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Heterosexual, Incestos en Familia, Infidelidad

MARCELITA 2026 – Capítulo 02: El más dulce de los perfumes.

La dulce historia de amor entre una niña y un hombre (M32 / g8-9yo)..
Capítulo 02: El más dulce de los perfumes.

Una semana había transcurrido y Fabián ya se estaba acostumbrando a la rutina de su nuevo trabajo y a su particular interés por Marcelita. La idea de acercarse a su madre para frecuentar a la niña le seguía dando vueltas en la cabeza. De momento se conformaba con verlas llegar por la tarde y buscaba cualquier pretexto para pasar más tiempo en la oficina de Camila. Se deleitaba viendo a la niña en su uniforme escolar, pero quería más y por eso había decidido dar el siguiente paso en su siniestro juego de seducción.: en una de las idas y venidas a la oficina de Camila, este le propuso que los tres fuesen a por ese café a manera de agradecimiento por las atenciones de Camila. Esta aceptó sin pensárselo puesto que lo vio como un gesto de gratitud del nuevo compañero de oficina in saber las verdaderas intenciones de su colega, y pactaron ir a cenar al finalizar la jornada laboral.

La niña había estado atenta a toda la conversación, fingiendo hacer sus tareas en la pantalla del ordenador de su madre. Podía sentir cómo los nervios comenzaban a aumentar en su pequeño cuerpo a medida que se acercaba la hora de la cita. No entendía del todo por qué, pero la presencia de Fabián y la idea de estar con él, aunque fuera en compañía de su madre, la ponían muy nerviosa.

Habían pactado encontrarse en el food court de un centro comercial cercano a las oficinas a las 8:15 de la tarde. Fabián había intercambiado números de teléfono con Camila para coordinarse mejor para la cita. La pequeña no dejaba de pensar en la mirada intensa y penetrante que Fabián le había dirigido mientras charlaba con su madre. Podía sentir cómo sus ojos se posaban sobre ella cada vez que se cruzaban en la oficina, y eso hacía que se sintiera aún más inquieta.

Fabián estaba emocionado por ver a la niña de nuevo. Había elegido ese lugar para su encuentro porque sabía que allí podrían mezclarse con la gente sin llamar mucho la atención. Estaba ansioso por estar cerca de Marcela de nuevo y poder contemplar su hermosa carita de cerca. Sabía que debería tener cuidado y ir con lentitud para no alertar a Camila de sus verdaderas intenciones con su querida hijita.

Mientras tanto la niña no entendía del todo porqué su presencia la ponía tan nerviosa y alterada. Solo sabía que la miraba de una manera muy especial y diferente a como la miraban los demás hombres. Y eso hacía que se sintiera extraña y confundida..

Cinco minutos después de la hora pactada, Fabián quien ya estaba en el lugar, alcanzó a distinguir a la distancia a Camila y cogida de su mano a la niña. Se encontraron y se sentaron a tomar un café y unos bocadillos. A la niña le pidieron su Milk Shake favorito.

Fabián y Camila habían estado charlando trivialidades de la oficina mientras la pequeña Marcela escuchaba en silencio. En un momento dado, Fabián decidió intentar incluir a la niña en la conversación, aprovechando cualquier oportunidad para contemplar su angelical rostro de cerca.

-«Marcelita, ¿y a ti qué te gusta hacer en tus tiempos libres?», le preguntó Fabián con una sonrisa amigable. «Pues ver TV y jugar en el ordenador o el móvil de mamá», contestó la pequeña con sinceridad y sencillez. Fabián, con la intención de conocerla más y encontrar un punto de conexión con ella, prosiguió con su trivial cuestionario:

-«Y, ¿te gusta practicar algún deporte o danza?»

A lo que Marcela contesto con una sonrisa tímida y emocionada: -«Pues el baile me llama la atención. Me encanta bailar ballet… Peeero, mi ma no tiene tiempo de llevarme a las clases de ballet a las que van mis amiguitas por las tardes.»

Camila intervino para justificarse: «Claro mi amor, es que entre los dos trabajos apenas y me queda tiempo para organizar las cosas en casa, hacer la comida y la compra.» Marcela solo frunció el ceño y entrecruzó los brazos, típico gesto infantil que a Fabián le sacó una auténtica sonrisa. Camila lo vio y su reacción fue la de continuarse justificando: «A veces me gustaría tener más tiempo para cosas de la niña, pero ya ves, en estos tiempos cada hora trabajada cuenta, no me puedo dar ese lujo, al menos no de momento».

Fabián se sorprendió gratamente al escuchar la pasión y entusiasmo con la que la niña mencionaba la danza. Vio que podría ser una excelente oportunidad para acercarse aún más a ella y ganarse su confianza. Sabía que podría ofrecerse a llevarla a clases de ballet o a comprarle ropa y accesorios para sus presentaciones.. Mientras tanto, Camila no sospechaba nada de las verdaderas intenciones de su colega y amigo. Estaba ajeno a las miradas lujuriosas y los pensamientos obscenos que Fabián tenía hacia su querida hijita. Estaba concentrada en la conversación que mantenían y en disfrutar de esa noche de salida en familia.

Fabián sabía que debía ir con cuidado y lentitud para no alertar sospechas de su comportamiento. -«Ya veo, Camila. Oye, pero no te preocupes porque yo podría llevarla por ti a las clases, total yo salgo de trabajar a las 4:30 de la tarde. Esa es mi hora real de salida jajaja.» Camila comprendió entre líneas que toda esa semana Fabián había estado saliendo mucho más tarde de su horario regular solo para habituarse más a su nuevo trabajo y no le tomó mayor importancia. Lejos estaba de conocer las verdaderas intenciones de Fabián. -«Te lo agradezco Fabián, pero, llámame anticuada o lo que sea, lo que pasa es que soy demasiado desconfiada y no me siento cómoda de que mi niña vaya sola sin mí por allí, espero que no te lo tomes a mal…».

-«¡Para nada, Camila! De hecho, tienes toda la razón. Me disculpo por mi atrevimiento, yo solo pretendía ayudar…» Camila, conmovida con la respuesta de Fabián a su negativa y creyendo que quizá había sido demasiado dura y desconfiada a las primeras de cambio, matizó: -«Ahora bien, yo creo que más adelante y si Marcelita me saca buenas notas y es responsable con sus tareas, lo podemos ir viendo. Es que yo no dejo a mi Marce en manos de nadie desconocido, pero es verdad que tú me produces confianza y creo que un poco de actividad física y extracurricular le vendría mejor a la niña que pasar toda la tarde encerrada en mi oficina».

La niña miró emocionada a Camila ante la posibilidad de asistir a clases de ballet, algo que siempre había querido desde más pequeñita. -«¡Ma! Verás que seré una niña buena para que me des permiso de ir al ballet con don Fabián.» Y dando un salto se abrazó a su madre con sus ojos a punto de llorar. Fabián había logrado sembrar esa semillita de esperanza para estar a solas con Marcelita, aunque fuese solo unos minutos de camino a las clases de ballet. Otro mundo de posibilidades se abría ante sus ojos.

«Oye Marcelita, pero, ¿cómo que ‘don’ Fabián? Llámame Fabián, a secas, que tan viejito no estoy jajaja.» Los tres rieron al unísono. Cualquiera que los viese pensaría que eran una familia común y corriente compartiendo y charlando tras una larga jornada laboral y de estudios.

El encuentro estaba por terminar. Marce se había ido al área de juegos infantiles del food court hacía un rato. Fabián la miraba de reojo y no perdía detalle de la imagen de cada movimiento de la niña en su uniforme escolar. Sus ojos se clavaban especialmente en el pelo castaño claro de Marce, que se balanceaba con cada salto y giño de la niña mientras jugaba. Fabián no podía creer lo hermosa y atractiva que era esa criatura, a pesar de su corta edad. Sabía que estaba mal, pero no podía evitar sentirse atraído hacia ella de una manera desmedida y enfermiza. Fabián mantenía una apariencia de hombre educado y respetuoso, charlando amablemente con Camila sobre temas triviales del trabajo y sus planes para el futuro.

Una inevitable erección comenzaba a formársele en el pantalón, cuando… ¡PING! Camila recibió un mensaje en su móvil: se trataba del grupo de WhatsApp del trabajo en el que Fabián por obvias razones aún no estaba incluido.

-«Mira Fabián, qué bueno que te tengo adelante y así aprovecho para dos cosas», dijo Camila luego de leer el mensaje que acababa de recibir, sacando a Fabián de su trance. F: -«Sí, ¡dime Camila!» La mujer prosiguió: -«Bueno pues la primera es para invitarte a un pequeño almuerzo que solemos hacer los de la oficina para festejar a los cumpleañeros del mes. En esta ocasión ha tocado en mi casa y justo nos acaban de confirmar fecha y hora, será este sábado a las 2 de la tarde. ¿Te vienes?».

La mirada de Fabián se iluminó ante la posibilidad de conocer la casa de su niña y aprovechar cualquier descuido para estar con la pequeña. Estaba ansioso por ver de nuevo a la hermosa niña en un entorno más íntimo y familiar.

-«¡Pero por supuesto, faltaba más mujer! Nada mejor que conocerse mejor fuera del trabajo… Y, ¿cuál es la segunda cosa?».

 

C: -«Ah, nada que te agrego al grupo de WhatsApp para que no te pierdas ningún detalle de todo lo que se cuece en la oficina jajaja. ¡Entonces contamos contigo! Deja te mando la dirección a tu móvil». Los dos se sonrieron genuinamente. Realmente y al margen de todo, la relación de amistad entre Fabián y Camila era muy cordial y amena.

El hombre había comenzado a ganarse la confianza de la madre de Marcelita y, sin saberlo, también el interés de la niña; este sentía que su plan marchaba por muy buen camino. Camila por su parte se comenzaba a hacer una imagen de Fabián de un hombre bueno, buen compañero de trabajo y muy amable persona. La niña ya había vuelto a la mesa y los tres daban por finalizado el encuentro, despidiéndose hasta el día siguiente y reafirmando el próximo encuentro fuera de trabajo en casa de Cami y Marce ese próximo fin de semana. Fabián le dedicó una especial sonrisa a la niña y se despidió con un -«Ciao, princesa!»

Esa noche, Fabián no podía sacarse de la cabeza la imagen de la hermosa Marcela. Su mente estaba llena de pensamientos lujuriosos y deseos que lo mantenían despierto y ansioso. Ver a la pequeña jugando con inocencia en los juegos infantiles del centro comercial y cómo se portaba como una niña común y corriente durante la cena, había encendido aún más su obsesión por ella.

Mientras yacía en su cama, Fabián no dejaba de darle vueltas a la idea de si sería posible enamorarse de una niña de tan solo 8 años de edad. Sabía que era una relación completamente prohibida y tabú, pero la inocencia y pureza de Marcela lo atraían como un imán. Esos mismo factores lo hacían sentir cada vez más predispuesto a dejar que las cosas fluyeran natural y espontáneamente, sin presionar demasiado la situación. Aunque Fabián no estaba seguro de si Marcela llegaría a aceptar alguna vez una relación tan peculiar, percibía cómo la niña se ponía nerviosa y tímida en su presencia. La sola idea de que la pequeña pudiera llegar a mirarlo de otra manera, con otros ojos, lo llenaba de una emoción y una excitación incomprensible. Fabián decidió entonces que llegaría hasta donde las circunstancias lo llevaran, sin forzar la situación y dejando que todo fluyera de manera natural y espontánea..

Marcela por su parte mientras yacía en su cama no dejaba de pensar en su encuentro con Fabián en el centro comercial. Una extraña y fuerte sensación revoloteaba en su pequeño estómago cada vez que recordaba la sonrisa y la cálida despedida de Fabián. «Ciao, princesa», había dicho él con aquella voz tan varonil y atractiva que la hizo sentir cosas nuevas y desconocidas para su corta edad. La pequeña se daba vuelta en la cama, incapaz de sacarse de la cabeza la fragancia masculina de Fabián. Era una mezcla de loción de afeitar, jabón y un toque de algo más que la pequeña no podía identificar pero que la hacía sentir segura y protegida. Fabián siempre olía tan bien y era tan amable con ella que no podía evitar sentir una atracción especial hacia él.

Mientras se dormía poco a poco, la mente de Marcela evocaba una y otra vez la sonrisa de Fabián, sus ojos amables y su manera de tratarla con tanto cariño. Ella se sentía especial a su lado, como si de verdad fuera su princesa, tal como él la había llamado. Cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño, con una sonrisa tonta en los labios al pensar en Fabián y en su adorable despedida. Sabía que algo especial estaba sucediendo entre ellos dos, aunque aún no pudiera entender del todo lo que era. Con un suspiro, se quedó finalmente dormida..

Pasaron los días de esa semana y entre eventuales encuentros en los pasillos de la oficina, Fabián y Marcela ya no eran dos desconocidos, sino que tenían ya algún grado de confianza al punto en que se decían “Fabi” y “Marce”. Ambos sabían que el sábado se iban a ver en casa de Marcela, y eso los emocionaba sin decirlo.

Definitivamente Marcela era una tierna niña que empezaba a convertirse en una mujercita. Ponía más esmero en arreglarse su cabello y hasta en la manera de vestir su uniforme. Sin saber por qué, quería parecer más grande de lo que era frente a Fabián.

Como no podían estar tiempo a solas, eso aumentaba más la curiosidad por lo prohibido. En uno de esos largos momentos en los que Marcela se la pasaba en la oficina de su madre, sin darse cuenta en una página completa de su cuaderno de Ciencias había escrito varias veces el nombre de Fabián con un corazón en lugar del punto de la i. Hacía esas cositas de enamorada. Claro estaba que ninguno le diría al otro, pues para Fabián era solo una fantasía y no quería dañar con nada a la niña, y para Marcela era un sentimiento desconocido y difícil de interpretar, que además no estaba bien por lo que Camila siempre le había inculcado y porque pensaba que Fabián jamás se fijaría en una pequeña mocosa de 4to. de primaria. Sin embargo, a Fabián le encantaba verla en uniforme, le encantaba ver la inocencia de esa niña para luego pensarla en la cama y devorando su vaginita.

Para Marcela, sin mucha claridad en su mente, le encantaba la manera de vestir y de manejarse de Fabián, pues sin comprender aún su deseo sexual, le encantaba ver la entrepierna y las piernas de Fabián cuando usaba pantalones de vestir, pues veía unas piernas fuertes y masculinas. También le encantaba la manera en que la camisa de vestir se le ajustaba a sus fuertes brazos. Durante las mañanas en el colegio, la niña solo quería que llegase la tarde para ver a Fabián. El deseo y el instinto sexual creció mucho esa semana, ahora había llegado el sábado y seguramente algo sucedería entre esa niña y ese hombre..

—-

Había llegando el ansiado momento: el sábado por fin estaba aquí. Fabián se encontraba en su habitación, terminándose de arreglar para la reunión en casa de Marcela. Desde temprano esa mañana había salido a correr con frenesí, tratando de descargar toda la tensión y ansias que sentía por ver a su amada princesita. Se preguntaba con cierta excitación cómo estaría vestida la pequeña ese día, ya que hasta el momento solo la había visto con su uniforme escolar y de educación física. Mientras se ajustaba la camisa, Fabián no dejaba de pensar en la hermosa y dulce carita de Marcela, en su piel suave y tersa, en sus piernitas delgadas y en esas nalguitas respingonas que tanto deseaba estrechar entre sus manos. Sabía que lo que sentía por ella era completamente descabellado y moralmente incorrecto, pero no podía evitar dejar fluir sus más oscuros y prohibidos deseos.

Se cuestionaba una y otra vez cuándo había pasado a sentir un deseo sexual tan intenso por una niña de tan solo 8 años que ni siquiera el busto tenía desarrollado y que tampoco tenía ni de lejos las típicas curvas voluptuosas de otras mujeres con las que estuvo durante su vida. Era consciente de que su atracción por Marcela había superado los límites de lo que se consideraba aceptable en la sociedad y que podría ser calificado como un grave caso de pedofilia. Aun así, no podía negar que se sentía irremediablemente atraído por la inocencia y pureza de esa hermosa criatura.

Finalmente, con un suspiro mezcla de excitación y nerviosismo, Fabián terminó de arreglarse y se dispuso a partir hacia la casa de Marcela. Sabía que esa tarde podría suceder algo especial entre ellos dos, algo que cambiaría sus vidas para siempre. Con el corazón acelerado y una erección evidente en sus pantalones, Fabián se subió al auto y puso rumbo hacia su destino, ansioso por ver a su pequeña amada.

Llegada la hora indicada, allí estaba Fabián subiendo en el elevador del edificio de Marcela. Llevaba el estómago revuelto y el corazón a mil, pues la emoción y la ansiedad lo desbordaban. Llegó hasta la puerta, llamó al timbre y esos segundos fueron eternos hasta que la puerta se abrió: era Camila. -«¡Bienvenido, Fabián! Eres el primero en venir, pasa adelante y ponte cómodo a la mesa.»

Al entrar en la casa, Fabián buscaba con la mirada a su Marcelita, todo su ser deseaba verla y tenerla cerca, y aunque estuviesen acompañados, había planeado buscar la manera de estar solos por lo menos un par de minutos para hablar con ella a solas. Un minuto después comenzó a llegar el resto de invitados.

Fabián saludaba a sus compañeros y su ansiedad por ver a la niña crecía, pero creía que preguntarle por ella directamente a Camila podría levantar sospechas, por lo que decidió esperar. Los minutos pasaban y justo cuando se decidió a abordar a una Camila que estaba un tanto desbordada sirviendo la comida a sus invitados, esta directamente le dijo a Fabián: -«La niña no está». Esto dejó frío al hombre..

Todos sus planes, destrozados. Camila le explicó al verlo un poco desilusionado que la había mandado a casa de una vecinita para poder atender bien a los invitados, lo que desanimó a Fabián quien ya se veía con su pequeña entre sus brazos aprovechando cualquier descuido de la madre. Tuvo que disimular tremendo revés de haber estado esperando toda la semana por ese momento especial para nada. Comió un poco y trató de sobrellevar la reunión de manera natural; sin embargo, hasta pensó en fingir alguna emergencia para poder irse, total no tenía motivo mayor para estar allí. Mientras los demás compañeros departían entre ellos, Fabián fue disimuladamente al baño para poder empezar su plan de escape que consistía en decir que no se sentía muy bien de salud, una pequeña mentirita piadosa para salir de allí.

Mientras caminaba por el pasillo rumbo al baño, Fabián no podía dejar de sentir una mezcla de frustración y decepción. Había estado tan ansioso y emocionado por ver a su querida Marcela, que la noticia de que la niña no estaba en casa lo había dejado completamente helado. Todos sus planes y fantasías se habían desmoronado ante sus ojos en un abrir y cerrar de ojos. En eso vio al final del pasillo dos puertas que sin duda eran las habitaciones de la casa. Una de ellas tenía algunos pósters infantiles y de bandas juveniles de pop, sin pensarlo dos veces y movido por todo el deseo acumulado, Fabián enderezó su rumbo y se escabulló en la habitación de la niña. Cerró la puerta con cuidado de no alertar a la madre quien se encontraba departiendo con los demás invitados en la otra habitación..

Al entrar, un aroma infantil y dulce lo envolvió por completo. Las paredes estaban pintadas en vivos contrastes fucsias y rosas, adornadas con más posters de las cosas favoritas de Marcela. Al fondo pudo observar una repisa llena de libros infantiles y escolares, y en un rincón un sinfín de peluches y algo de ropa infantil desperdigada. Ahora estaba frente a la camita de Marcela, y no pudo resistir la tentación de acercarse a ella. Con manos temblorosas, Fabián palpó las sábanas rosadas que envolvían a su pequeña amada todas las noches. Se sentía en el mismísimo paraíso al estar tan cerca de su olor y de su mundo. Por instinto, tomó una almohada que estaba cerca de la cabecera de la cama y vio los rastros de saliva de la niña aún húmedos sobre la tela, y no pudo evitar olerlos profundamente. El aroma a fresa y a inocencia lo hizo estremecer de deseo y de una extraña conexión con su princesita. Sabía que estaba jugando con fuego al infiltrate de esta manera en la intimidad de la pequeña, pero no podía evitar dejar fluir sus más profundos instintos.

Era como un sueño estar en la habitación de Marcelita, pero sabía que no tenía mucho tiempo hasta que Camila detectara su prolongada ausencia. Devolvió la almohada a su lugar y sin querer observó que entre el forro del colchón y la base del mueble sobresalía un trozo de tela que capturó de inmediato su atención. Sin pensarlo dos veces, el hombre tiró de él con ansias, revelando una minúscula y delicada braguita blanca que sin duda pertenecía a su amada princesita. Al verlas, Fabián sintió que una erección casi instantánea comenzaba a endurecer su miembro dentro de los pantalones. ¡Eran las braguitas blancas que la niña escondió bajo su colchón el día que se estuvo tocando en su habitación por primera vez!

Fabián abrió las braguitas y vio que la zona del puente estaba endurecida y con una especie de baba de color blanco, con una tenue línea café en la parte de atrás. Con manos temblorosas, Fabián aproximó la braguita de la niña a su rostro y aspiró profundamente su aroma concentrado. La prenda había estado escondida por varios días bajo el colchón, lo que significaba que el olor a la dulce y pequeña rajita de Marcelita estaba aún más intensificado y embriagador. Era un perfume único y especial, a la vez salado y ácido, como el más dulce de los perfumes. Mientras inhalaba profundamente el aroma de las bragas de su amada princesita, Fabián supo que era el rastro del delicioso y prohibido jugo de la infantil Marcela, y entendió que la niña ya se masturbaba.

Con el corazón palpitando con fuerza y una erección dolorosa en el pantalón, Fabián salió disparado de la habitación de Marcela. Sabía que no podía prolongar su placer a solas en el cuarto de la niña, así que en un ataque de desesperación, se dirigió al baño con pasos acelerados. Entró y aseguró la puerta con seguro, sintiendo que finalmente podría dar rienda suelta a todos sus instintos. Mientras se tomaba unos instantes para disfrutar y explorar cada detalle de la prenda íntima de su pequeña princesita, Fabián recorría con la yema de sus dedos la tela de algodón, deleitándose con la sensación de los delicados bordados infantiles en las orillas. La sola idea de que esas mismas orillas hubieran rozado la piel tersa y suave de las piernas de Marcela lo hacía estremecer de excitación. Con un morbo incontrolable, Fabián leyó la etiqueta de la prenda, confirmando que pertenecía a una talla para niñas de 6 a 7 años. Entendió que Camila le compraba ropa interior de una talla menor a la adecuada solo para que le quedase ajustada en el cuerpo escuálido y menudo de su adorada hija. Esto lo hacía sentir aún más excitado y ansioso por poseerla por completo.

Presa de una excitación incontenible, Fabián se alcanzó a sacar su miembro pulsante del pantalón. Antes de comenzar a masturbarse, envolvió su verga con la parte interior de la braguita de Marcela, sintiendo cómo la tela que había estado en contacto directo con la vaginita y el culito de la niña rodeaba ahora su pene. Ese simple roce fue suficiente para que Fabián comenzase a emitir ahogados gruñidos de placer, sintiendo cómo su orgasmo se acercaba rápidamente. Sin necesidad de tocarse, ni de masturbarse, Fabián se corrió con una fuerza descomunal en el interior de la prenda íntima de su princesita. El baño se llenó de inmediato con los sonidos obscenos de su eyaculación retumbando en las paredes. Trató de venirse en dirección a la taza del baño para no manchar los azulejos. La venida fue masiva..

Se recompuso y se guardó el tesoro en el bolsillo, se lavó las manos, se acomodó la ropa y salió a toda prisa a la mesa del comedor. Se disculpó por la tardanza y adujo dolores abdominales. Le comentó en voz baja a Camila que ya desde esa mañana se sentía mal y que había ido solo por cortesía, que por supuesto no había sido la comida del almuerzo lo que le había enfermado. Se disculpó frente a todos y comentó que era mejor que se fuera para hacer más creíble su coartada del motivo de su excesiva demora en “el baño”. Sus compañeros le comprendieron y de esta manera se largó con un botín inesperado en su bolsillo y con la dulce experiencia de haber conocido los aposentos de su princesa, de la que ahora estaba aún más enamorado.

Al analizar lo sucedido ya en casa, Fabián se imaginó que la niña de ninguna manera estaría interesada en tener algo que ver con él y que por eso había preferido largarse donde una amiguita en lugar de recibirlo en su casa. Lejos estaba de saber que prácticamente Camila la obligó a irse, con lo desconfiada que era no había querido que Marcela estuviese en contacto con sus compañeros y además lo hizo para poder dedicarse completamente a atender a sus invitados, algo perfectamente entendible, aunque para la niña fue muy desilusionante quedarse sin ver a Fabián.

Llegado el lunes por la tarde, Fabián volvía finalmente a ver a su niña a través de los cristales de la oficina de Camila. Allí estaba Marcela, perfecta como siempre, haciendo sus tareas o simplemente pasando la tarde en el ordenador. A Fabián se le sumaba otro contratiempo, le habían llamado la atención por quedarse demasiado tiempo luego de su hora de salida, por lo que a partir de ese día iba a tener que irse a su hora (4:30pm), lo que significaba que solo iba a coincidir unos minutos con su niña durante las tardes. Por un momento pensó que el destino le daba señales de lo incorrecta que podía ser su fijación en una niña de 8 años. Ahora ya ni los encuentros casuales en los pasillos estaban ocurriendo, parecía hasta que la niña lo evitaba. Y en cierta parte así era, Marcela se sentía apenada por no haberlo recibido en su casa y por eso inconscientemente lo evitaba. Para ese momento el miedo, la tristeza y la incertidumbre ya eran una realidad presente en Fabián y Marcela. Durante todo el martes y miércoles no dejaron de pensarse.

Para el jueves Fabián estaba decidido a quemar su última bala y planeó dirigirse a Camila para recordarle lo de las clases de ballet de Marcela y que él seguía a la orden para llevar a la niña. No le importaba ya si esto le sonaría sospechoso a Camila, solo quería estar a solas desesperadamente con Marcela. Pero llegado el jueves a la tarde, la vida le tenía una sorpresa preparada.

Eran las 4:15pm y ni madre ni hija llegaban a la oficina. 4:45pm y aún sin novedades. Fabián comenzaba a impacientarse y a preocuparse. De pronto escuchó a una compañera del área de Camila que esta había faltado por razones de salud. Eso de alguna forma tranquilizó al hombre que más tarde le escribió por WhatsApp a Camila para genuinamente interesarse por su estado de salud. Camila leyó su mensaje, pero no hubo respuesta. Los fantasmas volvían a la cabeza de Fabián, no sabía hasta cuándo vería de nuevo a Marcela y la sola idea de no volverla a ver lo atormentaba. Muy entrada la noche, Fabián preparaba su ropa para el día siguiente cuando una llamada a su móvil interrumpió el silencio: era Camila: -«Buenas noches Fabián, perdón que te moleste tan tarde, pero es que ya no sabía a quién llamar.». Camila sonaba preocupada y apenada al mismo tiempo. F: -«No te preocupes, ¿pero pasó algo? ¿¡Ambas estáis bien!?». Camila lo tranquilizó y le comentó que iba a tener que permanecer al menos cuatro días en cama puesto que había presentado un cuadro de náuseas y vómitos, y que estaba a la espera de analíticas y más exámenes, una infección en las vías urinarias al parecer.

F: -«¡Cuánto lo siento, mujer! Sabes que estoy a la orden para lo que se te ofrezca.» Camila le contestó: -«Pues precisamente te llamaba para molestarte. Verás, obviamente tengo que estar en completo reposo y como no confío en nadie y al ver que eres es una persona en quien puedo confiar y que hasta se interesó por mi salud de manera genuina, con toda la pena del mundo quería preguntarte si puedes llevar a Marcela al colegio, aunque sea solo mañana por la mañana. Ya la semana que viene espero ir mejorando o buscar otra solución. Sería de que la recogieras a las 7:30am ya que tiene que estar a las 8am como muy tarde en la puerta del colegio. ¿Podrías?».
Fabián se quedó sin palabras..

Después de tantos reveses, al parecer la vida se estaba compadeciendo de él. -«Fabián, ¿estás allí?», preguntó la mujer. «Sí, sí claro que sí. Digo que sin ningún problema la puedo llevar por ti al cole los días que haga falta.» Y luego matizó para evitar cualquier sospecha: «De hecho, yo entro a las 8 a trabajar y el colegio de Marce me pilla justo en el camino.» Una pequeña mentira para disimular que por dentro se moría de la alegría. C: «¡Perfecto, muchas gracias de antemano Fabián! Iré a decirle entonces a la niña que mañana la recogerás tú y yo te la tengo con todo listo a esa hora. Muchísimas gracias, no tengo cómo pagarte…». F: «No hay de qué, tú sabes que somos compañeros y has sido muy atenta y buena conmigo, es lo menos que puedo hacer. Entonces así quedamos, que descansen bien y nos vemos mañana.»

Esa noche, Fabián yacía en su cama, sin poder conciliar el sueño. Estaba completamente emocionado y nervioso por el encuentro que tendría con su princesita al día siguiente. Imaginaba todas las cosas que le diría y las caricias prohibidas que le daría cuando estuvieran solos en el interior del automóvil. Sabía que no podría contenerse y que finalmente podría demostrarle a Marcela todo el amor y la pasión que sentía por ella.

Por su parte, Marcela también se encontraba en su cuarto, dando vueltas en su cama sin poder dormir. Estaba emocionada y excitada por el hecho de Fabián la recogiera al día siguiente para llevarla al colegio. Sabía que finalmente podrían estar a solas y tal vez, con un poco de suerte, podrían llegar a besarse o a hacer cosas aún más traviesas. La niña se tocaba discretamente pensando en ello, sintiendo cómo su cuerpo comenzaba a calentarse y a desear a Fabián.

Ambos, en la intimidad de sus habitaciones, imaginaban lo que sería estar a solas y demostrar todo lo que sentían el uno por el otro. Fabián sabía que no podría resistirse a los encantos de su princesita y que finalmente podría poseerla como había querido desde el primer momento en que la vio. Mientras que Marcela, llena de curiosidad y deseo, ansiaba el momento.. Se durmieron finalmente, soñando con el inminente encuentro que tendrían al día siguiente..

FIN del capítulo.

21 Lecturas/10 enero, 2026/0 Comentarios/por adrianam477
Etiquetas: amiguita, anal, baño, colegio, hija, madre, mayor, vecinita
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