Mamá y un hombre moreno
Cuando presencié la infidelidad de mi mamá sin que lo supiera .
Mi madre es un poco más joven que mi padre. En esta historia ella tenía 32 años y mi padre 53. Él es un señor que trabaja en otra ciudad la mayor parte del tiempo, y esto sucedió cuando se encontraba fuera de casa. Mi madre tiene un físico muy deportivo; se la pasa haciendo ejercicio casi todo el día y le gusta andar en shorts y brasier o con escote pronunciado, porque tiene unas tetas grandes y firmes.
Cuando ocurrió esto yo tenía 16 años. Estaba en la escuela, pero ese día unos amigos y yo decidimos escaparnos del colegio para ir a jugar fútbol. Después del partido cada uno se fue para su casa y yo regresaba solo a la mía. Al llegar vi que frente a mi casa estaba parqueada una moto que nunca había visto. Pensé que algún vecino la había dejado ahí y no le di mucha importancia. Busqué mis llaves en la mochila, pero no estaban. Entonces decidí rodear la casa por la parte de atrás, donde pasa un canal. Escalé el muro que daba al patio trasero. Cuando entré, escuché que había dos personas hablando. Me acerqué sin hacer ruido y vi que era mi mamá con un joven moreno, alto, de unos 26 años, sentado a su lado en el sofá de la sala. En ese momento recordé que desde la ventana exterior de la cocina se ve directamente la sala, así que fui hasta ahí, escalé y me puse a observar.
Estaban hablando de lo aburrida que se sentía porque mi padre se había ido de nuevo. Entonces él empezó a acariciarle las piernas y luego la besó apasionadamente. Mi madre cedió ante esa provocación. Yo no sabía si intervenir, si hacer algo para detenerlo, pero nunca fui capaz de actuar.
Pasaron varios minutos así, cuando aquel hombre empezó a quitarle la ropa deportiva a mi madre, dejando al descubierto esos grandes pechos que tenía y un culo parado, suave y bien redondo. Ella lo desnudó a él, revelando un cuerpo no tan marcado pero sí atlético, y una verga un poco más grande de lo común. En ese momento mi corazón latía a mil por hora porque no sabía qué hacer. Siguieron con sus besos apasionados hasta que mi madre abrió sus piernas, dándole la señal para que, de un solo empujón, la penetrara sin condón. Empezaron a tener sexo; mi madre lo miraba con cara de gusto y sumisión. Aunque no podía observar muy bien, se oía en toda la casa cómo era penetrada con fuerza. Así estuvieron durante un rato, hasta que él la sacó, volteó a mi madre y la puso en cuatro.
Volvió a meter su verga en su vagina, haciendo que sus nalgas rebotaran y se pusieran rojitas por las nalgadas que le daba. Yo observaba en silencio, sin poder moverme, con una erección cada vez más notable. De un momento a otro él se vino dentro de ella y ambos se estremecieron.
Mi madre le limpió la verga con la boca y luego se vistieron. Él se fue y ella subió al segundo piso. Esperé un rato, di la vuelta y toqué la puerta. Mi madre me abrió, ya duchada, y me preguntó por qué había llegado tan temprano. Le dije que se habían acabado las clases antes de tiempo.



Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!