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Heterosexual, Infidelidad

Los abrazos de año nuevo (2)

Como ya dije, en este cambio de año se me acumularon las felicitaciones que debo dar. Continúo contando sobre otro abrazo que di a cuatro extremidades.
Al salir de la salutación al maestro Bedolla, fui a comprar algunas cosas que me faltaban para preparar la cena de Año Nuevo y regresé a casa, donde me esperaba mi hija para ayudarme en la preparación de la comida.

–¿Cómo te fue mamá? Llegué un poco antes y me puse a trabajar –me explicó y ya casi terminaba de deshebrar el bacalao.

–¡Qué bien! Fui a comprar lo que faltaba y a dar el último abono para recoger mis aretes de bisutería –dije y le mostré el estuche.

–¡Qué bellos! ¡Parecen auténticos, no de bisutería! –exclamo cuando abrió el estuche.

–Sí, ya ves que los chinos copian todo y lo hacen de varios precios. No me salieron tan baratos, pero sí dan el gatazo –le dije–. Yo estaba entre unos rojos, azules y éstos.

En ese momento, mentalmente me fijé el precio que “pagué en diez abonos de $700”, bastante dinero, pero sí podía hacer el esfuerzo. No obstante, yo sabía que el precio real era más de diez veces el que yo decía. Esperaba que nadie pudiera estimar el valor real.

Todo salió muy bien. Esa noche estrené mis aretes que me los chulearon, y supongo que también estrenaron las otras dos “putitas” de Bedolla, El jueves, al despertar, fui a confesarme con el padre Chema, pues al día siguiente sería el primer viernes de mes y debía comulgar.

Esperé a que terminara la segunda misa y, cuando el padre ya se retiraba a sus habitaciones, hablé con él.

–Padre, quiero ver si me confiesa esta mañana y también, si usted tiene tiempo, poder “cumplir mi penitencia” –le solicité.

Él se sonrió y me dijo que sí tenía tiempo. Dio instrucciones al monaguillo que cerrara el templo y que se fuera para volver a la misa de las doce. Se puso la estola morada y me pidió que lo siguiera al confesionario, donde no me hinqué al lado, sino de frente, pues yo llevaba una blusa escotada y sin sostén para darle más calor a la confesión. Después del “Ave María; Sin pecado concebido”, inició la confesión.

–Supongo que sigues viendo a tus dos amantes, ¿verdad? –me preguntó el sacerdote disfrutando de la vista en mi escote.

–Sí padre, ahí no hay algo nuevo, ya sabe lo que hago con cada uno, los pecados de siempre. Lo nuevo es que hace un mes, una semana después de haberme confesado pequé con un exprofesor de mi hijo –confesé.

–¿Con un maestro de Moncho? –preguntó, pasando una mano para rozar mis pezones que ya estaban duritos.

–Sí, hace diez años –precisé.

–¿Y hasta ahora se te antojó pecar con él? ¿Por qué? ¿Lo fuiste a buscar? –supuso, más que preguntar y me pellizcó un pezón sobre la blusa, lo que yo interpreté como un castigo.

–No, coincidimos en el jardín de la plaza –dije y conté cómo se dio.

–¡Ah! ¿Así de repente les dieron ganas y cogieron? –concluyó.

–La verdad sí, pero ninguno de los dos lo buscábamos y estoy segura que esta nueva relación es más que “ganas de coger”. Ayer lo hicimos por cuarta vez y sólo se vino dos veces, en las otras fueron tres.

–¿Cómo lo hacen? –preguntó y se soltó tres botones de la sotana.

–Siempre iniciamos con el sexo oral, a él también le gusta el atole que hago con mi marido. Ya sabe usted, es muy rico el atole que hago con mi esposo –dije y sacó su pene que ya estaba estirado.

–Sí, a todos les gusta… ¿Hoy vienes así, con lechita? –preguntó metiendo su mano por el escote de la blusa y dando jalones lentos al tronco de su pene. De donde salían gotas de presemen, ¡hice un gran esfuerzo para no chuparle el glande!

–Sí, Ramón me coge todos los días y le hice una última ordeña, antes de venir para acá. Se quedó cansadísimo… –dije y él se movió más rápido el pellejo.

–Bueno, ya dijiste que la primera con el profesor es oral. ¿Sólo tú mamas y él no? –preguntó jalándosela con más vigor y apretándome la chiche que él tenía en la mano.

–¡Claro que él también chupa!, hacemos el 69 y me vengo como regadera, ya sabe cómo soy. Después descansamos como media hora y luego lo monto, o él se sube en mí, para que la segunda venida de él y la “enésima” mía sea en mi vagina –expliqué.

–¿Co…cómo es la tercera? – preguntó tartamudeando y próximo a la eyaculación.

–De perrito y por la cola, dándome nalgadas y alabándome el trasero –dije y me saltó un chorro de semen en la cara, los dos siguientes, más débiles, le escurrieron en la mano.

Hubo un rato de silencio donde sólo se escuchaban sus jadeos y las degluciones del semen que me quitaba de la cara para meterlo a mi boca, así como el que tomaba lamiendo sus dedos. Cuando quedó limpio me santiguó y escuché “Te absuelvo de tus pecados en el nombre…” y pasó a darme unas palabras.

–Sé que tu naturaleza de puta te hace ser así, pero esfuérzate para que ya no peques tanto. Reza un “padre nuestro” y vamos a que cumplas la principal penitencia –dijo y me esperó hasta que concluí la oración pedida para subir a sus aposentos. Caminamos y la sotana se manchó con la última gota de semen que escurrió pues no se metió el falo después de la confesión

Ya estando en su recámara, se quitó primero los zapatos y luego la sotana quedando completamente desnudo. Lo veía con el pene escurrido y no me detuve para hincarme y limpiárselo con la boca. Me acarició el pelo y esperó que yo terminara.

–Gracias, preciosa Mar. Quítate la ropa mientras te sirvo una copa del vino que te gusta… –me ordenó.

Yo me encueré rápido, pero me preguntaba en cuánto tiempo se repondría. En realidad, no me importaba, yo tomaría el vino chupándole los huevos para estimularlo. Antes de que terminara mi copa, Chema tenía la verga parada, así que me senté en su regazo metiéndome la verga hasta el fondo.

–Espera, putita, quiero saborear el atole que acabas de hacer con tu marido –dijo y me descabalgó.

Comenzamos con el 69, como es debido. Orgasmeé varias veces saboreando la leche de mi esposo en la verga de Chema en las chupadas. Empezó con mi entrepierna para limpiar las chorreaduras del semen mañanero que escurrió al caminar hacia la iglesia, hasta que sorbía desenfrenadamente mis venidas que arrastraban el semen de mi esposo. Yo lamía las bolas y el tronco, que para nada perdía turgencia. Pero no se vino. Al acabar de limpiarme, me cogió de misionero hasta que eyaculó. Terminamos el vino que aún quedaba en las copas platicando un poco.

–Hoy no te daré tanto como otras veces, pues una feligresa vino a hacerme la cena de fin de año y se fue hasta la madrugada, poco antes de la primera misa –explicó para que yo no tuviera muchas expectativas.

–¿Te cogieron mucho? Seguramente se trata de una de las chicas que te ayudan en la doctrina –le dije riéndome.

–Sí, es una calentona andando, pero la viuda ya está cerca de los 40 –aclaró, pero no fue suficiente para que yo supiera quién fue la exprimidora.

–Imagínate que no te hubieras hecho la vasectomía, tendrías un regimiento de hijos alrededor de ti, así como les pasa a otros jerarcas de la iglesia… –dije recordando a varios obispos o cabezas de órdenes eclesiásticas.

Así platicamos casi media hora sobre esos temas, aunque Chema no soltaba prenda. Me ofreció más vino, pero no lo acepte, aún debía regresar a casa.

–Vamos a la ducha, quiero darte por las nalgas –me ordenó.

–Sí, pero no quiero que se me moje el pelo –dije y saqué de mi bolsa una gorra de hule. Chema se rio por mi previsión

Gozamos muy bien la enculada, incluso las nalgadas que me dio mientras me cogía y me gritaba “¡Toma, puta, toma!”, a lo que yo le contestaba “¡Sí, papacito, dame duro, soy tu Magdalena nalgona!”.

–¿No que ya no traías más leche? –le dije cuando sentí un generoso chorro de calor en el recto.

Me lavé bien el culo, pero no la pepa, quería que mi marido probara algo de la santidad que me daban por la vagina. Ya estando vestida, me dio un beso como despedida y la botella de vino que prometió darme cada vez que fuera a cumplir mi penitencia.

Al llegar a casa, Ramón aún no se levantaba, además yo estaba cansada por la desvelada y haber cogido con él y con Chema. Me metí bajo las sábanas y mi marido me abrazó de cucharita. Al rato me puso la verga en la boca y tomé mi biberón matutino, pero en cuanto se acostó me monté sobre su cara.

–Ahora tú toma atolito –le dije al tallar mis labios inferiores en su cara.

–¡Estás muy mojada mamita…! –gritó y se puso a chupar–. ¡Y muy rica!

–¿No te gusta lo que me das? –pregunté.

–Sí, pero más lo que te deja Pedro –dijo.

–Lo de Pedro lo saborearás el sábado, ¡cornudo puto. Hoy sólo traigo esto… –dije pensando en que él creía que la leche era suya.

–Pues sabe tan rica como la de él –aseguró.

1154 Lecturas/6 enero, 2026/10 Comentarios/por Mar1803
Etiquetas: culo, hija, hijo, oral, padre, semen, sexo, vagina
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10 comentarios
  1. Tita Dice:
    6 enero, 2026 en 8:33 pm

    Qué raro que tu cornudo no se dé cuenta que coges con otros, aunque le des la leche de ellos en tu pepa. Mi marido reconoce los sabores diferentes de quien me usó.

    Accede para responder
    • Mar1803 Dice:
      15 enero, 2026 en 9:34 pm

      Pues mi marido ha probado leche de burros diferentes, pero le agrada más la de Pedro, así como a Saúl le gusta más la de Eduardo, quizá por la costumbre en ambos casos…
      Además, caliente no pregunta si es de él o no, sólo la saborea febrilmente.

  2. Chicles Dice:
    6 enero, 2026 en 8:58 pm

    ¡Quiero un abrazo tuyo!, a 8 extremidades, 4 tuyas 4 mías, más mi extensión más querida por las mujeres…

    Accede para responder
    • Mar1803 Dice:
      15 enero, 2026 en 9:36 pm

      Estoy segura que sí se dará, no desesperes.

  3. Ber_El Dice:
    7 enero, 2026 en 10:09 am

    ¡Yo también quiero darte un abrazo, mi amor!
    Si vieras cuántas veces me la jalo recordándote… Ni se diga que hay una o dos en cada relato en que te leo.

    Accede para responder
    • Mar1803 Dice:
      15 enero, 2026 en 9:41 pm

      ¡Ja, ja, ja…! Parece que estoy leyendo a uno de mis fans. Ellos dicen que se la jalan ordeñándose continuamente leyéndome o mirando mis fotos.
      Te va una foto nueva. lo que se ve en mi entrada es del profe Bedolla. ¿Se te antoja?

  4. Felix69 Dice:
    7 enero, 2026 en 10:27 pm

    Ese padre Chema ha de tener lo suyo donde ya te aclientelaste cada mes. ¿Será el vino? ¿Será la leche? ¿Intrés porque te absuelva de pecados? Creo que para ti es suficiente conque coja rico y vuelves por ese palo.

    Accede para responder
    • Mar1803 Dice:
      15 enero, 2026 en 9:43 pm

      La verdad, son todas las cosas que mencionas por lo que voy con Chema.

  5. Ishtar Dice:
    8 enero, 2026 en 12:20 pm

    ¡Cómo las envidio, a ti y a Tita, amiga!: Les gusta alguien y se lo tiran. Tú hasta les asignas un día y unas horas.
    Ya te imagino haciendo tu agenda de cogederas a espaldas del cornudo: Claro, el esposo tendría sábado y domingo (excepto la hora de misa, porque esa es la hora del Señor… o de Amador si se presenta), además de todas las noches, hasta las 7 u 8 de la mañana ya que debo ordeñarlo para su deleite y el de los otros…
    ¡Qué envidia!

    Accede para responder
    • Mar1803 Dice:
      15 enero, 2026 en 9:51 pm

      No exageres, amiga. Yo me he quedado con los calzones muy mojados varias veces ante machos muy encamables, y no me he atrevido ni siquiera a insinuarme. Tita los seduce y se los tira sin mayor contemplación. Quisiera tener el encanto de ella que dispersa las feromonas de inmediato para envolver al macho que le gusta.

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