Los abrazos de año nuevo (1)
Los lectores que me siguen saben las obligaciones sexuales que he adquirido desde hace tres años y me dan un gran placer poder cumplirlas. Sin embargo, en este cambio de año se me acumularon con motivo de las felicitaciones..
Comenzaré con el miércoles que fue el último día del año. Salí en cuanto se fue mi marido a trabajar y me dirigí al estudio del maestro Bedolla, con quien había quedado de darle un abrazo, a cuatro extremidades, obvio, para desearle un feliz Año Nuevo.
–Pensé que te iba a encontrar aún en la cama –le dije a Bedolla pues eran las ocho de la mañana.
–Me hubiera gustado que vinieras desde anoche que te hablé, querida Mar –me dijo.
–Si no te hubieras divorciado, dormirías calientito… –le dije–, seguramente tu ex sí lo hace bien –le recordé pues me había contado que ella ya tenía con quién calmar sus ganas.
–Pues hace una semana rompió con el segundo intento después de mí. Ella dice que le salieron muy cumplidores en la cama, pero sin mayor chiste –señaló encogiéndose de hombros.
–¡Ah, Dios! ¿Ellos tenían mejor desempeño que tú? ¡No mames!, ¡Preséntalos para verificarlo! –le dije carcajeándome.
–Pues después de que hablamos tú y yo, ella me habló. Charlamos como una hora. Me propuso que fuera hoy a su casa, esa que era de los dos, pero se la cedí al divorciarnos, para terminar juntos el año nuevo, incluidos hijos y nietos –explicó.
–¡Ah!, yo creía que era para dormir juntos… –dije haciendo un ademán de desprecio.
Como sea que fuera, ya nos estábamos encuerando mutuamente, porque le había advertido que no podría estar más de dos horas con él. Comenzamos a besarnos y abrí las piernas para ofrecerle el atolito conyugal que tanto les gusta a mis parejas sexuales consuetudinarias. Se abalanzó con la boca sobre mi cuca y se puso a chupar con deleite mientras que sus manos estrujaban mi pecho.
–¡El sexo oral me fascina…! –exclamó.
–A mí también y lo descubrí con Bernabé, a quien, por nada dejaré –confesé.
–Sí, ya me lo dijiste, pero tu vagina tiene un olor y sabor inigualables, seguramente porque coges mucho. Mi ex, aunque dice que la atendían bien, ni por asomo se acerca a tu sabor –expresó y me sonó raro.
–¿Te la coges, aunque ella tenga otra pareja? –le pregunté para salir de la duda.
–Sí, no podemos olvidarnos por completo y la pasamos bien. Mucho de lo que hablamos fue de las condiciones para volver a estar juntos. El asunto es que ella no quiere que le impida tirarse a alguien, si así se le antoja, y yo no había concedido, hasta que te conocí… –explicó–. Además, hace poco se divorció la profesora frondosa, de la que me preguntaste si había tenido sexo con ella y te contesté que sólo me faltó penetrarla. Vino a verme “en busca de consejo” y se lo di… Eso complementa mi deseo de seguir cogiendo con ustedes, y que mi ex tenga los “amigos” que se le antojen –explicó con cinismo y yo recordé a Tita.
–Ese cuento ya me lo sé, al menos uno de los dos se va a encabronar por los celos –dije antes de ponerme en posición de 69–. Ya verás lo que te dice en la noche, después de que yo te deje seco.
El profe se sonrió, pero continuó chupando, lo mismo que yo, hasta que ya no podíamos detenernos: Yo me estaba viniendo a chorros, llenándole la cara con los jugos que soltaba y él se vino mucho al saborear mi panocha de puta bien servida. Ambos quedamos agotados, resoplando, pero yo no sacaba su pene de mi boca y él tampoco retiraba su cara de mi pelambre. Quince minutos mamando y otro tanto descansando sin decir nada, sólo oliendo sexo hasta enervarnos. “¿De verdad los ‘amigos’ de su ex lo harán mejor que Bedolla?”, me preguntaba mientras me reponía, y eso que apenas estábamos en los de lengua, faltaban los de maciza y chorizo… “¡No!, ella quería hacerlo sentir mal o darle celos, por algo ella quería que volvieran a juntarse”, seguía yo pensando y mamando suavemente.
Les compré algo a mis tres putitas. Te tocará escoger… –dijo después de separarse y se levantó, regresando con una caja con cuatro estuches, de los cuales abrió tres. Los tres formaban parte de un juego de joyería: un anillo, unos aretes y una pulsera. “Escoge uno”, dijo.
–¡Dios mío, eso es carísimo! No parece de fantasía –exclamé al verlos.
–Son cuatro, para tres damas preciosas y muy buenas. Mi ex recibirá una de éstas, además del collar –dijo y abrió el cuarto estuche con el collar– Son esmeraldas montadas en oro blanco y con pequeños brillantes enmarcándolas.
–¡¿Qué onda?! ¡No sé de dónde sacaste esto! No sé de joyas, la más cara que tengo es una de oro y me la dio la ex de Bernabé –dije asombrada.
–Sí, son caras, pero me gané un buen premio en la lotería de Navidad. Pensé en comprar un auto, pero luego dije “No sé cuánto tiempo vaya a vivir, más vale agradecer a quien de verdad me entregó algo importante” y fui a la joyería por algo que fuera bello para ustedes tres –dijo–, y todavía me sobró para cambiar el auto.
–¿Puedo probarme todas, incluido el collar? –pregunté aún en shock.
–¡Claro que sí! –exclamó– Así, encuerada, para tomarte fotos– y fue por la cámara mientras yo me las ponía.
De verdad, no entendía esto. “¿Seré puta muy cara?”, pensaba mientras me veía en el espejo y me alumbraba el flash de la cámara. “El maestro Bedolla quiere uniformar a sus putas”, pensé. Decidí que no iba a aceptar algo de esto.
–¿Quedaron bien las fotos? –pregunté mientras me quitaba las joyas, una a una para colocarla en el estuche correspondiente y él seguía usando la cámara–. ¡Gracias! –le dije antes de darle un beso muy salivón.
–¿Cuál elegiste? –me preguntó.
–Ninguna. Entiendo que ames a tu ex: hijos, nietos, experiencias buenas, y otras difíciles que durante varias décadas vivieron. También a la maestra bonita y chichona con quien conviviste muchos años. Pero a mí… Sólo me recordaste por mi hijo y, aunque nos gustamos de inmediato, ni siquiera llevamos más de cuatro encuentros en tu cama, eso es lo único que me une a ti. No veo cómo puedo aceptarlo. No me vendo. Sí soy muy puta, más cuando me atrae alguien, pero no cobro ni espero algo más que pasión vertida en semen.
–¿Te molestaste porque dije “mis putitas”? Las tres me vuelven loco y, de las pocas mujeres que han estado conmigo, aunque lo dudes, tú eres quien más me vuela el coco. Eres la sublimación del amor, no es sólo sexo. Sí, acepto que tienes unas nalgas hermosas, que coges como una diosa. Pero entiende que para mí eres muy bella, aunque tengas estrías, pancita y celulitis, eres una mujer perfecta y tan segura de ti misma que sólo usas bilé y barniz de uñas, no necesitas más que tu sonrisa para enamorar. Por favor, acepta el regalo que busqué para ustedes tres, ¡las mujeres de mi vida! –concluyó suplicando a punto de llorar.
–Tienes razón, yo amo a tres y, quizás, ya a cuatro –dije besándolo y caímos en la cama para la siguiente prueba de amor.
Me cogió con mucha energía, el pene estaba más duro y crecido que nunca, sentía su amor en cada estocada y en cada magreada de nalgas que me daba, Yo tenía un orgasmo tras otro, pero no quitaba sus manos de mis nalgas ni yo sacaba mi lengua de su boca, la cual separó de mí sólo para gritar ferozmente cuando se vino, quedando yerto sobre mí. Sentí que, allá en la tierra, yo me asusté, pero mi verdadero ser estaba en el cielo, los orgasmos me debilitaron enormemente. Ya no hubo tiempo para el anal. Me vestí sin decir nada, solamente sintiendo el amor, tal como lo siento con los otros tres hombres de mi vida. Al despedirme tomé el estuche de los aretes y le di un último beso.


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