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Heterosexual, Masturbacion Femenina, Masturbacion Masculina

Las reminiscencias de Nancy

Hace casi tres años murió Carmen, una antigua compañera del trabajo, 14 años mayor que yo y con quien tuve relaciones estando ella divorciada. Ahora, su hija Nancy, 8 años menor que yo, se presenta ante mí para saber qué le di a su mamá..
La última semana del año pasado, recibí por Messenger un mensaje de Nancy, hija de Carmen, una amiga ya fallecida. “El texto simplemente decía “Necesito verte, dime cuando puede ser”.

La recordé en dos momentos: cuando la conocí, a sus 15 años. Ella era una muchachita muy bonita, delgada y de piel morena. Luego, a sus 34 años, una mujer muy apetecible, cuando me habló suplicándome que fuera a darle el último adiós a su madre quien murió de una afección cardiaca. En el velatorio, cuando le di el pésame, le manifesté mi agradecimiento por el aviso ya que yo quise mucho a su madre. Nancy contestó “Lo sé, ella también a ti porque cambiaste su vida ante el derrumbe del divorcio. La animaste a superarse y ella fue feliz. Si hubo algo más entre ustedes, a pesar de la diferencia de edades, ¡qué bueno! porque ella te recordaba con felicidad”, me dijo entonces. Sólo le faltó añadir que ese recuerdo seguramente lo hacía acariciándose la vagina y las chiches.

Al recibir su mensaje, de inmediato fui a su página de FaceBook, donde la tengo “amigada” desde hace muchos años. Vi su última fotografía, de cuerpo completo. ¡Cómo se parecía a su madre!, lo digo porque ya no estaba esbelta, como siempre, pues diariamente hacía ejercicio, tanto para estar bien de salud como para mantenerse atractiva para su marido.

Recuerdo que en varias de sus fotos yo hacía comentarios como el siguiente: ¡Esa mirada y esa sonrisa! ¿Dónde la habré visto?” y ella contestaba: “En mi mami”.

Y era cierto, la mirada y la sonrisa de Carmen la había heredado Nancy.

Conforme pasaba el tiempo, Nancy se parecía más a su madre, pues su rostro embarnecía, y yo insistía en los comentarios que hacía en el FaceBook: “¡Siempre me encantó esa sonrisa! ¡Qué bueno que doña Carmen se la heredó a alguien igual de bella! ¡Hola, Doña Carmen!”. A lo que Nancy contestaba: “Ahh, gracias por recordar a mi mami. Sí, me han dicho que ahora me parezco más a ella, y para mí es un honor”.

Después vino su divorcio, pues su marido, de edad similar, se fue con una chica 10 años menor que ella. Nancy se mantuvo firme en su disciplina de ejercicios físicos, y salía con amigas frecuentemente para aparentar que no perdió algo. Yo trataba de subirle el ánimo: “Deseo que nunca se te acabe esa sonrisa alegre”.

Sin embargo, pronto decayó y comenzó a subir de peso y se le hice notar: “¡Ay, Dios! ¡Qué hermosa! La misma mirada, la misma enigmática sonrisa, y también una figura más parecida…” Ella contestó con algo de sequedad: “No seremos nada, solo madre e hija. Gracias por recordar así a mi mami. Saludos”.

Pero en esta última fotografía en la página de Nancy, solamente le faltaban algunas canas para estar idéntica a Carmen. Aunque… seguramente sí las tenía pues a la edad actual de Nancy, 37 años, conocí a su madre, pero se las teñía. Además, días antes, ella había publicado una foto de Carmen con motivo del cumpleaños de ésta y el texto “Gracias por tu ejemplo de Mamita, (fuerte, valiente, amorosa, sonriente a pesar de las pruebas y hasta dar la vida por los que amas). TE AMO, un abrazo hasta el cielo”.

Como yo estaba ya de vacaciones contesté, además de darle mi número de teléfono, “Háblame cuando lo desees, no importa la hora. Estoy para ti donde y cuando lo necesites”.

Ya era media noche cuando puse el mensaje, y a los pocos minutos sonó mi teléfono.

–Buenas noches, Ber, soy Nancy –dijo pausadamente.

–Buenas noches, preciosa. Estoy para servirte –contesté con voz alegre.

–Gracias. Por ahora, sólo quiero hablar un poco, o un mucho, no sé. Quiero un interlocutor que me aprecie, aunque sea por el recuerdo de mi madre –dijo con voz quebrada.

–Te escucho, Carmen, perdón, Nancy –dije cambiando los nombres para darle a entender la cercanía que ella deseaba.

–¡Ja, ja! ¡qué lindo! Así me siento mejor. Pero yo soy yo, y mi madre es mi madre –afirmó y no supe cómo tomar la obviedad, pero me quedó claro que no quería que la confundiera.

–Entiendo, amiga –dije sin entender en realidad, pero recordé a Carmen y suspiré obteniendo otras risas de respuesta a mi suspiro.

–Comienzo. No sé si te hayas enterado que me divorcié hace dos años. Hace poco, en el cumpleaños de mi mamá, recordé que ella también pasó por una etapa similar, aunque se divorció por razones diferentes. ¡A mí me dejaron por una jovencita muy resbalosa…! –precisó y se puso a llorar.

–Cálmate, por favor, y sígueme contando –dije después de varios quejidos que escuché.

–Perdón. Recordé la fortaleza y seguridad que le diste en los momentos en que ella más lo necesitó. No me fue difícil descubrir lo que pasó…–dijo dejando un espacio para escuchar mi reacción–. Yo sospechaba algo, porque cada vez que ella hablaba de algo refiriéndose a ti, su cara se iluminaba de felicidad, pero ella te llevaba muchos años como para tener un amorío contigo, no me sonaba lógico, dadas nuestras costumbres, además de que nunca vimos que anduvieran juntos –concluyó.

–¿Y…? –pregunté, más que para obligarla a preguntarme abiertamente para darme tiempo a pensar mi respuesta.

–Pues no era fácil contestarme qué había atrás. Recordé otros momentos en que escuché, sin que se dieran cuenta que yo estaba tras la pared del jardín, con la ventana abierta, que mí mamá y Goya, su jefa, hablaban animadamente su de ti. Creí escuchar mal, pues no eran palabras usuales de mi madre, pero ella dijo “Sí, Ber es un putito hermoso” y Goya abundó “Además de atento e inteligente, te deja satisfecha”. Ya no pude oír más, pues llegó alguien más y cambiaron la plática. Entonces supuse que dijeron “bebito” y no “putito” y que se referían a tu desempeño laboral. Pero… –dijo enfáticamente e hizo una pausa antes de continuar– … la tarde del cumpleaños de mi mamá la usé para revisar unas cosas de ella: cajas de sus cuadernos de estudio y notas de su trabajo que tenía, aún después de jubilarse.

–¿Vives donde ella vivía? –pregunté.

–Sí, me dejó la casa a mí y en este momento te hablo desde la misma cama donde ella te agradeció el apoyo que le diste para terminar sus estudios –dijo, dejando claro que sabía mucho más.

–Bueno, ella me invitó para agradecerme, pero yo fui para felicitarla efusivamente –aclaré.

–Como hay sido. Estaban sus notas para hacer el vestido que usó esa noche, y sólo esa vez usó. Por si fuera poco, hizo algunas anotaciones “picantes” como “sin usar ropa interior, para que se sepa lo que quiero” También encontré el vestido y me lo probé. ¿Qué crees? ¡Me quedó perfecto!, ya engordé… Sí estoy como mi mami cuando pasó eso –aseguró, pero no supe qué trataba de decirme y se me disparó la libido recordando esa noche.

–¿Te lo probaste sin ropa interior? –pregunté con tono lujurioso.

–Of curse, Darling –contestó–. Es perfecto para pescar a un puto.

–… –Me quedé sin saber qué decir.

–¡Perdóname!, me sentí como se habría sentido mi mamá. ¡Adiós! –dijo y colgó.

Diez minutos después, me llegaron un par de fotos, de cuerpo completo, de ella frente al espejo, modelando la prenda y el texto: “¿Tan bonita como mi mami?”; “Vestida, sí”, fue mi respuesta.

Al día siguiente, a la misma hora, me llegó otra foto: Nancy, de pie frente al espejo, sosteniendo el vestido desde su pecho, pero algunas partes de la cadera dejaban ver que estaba desnuda tras el vestido. Mientras yo morboseaba con la foto, sonó el teléfono, era Nancy.

–¿Te gustó mi foto, sin el vestido puesto? –fue lo primero que dijo después que contesté–. Estaba tentada a hacerte una videollamada…

–No es necesario –repliqué–, sé que estás igual de incitante y hermosa como tu madre.

–Sí, sé que te gustaba cómo se veía mi mamá desnuda, pero, por otras notas que encontré: una impresión de un hermoso poema a unas tetas con una nota manuscrita “De Ber a Goya”, veo que te gustaba más Goya, ¿así es? –preguntó y me sentí incómodo, pero contesté con sinceridad.

–Sí, yo estaba enamorado de ella, pero ella amaba a su marido y yo sólo fui diversión, con cariño y lujuria, pero hasta ahí –expliqué.

–Supongo que para mi mamá fuiste algo similar, pero dejaste una huella tremenda en su vida –aseguró.

–Pienso que los tres aprendimos mucho sobre el amor, el sexo y el respeto –concluí.

–Respeto… Sí. Ya me siento mejor, ya no estoy triste, aunque hace dos años que no tengo sexo. Veré cómo hago para mejorar en eso sin comprometerme ni herir a alguien. –precisó Nancy–. Buenas noches.

–Buenas noches –contesté y colgué.

Llegó otra foto, esta vez Nancy estaba completamente desnuda y mostraba su hermosa sonrisa con una mirada pícara. Sin mensaje adicional. Me la jalé viéndola y recordando a su madre.

Espero que encuentre a alguien que le dé lo que necesita. Si lo requiere y me lo pide, seguramente le ayudaré…

24 Lecturas/10 enero, 2026/0 Comentarios/por Ber_El
Etiquetas: amiga, cumpleaños, hija, madre, mayor, sexo, vacaciones, vagina
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