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MARCELITA 2026 – Capítulo 09: La Velada Prohibida (Parte I)

La dulce historia de amor entre una niña y un hombre (M32 / g8-9yo)..
Lunes. Vuelta a la rutina. Fabián observaba nervioso su reloj. Con todo lo sucedido en ese intenso fin de semana, no veía la hora de que Marcela llegase con su madre, quien se reincorporaba de su baja médica a la oficina.

Por fin, la espera terminó. Entraron madre e hija, y directamente fueron a saludar a Fabián. Marcela y su hombre se volvían a ver luego de los fascinantes acontecimientos del sábado. Una sonrisa cómplice se dibujó en el rostro de ambos, pero debían mantener las apariencias para no levantar ninguna sospecha sobre su historia de amor prohibida por la sociedad. Los días de la semana continuaron así, entre indiscretas miradas y la impotencia de no poder hacer más.

Llegado el miércoles de esa semana, Camila abordó a Fabián de la nada: «Hoola Fabián». F: «¡Camila, dime!».

Camila prosiguió con evidente vergüenza: «Vas a pensar que soy una abusiva, pero vuelvo a recurrir a ti con la esperanza de que me puedas ayudar. Es que el fin de semana que viene, de mi otro trabajo me mandan a una actividad fuera de la ciudad y pues.. No tengo con quién dejar a la niña. Entonces he pensado si puede quedarse contigo, sería hasta el domingo al mediodía. Disculpa si te sorprende mi petición, pero es que realmente no sé a quién más recurrir y.. »

Fabián, con los ojos llenos de ilusión y tratando de disimular, la interrumpió: «Camila, en realidad no tienes que agradecerme. Me encanta pasar tiempo con Marcela, es una niña increíble y es un verdadero placer estar con ella..»

C: «Sé que es mucho pedir, pero confío en ti y en que me la cuidarás como si fuera tu propia hija. Prometo compensarte de alguna manera por las molestias.»

F: «No tienes que preocuparte por nada, me aseguraré de que se divierta y esté a salvo todo el fin de semana.»

Camila, ya más aliviada, continuó inocentemente: «Excelente, entonces te la paso dejando a eso de las nueve el sábado».

F: «Como tú veas, de hecho estoy pensando que puedo pasar a buscarla y que vayamos a desayunar y luego me la llevo para que se distraiga un rato al parque de diversiones, tengo algunas entradas de cortesía que podría usar..»

C:»Vale, perfecto. Entonces quedamos así para el sábado a primera hora».

Fabián no lo podía creer. Su mente comenzó a divagar con las posibilidades que se le presentaban. Después de días fantaseando con la idea de tener a Marcela completamente a su disposición, finalmente podría poner en marcha el plan que había estado gestando.

De immediato, Fabián reservó por Internet una habitación con cama matrimonial en una encantadora cabaña rural, perfecta para una velada romántica y prohibida. Ya podía imaginarse la cena íntima con menú gourmet, postres y el mejor vino de sitio para crear un ambiente sensual. También tenía planeado comprarle un hermoso vestido e ir especialmente vestidos para la ocasión. No podía esperar para sorprenderla con una noche llena de sorpresas, con velas aromáticas y música romántica como escenario perfecto para luego, después de una cena inolvidable, llevarla a la cama y hacerle el amor apasionadamente durante toda la noche…

Marcela al enterarse tuvo que aguantarse el saltar de alegría. Hizo un esfuerzo por contener su emoción mientras le confirmaba a su madre que estaba más que dispuesta a quedarse al cuidado de Fabián durante el fin de semana. Por dentro se moría de la felicidad. Y también comenzó a imaginarse cosas, aunque muy lejos estaba de imaginarse la de emociones y sensaciones que estaban por llegar a su corta vida…

En contraste, la pequeña comenzaba en unos pocos días su proceso de Catequesis para su Primera Comunión. La dulce niña se emocionaba con la idea de aprender más sobre su fé y prepararse para este importante sacramento, sin saber que en secreto, su querida maestra de religión, la Srta. Martina, también había comenzado a mirarla de una manera particularmente afectuosa.. Pero esa era otra historia que aún estaba por desentrañar. Por ahora, la inocente Marcela solo podía pensar con ilusión en su cercana aventura con Fabián y en su camino hacia la comunión con Dios y con el hombre que amaba en secreto.

Fabián, emocionado, pidió salir una hora antes para ir a unas tiendas de ropa a buscar los atuendos ideales para la noche especial. En unas pocas horas lo tenía todo organizado y compró por Internet más cosas para hacer de la ocasión algo especial para los dos.

Al salir de trabajar, pasó recogiendo la ropa ajustada a la medida de los dos: para sí mismo optó por una americana gris a cuadros, unos vaqueros juveniles y una camisa blanca de vestir. Deseaba verse impecable, pero no demasiado serio o aburrido. Al fin y al cabo, se trataba de una niña con quien estaba saliendo. Y para su princesa, Fabián había elegido un hermoso vestido de noche de color rojo carmesí, que sabía que la hace ver aún más encantadora y fascinante de lo que ya era. También le había comprado otros accesorios especiales que harían de la velada una de las mejores noches de sus vidas. No podía esperar para ver la cara de Marcela cuando le diera todas las sorpresas y la hiciera sentir como una verdadera princesa..

—-

¡Por fin llegaba el tan ansiado fin de semana! Era la mañana del día sábado y Fabián, bastante puntual a las 7:30 de la mañana, ya estaba listo para salir.

La emoción casi no lo dejó dormir al pensar y sentir cómo sería su día en el parque de diversiones junto a su mujercita, y en especial la velada romántica. Quería que todo saliera perfecto y la ansiedad no lo dejaba tranquilo, sin embargo, procuraba mantener la calma.

Introdujo todo lo necesario para ese día, entre ropa y accesorios, en dos maletines grandes y negros. Procuró no dejar nada a simple vista para evitar dar explicaciones. Se dio un último vistazo en el espejo del recibidor de su apartamento. Como iba a ser un día movido, no se complicó demasiado y trató de verse atractivo para su niña y al mismo tiempo estar relajado con ropa cómoda. Llevaba unas zapatillas deportivas blancas, jogger negro ajustado y una camiseta negra en cuello V. A parte llevaba, entre los maletines, la ropa que pretendía usar para la noche.

A paso veloz llegó a la puerta de la casa de Marcela y, aunque intentó alargar la espera, no pudo más y tocó la puerta. Eran las 8:10 de la mañana. Pasaron algunos segundos y detrás de la puerta apareció Camila: «Hola Fabián, ahora viene la niña. ¡Apúrate, Marcela!».

Camila, ajena a los pensamientos lujuriosos de Fabián, le daba prisa a la niña para que se apurara. Fabián no podía dejar de sonreír de oreja a oreja, emocionado por tener a su princesita para él solo, cuando de repente la niña salió.

Fabián no podía creer lo hermosa que se veía esa mañana mientras la miraba de arriba a abajo con ojos hambrientos. La ajustada blusa blanca con bordados infantiles que llevaba puesta acentuaba la deliciosa curva tenue de sus pequeños senos que comenzaban a despuntar tímidamente. La falda de mezclilla azul, a la altura de las rodillas, dejaba al descubierto sus blancas y esbeltas piernas, que se veían aún más largas y atractivas gracias a las sandalias azules claras que llevaba puestas. Era como tener ante sus ojos a una muñeca Barbie de carne y hueso, una verdadera obra de arte.

C: «Mi niña, necesito que te portes muy bien y no te metas en problemas y obedezcas a Fabián en todo, ¿entendiste?».

Marcela, estupefacta, no podía contestar debido a la gran emoción; sin embargo, el deseo de irse inmediatamente con Fabián le dio un empujón anímico y contestó: «Claro mami, voy a portarme muy bien, no le voy a ocasionar nada de problemas a Fabi, todo lo contrario, te lo prometo..».

C: «Está bien, te creo Marcelita, entonces coge la maleta, más tarde te llamo».

Ipso facto, la pequeña Marcela, emocionada, tomó su mochila. Se despidió de su madre que le dio mil besos y con una sonrisa de par en par, tomada de la mano de Fabián, comenzó a caminar junto a él hacia el ascensor..

Como siempre, salieron del edificio sin afán y con disimulo, pero al entrar en el oscuro sótano donde se encontraba el coche, no tardaron ni un segundo en fundirse en un tierno y fresco beso matinal.

M: «Te extrañé mucho».

F: «Yo también, princesa».

Después de dejar la casa de Marcela, salieron del estacionamiento rumbo al parque de diversiones. Durante todo el trayecto en el automóvil, Fabián no dejaba de lanzar miradas furtivas a Marcela, que iba sentada a su lado en el asiento del copiloto.

Antes de llegar al parque, Fabián insistió en invitar a Marcela a un pequeño desayuno en un café cercano. Durante el desayuno, Fabián no dejó de acariciar sutilmente la mano de la niña y de lanzarle miradas cargadas de significado, aunque tratando de disimular.

Después de entrar al parque de diversiones, Fabián y Marcela caminaron de la mano, disfrutando de la emoción de estar juntos y riendo sin que nadie notara nada raro. Tuvieron la oportunidad de saltarse las largas filas gracias a las exclusivas entradas VIP que Fabián había adquirido especialmente para esta ocasión. Para comenzar su aventura en el parque, Fabián sugirió que probaran la atracción de los coches chocones. Marcela se reía emocionada con cada choque, una niña en su máxima expresión a fin de cuentas.

En cada oportunidad que tenían, Fabián encontraba la forma de rozar su cuerpo contra el de ella, ya fuese tomándola de la mano, rozando sus hombros o cualquier excusa para sentir su cuerpo cerca del de él. A medida que avanzaban en el parque, la tensión sexual entre ellos dos iba en aumento.

Para la segunda diversión, la casa de los espejos fue el lugar seleccionado por los dos. Allí ambos tropezaban y se reían a lo tonto por la torpeza en los movimientos. En determinado momento, Marcela tomó las manos de Fabián y las colocó sobre sus hombros, quedando la niña delante del hombre, diciéndole: «yo te guío», pero Fabián de inmediato percibió algo extraño: la niña se juntaba de forma obvia contra su cuerpo y especialmente su espaldita contra la entrepierna del hombre, es como si buscara la manera de sentir el cuerpo de Fabián a como diera lugar.

Sin más, lograron atravesar el laberinto y salir bien librados y sin muchos golpes del intrincado lugar. Así se fue un buen rato, realmente gran parte del día, entre risas, juegos, coqueteos, caricias y emociones intensas. Fabián y Marcela se entregaban más y más. No lo percibían, pero el sentimiento de cariño romántico y la atracción física, además del lazo emocional, se ensanchaban y hundían sus raíces hasta lo más profundo de sus seres.

Después del mediodía, cerca de las 3pm, Marcela le propuso a Fabián que se subieran a la montaña rusa, ansiosa por sentir la adrenalina y la velocidad. Fabián accedió complacido, siempre buscando complacer a su querida princesita. Al ser un parque temático, la montaña rusa partía de un túnel completamente obscuro, por lo que Marcela hábilmente aprovechó la ocasión.. Al llegar al carrito, la niña hábilmente se sentó encima de Fabián, rozando su pequeño trasero contra su entrepierna. Fabián contuvo un suspiro al sentir el delicado peso de la niña sobre sus piernas.

Marcela, con descaro, jaló hacia arriba su pequeña falda, dejando al descubierto su ropa interior de algodón que quedó directamente sobre la verga de Fabián. El contacto directo hizo que Fabián comenzara a endurecerse como roca.

El chico encargado del tren de la montaña rusa había notado cómo Marcela se sentaba encima de Fabián, pero lo había visto simplemente como una muestra de afecto entre un padre y su hija. No imaginó que detrás de ese gesto había algo tan fuerte.

Mientras el tren comenzaba su recorrido, Fabián no pudo resistir la tentación de comenzar a frotar su miembro duro y palpitante entre esos suaves y tersos cachetes, mientras su mano derecha se deslizó entre las piernas separadas de la niña, buscando su intimidad. Comenzó a acariciar y estimular su pequeño coño a través de las braguitas, sintiendo cómo se iban humedeciendo progresivamente.

Marcela no pudo evitar gemir de placer. El sonido se mezclaba con los gritos de los otros niños en el tren. La pequeña apoyó sus manitas sobre la mano de Fabián y la presionó con fuerza contra su estómago, sintiendo cómo la polla de su hombre se frotaba con más intensidad contra su jugoso traserito.

Fabián estaba fascinado con la reacción de la niña, con su descaro y su valentía para dejarlo tocarla de esa manera en público. Sabía que se estaban arriesgando demasiado, pero no podía evitar seguir estimulando el coñito de esa deliciosa zorrita que tenía sentada encima de él. Estaba claro que Marcela se había vuelto adicta a sus caricias y a su verga, y no le importaba si alguien más se daba cuenta..

No pudo resistir más la tentación y decidió abrirse discretamente la bragueta, sacando su miembro duro y palpitante. Su verga estaba tan erecta que sobresalía por la parte delantera, aprisionada por los suaves muslos de Marcela. La niña, con total inocencia miró hacia abajo y vio el pene de Fabián sobresalir entre su entrepierna. Con una sonrisa traviesa, exclamó: «Mira, ahora soy un chico, jaja».

Fabián se estremeció con el roce de la piel suave y cálida de los muslos de Marcela alrededor de su verga. La sentía tan cerca, tan vulnerable y expuesta a sus deseos más oscuros. Sabía que estaban jugando con fuego.

Así continuaron durante todo el recorrido hasta volver al punto de partida, punto donde ya se habían recompuesto. Fabián le pidió a Marcela que caminara delante de él, pero bien cerquita, como para cubrirse un poco la erección. Ahí estaban, como dos novios, dando rienda suelta a su pasión a la vista de todo el mundo.

Fabián recuperó la compostura y le dijo al oído: «Mi niña, no podemos andar haciendo estas exhibiciones por ahí, si alguien nos ve y se entera tu madre, estamos muertos».

M:»Ay, pero es que me gustas mucho…».

Ambos salieron apresurados del juego y con el corazón a mil, pero con una sonrisa bastante notoria, pues una vez más, a pesar de estar al borde de ser descubiertos, se salieron con la suya.

Estaba siendo la cita perfecta. La tarde avanzó y entre risas, juego, diversión y un delicioso helado que fue el toque perfecto sobre las 6:40 de la tarde, el día de parque de diversiones llegaba a su final.

Sobre las 7:30, mientras el sol caía y las sombras se apoderaban del lugar, contrastadas por las luces encendidas de los juegos en el parque, Fabián recibió una llamada de Camila. Acordaron con Fabián que apenas salieran del parque, irían hacía la casa de este a cenar y que la niña se dormiría pronto. Nada más alejado de la realidad..

F: «Vale mi niña, le acabo de decir a tu madre que vamos para mi casa y que te vas a ir a la cama temprano, pero realmente yo quiero proponerte otro plan. Un plan que tiene que quedar entre nosotros dos, ¿vale?»

M: «¡Vale! Pero, dime de qué se trata».

F: «Pues… Es una sorpresa que quiero que compartamos juntos. De momento solo te adelanto que iremos a cenar y a pasar la noche a un lugar muy especial, así es que prepárate..»

La ansiedad se apoderó de la pequeña. Así, entre algunas palabras más y sonrisas entre comentarios, llegaron hasta el auto y allí estando una vez dentro, se besaron deliciosamente. Fabián aprovechó para darle de besitos en el cuello y disfrutar de su olor de niña. Salieron del parque de atracciones y Fabián quiso llevar a Marcela a uno de los miradores que estaba de camino al destino final, para que observara la ciudad en todo su esplendor, en medio de una noche fresca y tranquila como era esa. Aparcó sobre el pasto a la orilla del camino y allí bajaron del auto para ver la ciudad en el anochecer. Se tomaron de la mano y juntos miraron el eclipsado paisaje de las luces y las sombras.

M: «Wow! Es bellísimo, nunca antes había venido acá, nunca había visto la ciudad así».

F: «Jajaja ¿te parece mi amor? Esa era la idea, que lo disfrutes, realmente la vista es muy bella, casi como tú».

Estuvieron así cerca de dos minutos, tomados de la mano, respirando el aire fresco de la noche y disfrutando en silencio de la ciudad.

F: «Marce, quiero que sepas que he pensado mucho en este momento. Quiero que esta noche sea la más especial de nuestras vidas».

Al oír esas palabras, la niña se volcó hacía él, y buscando su boca con energía lo besó tremendamente y con vertiginosa ansiedad. La intranquilidad de Marcela se debía a que deseaba acercarse a Fabián, pero no sabía cómo. Hasta ahora, para la niña, los momentos donde más había logrado traspasar la barrea de la timidez y la desconfianza, era cuando la fogosidad sexual la dominaba, pero luego, es como si de nuevo entre los dos, al menos para ella, se tendiera un velo y no supiera cómo rasgarlo, quizá por la evidente diferencia de edad. Por eso, este acto de besar sorpresivamente a Fabián, fue enérgico, pero algo torpe en el movimiento, pues no lograba empatar las ideas y coordinar exitosamente sus intenciones; aun así, significó un enorme avance, pues con esto, la niña mostró que ya no podía contenerse más.

El viento nocturno acariciaba sus rostros, mientras se sumergían en un profundo beso, con la ciudad y sus luces de fondo. No podía ser más perfecto. Al terminar su beso, decidieron subir al auto para continuar ascendiendo la montaña.

—-

Después de disfrutar de un emocionante día en el parque de diversiones, Fabián y Marcela llegaron al hostal de montaña donde se hospedarían durante su fin de semana especial. Al llegar a la recepción, hicieron el check-in sin problemas y subieron a su habitación.

Una vez dentro del cuarto, Fabián y Marcela se fundieron en un apasionado beso de amor y deseo, dejando entrever la tensión sexual que habían acumulado durante todo el día. Fabián tuvo que hacer un gran esfuerzo para detenerse antes de que la situación se les fuera de control..

Con una sonrisa pícara, Fabián le propuso a Marcela una idea: «Mi niña, me voy a duchar en nada y luego tú te duchas mientras yo preparo lo que nos vamos a poner de vestir esta noche, ¿vale?». La pequeña asintió emocionada con la cabeza, ansiosa por vivir cada segundo de esa velada especial.

Mientras Fabián saltaba a la ducha, Marcela se tumbó en el sofá de la habitación, distraída viendo sus dibujos animados en la televisión. A los pocos minutos, Fabián salía del baño con una sonrisa de oreja a oreja, listo para continuar con sus planes para esa noche mágica. Se dieron un dulce beso de piquito antes de que Marcela se metiera a la ducha.

Mientras tanto, Fabián se arregló con rapidez y comenzó a decorar la habitación con velas aromáticas alrededor, creando una atmósfera íntima. Con meticuloso cuidado, fue esparciendo pétalos de rosa sobre la cama hasta formar un enorme corazón rojo, deseando sorprender a su amada Marcela con detalles especiales. Preparó también el vestuario de Marcela, incluyendo un conjunto de lencería de lo más sensual.. Quería que su princesita se sintiera como una verdadera mujer, aunque aún fuera solo una niña de 9 años.

Cuando se escuchó que Marcela salía de la ducha, Fabián entró al baño rápidamente para sorprenderla aún más. Con una sonrisa de oreja a oreja, comenzó a mostrarle el hermoso vestido de noche color rojo carmesí que había escogido para ella, así como un par de elegantes zapatillas negras y una lustrosa tiara plateada para sostener su larga y brillante melena.

Y después, sacó una bolsa de una reconocida tienda de lencería. Con cuidado, sacó de la bolsa un conjunto de ropa interior talla 3XS que constaba de un sujetador de color rosa con un leve relleno y un tanga de encaje a juego, con dos listones a cada lado de las caderas. También extrajo de otra bolsa unos zapatos de plataforma en el mismo tono rosado, ideales para complementar el conjunto.

Marcela miraba con auténtica curiosidad y fascinación cómo Fabián le mostraba todas esas cosas tan diferentes a lo que ella estaba acostumbrada. Con un tono inocente, le preguntó: «¿Y eso?».

Fabián, sintiendo su miembro endurecerse solo de pensar a Marcela con ese conjunto puesto, le contestó con un tono de voz cargado de deseo: «Es para una niña hermosa que para mí es toda una mujer… ¿Lo lucirías para mí, bebé?».

Con sinceridad, le respondió: «Nunca he usado ese tipo de ropa, mi mamá dice que hasta que ya esté más grande… pero me encantaría llevarla para ti». Fabián sintió su miembro palpitar con fuerza al escuchar la respuesta de su princesita.

F: «Vale, mi niña. Las plataformas es normal que te cueste caminar con ellas porque son grandes, pero son solo para usarlas acá adentro en la habitación cuando regresemos de cenar. Me salgo un momento y me llamas cuando ya estés vestidita, ¿vale?».

Marcela, emocionada y nerviosa por ponerse ese conjunto tan sexy, le respondió con una sonrisa traviesa: «Vale, a ver si me puedo con todo esto jajaja…». Fabián salió rápidamente del baño, dejando a Marcela sola para que se vistiese.

La pequeña Marcela comenzó a vestirse con manos temblorosas por llevar ese conjunto tan diferente a la ropa infantil e inocente que solía usar. Con cuidado extendió la minúscula tanga de encaje y se sorprendió al ver lo poco que tapaba en la parte trasera. Sin embargo, no pudo evitar sentir una extraña emoción al meter sus piernitas dentro de ella y subirla lentamente por sus muslos, sin perder detalle de cómo se ajustaba a su cuerpo aún en desarrollo. Notó un nudo a cada costado de la prenda que pretendía hacerla aún más ajustada y ceñida a sus caderitas. Se dio la vuelta frente al espejo para constatar cómo el hilo del tanga se perdía entre sus respingonas nalguitas.

A continuación, tomó el sujetador de encaje con dedos inocentes y sintió el leve relleno en sus copas. Con algo de dificultad, se lo ajustó a su pequeño y plano pecho. Cuando el conjunto estuvo lo mejor puesto posible, se enfundó en el imponente vestido rojo que le llegaba casi hasta los tobillos, ajustándose perfectamente a sus formas de niña.

Finalmente, se terminó de arreglar el pelo con la lustrosa tiara plateada. Por último, se colocó los zapatos negros. Marcela no podía creer lo atractiva y femenina que se sentía con todas esas prendas. Estaba ansiosa por mostrarle a Fabián su nuevo look. Al cabo de unos 15-20 minutos, lo llamó para que entrase al baño: «Creo que ya estoy lista, puedes pasar si quieres».

Rápidamente Fabián entró al baño con enorme curiosidad y lo que se topó ante sus ojos casi le vuela la tapa de los sesos. Quedaba ante él una hermosa mujercita ataviada para la ocasión. Ahí estaba Marcela, su adorada princesita, transformada en toda una hermosa mujercita..

Fabián estaba simplemente boquiabierto al ver a Marcela modelando de lado a lado el vestido rojo que había escogido para ella. No podía creer lo hermosa y femenina que se veía su princesita con esa prenda que resaltaba cada uno de sus encantos naturales.

Con un tono de voz lleno de afecto y admiración, le dijo: «Eres la mujercita más bella de este mundo».

Después de darle un cariñoso beso en la frente, Fabián la miró a los ojos con intensidad y le dijo: «Allí afuera nos esperan algunas cosas nuevas para los dos. He preparado algunas sorpresas como las que ya has visto para que podamos disfrutar muchísimo de esta noche juntos. Así es que vamos».

Marcela, emocionada y ansiosa por vivir cada segundo de esa velada especial, gritó con entusiasmo infantil: «¡VAMOSSSS!».

Tomó la mano de Fabián y juntos salieron del baño, listos para enfrentar una noche llena de sorpresas.

Entonces, antes de salir del baño, Fabián cubrió cuidadosamente los ojos de la niña con sus manos para que no viese cómo lucía la habitación. Salieron de la misma y se dirigieron al restaurante del lugar. Al llegar, se encontraron con una zona a media luz, música relajante en vivo y una mesa lista con el menú a disposición.

Fueron recibidos por el capitán y les ofreció las primeras bebidas. Optaron por tomar unos simples refrescos y agua. Luego ordenaron la cena y todo transcurría con perfecta armonía, pero cuando ya estaban cenando, Fabián notó que Marcela quería decirle algo, pero no se animaba.

F: «¿Te pasa algo, corazón? Te noto como preocupada».

M: «Ay, es que prometí que no te lo iba contar, pero… bueno, al final creo que es bueno que sepas que…».

F: «Dime, mi niña, no me dejes con la intriga».

M: «Pues es que el día de mi cumpleaños, esa noche más bien, después de que hicimos cosas en mi habitación, cuando fui al baño a hacer pis… me dolía mucho mi cosita y… pues resulta que… que oriné con sangre..»

Fabián, preocupado, exclamó: «¡Mi niña…!»

M: «Pero solo fue una o dos veces, después se me quitó y ya no me dolió más…»

Fabián supo en ese momento que al penetrarla el otro día la había desvirgado. Un enorme deseo se desató dentro de sí, pero trató de disimularlo puesto que estaban en el comedor del hostal.

Tomó a Marcela de la mano y la miró fijamente a los ojos con deseo: «Gracias por contarme algo tan importante para mí, quizá ahora no lo dimensiones, pero ese sangrado indica que ya eres toda una mujercita, mi mujercita.. Y quiero que sepas que te voy a cuidar siempre y voy a evitar hacerte cualquier daño».

Marcela, como sintiéndose más mayor de lo que realmente era, respondió con determinación: «Yo lo sé. Sé que una pierde la virginidad al hacer el amor con su hombre. Y estoy muy feliz de que haberlo hecho contigo. Te amo.»

Fabián, orgulloso de su pequeña, le dijo: «Yo también te amo, mi Marcelita». Y la besó en la mano. Era la confirmación de su amor.

Fabián hubiese querido en ese momento alzarla entre sus brazos y gritarle al mundo cuánto la amaba y la deseaba, pero estaban en una zona pública a la vista de la gente.

F: «Princesa, quiero darte algo muy especial. Sacó una pequeña cajita alargada y se la dio a Marcela, quien la abrió y miró con grandes ojos.

M: «¡Wow, un regalo! ¿Esto es para mí, en serio?».

F: «Sí mi niña, deja te ayudo a ponértelo y arriba al espejo ves cómo te queda de hermoso».

Fabián le levantó la melena y le ayudó a ponerse una delicada y fina cadena plateada.

M: «¡Gracias!». La niña se levantó de su silla y en un genuino gesto, abrazó a Fabián. Ambos sonrieron.

Algo de romanticismo se notaba en la atmósfera por la decoración temática del lugar y por la conexión amorosa entre ambos. De cuando en cuando, se tomaban las manos y se acariciaban con gran disimulo para no ser vistos, aunque la verdad no había nada que temer, pues nadie sospecharía de un padre y su hija cenando.

Finalmente, después de comer deliciosamente y hasta de brindar sin nada de alcohol, pusieron rumbo de vuelta a su habitación..

FIN del capítulo.

21 Lecturas/10 febrero, 2026/0 Comentarios/por adrianam477
Etiquetas: baño, cumpleaños, hija, madre, mayor, montaña, padre, parque
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