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Heterosexual, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

MARCELITA 2026 – Capítulo 07: La Fiesta de Cumpleaños (Parte I)

La dulce historia de amor entre una niña y un hombre (M32 / g8-9yo)….
Fabián recuperaba la compostura y miraba a Marcela, quien no se veía para nada tensa y de hecho no lo estaba. La extremísima juventud de Marcela le facilitó enormemente asimilar de manera positiva ese capítulo de su vida y la relación con Fabián. No se sentía sucia o como si estuviesen haciendo algo malo; todo lo contrario, estaba fascinada y en sus pensamientos tan solo rondaban ideas de placer. Estaba encantada con todo lo que estaba viviendo y al pensar en Fabián sentía una profunda emoción que le aceleraba el corazón. Lo vivió como debía hacerlo; era su primer amor y con quien tenía sus primeras experiencias sexuales y así lo entendió. Ambos, cada quien a su manera, estaban convencidos de lo que estaban viviendo y lo que les faltaba por hacer.

Fabián se recostó nuevamente sobre Marcela, su rostro cubierto con una mezcla de saliva y los abundantes fluidos vaginales de la niña. La besó con pasión, dejando que sus sabores se revolvieran en un baile húmedo y obsceno. Sus lenguas se enredaban en una danza erótica, probando la esencia de ambos en un beso que sabía a sexo puro y duro.

Mientras su lengua exploraba la boca de su princesa, Fabián dejó que sus manos acariciaran con suavidad el culito redondo y firme de Marcela. Apretó esas pequeñas nalgas con fuerza, masajeando la carne suave y turgente, dejando sus dedos marcados en la piel pálida. Finalmente, Fabián se separó ligeramente para mirar a Marcela a los ojos. Con una sonrisa traviesa y llena de amor, le susurró con voz ronca: -«Escúchame bien, muñeca. Esto que hemos hecho hoy, lo que acabamos de compartir, tiene que quedar entre nosotros dos. Es nuestro secreto especial, no se lo podemos contar a tu mami ni a nadie más».

Marcela asintió con la cabecita, sus enormes ojos brillando con inocencia y complicidad. Entendía que lo que habían hecho era algo privado, un momento íntimo y especial solo para ellos. Con una sonrisa pícara, la niña acarició la mejilla de Fabián y le dio un nuevo beso. Juntos comenzaron a vestirse de nuevo. Fabián ayudó a Marcela a colocar su falda y blusa, ajustando el uniforme escolar en su cuerpo menudo. No pudieron evitar soltar algunas risitas y miradas cómplices mientras se vestían, recordando cada momento de su encuentro íntimo.

Una vez vestidos, abrocharon sus cinturones de seguridad y se dieron un último beso apasionado antes de que Fabián encendiera el motor del auto. El aroma a sexo y el sabor a los fluidos mezclados aún persistía en el interior del vehículo, un recordatorio palpable de lo que habían compartido. Con una sonrisa de oreja a oreja, Fabián salió del estacionamiento. Y mientras conducía, no podía evitar pensar en la próxima vez que tendrían la oportunidad de volver a estar a solas, para repetir la experiencia y llevar a Marcela a nuevos niveles de placer y descubrimientos sexuales. Después de todo, ella era su muñeca, su princesa, y estaba decidido a explorar cada rincón de su cuerpo y mente, guiándola con ternura y paciencia.

Fabián la miraba fascinado a través del espejo y se relamía los labios, saboreando aún los restos de los fluidos de Marcela. Eran las 8:55am. Ahora que se disipaba el ambiente sexual, algo de preocupación apareció en ambos. Fabián estaba nervioso y manejaba a gran velocidad. No había tomado en cuenta el factor tiempo cuando planeó llevar a su niña al extremo y en su mente fabricaba la excusa para justificar la excesiva demora. En un semáforo en rojo pidió un taxi a dos manzanas del colegio. Aparcó el coche en ese lugar y esperaron a que llegara el taxi. Fabián había ingeniado parar en el colegio para bajarse del taxi a dejar a la niña y, cuando el portero le preguntase el porqué de la demora, este le diría que el coche se les había descompuesto y que tuvieron que esperar al mecánico y después al taxi, el cual por cierto lo seguiría esperando frente al colegio. Y así fue. La niña entró a clases con éxito. El día transcurrió sin mayores novedades..

—–

La mañana del sábado, Fabián estaba muy ansioso pues ese era un gran día. Por supuesto que no había pensado propasarse con Marcela durante la fiesta, pero el solo hecho de verla feliz y agasajada, lo ponía muy emocionado. Había pasado de tener una simple fantasía erótica a interesarse por la vida de su niña. Fue a entrenar a primera hora al gimnasio y regresó a su domicilio a almorzar algo ligero para reponer fuerzas y alistarse para la fiesta de su princesa.

Salió puntual hacia el lugar de la fiesta, el cual era un reconocido restaurante de la ciudad con hostal incluido y zonas para eventos sociales. Aparcó el coche y se dirigió a la entrada del lugar donde en la recepción fue guiado hasta el salón especialmente ambientado para la ocasión: serpentinas y cortinas de tul rosa y blancos adornaban el lugar. Las mesas tenían manteles en rosa. Varias niñas en leotardos corrían entre ellas, pero Fabián buscaba solo a la suya.

En eso, Camila lo abordó para ubicarlo en su mesa junto a otros invitados. -«Ahora viene Marcela a saludar que está en la habitación porque le están dando los últimos retoques de maquillaje», dijo Camila.

De repente apareció la figura de Marcela.. Fabián quedó fascinado al verla; se veía divina, pensó y, con disimulo, comenzó a recorrerla con la mirada. Marce vestía un leotardo color rosa manga larga y con detalles en los hombros que se ajustaba a la perfección a cada curva y hendidura de su figura y que dejaba poco a la imaginación, un diminuto tutú rosa y, debajo del leotardo, mallas blancas. En sus piececitos, unas zapatillas de ballet rosas también. El cabello lo llevaba recogido en un impresionante moño trasero y sujetado por una corona plateada de princesa.

El hombre la recorrió con lascivia, deleitándose con cada detalle y curva infantil de su atuendo. La niña era una verdadera obra de arte, una joya que brillaba con luz propia en medio del salón repleto de niñas en leotardos y tutús. Fabián no pudo evitar sentir una mezcla de deseo y fascinación al verla, luciendo tan hermosa y sexy para su cumpleaños temático de ballet.

La fiesta de cumpleaños transcurría con normalidad, pero Fabián no podía concentrarse en nada más que en la presencia de Marcela. La niña era el centro de atención, la estrella de la celebración, y Fabián se aseguraba de estar siempre observándola, admirándola y deseando cada segundo que pudiera pasar a su lado.

Ambos amantes se dedicaban miradas disimuladas a lo lejos, hasta que Camila fue llevando a Marcela mesa por mesa para que se tomara fotos con los invitados. Llegó el turno de la mesa de Fabián. La niña fue saludando a cada invitado y al llegar a Fabián, con disimulo le entregó un papelito y le guiñó el ojo. Fabián quedó pasmado ante la manera de actuar de su niña. Cuando la toma de fotos finalizó en su mesa, Fabián se dispuso a leer con disimulo el papel que le había entregado Marcela… No podía creer lo que sus ojos leían: «Tengo la llave de la havitacion nos vemos en 15 minutos en la recepcion».

Fabián estaba atónito ante la audaz propuesta de Marcela. No podía creer lo que leía en ese pequeño papelito, con faltas de ortografía y garabateado con la letra de una niña que apenas estaba aprendiendo a escribir. La erección que sintió en ese momento fue instantánea, tuvo que luchar por ocultarla debajo de la mesa para que nadie se diera cuenta. Esos 15 minutos se le hicieron eternos a Fabián, cada segundo parecía una hora, ansioso por estar a solas con su pequeña princesita.

Finalmente Fabián no pudo esperar más. Salió del salón por una puerta diferente, buscando a Marcela con desesperación. Al fin la vio: allí lo esperaba su mujercita a los pies de una escalera que llevaba a las habitaciones del pequeño hostal adjunto al lugar del evento. Luego de echar un rápido vistazo, se percató de que nadie los veía y, cogiéndose de la mano, subieron rápidamente aquella escalera al cielo…

Cuando estaban ya en el pasillo del segundo nivel de camino a la habitación incluida en el paquete que Camila había contratado para la fiesta y que lo habían utilizado para vestir y maquillar a la niña, Fabián la detuvo y le preguntó: -«¿Estás segura de que no nos van a descubrir mi amor? Y, ¿cómo tienes tú la llave?».

«Se la saqué a mi tía de su bolsa sin que se diera cuenta», respondió ella. Rápidamente se escabulleron en la habitación como dos adolescentes y Fabián cerró la puerta con llave.

Ya en la intimidad de la habitación, Fabián y Marcela se miraron a los ojos con cierta vergüenza, pero también con la lujuria propia de dos amantes que sabían exactamente lo que se avecinaba: lo inevitable. Fabián alzó a su pequeña bailarina en sus brazos, y sin mediar palabra, se fundieron en un apasionado beso de amor y desenfreno mientras Fabián le manoseaba los muslos cubiertos por las mallitas de ballet.

Marcela interrumpió el beso y al descender de los brazos de Fabián dijo con cierta timidez: «Quiero preguntarte si quieres que hagamos algo, bueno, yo hacértelo a ti, pe… pero me da pena preguntar.»

Ya sentados al borde de la cama, Fabián besó tiernamente a Marcela en la frente y le dijo con voz suave: «Dime qué quieres que hagamos mi amor, no sientas vergüenza.» Fabián no pudo resistir esa carita dubitativa de la niña cuando tomó su rostro entre sus manos y le dio el beso más delicioso que pudieran imaginarse, besando a una mujer entera y no a la niña que aspiraba a serlo. La emoción contagió a Marcela y su lengüita buscaba la de Fabián, era un beso con todas las leyes eróticas en juego.

Esa inyección de confianza impulsó a Marcela a preguntar, con la mirada algo baja: «¿Por qué si tú me besas todita y me dejas empapada allá abajo, no me dejas chuparte tu… tu pene…?»

Fabián no sabía cómo responder a esa pregunta, él era su príncipe y nunca la forzaría a hacer algo que no quisiera. Mirándola a los ojos con ternura, le dijo: «Nunca te obligaría a hacer algo desagradable o forzarte a hacer algo que no quisieras, princesa.»

M: «Pero si es algo que yo quiero hacerte, quiero llenarte de besitos y pasar mis labios por tu coso que el otro día me dejaste acariciar…» La sola idea de que Marcela, una pequeña de tan solo 9 años recién cumplidos, le hiciera sexo oral en medio de su fiesta de cumpleaños y con su leotardo de bailarina puesto, provocó en Fabián la mayor erección de su vida. No resistió más y, tras otro profundo beso, comenzó a desabrocharse el cinturón para dejar que su princesita hiciera el resto por él.

Marcela se puso de pie entre las piernas de Fabián que seguía sentado en la cama, y torpemente desabrochó el pantalón de su hombre. Fabián la acercó a él sosteniéndola de las caderas, y después de besarla apasionadamente en los labios, le susurró al oído con voz ronca de deseo: «Eres mi todo, quiero sentir tu boquita en toda la verga bebé».

Marcela sonrió con cierta inocencia, mostrando su dentadura incompleta que tanto le fascinaba a Fabián. Poco a poco fue ayudando a Fabián a bajar su pantalón y bóxer, dejando expuesto el enorme mástil a escasa distancia de su carita de niña pequeña.

Con sus manitas torpes y diminutas, comenzó a acariciar el miembro descomunal de Fabián con curiosidad y deseo. Sentir esas manitas de niña de 9 años jugando con su verga, le provocaba un placer desmedido al hombre. No podía creer lo que estaba sucediendo, pero no podía resistirse a los deseos carnales que sentía por esa pequeña. Marcela se arrodilló ante Fabián, mirándolo con ojos llenos de ingenuidad y lujuria. Sin dudarlo, acercó sus labios a la punta del pene de Fabián y comenzó a besarla con ternura y curiosidad. Sentir esos labiecitos suaves y húmedos en la punta de su verga, en una situación tan prohibida y de riesgo, le provocaba un placer y una excitación fuera de toda razón a Fabián..

La niña comenzó a lamer de arriba abajo el miembro hinchado de Fabián, recorriéndolo con su lengua pequeña y juguetona. No había vuelta atrás, y Fabián lo sabía. La pequeña Marcela besaba y lamía con ternura el tallo del miembro de Fabián, desde la base hasta la punta, sintiendo las venas, la textura y la dureza de aquella verga palpitante. Cuando llegó a la punta, se detuvo un momento a contemplarla, sacando su lengüita y jugando con ella en círculos alrededor del glande.

Lamió la punta del pene de Fabián con su lengua pequeña y juguetona, mojando el glande con su saliva y provocando estremecimientos de placer en su amante. La niña sabía cómo complacer a Fabián, a pesar de su corta edad y falta de experiencia. Comenzó a meterse la punta del glande en la boca, sintiendo cómo su boquita se llenaba con la carne palpitante y caliente.

La saliva de Marcela comenzaba a desparramarse por los lados de su boca y mentón, mojando su leotardo y su barbilla. La niña aprovechó la baba para mojar su manita y acompañar los movimientos de su cabeza con tiernas caricias, masturbando a Fabián al mismo tiempo. Vencida por el deseo, Marcela fue bajando lentamente su cabeza, abriendo grande su boquita y tragándose el miembro todo lo que podía..
Fabián no podía creer lo bien que le hacía su princesita, a pesar de ser su primera vez. La ayudó a encontrar el ritmo y el ángulo correcto, guiando sus movimientos con las manos sobre sus cabellos, con cuidado de no estropearle el peinado de ballerina.

Presa del placer de ver a su niña chupándole la verga con tanto entusiasmo y deseo, se tumbó completamente en la cama. Marcela prosiguió con la mamada, subiendo a la cama y recostándose al lado de Fabián. Volvió a dar lengüetazos en la punta del glande, jugando con su lengua en círculos y provocándolo aún más. Luego se lo metió otra vez en la boca y empezó a bajar con más decisión, tragándose centímetros de verga en su boquita hambrienta, generando un par de arcadas. «Eres una golosa mi amor, ya no te cabe más verga en la boca y, aun te la sigues metiendo más profunda, ahhh…», alcanzaba a decir Fabián mientras se estremecía de placer.

Estaban completamente perdidos en la lujuria y el deseo, sin reparar en el tiempo que había transcurrido. No querían parar, impulsados por la primitiva necesidad de dos amantes prohibidos. Mientras la niña de 9 años chupaba con avidez la verga de Fabián, este buscó la entrepierna de Marcela y empezó a frotar su rajita por encima del maillot rosa y de las mallitas blancas que llevaba puestas.

El sonido obsceno de los labios de Marcela succionando y lamiendo la verga de Fabián llenaba la habitación. Podía sentir cómo la boquita de Marcela lo succionaba con más fuerza. Ella disfrutaba verlo hacer caras de placer y gemir con cada movimiento de su lengua. Instintivamente, la niña bajó su mano derecha hasta su propia área púbica para reforzar las caricias de su hombre. Su mano izquierda sujetaba con fuerza la base del pene que chupaba desesperadamente.

Un brillo especial en la entrepierna del leotardo de Marcela delataba su tremenda excitación y humedad. Estaba completamente mojada, lista para recibir a Fabián dentro de ella. El olor a sexo y a deseo inundaba el aire a su alrededor, un aroma intenso y embriagador que se mezclaba con el perfume dulce y floral del champú de la niña. «Ahhh… Ya me queda poquito para que me hagas venirme mi amorrr mhmmm… Y no quiero mancharte tu vestidito o la carita porque ahhh… porque pueden sospechar», alcanzó a decir Fabián con dificultad entre gemidos. Pero sus palabras solo lograron que Marcela intensificara aún más la mamada, succionando con más fuerza y rapidez. La niña estaba en un estado de excitación y lujuria total, y nada la detendría..

Fabián, completamente dominado por el deseo, se incorporó con dificultad y tomó a Marcela del brazo para ponerla de pie. «No pares, mi amor…», gruñó con voz entrecortada. Fuera de sí, lanzó un par de almohadas al suelo y puso a Marcela de rodillas frente a él.

La niña continuó con la mamada, acelerando el ritmo y succionando con más fuerza que nunca. Ver cómo desaparecía cerca de la mitad de su verga en aquella boquita infantil y inocente, mientras ella lo miraba con sus ojitos y un rostro angelical, estuvo a punto de hacer que Fabián terminara en ese mismo momento. Con dificultad, logró sacar su miembro de la boca de Marcela por unos segundos, viendo cómo dos hilos de saliva llenos de burbujas seguían unidos a sus labios y al interior de esa boquita.

Sin poder resistirse, a Fabián no le importó nada, sostuvo el rostro de Marcela con fuerza y se agachó lo suficiente para devorarle la boca en un beso profundo y apasionado, saboreando la mezcla de saliva de la niña con su propio precum. Rompió el beso y volvió a enterrarle la verga hasta la garganta, follándole la boca con ansia y desesperación hasta casi provocarle el vómito con más de una embestida. La morbosidad de estar teniendo un encuentro sexual con una niña de solo 9 años lo llevó al borde del abismo. Con un gruñido primitivo y animal, estalló en una eyaculación brutal y descomunal dentro de la boca de su niñita mientras le sostenía la cabeza con fuerza ya sin ningún reparo a despeinarla..

-«AHHHH, QUE RIIIIIIIIICOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO…» Cuatro fuertes chorros de leche caliente.. Fabián no paraba de gemir y gruñir de placer.. La cara de Marcela se ponía cada vez más roja y caliente a medida que Fabián se corría, llenándole completamente la garganta y el estómago. El sabor salado y fuerte del semen del hombre inundaba su paladar, pero la niña no se quejaba.

Mientras Fabián continuaba moviendo sus caderas, embistiendo con fuerza contra la cara de la niña, esta hizo el instintivo esfuerzo por zafarse cuando se quedó sin aire en los pulmones. Fabián sacó de golpe su verga hinchada y palpitante de la boquita de Marcela, viendo cómo otros dos fuertes chorros de semen caían sobre la cara y la barbilla de la pequeña. Marcela no pudo evitar toser y estornudar ante el exceso de semen en su garganta, lo que hizo que el espeso esperma le escurriera por las comisuras de los labios y las fosas nasales.

Fabián reaccionó rápidamente y alcanzó una toalla cercana para que Marcela pudiera escupir el semen sobrante sin manchar su elegante traje de bailarina. A pesar de sus esfuerzos, algunas gotitas de semen cayeron sobre el maillot y el tutú de la niña, dejando manchas evidentes que difícilmente podrían explicarse.

La erección de Fabián desapareció casi instantáneamente cuando vio las gotitas de su esperma en la ropa de Marcela. Estaba claro que no podía permitir que la niña bajara así, o seguro que alguien sospecharía de lo que habían estado haciendo. El peinado de Marcela ya no existía y su corona de princesa estaba tirada por el suelo. Pero lo que más preocupaba a Fabián eran esas manchas de semen en la ropa de la pequeña.

Sin perder tiempo, Fabián tomó a Marcela de la mano y se la llevó rápidamente al baño. Con un trozo de papel higiénico húmedo, hizo lo que pudo para disimular las gotas de semen que habían caído sobre la ropita de la niña, frotándolas con fuerza. Luego le acomodó torpemente la corona y el pelo, tratando de devolvérsela a su estado original. Fabián sabía que no tenía tiempo que perder, y que tenía que hacer lo posible para que Marcela pudiera bajar sin que nadie sospechara nada.

Con un profundo beso en los labios, Fabián le dijo a Marcela que se apresurara a bajar porque seguro que ya la estaban buscando. Fabián le dio unas últimas instrucciones de cómo bajar las escaleras sin llamar la atención, y le deseó suerte. Marcela entendió perfectamente lo que Fabián le estaba diciendo, y con un asentimiento de cabeza, se despidió de su amante y salió corriendo del baño. Se detuvo un momento frente al espejo para intentar arreglarse un poco su trajecito, tratando de disimular las manchas de semen lo mejor posible. Luego, con un suspiro profundo, se armó de valor y bajó las escaleras corriendo, con el corazón acelerado y la cabeza llena de pensamientos sobre lo que acababa de vivir con Fabián.

Con un suspiro profundo, Fabián comenzó a arreglarse un poco antes de bajar a la fiesta, tratando de disimular cualquier rastro de lo que habían estado haciendo. Sabía que no podía permitir que nadie sospechara nada, o estaría en graves problemas. Mientras se acomodaba los pantalones repasaba las imágenes en su mente. Marcela era la mujer perfecta para él. Con sus apenas 9 añitos lograba satisfacerlo en todos los sentidos y formas. Ya no había que buscar más, había encontrado a su compañera de vida, pensó.

Arregló la cama que había quedado hecha un desastre y se aseguró de que todo luciera como lo habían encontrado. Salió de la habitación con mucho cuidado de no ser visto y bajó para incorporarse disimuladamente a la fiesta. La misma proseguía como si nada y se disponían a repartir la comida. Marcela ya estaba sentada al lado de su madre. Esta la trataba de peinar de nuevo sin mucho éxito. La niña dijo como excusa que al correr tropezó con una de sus amiguitas y así era como se había despeinado.. Después de algunas horas la fiesta terminó.

Fabián seguía absorto por lo ocurrido. Se disponía a abandonar el lugar cuando de la nada Camila lo interceptó a la salida de la recepción:

-«¡¡¡Fabián, ¿adónde crees que vas? Quiero hablar contigo!!!»

El mundo se le vino abajo a Fabián.

FIN del capítulo.

11 Lecturas/24 enero, 2026/0 Comentarios/por adrianam477
Etiquetas: baño, colegio, cumpleaños, madre, mayor, mayores, semen, sexo
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