Los abrazos de año nuevo (y 4)
Pues se llegó el quinto día del año y aún me faltaban dos personas de felicitar, uno sería este día 5 y otro al día siguiente. Pues “muy resignada” acudí a dar la felicitación programada de los lunes..
Como ya dije, desde la noche anterior, le hice a mi esposo un par de ordeñas más que cayeron directamente en mi pucha y el lunes me levanté con mi leche de biberón, como me gusta. Di de desayunar a mi marido, en cuanto él salió de la ducha y lo despedí dándole un beso y apretón de pene. De inmediato me vestí y salí a tomar un taxi para llegar donde me esperaba mi amante Bernabé, en su estudio. Toqué la puerta y me abrió mi amado.
–Pasa, ricura, ya te esperábamos para hacer un rico trío –me dijo y al entrar, mientras me daba un piquito, se quitó la bata.
Yo supuse que el plural de “te esperábamos”, incluía a Amador, mi segundo amante pues otras veces lo han decidido así, por tanto, no pregunté más y me dediqué a acariciarle todo el cuerpo mientras él me encueraba. Sin ropa, abrazados con una mano por la cintura (bueno, Bernabé más abajo) y otra, yo en su verga y él en mis chiches, avanzamos hacia la recámara. Al entrar me llevé una gran sorpresa pues sobre la cama estaba sentada y completamente desnuda.
–¡Ay, qué sorpresa! –dije y me fui sobre ella para abrazarla y besarla.
–Desde temprano ya me quería correr este puto, pero era obvio que él esperaba a alguien y le pregunté si se trataba de ti –explicó–, cuando lo aceptó entendí porque ya no me dio “el mañanero”, y le dije, “yo también quiero felicitarla por el inicio de año”, te esperé, así, de entrega inmediata.
No pude decir más y me hinqué para mamarle las tetas. Yo tenía la concha al aire y Bernabé se puso a tomar el atole acostumbrado que hago con mi marido el fin de semana y se lo doy a mi amante el lunes. Teya me acariciaba la cabeza y la cara, yo, además de meterme en la boca todo lo que podía de su hermoso tetamen, al cambiar de chiche le daba una mordida suave al pezón y ella exhalaba un suspiro, señal de que le gustaba cómo la manoseaba y mordía.
Estuvimos así un buen rato. Mi gozo, además de comerme todo lo que podía de esas esplendorosas chiches era sentir la lengua de mi amado recorrerme el interior de mis piernas al limpiarme las clásicas chorreaduras de mis jugos con el esperma de mi marido. También sentí como la lengua se deslizaba desde mi cuca hasta mi ano y allí me taladraba sutilmente.
–Ahora chúpame la pepa… –me susurró Teya separando mi cara de su pecho. Abrió las piernas y se acomodó para que yo la lamiera. Tuve que bajar la cabeza y subir las nalgas. En el momento que mi boca se apropió del clítoris de la puta, sentí cómo resbaló deliciosamente la verga de Bernabé en el interior de mi vagina. Apreté con mis labios la erección del botoncito de Teyita y ella gritaba por mí que era retenida de la cadera por mi amante y se movía con furia.
–¡Qué lindas nalgas tiene esta puta! –gritaba Bernabé nalgueándome hasta que se vino junto con Teya quien, también con un grito, soltó tanto jugo como el líquido que sentí en el interior de mi panocha.
Después de tragar las delicias que expulsó Teya, me quedé quieta, en esa posición y descansé. A los pocos minutos, ellos cambiaron de lugar y sentí la tibia lengua de Teya limpiándome el semen de su exesposo. Abrí la boca al sentir en mis labios la babeante verga flácida de mi amante y la chupé para extraer lo que aún tenía dentro de ese pene cubierto con mis líquidos… Quedé agotada y dormí.
Cuando desperté vi cómo se besaban y acariciaban los tórtolos. No me cabía en la cabeza que, amándose tanto, se hubieran divorciado. No creo que Teya se haya comportado tan cariñosa con alguno de sus amantes como lo era con Bernabé. ¡Cosas de la vida!
Los miraba tan amorosos entre sí y recordaba a mi marido, a quien amo sobre los demás que me poseen y me imaginaba en sus brazos mientras mi novia me acariciaba las piernas, ella aún con la verga de su marido en el interior y resbalando el semen de su raja.
–¡Eres muy puto! Ves nalgas y no pierdes oportunidad de usarlas a tu antojo… –le decía Teya acariciándole el rostro.
–Mar las tiene divinas, cómo desperdiciar la oportunidad y mi calentura –le respondió Bernabé mientras él me acariciaba el trasero.
–Me gustó tu semen en su panocha –le dijo Teya moviéndole todo el aparato desde los huevos, antes de darle un prolongado beso salivón.
¡Que agradable es ver escenas de amor verdadero! Recordé las que, en brazos de mi esposo, veía entre Dalita y Pedro, su marido, después de habernos cogido a las dos hasta quedarse sin nada en los huevos.
Ya había pasado mucho tiempo y tenía que regresar a casa y se los dije. Teya se fue sobre la verga de Bernabé y descubrí la maestría con la que ella jugaba con los huevos y lamía el tronco de arriba hacia abajo y viceversa, deteniéndose en el glande para sorberlo. Era claro que no era vano el trabajo hecho en tantas décadas con otras vergas. La de mi amante se le puso muy dura.
–Aún queda viagra para que te des un regaderazo con ella, mi amor –le dijo Tella conminándolo a que me llevara a la ducha.
Bernabé me tomó de la mano para ayudarme a levantar “Vamos, Mar, aún me falta tu culito”, me dijo y nos metimos al baño. Teya se quedó acostada, pajeándose, escuchando mis gritos: “¡Qué rica verga tienes, puto, lléname las tripas con tu amor!” y las nalgadas que Bernabé me daba. Me vine mucho, pero no hubo leche de Bernabé, la puta sí lo usó bastante en la noche.
Al salir, Teya me esperaba con una toalla. Me secó, pero también me chupó en las tetas, lamió mis nalgas y por último se subió en mí para besarnos y frotar su pubis en el mío haciendo que nuestras matas se enredaran. Todo lo veía Bernabé, quien ya seco, tomó unas fotos más de sus putas favoritas…
Entre los dos me vistieron y en la puerta me despidieron con sendos besos y nalgadas. Llegué a casa muy cansada, temía quedarme dormida en el taxi.
–¿Se siente bien, señora? –me preguntó el taxista cuando se detuvo frente a la entrada de la cerrada donde vivo.
–Estoy bien, no se preocupe –dije, pero me di cuenta que traía las piernas abiertas y le daba al chofer una vista hasta los calzones.
–Sí, ya veo que está muy bien, pero ¿cómo se siente…? –insistió.
–También muy bien –dije extendiéndole un billete que rebasaba un poco a lo que marcó el taxímetro–Así está bien –le dije y me bajé del auto.
Al llegar a casa me quedé dormida. Un par de horas después, me levanté para hacer la comida.
Cuando Pedro dejó a mi marido en la casa, también se bajó de la camioneta.
–¿Gustas quedarte a comer? –le pregunté.
–No, solamente quería calentarle el plato fuerte a mi amigo –dijo comenzándome a magrear las nalgas, la panza y las chiches.
–¿Este quiere coger? –le pregunté a mi esposo que miraba complacido.
–Sí, pero para eso lo espera Dalita en su casa. Cuando le habló ella por teléfono le dijo que estaba muy caliente y que lo esperaría encuerada, estaba en altavoz. Se le paró inmediatamente.
–Entonces no me está calentando para ti, se está calentando para su mujer –dije y le saqué el pene lleno de presemen para mamárselo.
Cuando se lo volví a guardar, lo despaché rumbo a la salida y abracé a mi esposo para besarlo con el sabor de su amigo. Me metió la lengua por tosa las partes de mi boca saboreando la calentura de su amigo. Allí mismo nos encueramos y cogimos en el sillón.
–Sí que te mojaste con Pedro, te resbaló mi palo con facilidad –dijo mi cornudo.
Comimos una hora después y continuamos el día y la noche. Lo exprimí rico.
Al día siguiente, antes de levantarme, se la mamé para que me llenara la boca de leche. Lo mandé a la regadera y fui a hacerle el desayuno. Cuando llegaron por él, Pedro bajó a saludarme sabiendo que no traigo ropa bajo la bata. Mientras Ramón se lavaba los dientes, me besó, se relamió los labios saboreando en sabor. Cuando bajó a chupar, Ramón le dijo a Pedro, “Vámonos porque eres capaz de cogértela y se nos hará tarde”.
Apenas se fueron, yo me vestí y miré que el carro de Amador estaba al otro lado del camellón. Me puse los lentes oscuros, la pañoleta y el abrigo largo para evitar que me reconocieran cuando subiera a su auto.
–Los reyes te trajeron algo muy voluminoso –me dijo cuando llegamos a su casa.
–A ver, ¿qué será? –le dije comenzándonos a desvestir uno al otro.
–¿Te gusta…? –me preguntó cuando saltó en mi cara el falo muy erecto al bajarle la trusa.
Amador me separó para llevarme cargada a la cama y colocarnos en posición de 69.
–¡Te amo, putita! Dijo antes de ponerse a chupar mi panocha y abrevar el atole que hice para él.
–Ya mero Pedro te iba a ganar con un buen trago –le dije.
–Sí, vi que se bajó de la camioneta, y no tocó el claxon para esperar a tu marido como siempre –aclaró y siguió mamándome la pucha.
Después se volteó para besarme y penetrarme diciéndome “¡Feliz año, Mar”. Se movió hasta que se vino. Yo para entonces lo había acompañado con mis gritos “¡Vente mucho, papacito!” y orgasmos a sus gritos de “¡Puta, puta!” que él hacía en cada sumergida de palo que me daba.
Ambos quedamos débiles y dormimos abrazados. Cuando él se levantó fue a la cocina, calentó chocolate y me llamó al comedor donde tenía una Rosca de Reyes. En ese momento, vi una foto mía, enmarcada sonriendo a la cámara y, aunque no se veía más abajo, él me la tomó estando yo completamente encuerada.
–Ya vi la foto que tienes en tu buró. ¿Con esa te masturbas? –pregunté.
–No. Para jalármela me gusta pasar en la pantalla varias de las que te he tomado y algunos videos tuyos encuerándote o saltando en mi verga –contestó sin bochorno.
–¡Oh, Dios mío! Una no sabe para quién posa… –dije sonrojándome, pero recordando que no son pocos a quienes le he enviado fotos mías.
–A ver si así nos sacamos al niño –dijo, en alusión a que el siempre deseó un hijo, dándome el cuchillo para que partiera mi trozo de rosca–. Ya leí que desde fin de año anduviste dando abrazos a cuatro extremidades, eres una adorable puta insaciable dijo antes de besarme en el cachete, mientras me acariciaba el culo.
–Sí, sólo me faltabas tú, mi amor –le contesté dándole un pico en la boca.
Terminamos dándonos el chocolate y la rosca uno al otro, Yo sentada en sus piernas y él dándome chupadas en los pezones y metiendo la mano en mi mojadísima panocha. Hablamos de varias cosas, entre ellas, le conté de la reunión en la casa de mi novia Dalita y cómo me calenté bailando con Fermín, 25 o más años menor que yo, quien siguiendo las instrucciones que le dio Dalita, pues hace tiempo, cuando ellos quedaron solos en otra reunión y Pedro, el marido, estaba perdido y dormido de borracho. Ya calientes y sin estorbos, Dalita se tiró a Fermín, quien le dio semen por la vagina, al lado del esposo, hasta que ella pidió paz. Fermín se fue y hasta dos horas después, Dalita se despertó, aún con falda subida y sin calzones. Ella vio a su marido tirado en el sillón y, como pudo, lo arrastró a la cama. Lo encueró y así como ella estaba, sin calzones y sin vestido se sentó en la cara de Pedro llenándolo del semen que le escurría. Pedro trato de responder, pero se puso a mamar panocha bien servida, Se durmieron y al rato lo sintió encima y colaboró abriendo las piernas. “Olía tan rico el desgraciado que me puse a chuparle toda la cara mientras el cornudo se venía”, me contó. También dijo que en la mañana, tuvo que peinarle las cejas porque Pedro las traía con los pelos revueltos, como si sólo se hubiese puesto fijador para el pelo si peinarse.
–¡Ja, ja, ja!, ¿te imaginas? –le pregunté a Amador.
–Sí, mi amor, pero no me dijiste si el tal Fermín te calentó lo suficiente para cogerte –y recordé que me desvié en la plática.
–¡Ah, sí! Sí me cogió, ya lo leerás cuando lo publiquen. Pero para mí fue impactante pues el rorro, joven, caliente y experto, me dejó como trapo mojado en el asiento trasero y bien surtida de leche –completé.
–Seguramente Dalita le daba a beber jugo de panocha mientras él te cogía… –afirmó Amador.
–No, ella sólo veía, paseándose y animando al mozo para que me tundiera como lo había hecho con ella al terminar aquella reunión. A Dalita le tocó un poco después, ya que Fermín estaba repuesto. También le dejó la cuca rebosante de su simiente, la cual ya en su casa, se la limpié en un 69, y le di de lo que yo traía– concluí la escena.
–Ese muchacho se dio gusto con un par de maduras calientes y muy putas. ¡Es delicioso tirársela juntas, me consta!
–Sí, pero en este caso fue una después de la otra, yo no vi como cogieron ellos dos, como sí vio Dalita cuando me fornicó ese bebé.
Amador me dijo que quería volver a cogerse a Dalita, que la convenciera de volver a acompañarme con él. “¿Te la cogerías sin mí?”, le pregunté. “Sólo que tu aceptaras, pero las prefiero juntas”, contestó.
–Quiero que me des por el culo… –le pedí, pero ya no se le paró–. ¿No tomaste viagra? –le pregunté metiendo y sacando su escuálido pene de mi boca.
–No. Pero también me dejaste seco, además de las jaladas que me di leyendo y releyendo tus aventuras con Bedolla y el cura –dijo disculpándose–. Por cierto, mi amor, ¿qué te gustaría que te regalara para que lo usaras siempre? –preguntó, seguramente al recordar el regalo que me dio el maestro Bedolla.
–Un anillo discreto de platino y que tú usaras uno igual –contesté mostrándole el mío de oro que me dio mi padre al cumplir los XV.
Amador me pidió el anillo que me regaló papá para no tener que tomarme medidas. “Va otro de mis anillos. Ya te he dado otros tres…”


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