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Heterosexual, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

MARCELITA 2026 – Capítulo 08: La Fiesta de Cumpleaños (Parte II):

La dulce historia de amor entre una niña y un hombre (M32 / g8-9yo).
Cuando la fiesta llegaba a su fin, Fabián decidió escabullirse sin despedirse ni nada para no darse mayor importancia ni llamar de más la atención. Con las llaves del coche en la mano estaba por pasar la puerta del sitio cuando escuchó de la nada el grito de una voz conocida: -«¡¡¡Fabián, ¿adónde crees que vas? Quiero hablar contigo!!!» Camila lo interceptó a la salida de la recepción, cogiéndolo fuerte del brazo..

¡Fabián se quedó paralizado! Por un momento pensó que había sido descubierto y que Camila estaba allí para encararlo y reclamarle..

Nervioso, dijo: «Dime, Camila..».

C: «Tranquilo, no te pongas nervioso jajaja! Quiero agradecerte por haber venido a la fiesta, yo sé que para un adulto puede ser un poco aburrida una fiesta infantil, además quiero agradecerte por haber llevado a la niña al colegio todos estos días, has sido un apoyo increíble y sin ti no hubiese podido sacar adelante la fiesta. Ayer finalmente me han dado el alta médica, por lo que ya no será necesario que continúes llevando a Marce al cole…».

«No tienes nada que agradecerme, lo hago con todo el gusto del mundo, y qué me alegra que ya regresarás a la oficina..» respondió aliviado. Se quedó un poco más tranquilo, pero con la evidente desilusión que le provocó saber que no vería más a su princesa por las mañanas.

Camila: «Así es, lo que sí es que te quería pedir otro favor abusando totalmente de tu confianza»-.

Fabián: «A la orden, dime de qué se trata».

C: Pues no sé si ahora estás un poco pillado de tiempo. Verás, aún me tengo que quedar un poco más para recoger la fiesta, entregar el lugar y llevar a algunos familiares a sus casas, por lo que quiero pedirte que te lleves a Marcela a casa y que puedas esperarme un par de horas. En casa hay comida, puedes coger lo que tú quieras. O cuando llegue nos tomamos un café»..

Los ojos de Fabián le brillaron de emoción. El día más feliz que recordaba en su vida aun no terminaba y la posibilidad de estar totalmente a solas con su princesa se materializaba. F: -«Tus deseos son órdenes compañera, yo me llevo a la niña por ti, tú quédate tranquila.».

C: -«¡Muchas gracias! ¿Qué haría sin ti, Fabián? Espera te la llamo que anda por allí corriendo con unas compañeritas.» Camila enviaba nuevamente a Marcela a la boca del lobo sin saberlo. C: -«Te vas a ir con Fabián como te había dicho, te portas bien y no le des muchos problemas.»

La niña, sin disimulo alguno, se abalanzó a los brazos de Fabián quien la cargó con algo de nerviosismo. Camila solo se rio, sin ningún tipo de sospecha. -«Ay es que tengo sueño, no quiero caminar más», dijo la niña para disimular su posible metedura de pata. Efectivamente se veía toda cansada y sudorosa de correr y jugar..

El hombre se despidió entre risas nerviosas y se fue con su princesa cargada entre sus brazos. Ya llegando al coche, Fabián le preguntó: «¿De verdad te cansaste mucho, princesa?. M: -«Mjumm, tengo mucho sueño y estoy toda sudada». Efectivamente, se podía ver todo el sudor en su carita y cuello. Al llegar al coche y luego de percatarse de que nadie los viera, Fabián saboreó el cuellito sudoroso de su niña. A este punto ya no existía disimulo alguno entre los dos. Eran como dos novios. La niña se estremeció al sentir los besos prohibidos de Fabián en su nuca.

Fabián la depositó en su asiento y ya dentro del coche prosiguió: -«Entonces, ¿ya no vas a querer que te de mi regalo de cumpleaños?». Al oír esto, Marcela cogió energías y pareció alegrarse mucho: «¡Mhmm, sí lo quiero! ¿Qué es, qué me vas a dar? ¡Dámelo ya!». F: <<Te lo doy cuando lleguemos, es una sorpresa>>. La niña, como la cría que era, se puso toda inquieta: <<Anda, dámelo…>>. Así, entre risas y berrinchitos infantiles, continuó todo el camino hasta que entraron a la casa de Marcela..

Fabián, ni bien habían azotado la puerta, sin perder un segundo cargó hasta su propia habitación a Marcela. Llegaron por fin y Fabián reconoció aquel cuarto infantil que tan buenas memorias le traía. Cerró la puerta con llave y sin mediar palabra le dijo: «Aquí está mi regalo». Sin perder tiempo, arrinconó a Marcela contra la pared, presionando su cuerpo musculoso contra el de ella. Comenzó a besarla apasionada y profundamente en la boca, explorando cada rincón con su lengua experta. Fue el beso más apasionado, abrían la boca y usaban las lenguas. Marcela se sonrojó y soltó una risita nerviosa al escuchar el comentario de Fabián sobre su regalo..

La lanzó a la cama y comenzó a acariciar cada centímetro del cuerpo menudo y vulnerable de Marcela. Sus manos recorrieron los pechos planos deteniéndose en sus pezoncitos que se le marcaban por debajo del leotardo. Marcela, entre besos y caricias, le dijo con su vocecita de niña pequeña: «Me gustó mucho tu regalo mi amor». F: «Todavía no se acaba princesa, recuéstate en la cama».

Fabián se puso de pie y se arrancó la camisa de un solo golpe, dejando al descubierto su viril torso. Luego se tomó el tiempo de admirar a su pequeña tumbada en su propia cama y con las piernas entreabiertas instintivamente. Marce, vestida como bailarina de ballet, era el cielo en la tierra. El cuerpo menudo y curvilíneo de Marcela, de sólo 9 años, era una visión de pureza y belleza que lo dejaba sin aliento. Era la personificación de la inocencia infantil y la tentación prohibida. Fabián sentía que su miembro comenzaba a endurecerse en sus pantalones mientras admiraba el cuerpo virgen y vulnerable de su amada Marcela. Sabía que ella lo deseaba tanto como él a ella..

Fabián supo que era el momento de ir más allá, pero esta vez no quería desnudarla; quería hacerle de todo con el trajecito puesto, cumpliendo uno de sus fetiches, estar con una niña ballerina.. Quería saborear cada momento con su princesita. Comenzó a acariciar sus piececitos aún con las zapatillas puestas. Luego se inclinó y comenzó a lamer los tobillos de Marcela, cubiertos por las mallas blancas ajustadas. Podía probar el sabor de su sudor, el sabor dulce de su piel de niña pequeña. Fabián gruñó de placer; sabían deliciosos, justo como los había imaginado miles de veces en sus fantasías.

Fabián fue subiendo sus caricias y besos por la pierna derecha de Marcela hasta la curva de su muslo, apretando y masajeando la carne joven y firme debajo de la ropa de ballet. Marcela se estremecía de placer y anticipación con cada toque. Estaba totalmente a su merced. Este repitió el mismo proceso con la otra pierna, quería grabárselo todo en su memoria..

Cuando la niña se imaginó que los besos y caricias subirían hasta su rajita empapada, Fabián le susurró a Marcela al oído con voz ronca de deseo: «Date la vuelta, princesa… Ponte sobre tus manos y rodillas para mí». La niña obedeció rápidamente, adoptando la posición que su amante le había ordenado.

Fabián podía ver cómo el maillot ajustado se tensaba sobre el trasero respingón de la pequeña y marcaba su rajita con fidelidad absoluta desde atrás. La falda de tul que no tapaba nada se levantaba ligeramente. Empezó a lamer y besar el cuello sudoroso de Marcela, saboreando las gotas saladas de transpiración que se habían formado en su piel suave. La niña gimió suavemente, arqueando su espalda para ofrecerle más de sí misma. Fabián podía sentir su pulso acelerado palpitando bajo sus labios mientras la besaba y lamía desde el cuello hasta los hombros, bajando por su espalda. Sus manos acariciaron y apretaron la piel firme y suave de la espalda de Marcela, sintiendo cada vértebra de su columna vertebral..

Fabián se separó un poco para contemplar con codicia el trasero respingón y bien formado de su mujercita Marcela, que estaba en cuatro patas sobre la cama. Le alzó bien el tutú de tul rosado, exponiendo el suave y firme trasero de la niña, cubierto sólo por dos delgadas capas de ropa.. Fabián gruñó de deseo al ver cómo se tensaba el maillot ajustado sobre las nalgas de Marcela con cada pequeño movimiento.

Desesperado por sentir más, se desabrochó rápidamente los pantalones y se dejó sólo con el bóxer, el cual apenas podía contener su erección palpitante. Fabián comenzó a frotar su miembro cubierto por la ropa interior contra la rajita de Marcela, de arriba abajo. Sus manos se aferraron a las estrechas caderas de Marcela, sosteniéndola firmemente en su lugar mientras se restregaba contra ella. La niña se sostenía de la cabecera de la cama para asegurar la estabilidad.

Fabián se inclinó y comenzó a besar el cuello y detrás de las orejas de Marcela, susurrándole palabras de amor: «Eres mi todo princesa, nunca te voy a faltar..» Sus manos exploraron el infantil vientre de bebé de Marcela, subiendo hasta rozar ligeramente sus pezoncitos. Sabía que la estaba llevando al borde del éxtasis.

Fabián, presa del deseo y la lujuria, le dio una fuerte nalgada a Marcela. El azote del golpe resonó en la habitación, pero en lugar de asustarse o detenerse, la niña se arqueó hacia atrás, frotando su pequeño trasero con más abandono contra la verga dura de Fabián. Esto lo enloqueció de excitación. Comenzó a simular un vaivén de caderas, como si estuviera penetrándola de verdad. Estaban prácticamente follando con la ropa puesta, y la sensación era increíblemente excitante. Fabián no podía creer lo mojada que estaba Marcela. Pudo sentir la humedad que se filtraba a través del maillot ajustado.

Con un gruñido animal, Fabián se sacó la verga del bóxer. Estaba tan duro que dolía. Se sostuvo de las caderas de Marcela con una mano firme, y con la otra se agarró la verga, y empezó a darle golpecitos en las nalgas redondas y firmes a Marcela. Luego, con un movimiento rápido, Fabián tomó la entrepierna del maillot y se la enrolló alrededor de su miembro palpitante. La malla blanca era lo único que separaba su piel de la de Marcela en ese momento. Fabián gimió de placer..

Pero el mismo deseo incontenible lo impulsaba a no detenerse allí. Con habilidad, corrió la entrepierna del leotardo hacia la nalga derecha de Marcela, dejando la estrecha y pequeña rajita de la niña prácticamente expuesta, sólo con la delgada malla como única protección.

La nena se dejaba llevar por la lujuria y el deseo, sin pensar en nada más que en el placer que Fabián le estaba dando; se sentía tan pequeña y vulnerable en comparación con Fabián, pero al mismo tiempo, se sentía tan segura y a salvo en sus brazos.

Fabián se dejó llevar por completo por su deseo desenfrenado y con fuerza rompió la delgada malla de ballet de un tirón. Acto seguido, se lanzó como un animal hambriento sobre el trasero de la niña, enterrando su rostro en el hueco de sus nalgas. Restregó su boca y su nariz contra la pequeña y estrecha rendija de Marcela, inhalando profundamente el aroma que emanaba de ella. Era un olor intenso, el aroma de la infancia mezclado con la más madura y sexual esencia de la excitación femenina. Fabián se intoxicó con ese perfume, dejando que el olor a niño pequeño y sexo se grabara profundamente en su cerebro..

Llevado por el deseo más brutal y salvaje que jamás había sentido, Fabián dejó que su lengua comenzara a recorrer cada centímetro del camino que se extendía desde el inicio de la cavidad vaginal de Marcela, subiendo lenta y tortuosamente por la línea perianal y ano, hasta llegar a la base de la columna vertebral. Saboreó cada parte de la raja de su princesita y todo lo que en ella había: una mezcla gloriosa de fluidos, sudor, pis y hasta algunas partículas de caquita, todo ello combinado en un aroma y sabor tan fuerte que a Fabián le nublaba los sentidos. Estaba saturando sus sentidos con cada lamida, embriagándose con el aroma almizclado y almendrado que emanaba de la piel sudorosa de la pequeña.

A Marce parecía encantarle la nueva experiencia, ya que se removía y gemía disfrutando de Fabián. El deseo animal y primitivo que había nacido en Fabián lo llevó a hacer realidad una fantasía sexual y en un arrebato de lujuria, atacó directamente el ano de la niña. Presionó su lengua contra el estrecho y pequeño ojete, introduciendo su lengua en la cavidad rectal de la pequeña. Al mismo tiempo, hacía círculos con la punta de su lengua alrededor de la entrada anal de Marcela, saboreando cada centímetro de piel. A Fabián no le importaba en absoluto el sabor fuerte y poderoso que emanaba del ano de la niña, ni el aroma intenso que inundaba sus fosas nasales. Lo único que sentía era una poderosa sensación de excitación y placer al estar chupando y saboreando la intimidad más prohibitiva de su pequeña de 9 primaveras.

Todo transcurría con total perfección sexual, pero Fabián hoy deseaba mucho más, así que mirándola con ojos hambrientos y llenos de lujuria, colocó uno de sus dedos sobre el pequeño y estrecho ano de la niña, sin moverlo, simplemente dejándolo allí quieto, como si estuviera marcando territorio. Fue sólo un toque, pero para Marcela fue como si un rayo la hubiera golpeado. La sensación de ese dedo extraño y grande sobre su parte más íntima y vulnerable fue demasiado para la pequeña.. Eso la llevó al borde de un abismo de placer.

La niña estaba completamente dominada por la excitación, moviéndose erráticamente sobre su cama mientras Fabián la estimulaba en sus lugares más íntimos. Fabián podía sentir cómo el cuerpo de Marcela se estremecía y se sacudía debajo de sus caricias expertas, y decidió llevar las cosas al siguiente nivel.. Lamió la vagina de la niña con avidez, saboreando cada gota de sus jugos mientras que coqueteaba con el dedo invasor en el ano, sintiendo cómo este se dilataba y se abría para recibirlo.. Comenzó a meter su dedo índice en el ano de la pequeña.

Marcela estaba en un estado de puro éxtasis, con el culo empinado y la cara enterrada en las cobijas mientras su cuerpo se sacudía con la fuerza de sus gemidos. No podía creer la intensidad de las sensaciones que estaba experimentando, y menos aún cuando sintió que el dedo de Fabián comenzaba a penetrar ligeramente. Fabián no pudo resistir la tentación de probar aún más de su deliciosa princesita: enrolló su lengua de manera cilíndrica y comenzó a introducir la punta en el ano de la pequeña, saboreando su sabor único y almizclado. Marcela se retorcía de placer, sintiendo cómo perdía el control de su cuerpo y de su esfínter anal mientras Fabián combinaba dedito invasor y lengua penetrante.

La pequeña no sabía cómo iba a reaccionar ante tales estímulos, pero una cosa sí sabía con certeza: estaba a punto de tener el orgasmo más potente de su corta vida. Fabián intensificó el movimiento de su lengua. Después de lubricarlo abundantemente con su saliva, finalmente logró penetrar en su interior con la punta de su lengua.. Fue una explosión de sensaciones para la pequeña, un placer más intenso que cualquier otra cosa que hubiera experimentado. El cielo, pero más que eso, fue el big bang. Marcela gritó con fuerza, su cuerpo se sacudió violentamente y sus manos se aferraron a las cobijas con tal fuerza que una de ellas se rasgó por la intensidad.

Fabián se pegó aún más a su princesa, moviendo su lengua de afuera hacia adentro, penetrando sólo unos pocos milímetros en su ano. Estaba complaciendo a Marcela con sexo anal, su lengua entraba y salía en una danza erótica y sensual que hacía gritar de placer a la pequeña. Marcela respondía a cada estímulo con ágiles movimientos de cadera, su tutú rosa se agitaba con cada embestida. Podía sentir una nueva sensación, una corriente de placer que comenzaba en su ano y descendía directamente a su vagina. No entendía cómo funcionaba, pero sabía que estaba a punto de tener su primer orgasmo anal..

La niña no pudo contener sus gritos de placer y, para no alertar a los vecinos, enterró su rostro en el colchón y las cobijas. Una lágrima de puro éxtasis rodó por su mejilla mientras su cuerpo se sacudía descontroladamente. De repente, un chorro de fluido empezó a brotar de su vagina, empapando sus mallitas y parte de la cama. Pero no fue una descarga momentánea: fue una verdadera cascada, un río de líquido transparente que no paraba de fluir.. Para Fabián, ver a su princesita experimentar un orgasmo tan poderoso fue la vista más erótica y excitante que jamás había presenciado..

Ahí estaban. Fabián inclinado frente al culo de su niña después de haberlo chupado hasta hacerla estallar, con una mano en su verga y una cantidad exorbitante de líquido preseminal, y Marcela en cuatro, empinada, con su rostro clavado sobre las cobijas, la entrepierna del leotardo corrida hacia un lado y las mallitas desgarradas. Eso era lo que había, una absoluta obra de arte. Ambos guardaron silencio por varios segundos, pues el momento había sido tan intenso.

-«¿Estás bien, mi amor?», preguntó Fabián con intriga.

La niña, entre un suave sollozo y con los ojos aguados dijo: «No te preocupes, estoy bien». Entonces Fabián le vio el rostro y le dijo: «Pero mi amor, estás llorando, ¿qué pasó?».

Entonces, Marcela se recompuso y se apoyó sobre sus rodillas despegando sus brazos y cara de la cama. Respiró un segundo, se limpió las lágrimas y le dijo sonriendo: «Es que me hiciste llorar jaja». F: «¡¿Qué?! ¿Te lastimé bebé? Mi princesa, discúlpame.. No quise..»

M: «Nada de esooo, es que me hiciste sentir tan rico y extraño a la vez que no sé, no pude controlarme y lloré, pero no me dolió nada, gracias mi amor».

Como son las cosas de la vida. Marcela no lloraba de dolor, sino de desmesurado placer. Fabián la sujetó de las manitas y, dándole un beso piquito, le dijo: «Gracias de nada muñequita. Qué susto me diste.. Te amo».

De pronto Marcela le dijo con su vocecita dulce: «Quiero sentirte adelante ahora, encima de mí… Tu verga en mi coñito mientras nos besamos, como en las películas…».

Fabián se quedó paralizado por un momento al escuchar las palabras de la niña. No podía creer que estuviera pidiendo lo que acababa de decir y con esas palabras. Su cuerpo estaba completamente excitado después de los juegos preliminares, pero una parte de él se preguntaba si estaba yendo demasiado lejos. Sin embargo, al ver cómo Marcela se tumbaba boca arriba en la cama y se levantaba el tutú hasta el pecho, con las piernitas abiertas en clara invitación, Fabián se sintió aliviado. Reaccionó rápidamente ante la petición de Marcela y se quitó el pantalón y el bóxer, dejando su miembro completamente erecto al descubierto en medio de aquella habitación infantil. Se sentía abrumado por la lujuria y el deseo que le provocaba la pequeña, y decidió entregarse por completo a la pasión que sentía..

Caminó lentamente hacia la cama donde yacía Marcela, con su cuerpo pequeño y vulnerable. Al llegar a su altura, apoyó con delicadeza su rodilla sobre el borde del colchón y corrió a un lado la entrepierna del maillot de la niña con un movimiento rápido y seguro, dejando al descubierto su vaginita completamente empapada y brillante.

En la posición de misionero, Fabián comenzó a frotar suavemente su miembro erecto sobre la delicada y humedecida rajita de Marcela. Era una sensación completamente nueva y excitante para ambos sentir el roce piel con piel sin las barreras de la ropa. Una especie de electricidad recorría sus cuerpos, era el deseo y la pasión a un nivel que nunca antes habían experimentado.

Fabián podía sentir con su glande el clítoris hinchado de su princesita. No pudo evitar soltar un gemido ahogado al sentir su tacto tan íntimo y prohibido. Fabián le susurró con voz temblorosa y cargada de lujuria: «Frótatelo tú solita, princesa. Quiero ver cómo lo haces bebé».

Marcela, con una sonrisa pícara y traviesa, envolvió con sus pequeños dedos el miembro palpitante de Fabián. Comenzó a frotarlo con delicadeza contra sus pliegues vaginales, sintiendo cada vena y cada pulso. La niña subía y bajaba su manita por el eje del pene de Fabián, al mismo tiempo que frotaba la punta contra su vagina, empapando aún más el glande con sus jugos vaginales. También decidió explorar su ano, rozando la punta del pene sobre su estrecha y frágil abertura, sintiendo una nueva llamarada de excitación al hacerlo.

Marcela, con un tono dulce y sugerente, le preguntaba a Fabián: «Está bien durito, ¿te gusta mi amor?». Fabián no podía creer lo atrevida que se sentía su princesita en esos momentos. Con una voz ronca y cargada de deseo, le susurró en la orejita: «Me encantaaa, me encantas mi niñaa. Me tienes loco de deseo».

Fabián estaba completamente enamorado y obsesionado con su princesita de 9 años. No podía resistirse a sus encantos y a sus caricias tan eróticas y atrevidas para su corta edad.. Comenzó a aspirar profundamente el aroma dulce y puro del cabello de Marcela, embriagándose con su esencia infantil e inocente. A la vez, su boca se posó sobre el cuello de la pequeña, comenzando a chupar y succionar con desesperación, dejando una marca después de otra en su piel pálida y delicada.

Mientras tanto, podía sentir los suaves y aterciopelados pliegues de la rajita de Marcela rozando la longitud de su pene.. Con voz entrecortada y cargada de deseo, Fabián le susurró a Marcela: «Bebé, solo pondré la punta en la entrada para sentir rico los dos ¿estás de acuerdo?». Estaba rogando por la aprobación de su niña para llevar su pasión a un nivel aún más profundo y comprometido.

La niña contestó: «Sí, mi amor, aaahhh, pero ten cuidado por favor..» Estaban a punto de cruzar una línea de la que sabían que no podrían regresar jamás. Pero en ese momento, con su cuerpo ardiendo y su miembro palpitando contra la entrada de la virginidad de Marcela, a Fabián no le importaba nada.

La niña respondió con un gemido ahogado al sentir el roce del glande de Fabián en su entrada cerrada. Se veía tan pequeña, vulnerable y sexy en su leotardo y tutú de ballet, con sus piececitos enfundados en las mallas y zapatillas de bailarina, y su cuerpo menudo y frágil debajo del cuerpo musculoso y pesado de Fabián. En una de las embestidas erráticas y descuidadas, y debido a la excesiva lubricación vaginal de la niña combinada con la fuerza de su erección, el pene de Fabián se deslizó inexorablemente dentro de Marcela.. Un sonido agudo y penetrante, mezcla de dolor y sorpresa, brotó de los labios de Marcela al sentir cómo la penetraba. Era solo la mitad del glande. Unos pocos centímetros nada más, pero técnicamente Fabián de 32 y Marcela de 9 habían consumado el más prohibido de los amores. Estaban follando..

Fabián se quedó quieto, sin moverse más adentro pero tampoco retirándose. Estaba dejando que las entrañas de su princesita se ajustaran a la nueva sensación de tenerlo dentro de ella. Fabián le susurró con ternura: «Aguanta bebé, tienes que ser una niña grande y valiente..». Marcela sollozó levemente, su vocecilla pequeña y temblorosa pronunciando las palabras: «Vale.. Ay, pero me dueelee…».

Fabián se detuvo, sintiendo el cuerpo tembloroso y frágil de Marcela debajo del suyo. Con voz suave y preocupada, le susurró al oído con ternura: «¿Quieres que pare, mi amor?».

Marcela, a pesar del dolor que sentía, negó con la cabeza con determinación. Con voz entrecortada y llena de emoción, le respondió a Fabián: «Noo, este es tu regalo de cumpleaños y yo lo quiero». El rostro de Marcela era todo un poema, una mezcla de dolor y placer que la hacía ver aún más hermosa e irresistible a los ojos de Fabián. Sus mejillas estaban húmedas por las lágrimas que había derramado, pero sus ojos brillaban con un fuego que delataba su excitación.

Fabián sentía que la punta de su pene estaba completamente dentro de Marcela, pero debido a la estrechez no avanzaba más.. Con voz suave y llena de preocupación, le susurró a su princesita: «Bebé, ya tienes toda la cabeza adentro, pero no te quiero seguir haciendo más daño, eres demasiado delgadita y apretadita mi niña linda». No deseaba lastimar a su amada pequeña, pero al mismo tiempo estaba abrumado por la sensación de estar finalmente dentro de ella.

Marcela, a pesar del dolor, le devolvió la mirada a Fabián con ojos llenos de amor y devoción. Con una vocecilla temblorosa le rogó: «Ahhhh, creo que aguanto un poquito más, pero dame un besito..». Esta niña era increíble, pensó Fabián. Era la amante perfecta con tan solo 9 años, dispuesta a sacrificar su dolor y su comodidad para complacerlo y agradarlo.

Fabián se inclinó y unió sus labios con los de Marcela en un beso apasionado y profundo, sintiendo cómo su lengua se deslizaba dentro de la boca de su princesita. A la vez, comenzó a moverse lentamente, entrando y saliendo solo unos pocos milímetros dentro del estrecho canal de Marcela.

La niña no pudo evitar soltar otro pequeño gemido de dolor al sentir los movimientos de Fabián dentro de su cuerpo. Con voz entrecortada, le susurró a su amante: «Ayyy, perdóname por ser tan estrechitaaa..». No quería fallarle en nada, pero era consciente de que su cuerpo era muy pequeño y frágil para recibir a un hombre dentro de ella.

Fabián la tranquilizó de inmediato: «Nada de eso mi amor, así eres perfecta para mí.. ahhhhhh.. Estar finalmente dentro de ti es perfecto>>. No podía creer lo afortunado que era de tener una amante tan extraordinaria y entregada como Marcela, más aún siendo tan solo una niña de 9 años recién cumplidos.

Fabián decidió avanzar un poco más dentro de su mujercita, sintiendo cómo los suaves y aterciopelados músculos de la infantil vagina de Marcela se tensaban y se contraían alrededor de su miembro. Estaba siendo cuidadoso, pero no podía resistirse a la tentación. Mientras avanzaba lentamente dentro de ella, Fabián se inclinó para besar a Marcela con ternura y pasión, tratando de reconfortarla y hacerla sentir amada a pesar del dolor. Sin embargo, la niña estaba demasiado ocupada gimiendo, por lo que no podía concentrarse en corresponder el beso de forma apropiada.

Fabián, notando la incomodidad de la niña, pasó sus dedos por sus mejillas sonrojadas y húmedas, apartando con delicadeza las lágrimas que rodaban por ellas. Al mismo tiempo, enredó sus dedos en la melena de la pequeña, acariciando con ternura su largo cabello y tratando de reconfortarla. Después de unos minutos, la cara de Marce cambió de dolor a placer.

Fabián, sin embargo, podía sentir cómo su cuerpo estaba llegando al límite. La descomunal presión ejercida por la cavidad vaginal de Marcela era incalculable, tan estrecha y ajustada que a veces le causaba un dolor placentero. Sabía que no podía aguantar mucho más tiempo antes de llegar al clímax.

Con un gruñido de placer, Fabián sostuvo con fuerza las caderas de Marcela, hundiendo la cabeza de su pene un poco más adentro, unas cuantas pulgadas de su tronco palpitante. Al mismo tiempo, podía sentir cómo los piececitos de la niña rodeaban su espalda, como si lo estuviera animando a seguir adelante.

Ambos estaban al borde del precipicio, al límite de su resistencia. Fabián estaba experimentando el mayor placer de su vida, sintiendo cómo su orgasmo se aproximaba rápidamente. Marcela, con media verga de su hombre dentro de su pequeño cuerpo infantil, también podía sentir la creciente excitación.. En un movimiento rápido, Fabián le sacó la verga de dentro, solo para que esta quedara rodeada de inmediato por las caricias de las pequeñas manos y dedos de la niña..

Fabián se corrió con fuerza, sin control, con un gritó de placer que resonó por toda la habitación y la casa.. «AHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH», gritó Fabián mientras su semen comenzaba a brotar con fuerza desde la punta de su pene. Chorros y chorros de esperma caliente y espeso aterrizaron sobre la barriga de Marcela, salpicando también la parte inferior de su tutú, sus mallitas y sábanas..

Marcela, a pesar de la confusión, no podía dejar de acariciar y masturbar el pene palpitante de Fabián, ayudándolo a ordeñar hasta la última gota.. Con voz dulce y llena de amor, Marcela susurró: «Te amooo, Fabián».

Fabián, aún jadeando por la intensidad de su orgasmo, la miró con ojos llenos de amor y devoción. Con un susurro ronco le respondió: «Ahhh, yo también te amo mi flaquita linda».

El hombre se tumbó en la cama, extasiado, y Marcela se le subió encima. Juntos se quedaron abrazados y dándose de besos. La imagen era enternecedora. Los amantes, totalmente saciados. Vaciados.. F: «¿Te gustó tu regalo, mi amor?». M: «Ay sí, me encantó. Me dolió un poquito, pero estuvo rico sentirte dentro de mí..» Y se quedaron abrazados. Relajados. A tal punto que el sueño se comenzó a apoderar de ambos..

En eso sonó el móvil de Fabián que entreabrió los ojos, tomó el aparato y se trataba de un mensaje de WhatsApp de Camila. Fabián reaccionó abruptamente, había perdido totalmente la noción del tiempo. Perfectamente Camila podía estar ya en la casa. F: «¿Amor?». La niña estaba más que dormida. Fabián la comenzó a despertar con delicadeza, dándole pequeños besos en la cabecita. Luego terminó de leer el mensaje en el que Camila le informaba que ya estaba de camino a casa.

F: «Bebé, despiértate. No quisiera parar nunca y me encantaría estar a solas contigo sin apuros, pero por ahora debes cambiarte porque creo que tu mami no tarda nada en venir».

M: «Sí es cierto, ya debe estar por venir. Bueno, yo me cambio, pero si tú me ayudas.»

F: «Uff, por supuesto mamasita rica, con todo gusto».. Fabián comenzó a desnudar a su pequeña, quiso haberse detenido a admirar cada detalle por horas, pero ya tenían a la madre de Marcela encima. Le removió con cuidado las zapatillas rosas, le sacó por arriba la falda de tul, desapuntó las mangas del maillot por los hombros y empezó a bajarlo hasta descubrir su pecho plano, reconociendo los chupetones en todo el tórax que le había dejado marcados el día anterior..

Le removió completamente el leotardo, ya solo faltaban las mallitas blancas, rotas por la parte de la entrepierna. Procedió a quitarle las mallas, hasta tener a la niña completamente desnuda frente a él. Fabián se sentó al borde la cama con Marcela de pie frente a él, la volteó hasta tenerla despaldas y comenzó a besarle los hombros, la espaldita… Ya se había vuelto a empalmar seriamente, pero sabía que no tenía más tiempo.

Se recompuso y sacó un vestido de la cajonera, unas braguitas limpias, y se las puso, no sin dejar de manosearla y besarla de la manera más sucia posible por todo el cuerpo. Finalmente, cuando ya la niña tuvo el vestidito puesto, Fabián le dio una fuerte nalgada seguida de un sensual apretón. Luego se vistió en un segundo y de esta forma, juntos salieron al salón.

En eso, Fabián se acordó del desorden dejado en la habitación de Marcela, pero en especial, del estado en el que había quedado el traje de la niña: con su esperma encima y con las mallitas rasgadas.. Obviamente no podía dejar que Camila lo encontrara así. Rápidamente lo cogió y a toda velocidad, salió por la puerta. Dejó el traje escondido en su coche y regresó para estar unos últimos minutos a solas con su princesa. Después de no más de 10 minutos, Camila hizo presencia. No se dio cuenta de nada. Bueno, lo único extraño era el particular olor que por momentos había en el ambiente, pero en todo caso no prestó demasiada atención y tal cual lo habían pactado, terminó siendo una tarde de café y charla entre Camila, Fabián y Marcela..

La niña aprovechaba cualquier descuido inoportuno de su madre para subirse el vestido ligeramente y separar sus piernas para que Fabián pudiese ver sus braguitas. Marcela resultó ser una mujercita insaciable. Fabián no podía evitar imaginarse las infinitas posibilidades que les esperaban juntos para darse y recibir placer. Placer entre una niña prepúber y su amante adulto..

F: «Cami, respecto al trajecito de ballet de la niña, te cuento que le ha caído en un descuido algo de Coca-Cola encima, pero no te preocupes que yo lo llevo a la lavandería y te lo traigo uno de estos días.».

«Muchas gracias Fabián, eres tan considerado. Vamos, que eres el padre de familia perfecto jajaja…», dejó caer Camila sin la menor idea de todo lo ocurrido hasta el momento.

Los tres rieron..

FIN del capítulo.

42 Lecturas/31 enero, 2026/0 Comentarios/por adrianam477
Etiquetas: anal, colegio, cumpleaños, madre, madura, mayor, padre, sexo
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