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Heterosexual, Incestos en Familia, Voyeur / Exhibicionismo

MARCELITA 2026 – Capítulo 05

La dulce historia de amor entre una niña y un hombre (M32 / g8-9yo)..
Llegado el jueves, allí estaba Fabián a primera hora puntual a su cita con su mujercita. Ese día, Camila lo recibió y se dieron los buenos días con total cordialidad y mientras esperaban a que Marcela saliera, Camila aprovechó para invitar a Fabián a la fiesta de cumpleaños de la niña:

-«Me da muchísima vergüenza abusar de tu confianza, te lo compensaré. Sabes que estos días Marce estuvo diciendo que te invitó a su fiesta de cumpleaños el sábado y yo estuve de acuerdo, así es que tú nos dirás si tienes tiempo y nos acompañas, para agradecerte un poco todo lo que has hecho por nosotras».
F: -«No te preocupes, para nada, yo lo hago con todo el placer del mundo, no hay problema. Y lo de la fiesta, pues por supuesto, yo encantado acepto la propuesta porque después de todo somos compañeros de trabajo y hemos tenido una bonita relación de cordialidad y de amistad, tú me ayudaste muchísimo al principio en el trabajo, además no quiero decirle que no a Marce, tu sabes que ella es muy dulce… Sí, tengo el sábado libre.»

C: -«Jejeje está bien, te creo y de nuevo muchas gracias… Y sí, mi princesa es muy dulce y muy buena niña, me ha ayudado mucho estos días que he estado mala y me ha demostrado que es muy independiente a pesar de su edad… Y perfecto, entonces el sábado quedas oficialmente invitado a la fiesta, te mando la dirección del lugar por WhatsApp. Te esperamos.»

Pasaron algunos minutos y en eso apareció por el pasillo la figura infantil y adormilada de Marcela, esta vez en su uniforme de educación física compuesto por una camisa polo blanca, chaqueta y pantalón de chándal negros con vivos en rojo, calcetines y zapatos tennis blancos con detalles en rosa. Su cabello, esta vez recogido en una cola de caballo. C: -«Apresúrate Marcela que si no, no alcanzas a entrar a clases», y le puso la ‘enorme’ mochila a la espalda.

Los amantes se saludaron con la mirada y Camila cerró la puerta. Fabián y Marcela aceleraron el paso hacia el elevador y luego hacia el coche como dos adolescentes conscientes de que el tiempo apremiaba. Ya en marcha, había un silencio total y una tensión sexual casi palpable en el aire. Estaban pasando tantas cosas entre los dos, ansiaban el momento de estar a solas y empezar ese jugueteo que dejaba de lado el romance y se ponía totalmente lujurioso. La niña sabía que su hombre la deseaba y estaba lista para complacerlo, tenía la vaginita cargada de deseo y sin lugar a dudas, se iba a descargar sobre el cuerpo de Fabián..

Ni bien el coche se detuvo en el mismo lugar solitario en el que se habían parado también el día anterior, Marcela desabrochó el cinturón de su silla infantil con dedos ansiosos. Con un movimiento ágil y grácil, se trepó sobre las piernas de Fabián, quedando sentada sobre el regazo del hombre. Fabián no pudo resistir la tentación de posar sus manos sobre el trasero firme de la niña y por primera vez sintió ese culito respingón entre sus manos. Apretó con delicadeza sus nalgas redondeadas mientras ella se ajustaba en su nueva posición. Marcela, sintiendo el tacto de Fabián en su cuerpo menudo, se estremeció de placer. Sus pezones comenzaban a endurecerse bajo la tela fina de su uniforme escolar.

Se miraban fijamente a los ojos, ambos consumidos por el deseo ardiente que sentían. Fabián, con una sonrisa perversa, inclinó su rostro hacia el de la pequeña y atrapó sus labios en un beso profundo y apasionado. Sus lenguas se enredaban en una danza erótica y desordenada, probando el sabor del otro. El sabor dulce de la saliva de Marcela mezclada con el sabor más maduro y varonil de Fabián era una combinación embriagadora. La diferencia de alturas entre ellos hacía que el ángulo del beso fuera perfecto, sus bocas encajaban como si hubieran sido hechas para eso. Las manos de Fabián recorrieron la espalda pequeña y delgada de Marcela, bajando por su columna vertebral hasta llegar a la curva de su trasero. Lo apretó con más fuerza, atrayéndola hacia su cuerpo mientras la besaba con más intensidad..

Marcela, sintiendo el calor y la excitación de Fabián a través de la ropa, comenzó a mover sus caderas en círculos lentos. Frotaba su centro de placer aún sin desarrollar. Fabián echó hacia atrás el asiento del conductor para asegurar que la espalda pequeña y frágil de Marcela no se lastimara con el volante. Mientras sus lenguas bailaban en una danza erótica, Fabián comenzó a masajear con más intensidad el trasero firme y redondeado de la niña de 9 años. Sus dedos se hundían en la carne suave y elástica de sus nalgas, exprimiéndolas y separándolas con un ritmo cada vez más rápido. Marcela, consumida por la lujuria y el deseo, comenzó a mover sus caderas con más fuerza y determinación. Se sacudía sobre la endurecida entrepierna de Fabián, frotándose contra la protuberancia que se formaba en sus pantalones. Sus movimientos, cada vez más intensos y erráticos, como buscando desesperadamente alcanzar ese delicioso espasmo vaginal que la había vuelto adicta.

Sus pequeñas manos se aferraban con fuerza a los fuertes y musculosos brazos de Fabián mientras este le ayudaba a moverse. Sus manos se aferraban a las nalgas de Marcela, impulsando sus caderas hacia adelante y hacia atrás en un ritmo frenético y salvaje.. Los sonidos obscenos de los besos húmedos y las respiraciones entrecortadas llenaban el interior del automóvil.

Mientras, Fabián aprovechó para abrirle la chaqueta deportiva, dejando totalmente descubierto aquel cuello largo, pálido y vulnerable. Luego le desabotonó de gole los botones de la camisa polo, exponiendo parte de su tórax joven y suave. Fabián recorrió con besos húmedos y apasionados la piel expuesta de la pequeña, haciendo que esta echara la cabeza hacia atrás en un gesto de rendición y sumisión. La tensión entre ambos había llegado a su punto máximo. De repente, Marcela comenzó a emitir los más bestiales y primitivos gemidos de placer. Su cuerpo menudo se sacudía descontroladamente sobre Fabián mientras el placer la recorría desde su pequeño ano hasta su aún no del todo desarrollado clítoris. Se estremecía entera, consumida por el éxtasis que la invadía..

Con un movimiento intenso y frenético sobre Fabián, Marcela alcanzó por fin el tan ansiado orgasmo… M: «MHHHMMMMMMMMMM…» Un gritó de puro deseo y lujuria escapó de sus pulmones mientras su cuerpo se estremecía. Se vino con fuerza sobre Fabián, inundando el pantalón de este con sus jugos. Justo en ese momento, Fabián no pudo resistir más. Con manos temblorosas, se bajó la cremallera del pantalón y sacó su miembro hinchado y palpitante. Este quedó posicionado debajo de la empapada entrepierna de Marcela, que aún disfrutaba de los espasmos posteriores de su orgasmo. Marcela, agotada y satisfecha, se dejó caer sobre el pecho de Fabián sin fuerzas. Este la rodeó con sus brazos, sintiendo los estremecimientos que aún sacudían el cuerpo menudo de la niña..

Fabián sintió su entrepierna, pantalón y el asiento empapados… Su niña, sin saberlo, se le había venido encima. El auto de Fabián quedó inmerso nuevamente en el particular olor de una vagina infantil repleta de fluidos. Marcela se recompuso y se besaron dulce y tiernamente.

Marcela se recuperó de su intensidad orgásmica y se besaron dulcemente, sus labios rozándose con ternura mientras sus cuerpos seguían unidos. -«¿Vas a venir a mi fiesta de cumpleaños, verdad? Será de bailarinas de ballet y quiero que ese día bailes conmigo», preguntó la niña con ojos brillantes de emoción.

Fabián le devolvió la sonrisa y acarició suavemente la mejilla de Marcela. -«Claro que allí estaré mi niña, para bailar con mi bailarina favorita», respondió con un tono amante y cariñoso. Marcela se sonrojó de emoción y orgullo. -«¡Vale! Ya tengo mi trajecito listo, espero que te guste», dijo ilusionada mientras se movía nuevamente sobre la erección aún dura de Fabián. Este podía sentir cómo los movimientos de la pequeña sobre su miembro comenzaban a excitarlo otra vez. Imaginársela en sus mallas, tutú y maillot de ballet lo encendió aún más… Supo que el momento había llegado para dar el siguiente paso. Fabián miró a la niña y le enseñó cómo su pene estaba brillante y empapado por los fluidos de Marcela. -«Mira cómo me dejaste, mi amor, te me viniste encima», le dijo con una sonrisa pícara.

Marcela se sonrojó, sin entender del todo a lo que Fabián se refería. Pero le devolvió la sonrisa y le preguntó con inocencia: -«¿No te gusta que te moje.» Fabián le acarició el cabello con ternura y le respondió: «Por supuesto, mamacita rica que me gusta.» Fabián se quitó a la niña de encima y esta se puso de pie el espacio entre el asiento y el volante, viendo cómo su miembro palpitaba por la excitación.

Fabián se bajó los pantalones hasta los tobillos, liberando su erección completa. Marcela miraba con ojos abiertos y fascinados la verga hinchada de Fabián. «¿Te gusta?, se pone así de grande por ti, mi amor», le dijo Fabián con voz ronca de deseo. Marcela asintió con la cabeza y, con timidez pero con ganas, le bajó lentamente el bóxer hasta los tobillos a Fabián. Este gimió roncamente al sentir los deditos de Marcela entre el bóxer y la piel de sus muslos. Extraviado en la excitación, Fabián no se había percatado de que se le estaba haciendo tarde para llevar a la niña al colegio..

Marcela se arrodilló entre las piernas de Fabián y comenzó a acariciar su verga, aún lubricada por sus propios fluidos vaginales. Suavemente Marcela comenzó a subir y bajar sus manitas en el mástil de Fabián que ya desbordaba de líquido preseminal, provocándole escalofríos de placer..

Fabián disfrutaba intensamente de las caricias de la niña sobre su miembro palpitante. Se sentía extasiado al ver cómo Marcela se mostraba tan dispuesta y entusiasmada en masturbarlo con sus pequeñas manos. Pensó por un instante en sugerir una felación, pero decidió esperar a que ese momento especial llegara con naturalidad, sin forzar nada como hasta ahora. El ambiente en el interior del coche estaba cargado de una poderosa energía sexual, con un nivel de lujuria y deseo que iba en aumento a cada segundo..

Disfrutaba ver cómo su niña lo masturbaba. La niña se encontraba excitada por la experiencia de tener una verga adulta y de grandes dimensiones entre sus manos. Disfrutaba ver cómo su hombre se estremecía de placer en el asiento ante sus torpes caricias. Tal nivel de lujuria y morbo sexual trepó en los dos que el ritmo de la masturbación escaló vertiginosamente. El silencio del lugar se vio interrumpido por los gemidos sin control de Fabián, mientras que las manitas de la niña continuaban en sube y baja. El momento se iba acercando.. Fabián intentó prolongarlo sosteniendo a la niña de la carita y dándole un profundo y húmedo beso lleno de lascivia.. Pero la nena no cesó sus caricias a pesar del beso..

Los gemidos de Fabián se hicieron más fuertes y desesperados a medida que el placer lo consumía por completo. No podía creer que estuviera experimentando tal intensidad sexual con una niña tan pequeña y vulnerable. Sin embargo, la excitación era demasiado fuerte como para detenerse.

-«¡AHHHHHH (con voz fuerte)… JUEPUTAAAA qué DELICIOSOOOO… AHHH QUE RICOOO MAMI… AYYYY YA CASIIII!», rugió Fabián mientras sentía cómo su cuerpo se tensaba y su miembro se endurecía aún más entre las manos de Marcela. La sensación de su pequeña mujercita acariciando su verga adulta y de grandes dimensiones lo estaba volviendo loco de placer..

El clímax estaba a punto de llegar. Fabián, bajo el morbo de que era una pequeña de aún 8 años, no podía resistir más la deliciosa tortura a la que lo estaba sometiendo la niña. -«¡AHHH.. ME VENGOOOO!» Con un gruñido animal, sintió cómo su miembro comenzaba a pulsar y disparó un chorro caliente de semen espeso que aterrizó en el inocente ojito derecho de Marcela, quien lejos de detenerse solo hizo una mueca y continúo con las caricias.. Un segundo chorro salió despedido hasta el techo del auto. «¡MHMMM!» gritó Fabián mientras su cuerpo se sacudía violentamente y su miembro palpaba con fuerza entre los deditos de la niña.. Los espesos chorros de semen salían disparados en todas las direcciones, más el interior del coche y el rostro inocente de Marcela.

La pequeña no se detuvo en ningún momento, sino que continuó masturbando a su hombre con renovado vigor, como si quisiera exprimir hasta la última gota de semen.. Fabián, se retorcía de placer y levantaba el culo del asiento aún preso de los espasmos y de las caricias ininterrumpidas de su mujercita de casi 9.

El auto olía al infantil flujo vaginal de Marcela y a semen.. Juntos disfrutaban de la atmósfera que entre los dos habían creado. Marcela se incorporó y volvió a subírsele a las piernas a Fabián con un poquito de vergüenza, quedando otra vez cara a cara. Las ventanillas del coche estaban completamente empañadas por la intensidad del encuentro, y un líquido espeso y pegajoso escurría por el parabrisas. Fabián, aún aturdido por el intenso orgasmo, tiró de la niña para besarla profundamente. Era un beso diferente, más tierno y cariñoso, lleno de gratitud y afecto hacia su nuevo y especial juguete sexual..

-«Vaya desastre», pensó Fabián en voz alta mientras la besaba. Luego pasaría por el car-wash de un amigo y como si nada, problema resuelto. Fabián suspiró satisfecho, sabiendo que podían seguir disfrutando si lo hacían bien.

Finalmente, Fabián recuperó el aliento y con ello la razón. No lo podía creer, miró el reloj del coche y se percató de lo tarde que estaban. -«¡Mierda, es tardísimo!». Marcela salió de su trance de sopetón al escuchar lo dicho por Fabián e inmediatamente se pasó a su silla. M: -«¡No puede ser! No me van a dejar entrar, mi mamá se va a enfadar y ya no me va a celebrar mi cumpleaños.»

Fabián, algo preocupado y ya poniendo en marcha el motor, solo pudo decirle: -«Alístate mi amor, ponte bien la chaqueta y acomódate el pantalón, ponte el cinturón y vamos lo más rápido posible, no te preocupes…» Terminó de subirse la ropa y aceleró. Ideas veloces se le atravesaron por la mente a Fabián, barajando la hipotética posibilidad de no llevar a Marcela al colegio y, por el contrario, irse a un lugar solitario, quizás a un motel muy reservado y devorarse esa deliciosa vagina. Siempre tenía la opción de hacerse pasar por el padre de Marcela, ir a un motel no representaría ningún riesgo. No, eso sería demasiado, pensó Fabián. Sacudió un poco su cabeza y decidió ser paciente, aguantarse las ganas y dejar que el momento llegara por sí solo.

Ambos estaban despeinados y se veían desaliñados. No era para menos, la faena sexual así lo ameritaba. Fabián observó la cara de Marcela y se percató de que tenía restos de semen. Se humedeció el pulgar con la lengua y le limpió la cara en un gesto de amor. A pesar del inconveniente del retraso, todo marchaba perfecto. Lo de Fabián y Marcela era una auténtica poesía. Arribaron a la institución educativa diez minutos fuera de hora y se encontraron con la portería cerrada. Fabián se bajó del coche para acercarse al portero y luego de sobornarlo, llamó a Marcela para que entrara. Luego Fabián salió rumbo al trabajo y durante la hora de la comida llevó el coche a un car wash de confianza donde se lo dejaron como nuevo sin hacer ningún tipo de preguntas..

Pasó el día y llegó la noche con grandes éxitos en la relación de Fabián y Marcela. Tuvieron un delicioso encuentro afectivo y sexual, salieron victoriosos de la llegada tarde y Fabián avanzó en el vínculo de confianza con Camila quien lo había invitado a la fiesta de cumpleaños #9 de la nena.

Fabián lo tenía claro, al día siguiente no solo dejaría que la niña se masturbara con su entrepierna, sino que, además, por fin se comería lleno de ímpetu esa deliciosa vaginita infantil hasta tragarse la última gota de su exquisito jugo, obsequiándole el mejor de los regalos de cumpleaños. Aún no pensaba en tomar su virginidad. Aunque se moría de ganas, quería que ese momento fuese de lo más especial y sin prisas. Pensaba en una cena romántica, velas, pétalos de rosa..

—

Esa tarde de jueves, Camila se dispuso a hacer un poco de labores de casa. Se le había acumulado bastante ropa sucia de las dos, por lo que decidió hacer una sola colada. En eso notó algo inusual en las braguitas de Marcela, unas manchas poco comunes en el puente de las prendas íntimas.

Cuando la niña llegó de estudiar, Camila le preguntó: -«Marce, ¿tú te estás orinando en la cama?». Marcela respondió nerviosa: -«No mamá, ¿por qué?». C: -«Ah nada, porque cuando recojo ropa sucia para lavar, tus braguitas están manchadas o huelen fuerte a orines o yo no sé qué.» Marcela salió al paso como pudo: «Qué raro, pues será cuando estoy dormida..» Camila pues, no le dio mayor importancia en ese momento..

FIN del capítulo.

7 Lecturas/17 enero, 2026/0 Comentarios/por adrianam477
Etiquetas: colegio, cumpleaños, maduro, mayor, orgasmo, padre, semen, vagina
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