

Brenda: (Ha cerrado la puerta, esta sin blusa y sin bra) Ya te vi lo que le haces a Naty cada que se van a la casa de tu tío.

Yo: (Con cara de asombro al ver un par de tetas generosas, con los pezones pequeños como gomas de lápiz y unas areolas entre pequeñas y medianas de color café con leche) ¿Q-q-qué?

B: No te hagas, te he visto chuparle las chiches a mi hermana.

Y: N-n-no

B: ¿Entonces si le digo a Marcelo (Mi tío) y a Martina también les dirás que no es cierto?

Y: ¡No, no tía Brenda, no les digas!

B: No digo nada, pero enséñame como le chupas las chiches a Natalia.

Brenda se sienta en el borde de la cama, yo me acerco a ese par de meloncitos y comienzo a chupetear como me enseño Naty, Brenda me acaricia suavemente el pelo y comienza a suspirar levemente.

B: ¡Qué rico chupas, papacito! ¿Así te enseño Natalia?

Y: (Sin dejar de chupar esa teta firme) ¡Mmmm-a-ha!

B: ¡Qué rico! Chúpala como le chupas a Natalia, anda.

Mientras chupo una de esas hermosas tetas siento la mano de Brenda pasando cerca de mi pitito, por encima del pantalón, lo comienza a tentar suavemente con la tela, la realidad es que lo tengo muy erecto y durito.

B: ¡Mira! ¿Quién te viera? Semejante cabroncito jugando al inocente ¿También se te pone duro mientras se las mamas a Natalia?

Y: Mmmm-a-ha

B: A ver, déjame verlo. (Abre mi pantalón y lo baja junto con la trusa, me deja expuesto mi pitito y lo comienza manipular con las yemas de sus dedos). ¡Qué rico pitito tienes, pendejito!

Y: (Empezando a sentir un hormigueo en mi base y mis huevitos y medio jadeando) ¿Qué me vas a hacer tía Brenda?

B: Nada que no disfrutes, pendejito. (Mi primer contacto con una hembra caliente, pervertida, soez, mal hablada, después del pendejito vendrán todo tipo de palabras de «amor», y que, gracias a Brenda, descubrí desde esa edad que me gustaba que me hablaran así.)

Y: Tienes unas chiches muy hermosas, tía Brenda (Me vuelvo a pegar a seguirle mamando la chiche, mientras mi mano se apodera de la otra que esta libre.)

B: ¡Ay, así pendejito! ¿Quién te dijo que agarraras la otra mientras mamas una? Eres una delicia, te voy a volver un cabroncito adicto a mis chiches ¡Así, así, así, mámamelas, chúpamelas, anda pendejito!

Yo mientras la escucho siento su mano, o mejor dicho sus dedos apretarme la punta de mi pitito, la siento tomar con las yemas mi tronquito y comenzar subir y a bajar la piel, me están chaqueteando por primera vez; me empuja, me saca de su chiche y me dice que nos acomodemos mejor, ella se quita la pantaleta y deja al descubierto una mata de pelos negros, se sube a la cama, se acomoda unas almohadas apilándolas, se sube la falda, me dice que me quite bien el pantalón y la trusa y que de paso me quite todo, me quiere desnudo, obedezco y me saco todo, zapatos, calcetines, todo, un pequeño niño gordo (Sí, yo era un niño gordo) desnudo, con un pitito erecto a punto de iniciar a coger con una putaza enferma y desquiciada.

B: ¡Así pendejito! Ya veras que estaremos mejor así.

Y: Eres muy bella, tía Brenda.

B: No me digas tía, sólo dime Brenda, pendejito.

Y: Si tí-a, si Brenda.

B: Así, mientras estemos así no soy tu tía, soy solamente Brenda. Ven, chupa más mis chiches, pendejito. Acomódate para que me las mames y yo pueda jalarte ese pito rico.

Mientras le continuo mamando las chiches ella se deleita chaqueteándome y sobando mis huevitos, me acaricia las piernas, pone una de sus yemas en mi culito, lo presiona pero no mete su dedo, regresa a manosearme la verguita.

B: Yo creo que ya podemos intentar otra cosa, pendejito.

Y: ¿Qué Brenda?

B: ¿Te gustaría que te mamara yo ahora?

Y: ¿Cómo?

B: Ven, párate frente a mi (Yo sigo instrucciones solamente), así pon tu pito enfrente de mi cara y baja (Me comienzo a acercar a su cara y siento un lametón en mis huevitos) ¡Así pendejito! Quiero chupártelos por qué van a ser los ganones ¡Esos ricos huevitos van a ser los ganones!

Ella me atrapa los huevitos en su boca, me los chupa, me lame el pitito, siento como me succiona con avidez, es una puta enferma y me esta gozando como ella quiere y yo también me estoy dejando pervertir.

Y: ¿Qué te estas haciendo, Brenda? (Voltee y vi su mano en medio del matojo de pelos, sobándose con frenesí)

B: Me estoy tocando la verija, también quiero sentir rico, pendejito.

Y: ¿Puedo ver?

B: ¿Quieres verme la verija? Eres un pendejito muy curioso, no pensé que me fueras a salir tan cabrón y tan curioso. Date la vuelta y a ver si llegas a ver como tengo la verija, así me la pones, niño pendejo.

Me volteo, me acerco a su entre pierna, me invade el aroma de sus jugos, de su excitación, es nueva esa sensación y siento una punzada en mi pequeña verga solamente por el aroma; veo su mata de pelos negros crespos, me asomo y al intentar ver quedo en una posicion casi en cuclillas frente a su cara, con la verga durita apuntando a ella, los huevitos en su boca y… mis nalgas abiertas, mi culito de niño queda expuesto y es una oportunidad que ella no va a desperdiciar; veo su mano frotar su panocha, sus pelos están mojados y brillantes, me acerco más y al acercarme se abren más mis nalgas, la siento chupar mi pitito, lamer los huevos e irse de largo, su lengua pasa por mi culito, lo lame, lo puntea.

Y: ¡Ay!

B: ¿Qué pasó, no te gusto putito?

Y: Se sintió extraño

B: ¿Te gusto o no te gusto, cabroncito?

Y: (Con pena) Sí.

B: ¿Te gusto que te lamiera el culo, putito?

Y: Sí.

B: ¡Dilo, pendejo, dilo putito! ¡Dime que te gusto que te lamiera el culo!

Y: ¡Me gusto que me lamieras el culo, Brenda!

B: ¿Y así, te gusta? (Me pone la punta de la lengua en el orificio del culo y la empuja)

Y: ¡Sí me gusta!

B: ¡Nada más no te me vayas a volver joto, cabroncito!

Y: No Brenda, joto no.

B: ¿Vas a ser mi putito?

Y: Sí Brenda

B: ¡Dímelo!

Y: ¡Soy tu putito, Brenda!

Mientras ella esta chupando mi verguita y mis huevos y lamiendo y picando mi culito comienzo a sentir un deseo irrefrenable, quiero hundir mi cara en su panocha, quiero lamerla, quiero saber a que sabe, no me espero, le quito la mano, hundo mi boca inexperta en medio de sus pelos y comienzo a besar, a lamer, a chupar, sigo sólo mi instinto, la escucho gritar, callarse de golpe y jalar aire.

B: ¡Qué cabrón hijo de la chingada saliste, pendejo!

Y: ¿No puedo hacer eso Brenda? (Le pregunto mientras aún esta medio en shock.)

B: ¡Eres delicioso pinche escuincle depravado! ¡Yo pensando en que eres inocente! ¿Quién te enseño a hacer eso?

Y: Nadie Brenda, sólo se me ocurrió y lo hice

B: ¿Se te ocurrió?

Y: Sí.

Brenda me hace a un lado, se levanta de la cama, termina de desnudarse y se vuelve a tumbar, las piernas abiertas con las plantas de sus pies en la cama y las rodillas apuntando al techo, me dice que me acerque y que la mame de la panocha, como lamí y mame sus chiches, yo lo hago, dejo salir el puro instinto, ella hace correcciones de vez en cuando sin dejar de decirme que soy un pendejo, un cabrón, un hijo de la chingada, un pinche niño enfermo y depravado, no sé por qué pero escucharla hablarme así me hace querer hacerle más, lamerla más, llega a un punto donde ya no se contiene, me toma la cabeza, me la presiona contra su panocha, se crispa, arquea la espalda y también gruñe, jadea, suspira, gime, me dice cosas calientes y ricas y depravadas, y se desploma; de la punta de mi pitito chorrea una baba transparente, casi liquida, me llama, me abraza, me besa en la boca, un beso como los besos con mi prima cuando más chico.

B: ¡Eres bien cabrón, Dieguito!

Y: ¿Por qué Brenda?

B: Me hiciste llegar, termine muy rico.

Y: ¿Cómo llegar?

B: Cuando una mujer siente lo que me hiciste sentir, decimos que nos venimos o que llegamos o que nos vaciamos, y tú me hiciste vaciar muy rico, tus huevitos si van a ser los ganones cuando avienten leche.

Y: ¿Cómo que cuando avienten leche? ¿Así? (Me levanto y le enseño la baba que colgaba de mi pitito y que esta ahora pegada a mi pierna aún unida por un hilo a la punta de mi verguita.)

B: ¡Qué cabrón! ¿Te salió baba? Ven aquí (Me acerco y me lame la pierna y recoge el hilo hasta la punta de mi verguita, se ve que la degusta, le brillan los ojos, pero se controla.)

Y: ¿Es malo que me salga eso?

B: No, pero tus huevitos aún no producen leche como tal. ¿Sentiste cuando se salió?

Y: Sentí como si me hiciera pipi pero en pausas.

B: Esta bien, Dieguito ¿Si sabes que esto que sucedió es nuestro secreto verdad?

Y: Sí tía Brenda (Dándole a entender que comprendía que ya volvía a ser tía Brenda en ese momento)

B: Muy bien, Dieguito.

Nos paramos de la cama, recogimos la ropa y me ayudo a vestirme, me puso mi trusa, mi pantalón, los calcetines, la camisa y me arreglo y me puso un poco de un perfume que tenia su papá, y yo también sin saber por qué la ayude a vestirse, le acomode la pantaleta para que metiera sus pies y se la subí, le sujete el bra mientras lo abrochaba en su espalda, le ayude con la falda y la blusa y le puse sus zapatos de piso que usaba como cuando le miden las zapatillas a la Cenicienta, estaba por salir cuando me llama, me regreso, me toma por la barbilla, me da un beso profundo y me despide con un ¡Eres un cabroncito tremendo!

Brenda me enseño a coger, a tocar, a mamar, a lamer, a meter la verga, cogimos hasta mis doce años; fue un periodo vacacional en el que me salió leche, ya no solamente aquella especie de baba y ella dijo que había esperado por ese momento, fueron las ultimas veces que cogería con Brenda ya que ella en ese periodo vacacional me haría cogerla casi a diario hasta estar segura de que quedaba preñada, ese periodo vacacional intentare narrarlo y resumirlo en una siguiente entrega, y espero que esta parte sirva de referencia y explicación más adelante del por qué me gusta que me hablen (Y hablar) soez y vulgar cuando me caliento.

Se aceptan comentarios, ojala les haya gustado la narración de esta parte de mi vida y de mis inicios en la perversión y depravación.

47 Lecturas/2 marzo, 2026/0 Comentarios/por Lustin76
Etiquetas: hermana, hermanos, maduro, mayor, mayores, primos, recuerdos, vacaciones
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